En la vasta y compleja historia de la música contemporánea, existen figuras cuyo paso por el mundo resulta tan fulminante como transformador. Son artistas que, en lugar de amoldarse a los cánones establecidos de su época, deciden desmantelar las fronteras de los géneros musicales para edificar un refugio emocional donde millones de almas puedan encontrar consuelo. Jarad Anthony Higgins, conocido universalmente bajo el seudónimo artístico de Juice WRLD, encarnó a la perfección este arquetipo de creador atormentado y brillante. Nacido en Chicago, Illinois, este joven prodigio no solo se consolidó como uno de los pilares fundamentales del denominado rap emo, sino que redefinió la estructura lírica del hip-hop moderno al fusionar con una audacia pasmosa elementos del rock alternativo, el punk y la música urbana. Sin embargo, detrás de la fachada deslumbrante de los millones de reproducciones en plataformas digitales, los contratos discográficos estratosféricos y la aclamación de estadios repletos, se escondía una crónica desgarradora de vulnerabilidad humana, batallas severas contra la depresión y un entorno que a menudo parecía más interesado en capitalizar su genialidad que en salvaguardar su existencia.
Las raíces de una dualidad: Entre la disciplina religiosa y las influencias del rock
La historia de Jarad Higgins comenzó el 2 de diciembre de 1998 en los suburbios del sur de Cook County, en Chicago. Su infancia estuvo marcada de forma temprana por la fractura familiar; cuando apenas tenía tres años, sus padres se divorciaron, un evento que provocó el alejamiento definitivo de su padre y dejó a Jarad y a su hermano mayor, Brian, bajo el cuidado exclusivo de su madre, Carmela Wallace. Doña Carmela, una mujer de profundas convicciones religiosas y de un carácter estrictamente conservador, asumió la crianza de sus hijos con una disciplina férrea. En el hogar de los Higgins, la música rap estaba terminantemente prohibida debido a que las letras explícitas contravenían los valores espirituales de la madre. Del mismo modo, videojuegos de gran popularidad comercial que contenían altas dosis de violencia gráfica, como Grand Theft Auto o Resident Evil, tenían el acceso denegado para el pequeño Jarad.
Irónicamente, fue esta misma restricción la que empujó al niño a explorar universos sonoros alternativos. Al permitírsele únicamente el uso de títulos de corte musical y deportivo como Guitar Hero y Tony Hawk’s Pro Skater, Jarad descubrió las bandas sonoras que moldearían el subconsciente de su futura propuesta artística. Agrupaciones de la escena del pop-punk y el rock alternativo de principios de los años 2000, tales como Blink-182, Nirvana, Panic! At The Disco, Fall Out Boy y Green Day, se convirtieron en sus maestras de cabecera. Al percatarse del innegable interés que su hijo manifestaba por las melodías, Carmela Wallace decidió financiar clases particulares de música a una edad sumamente temprana. A los cuatro años, Jarad ya dominaba los fundamentos del piano, y en los años sucesivos expandió sus habilidades técnicas hacia la guitarra, la batería y la trompeta, instrumento que llegó a interpretar formalmente como miembro de la banda de su escuela primaria cristiana, Deer Creek Christian School.
El hip-hop, no obstante, aguardaba de forma clandestina. Durante las visitas de fin de semana a la residencia de su primo, Jarad lograba sortear la censura materna para sumergirse en los ritmos crudos de exponentes del trap y el rap sureño como Gucci Mane, Young Jeezy y Chief Keef. El proceso de asimilación de estas influencias era asombroso: al regresar a su habitación, Jarad intentaba replicar las rimas que había memorizado y, en los fragmentos donde la memoria le fallaba, rellenaba los vacíos improvisando sus propias líneas. Así, en la intimidad de su hogar y de manera orgánica, comenzó a gestarse una de las capacidades más extraordinarias de la industria musical reciente: su fluidez absoluta para el estilo libre o freestyle.
El laboratorio de la escuela secundaria y el nacimiento de Juice WRLD
La transición hacia la adolescencia en la escuela secundaria Homewood-Flossmoor High School profundizó su conexión con el arte, pero también abrió la puerta a los demonios que lo acompañarían hasta el final de sus días. Fuertemente influenciado por las letras del rapero Future, donde se describía con crudeza el consumo de sustancias para paliar el dolor emocional, Jarad comenzó a experimentar a la temprana edad de trece años con el jarabe de codeína, el alprazolam (Xanax) y el tabaco. A pesar de estas tempranas adicciones, su genialidad musical en los pasillos escolares era indiscutible. Un amigo cercano, que conducía un modesto programa de radio estudiantil, lo invitó a realizar una improvisación en vivo; el impacto fue inmediato y Jarad se ganó rápidamente la reputación de ser el freestyler más dotado de toda la institución.
