Sí, lee eso otra vez. Una mujer en una cama de hospital conectada a aparatos, recién salida de una crisis del corazón firmando un documento que la obligaba a callarse para siempre. Comillas. Yo cuando estaba en el hospital después de una operación del corazón me llevaron unos papeles para firmar y los firmé.
Cuando salí del hospital y revisé los documentos, eran un contrato de confidencialidad. Por eso ahora estoy violando ese contrato, porque ya no quiero morir sin limpiar mi nombre. Cierre de comillas. Ese contrato de confidencialidad, según Beatriz Adriana, le impidió hablar durante años. Cada vez que le preguntaban en una entrevista por su matrimonio con el buuki, ella callaba o respondía con vaguedades.
Cada vez que la prensa Rosa le insistía sobre Cristian Salas, ella sonreía y cambiaba de tema. Cada vez que su hija Beatriz Solís le preguntaba directamente por qué su padre vivía como vivía mientras ellas dos sobrevivían en Tijuana, Beatriz Adriana no podía decir lo que sabía. Por eso, cuando rompió el silencio en agosto del 2023, lo rompió todo a la vez.
la denuncia patrimonial, la acusación de la pistola, el contrato firmado bajo presión médica y la frase final esa que es escalofriante. Si algo me llegara a pasar, ya saben a quiénes tienen que mandar investigar. Y si estás llegando hasta aquí, si estás escuchando este video mientras haces la comida o mientras planchas o mientras esperas que tus nietos lleguen de la escuela, necesito que hagas una cosa.
Suscríbete a este canal. No te lo pido como un comercial, te lo pido porque estas historias de mujeres silenciadas durante décadas necesitan que alguien las cuente completas, con nombres, con fechas, con las palabras exactas que ellas dijeron. Porque si no las contamos nosotras, las mujeres que crecimos viendo a estas artistas en nuestra televisión, nadie más lo va a hacer.
Cada suscripción es un voto de que la verdad de Beatriz Adriana, de Marisela, de las mujeres que pagaron el precio de la fama de los hombres no se olvide. Vuelvo a la historia porque lo que viene es todavía más fuerte. Nueva Jersey, Estados Unidos, 1991. Los Bookis están grabando un videoclip para una de sus canciones.
La grabación se hace en un estudio en algún lugar del este de Estados Unidos. Y para esa grabación, la productora contrataba a varias modelos. Una de las modelos contratadas es una mujer cubana, rubia, con melena larga y ojos claros. Se llama Cristian Salas. Cristian Salas había llegado de Cuba unos años antes. Era modelo profesional.
Hacía videos musicales, anuncios, sesiones de fotos. Era la cara que cualquier productora quería en un videoclip de los 90. Bonita, fotogénica, segura de sí misma. En ese set, en algún día de 1991, Cristian Salas y Marco Antonio Solís se conocieron. Ella misma ha contado que fue un domingo 7, que recuerda esa fecha porque para los dos después el siete se convirtió en su número de la suerte.
Lo que ella no ha contado nunca en ninguna entrevista es si sabía algo. Si sabía que el hombre que la cortejaba tenía un matrimonio anunciado como terminado en México, pero todavía legalmente vigente en Estados Unidos. Si sabía que ese matrimonio había tenido una hija en 1989 en un hospital en Corona, California.
Lo que sí está documentado es que la relación se hizo formal rápido y que el 16 de diciembre de 1993, Marco Antonio Solís y Cristian Salas se casaron en la catedral de Morelia, Michoacán. Una catedral de Morelia, una boda de revista. Las luces, los flashes, el vestido blanco impecable. Las flores blancas en el altar, la cubana rubia entrando del brazo de su padre, el cantante michoacano esperándola con esa sonrisa suya, esa sonrisa de hombre seguro de sí mismo, de hombre que ya es alguien.
Y los invitados aplaudiendo y la prensa cubriendo el evento como si fuera el matrimonio más romántico de la década. Nadie habló esa noche de Beatriz Adriana. Nadie habló de la niña de 4 años que vivía en Tijuana. Nadie habló del posible problema legal en Estados Unidos. La industria del espectáculo mexicano sabe celebrar las nuevas historias mientras entierra las viejas.