Motivado por el constante asombro de sus compañeros de clase, el joven decidió plasmar sus creaciones en un formato permanente. En el año 2014, impulsado por el deseo adolescente de impresionar a una chica de la cual estaba profundamente enamorado, grabó su primera canción utilizando únicamente las limitaciones técnicas de su teléfono celular. Para comienzos de 2015, bajo el seudónimo inicial de JuiceTheKidd, inauguró su cuenta en la plataforma SoundCloud y publicó de manera oficial el sencillo “Forever”. Esta primera etapa estuvo caracterizada por la escasez de recursos económicos para costear horas en estudios de grabación profesionales, lo que derivó en el lanzamiento de su primer mixtape autoproducido, titulado What Is Love?, cuyas canciones tuvieron que distribuirse a través de plataformas alternativas y blogs de descarga musical en internet debido a su precaria calidad de audio.
A pesar de las frustraciones técnicas y de una salud debilitada que lo obligó a abandonar el tabaco en su último año escolar para centrarse únicamente en el consumo de marihuana, el enfoque de Jarad comenzó a refinarse. En 2016, publicó el EP Juice Up, un proyecto compuesto mayoritariamente por freestyles que abordaban las temáticas tradicionales del género urbano: dinero, mujeres e imagen pública. Aunque las reproducciones de sus pistas apenas rozaban las mil visitas, fueron más que suficientes para captar la atención de Sidepiece, un productor musical que operaba de manera independiente y que vislumbró de inmediato el potencial ilimitado de Jarad. A través de un contacto directo por la red social Twitter, ambos consolidaron una alianza estratégica que derivó en el lanzamiento del extended play Twilight Zone en julio de ese mismo año. Fue durante este periodo de experimentación junto a Sidepiece y al virtuoso productor Nick Mira que Jarad decidió refundar su identidad artística, abandonando su antiguo alias para adoptar el nombre definitivo de Juice WRLD. El término “Juice” hacía referencia directa a la icónica película homónima protagonizada por Tupac Shakur y a un mixtape de Soulja Boy, mientras que el acrónimo “WRLD” (World) simbolizaba su firme intención de convertir su propuesta musical en una ilustración fidedigna de su propio mundo interior.
El salto al mainstream y la era dorada de Grade A
El camino hacia la cumbre, sin embargo, exigía sacrificios económicos severos que las reproducciones en internet aún no lograban solventar. Sometido a la presión financiera de costear mejores producciones y agobiado por una depresión clínica persistente, Jarad aceptó un empleo como operario en una planta de ensamblaje de automóviles gracias a la recomendación de su primo. No obstante, la monotonía de la fábrica chocaba de manera violenta con el torrente de melodías que inundaba su cabeza de forma ininterrumpida; tras escasas dos semanas en el puesto, decidió renunciar de manera irrevocable para jugarse el todo por el todo en el ecosistema musical junto a Nick Mira. Esta audaz apuesta dio sus primeros frutos comerciales en junio de 2017 con el lanzamiento del mixtape 9 9 9 en SoundCloud. Entre el listado de canciones de dicho proyecto se encontraba una pista que, en ese momento, pasó relativamente desapercibida para el gran público, pero que contenía los acordes de guitarra muestreados que cambiarían la historia de la música urbana: “Lucid Dreams”.
El crecimiento de Juice WRLD comenzó a acelerarse exponencialmente hacia finales de año. Proyectos breves como Affliction y Binge prepararon el terreno para que, en diciembre de 2017, viera la luz el tema “All Girls Are the Same”. Fue en este punto donde la figura de Cole Bennett, un joven y visionario director de videoclips de la escena de Chicago y fundador del canal Lyrical Lemonade, se cruzó en su trayectoria. Bennett ofreció filmar un videoclip de alta factura conceptual para “All Girls Are the Same”, potenciando el impacto emocional de una letra que desnudaba los traumas del desamor y las rupturas sentimentales de Jarad. El video se volvió un fenómeno viral instantáneo. Casi en paralelo, el respetado DJ Victorious envió de manera confidencial los archivos de “Lucid Dreams” y “All Girls Are the Same” a Lil Bibby, un reconocido rapero de Chicago que acababa de fundar el sello discográfico independiente Grade A Productions. Al escuchar la tesitura vocal de Jarad y su capacidad inaudita para transmitir dolor a través de melodías pop con bases de trap, Lil Bibby no vaciló en ofrecerle un contrato de manejo y distribución valorado en tres millones de dólares, en asociación estratégica con la multinacional Interscope Records.