Y esa noche en la catedral de Morelia enterraron a Beatriz Adriana en silencio. 3 años después, en 1996, los buquis se disolvieron. Marco Antonio Solíss quiso lanzarse como solista. Los demás miembros del grupo, que llevaban dos décadas tocando a su lado, no estuvieron de acuerdo con varias decisiones que él tomó.
Y la separación fue dolorosa, pero a él le fue bien. Sacó en pleno vuelo como su primer disco solista. Una de las canciones del disco fue Si no te hubieras ido, esa balada que se convirtió en una de las canciones más cantadas en bodas, funerales y fiestas de 15 años en todo el mundo hispano. Esa canción, si no te hubieras ido, tú la conoces.
Probablemente la cantaste alguna vez en alguna boda. Probablemente alguien la cantó en el funeral de un familiar tuyo. Probablemente sonó en la fiesta de 15 años de alguna sobrina o nieta. Y mientras la cantaban, los invitados levantaban su copa, suspiraban, recordaban a sus muertos y a sus amores perdidos.

Y nadie sabía que el hombre que la había compuesto, según las acusaciones de su primera esposa, había sido capaz de ponerle una pistola en la cabeza a una mujer. Para, espera, aquí hay un problema. Si el matrimonio entre Marco Antonio y Beatriz Adriana en Estados Unidos seguía legalmente vigente, ¿cómo es que el 16 de diciembre de 1993 Marco Antonio Solís se casó con otra mujer en una catedral de México? Esa es la pregunta que Beatriz Adriana se hizo durante años.
Esa es la pregunta que finalmente llevó a la corte. Y esa es una de las acusaciones que aparece en la demanda que ella interpuso el 3 de marzo de 2005. En el documento que presentó ante la Corte Superior de Riverside, California, Beatriz Adriana acusó a Marco Antonio Solís de Vigamia. Para que tú entiendas lo que esto significa, la vigamia en Estados Unidos es un delito federal en muchos estados.
Una mala costumbre no lo es. Una irregularidad técnica tampoco es un crimen y si se prueba puede llevar a la cárcel. La demanda de Beatriz Adriana también incluía una solicitud específica. que Marco Antonio Solíss le pagara una manutención retroactiva por todos los años, que su hija Beatriz Solías había vivido en Tijuana sin recibir el dinero que, según ella, le correspondía legalmente y que las propiedades que habían pasado a nombre del Buki y de Cristian Salas fueran devueltas o compensadas económicamente.
El juicio fue largo, mediático y profundamente humillante para todos los involucrados. En 2007, un juez de la Corte Superior de California emitió su fallo y el fallo fue contra Beatriz Adriana. ¿Por qué? Porque el juez decidió que el divorcio mexicano de 1987 era válido también en Estados Unidos.
Aunque Beatriz Adriana argumentaba que ese divorcio nunca había sido procesado en territorio estadounidense, el juez determinó que el documento mexicano disolvía el matrimonio de forma universal y por lo tanto el matrimonio del buuki con Cristian Salas en 1993 era legal. Pero el juicio reveló cosas que la prensa había callado durante dos décadas.
por ejemplo, que durante el matrimonio entre el buqui y Beatriz Adriana, varias propiedades habían cambiado de titularidad, que el estudio de grabación que llevaba el el nombre artístico de ella estaba registrado a nombre de él, que la pensión de manutención para la hija de ambos había sido pagada de forma irregular, según los documentos presentados por la propia Beatriz.
Adriana Cristian Salas en una participación pública relacionada con el documental, Las letras de mi historia de Amazon Prime declaró sobre la demanda. Comillas, se me hizo una de las peores bajezas. Primero, por acusarlo de vigamia, sabiendo que tú te casaste. Segundo, pretender que lo encarcelaran. Y tercero, pedir una pensión retroactiva, vitalicia.
Cierre de comillas. Y siguió comillas. Ella tiene la multa más alta en el condado de Riverside por mentir bajo perjurio hasta el día de hoy. Cierre de comillas. Esa afirmación específica de Cristian Salas no ha sido confirmada por documentos públicos del condado de Riverside disponibles para consulta abierta, pero fue lo que ella dijo en cámara en el documental oficial del buki.
Lo interesante del juicio de Riverside, más allá del fallo, fue lo que reveló sobre la vida que Marco Antonio Solís había llevado durante casi 20 años. Una vida con dos verdades paralelas, una pública, brillante, premiada, otra privada, llena de papeles firmados sin la pareja presente, propiedades transferidas, contratos discretos.
En la corte, los abogados de Beatriz Adriana presentaron documentos que mostraban movimientos patrimoniales hechos durante los años en que ella estaba criando sola a su hija en Tijuana. Casas que aparecieron a nombre del buuki sin firma de ella, una empresa que pasó de ser de los dos a ser solo de él.
Cuentas bancarias que se vaciaron en transferencias específicas. El juez no negó esos hechos. Lo que el juez determinó fue que el divorcio mexicano daba validez a esos cambios patrimoniales. Una decisión legal, pero también una decisión devastadora para una mujer que había trabajado 15 años antes de conocer al bui. Beatriz Adriana, después del fallo de 2007, se fue a su casa de corona, California, en silencio.
No hizo ruedas de prensa, no demandó al juez, no apeló o al menos ninguna apelación pública se conoce, tal vez por agotamiento, tal vez por consejo legal, tal vez por ese contrato de confidencialidad firmado en un hospital que ella misma reveló 16 años después. Aquí viene lo tercero que te prometí.
Tú tal vez has visto esto en tu propia familia. La mujer que lo dio todo por un hombre, la que lo ayudó a levantar un negocio, a comprar una casa, a tener los hijos que él quería. Y cuando él se fue, esa mujer descubrió que lo que ella creía que eran bienes comunes en realidad estaban a nombre de él.
Y el abogado le dijo que no había nada que hacer porque así funciona la ley. Eso multiplicado por la dimensión de una estrella del espectáculo internacional es lo que le pasó a Beatriz Adriana con la diferencia de que ella era millonaria y aún siendo millonaria perdió. Y lo que ella perdió alguien más lo ganó. Cristian Salas, la modelo cubana, la que conoció al Buki en 1991 en un estudio de grabación en Nueva Jersey, la que se casó con él el 16 de diciembre de 1993 en una catedral de Morelia, Michoacán. Hoy Cristian Salas vive con Marco Antonio Solís en una mansión llamada Mansión Solís, convertida en hotel y spa ubicada en Morelia.
es la administradora de los negocios familiares. Tiene una línea de ropa deportiva llamada Salas Activeware. Y según las acusaciones de Beatriz Adriana, las propiedades del campo de golf, las tres casas de 800 m y el estudio de grabación están a su nombre y al de su esposo. Marco Antonio Solís y Cristian Salas tuvieron dos hijas, Marla y Alison.
Las dos criadas en una mansión con todas las comodidades, con un padre presente que las acompañaba a sus presentaciones, que les producía discos que las consentía. Marla y Alison crecieron con clases privadas de música, viajes en primera clase, fotos profesionales para revistas, cumpleaños de revista. El padre presente en cada 15 años, cada graduación, cada momento. Cristian Salas administrando la casa, los negocios, la imagen, todo. Esas dos niñas, hoy mujeres jóvenes, crecieron sabiendo que su papá estaba ahí. Mientras tanto, en Tijuana, una niña que también llevaba el apellido Solís crecía sin padre. Piénsalo bien en el mismo país, con el mismo apellido, con el mismo padre biológico.
Tres niñas. Beatriz en Tijuana, criada por una madre que tenía que cantar para mantenerla mientras el padre vivía a 4 horas y no aparecía. Marla y Alison en Morelia, criadas en una mansión con su papá, despertándolas cada mañana. ¿Qué hizo distinta a una niña de las otras dos? Una sola cosa, la madre. Beatriz Adriana, considerada por el bui como la mujer que le exigió demasiado. Cristian Salas, considerada por el buki como la mujer que le dio paz. Y los hijos pagaron la diferencia. Y aquí es donde la pareja ideal se convierte en otra cosa, porque la canción que Marcó Antonio Solís le compuso a Marisela en 1986, esa canción que cantó en siempre en en domingo mientras Beatriz Adriana lo veía embarazada desde su sala, esa canción se la repitió a Cristian Salas casi palabra por palabra una década después.