El año 2018 representó la consagración absoluta de Juice WRLD en la cultura popular global. En mayo, Cole Bennett estrenó el videoclip oficial de “Lucid Dreams”, catapultando la canción de manera directa a la segunda posición de la prestigiosa lista Billboard Hot 100, convirtiéndose en uno de los éxitos más masivos de la década. Aprovechando el descomunal impulso mediático, Interscope distribuyó su álbum de estudio debut, titulado Goodbye & Good Riddance, una obra conceptual que analizaba las secuelas de una relación amorosa tóxica y destructiva. El álbum debutó en el Top 15 del Billboard 200 con más de 39,000 copias vendidas en su primera semana de lanzamiento, escalando eventualmente hasta el Top 4 y obteniendo múltiples certificaciones de platino a nivel internacional.
La velocidad del éxito obligó a Jarad a embarcarse en su primera gira internacional, denominada World Domination Tour, al tiempo que realizaba colaboraciones de alto perfil como el sencillo “Wasted” junto a Lil Uzi Vert. Sin embargo, el trágico asesinato de su amigo cercano, el controvertido rapero XXXTentacion en junio de 2018, sumado al fallecimiento por sobredosis de Lil Peep el año anterior, causó un impacto demoledor en la psique de Jarad. Inspirado por el dolor de perder a las figuras más brillantes de su generación y tras revisar sus últimas conversaciones por FaceTime con XXXTentacion, Juice WRLD compuso y publicó de manera urgente el EP tributo Too Soon... La pista principal de este proyecto, titulada “Legends”, contenía una de las frases más proféticas y escalofriantes de la historia de la música moderna: “¿Qué es la línea de los 27? Nosotros no estamos pasando de los 21”.
El peso de la corona: Colaboraciones estelares y el declive personal
A pesar de que el artista intentaba procesar el luto mediante la música, las demandas de la industria musical no se detuvieron. Participó activamente en el aclamado álbum ASTROWORLD de Travis Scott, aportando los ganchos vocales para el exitoso tema “No Bystanders”, lo que le valió su debut en la televisión estadounidense de máxima audiencia al interpretar “Lucid Dreams” en el programa de variedades de Jimmy Kimmel. Pocos meses después, cumplió uno de los mayores sueños de su infancia al consolidar un álbum colaborativo de larga duración junto a su máximo ídolo de la adolescencia, Future, titulado Wrld on Drugs. Aunque el proyecto fue un éxito comercial rotundo, la dinámica interna entre ambos músicos estuvo empañada por la culpa: cuando Jarad le confesó formalmente a Future que sus letras habían sido el catalizador principal que lo inspiró a consumir codeína desde los trece años, el veterano rapero manifestó una profunda consternación, expresando públicamente su arrepentimiento por el impacto negativo que sus contenidos habían ejercido sobre las mentes de la juventud.
El cierre de 2018 trajo consigo complicaciones legales de gran envergadura. El legendario músico británico Sting interpuso una demanda formal contra Juice WRLD y su productor Nick Mira por haber utilizado sin la debida autorización el sample de guitarra de su clásico de 1993, “Shape of My Heart”, en la base instrumental de “Lucid Dreams”. El litigio concluyó de forma desfavorable para el equipo de Jarad, viéndose obligado a ceder el 85 por ciento de los derechos de autor y de las regalías generadas por el éxito mundial, lo que representó una pérdida multimillonaria. Lejos de amedrentarse, el artista inició el año 2019 con una productividad musical inagotable. En marzo, publicó su segundo álbum de estudio, Death Race for Love, el cual se convirtió en su primer trabajo discográfico en debutar de forma absoluta en la primera posición del Billboard 200, impulsado por baladas oscuras de desamor como “Robbery”.
En el plano sentimental, la vida de Jarad estuvo ocupada durante este periodo por su relación de noviazgo con la influencer Ally Lotti. Aunque de cara a las redes sociales la pareja proyectaba una imagen de apoyo mutuo y complicidad absoluta dentro de un estilo de vida rodeado de lujos excesivos, múltiples informes e investigaciones de su círculo íntimo sugerían una realidad drásticamente diferente. De acuerdo con testimonios que salieron a la luz de forma póstuma, Jarad se encontraba sumido en un espiral de codependencia donde sus adicciones a las pastillas recetadas y a las sustancias líquidas se agravaron de forma alarmante, presuntamente solapadas por un entorno que prefería mantener al artista en un estado de anestesia emocional con tal de asegurar la continuidad de su producción creativa y económica. Pese a este declive físico interno, Juice WRLD continuó cumpliendo con una extenuante agenda de espectáculos, compartiendo giras de gran formato en territorio europeo junto a la superestrella Nicki Minaj y realizando presentaciones en Australia junto al joven artista emergente The Kid LAROI. El lanzamiento del sencillo “Bandit” en colaboración con YoungBoy Never Broke Again en octubre de 2019 marcó el último gran éxito comercial que el artista vería en vida.