El cantante reciclaba la misma fórmula y cada mujer creía ser la primera y la única pareja ideal. Beatriz Solís nació, como ya te conté, el 10 de mayo de 1989 en Corona, California. Pero después del juicio mediático y de la separación pública de sus padres, su madre la llevó a Tijuana y allí creció. en una ciudad fronteriza con su madre, con su hermano mayor Leonardo, sin contacto directo con su padre. El contacto con Marco Antonio Solís se redujo a llamadas telefónicas, esporádicas, cumpleaños, Navidades y poco más. Mientras tanto, las hermanas de Beatriz Solís, Marla y Alison, crecían junto a su padre en la mansión de Morelia, viajando con él, apareciendo en fotos familiares en revistas. Beatriz Solís hizo apenas una aparición pública antes de los 18 años.
En el 2007 apareció en el programa de Cristina Saralegui en Estados Unidos. Tenía 18 años. Acababa de tener a su primer hijo, al que le puso por nombre Leonardo, en memoria del hermano que había sido secuestrado y asesinado en Tijuana en el año 2000. Y en esa entrevista ante las cámaras del programa más visto del mundo hispano, la hija del buki dijo una frase que rompió a México. Comillas, no le importé como hija. No creo que le importe mi carrera. Yo quiero resaltar por mi cuenta, no por ser hija del buuki. Cierre de comillas. 3 años sin hablar con su papá. Eso fue lo que confirmó esa noche en el programa de Cristina. Tres años de silencio absoluto entre un padre que era considerado uno de los hombres más buenos del espectáculo, según la imagen pública, y una hija que vivía a 4 horas de él.
Lo que pasó después con esa niña lo vas a escuchar en el último bloque de este video. Pero antes tienes que entender una cosa más. Algo que pasó en el verano del 2000 cuando Beatriz Solís tenía 11 años. Algo que cambió para siempre la vida de su madre, Beatriz Adriana, y que tiene que ver indirectamente con un concierto del buuki en Tijuana.
Feria de Rosarito, Tijuana, Baja California. Principios de julio del año 2000. Marco Antonio Solís ya es uno de los cantantes más famosos del mundo hispano. Los buquis se disolvieron en 1996. Él inició su carrera de solista y arrasó. Tiene a su nueva esposa Cristian Salas. Tiene dos hijas con ella. tiene mansiones, propiedades, conciertos llenos en todo el continente. Esa semana de julio del 2000, el Buquy da un concierto en la feria de Rosarito y entre el público asiste un joven de 21 años. Se llama Leonardo Martínez Flores. Es el hijo mayor de Beatriz Adriana. Es el medio hermano de Beatriz Solís y es técnicamente el hijastro del buqui. Leonardo no había viajado a Tijuana solo para ver a su padrastro. Había viajado para ver a un amigo, un joven llamado Aquiles Bergis Hernández. Aquiles le había propuesto un negocio. Comprar autos usados en Estados Unidos, repararlos y venderlos en México. Leonardo, que era buen mecánico, vio una oportunidad. Decidió quedarse unos días en Tijuana para revisar el negocio y luego ir al concierto del Buki como un favor, como un gesto familiar.
El 14 de julio del 2000 a las 4 de la mañana, Beatriz Adriana recibió una llamada en su casa. Era el hermano de Aquiles Bergis, se llamaba Temis. Y le dijo comillas, “Habla, Temis, hermano de Aquiles. Es que secuestraron a Aquiles y Leonardo andaba con él. Cierre de comillas.” Beatriz Adriana se levantó.
Se puso un pantalón sobre la pijama y voló a Tijuana esa misma mañana. Lo que vivió en las siguientes semanas, ella lo contó en una entrevista al programa con un nudo en la garganta. Comillas. Era un muchacho excelente en toda la extensión de la palabra. Era un caballero. Cuando yo llegaba cansada de trabajar, me acompañaba o se quedaba con su hermana a cuidarla porque él era como su papá. Cierre de comillas. Los secuestradores pedían 00,000. Beatriz Adriana se movilizó, pidió ayuda. Maribel Guardia aportó dinero. Joan Sebastian aportó dinero. Marco Antonio Solís, según múltiples reportes de la prensa mexicana, también aportó dinero, pero los secuestradores no esperaron.
Durante varios días, Beatriz Adriana negoció con los secuestradores. Comillas, “Yo les doy todo.” Yo les suplicaba, pero no. Gente que no conoce a Dios, que no tiene sentimiento. Cierre de comillas. Esas son sus propias palabras textuales en la entrevista que dio años después. Una mujer cantante acostumbrada a los aplausos, suplicándole a unos criminales por la vida de su hijo de 21 años. Y los criminales sin piedad le ataron las manos a su hijo de 21 años. Le dieron un tiro en la cabeza, lo tiraron en un valdío. Las palabras de la madre cuando recibió la noticia también están en esa entrevista. Comillas. Le ataron sus manitas a mi hijo y le dieron un tiro en su cabeza. Me lo tiraron en un baldío.
Cierre de comillas. Léelo otra vez despacio. Esa mujer le dice a una cámara frente a millones de personas lo que le hicieron a su hijo. Y dice manitas, porque para esa madre su hijo de 21 años seguía siendo el niño que le acomodaba la almohada cuando ella llegaba cansada del trabajo. La investigación posterior publicada por El Universal reveló que los autores del asesinato eran un narcotraficante llamado Humberto Iribe Monroy y un ex policía municipal llamado Arturo Pérez Ayala.
El motivo del crimen, según las autoridades, fue una deuda de 50 kilos de cocaína que Aquiles le debía a Iribe. Leonardo Martínez, el hijo de Beatriz Adriana, no tenía nada que ver con el narcotráfico, según las propias investigaciones. Estaba en el lugar y momento equivocado y pagó con su vida. Beatriz Adriana enterró a su hijo en julio del 2000.
lo enterró con la incertidumbre de no saber por qué le había tocado a su muchacho ese destino, con el peso de una hija de 11 años que ya había perdido a su hermano mayor y con el silencio de un exmarido que mientras ella enterraba al niño que la cuidaba, seguía cantando, “Si no te hubieras ido en los escenarios más grandes del continente.” Hay testimonios de que el propio Buki acudió al funeral. Algunos medios lo reportaron así, otros lo desmintieron. Lo que sí está documentado es que Beatriz Adriana, dos años después, en una entrevista con Gustavo Adolfo Infante dijo una frase que hiela la sangre, que después de la muerte de Leonardo, nadie la llamó, que nadie del mundo del espectáculo la acompañó en su duelo, que se sintió comillas más sola que nun, cierre de comillas y Mientras esa madre lloraba a su hijo en Tijuana, su otra hija, Beatriz Solís, la pequeña
de 11 años, observaba todo. El velorio, el entierro, a su madre destrozada en su habitación, a su padre lejos en su mansión de Morelia, con sus dos hijas pequeñas que sí lo tenían. Esa imagen, la de una niña de 11 años, entendiendo demasiado pronto que el padre no iba a llegar, marca el resto de su historia. Tú que has perdido a alguien, tú que sabes lo que es levantar el teléfono a las 4 de la mañana y que te den una noticia que te cambia la vida para siempre.
Piensa en esa mujer, en Beatriz Adriana, 42 años, cantante famosa, exesposa del buuki, madre de un hijo asesinado y una hija de 11 años que acaba de quedarse sin hermano. Piensa en lo que ella sintió al enterrar a su hijo, mientras en la televisión el hombre que le puso la pistola en la cabeza, según ella misma, seguía cantando baladas de amor eterno.
Aquí viene lo cuarto que te prometí. La cuarta cosa que te prometí al principio de este video fue esta. ¿Qué pasó con Beatriz Solís, la hija que el Buqui tuvo con Beatriz Adriana? Y la verdadera razón por la que su madre eligió hablar en el 2023 sin importarle las consecuencias. Beatriz Solís, después de aquella aparición en el programa de Cristina en el 2007, decidió darle una oportunidad a su padre.
Tres años después, en el 2010, padre e hija se reencontraron. Marco Antonio Solís le produjo varias canciones. Empezaron a aparecer juntos en eventos, en entrevistas, en fotos de Instagram. El reencuentro, según lo que ha contado la propia Beatriz Solís en algunas entrevistas fue lento, difícil. Hubo muchas conversaciones largas, mucho llanto, muchos años de explicaciones que tal vez nunca le terminaron de cuadrar.
Y hubo sobre todo una madre que la apoyaba mientras le decía, “Hija, lo que decidas con tu papá es tu decisión, yo te respaldo.” Beatriz Adriana, con todo lo que le había pasado, con todo lo que tenía que decir, eligió callarse delante de su hija, porque entendía que la niña que crió sola en Tijuana tenía derecho a buscar a su padre, a intentarlo, a ver si esa relación podía existir.
y se cayó durante años, hasta agosto del 2023. Hoy Beatriz Solís tiene 36 años, vive en Estados Unidos, tiene una buena relación con su padre y ha realizado giras musicales, incluso con Marilyn Odesa Cárdenas, la hija de Marisela. Sí, la hija de Marisela. La hija de la mujer con la que el buki cantó, la pareja ideal en Siempre en Domingo en 1986, mientras Beatriz Adriana, embarazada lo veía en su sala.
Las dos hijas, la hija oficial del primer matrimonio y la hija de la cantante adolescente son hoy compañeras de escenario, como si el destino hubiera escrito una canción cruel sobre la próxima generación. Beatriz Solís ha publicado en sus redes sociales fotos con su padre, en conciertos, en eventos familiares.
En el día del niño, Marco Antonio Solís le dejó un mensaje público que se hizo viral. Comillas. Hermosa, tu alma sigue siendo de niña. Cierre de comillas. Una alma de niña. Eso le dijo el padre que la abandonó cuando ella era niña, a los 36 años en un mensaje de redes sociales para que lo viera todo el mundo.
Y tú, que has leído hasta aquí, decides cómo interpretar esas palabras. Yo solo te las cuento. Y mientras tanto, Beatriz Adriana en Corona, California, vive sola, sin el patrimonio que dice que le robaron, según sus propias declaraciones, sin el hijo que enterró en el 2000 y con una justicia que el juez de Riverside le negó en el 2007, hasta que en agosto del 2023 decidió hablar.
en Facebook, sin filtros, sin abogados y sin estrategia mediática. Y la razón por la que habló está escrita en sus propias palabras al final de la publicación. ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tantos años? Por una razón muy concreta, Beatriz Adriana estaba escribiendo su autobiografía. un libro que pensaba publicar y que iba a contar todo.
Y antes de publicarlo, decidió soltar parte de lo que iba a venir en pequeñas dosis en su cuenta de Facebook. Tal vez como prueba, tal vez para ver la reacción del público, tal vez para protegerse, porque una vez que la denuncia estuviera en redes sociales, eliminarla sería más difícil. Y también, según ella misma reconoce en otras entrevistas posteriores, porque sintió que la salud no le iba a dar.
Una mujer que ya había sufrido complicaciones cardíacas, una mujer que enterró a su hijo, una mujer que pasó por una década entera de litigio judicial y perdió. Esa mujer a los 65 años sintió que no podía seguir esperando, que el tiempo de quedarse callada por su hija ya había pasado, que su hija Beatriz, ya adulta y madre, podía entender una verdad que llevaba décadas guardada.
Comillas, si algo me llegara a pasar, por favor, les encargo a mi hijita y a mis nietos. Y por favor, ya saben a quienes tienen que mandar investigar. Cierre de comillas. Léelo otra vez despacio. Beatriz Adriana, una mujer de 65 años en el 2023 escribiendo desde su casa en California le dice a su público que si le pasa algo, las autoridades ya saben a quién tienen que mandar investigar.
Esa frase tiene el peso de alguien que cree con razón o sin ella. que su vida puede estar en peligro. Quien pelea solo por dinero no escribe así. Quien escribe así es alguien que prefiere que la verdad quede escrita en internet antes de llevársela a la tumba. ¿Qué fue de todos? Marco Antonio Solís hoy tiene 66 años.
sigue siendo uno de los cantantes más vendidos del mundo hispano. En 2021 volvió a reunirse con los Bukis para una gira mundial que llenó estadios. Tiene una mansión convertida en hotel Spa en Morelia, una estrella en el paseo de la fama de Hollywood desde el 2010. Un Latin Grami a la persona del año en 2022 y un silencio absoluto sobre las acusaciones de su primera esposa.
Su imagen pública es impecable. El hombre que canta a Dios, el hombre que habla de la familia, el hombre que da entrevistas hablando del amor, del perdón, de la importancia de los valores. El hombre que viaja con su esposa cubana en yates y posa para fotos en redes sociales con frases inspiradoras. El hombre que recibió en pleno escándalo de la denuncia de Beatriz Adriana el reconocimiento más alto de la Academia Latina del Grami.
Y aquí es donde la historia se vuelve incómoda, porque la Academia del Grami entregó ese reconocimiento en noviembre del 2022. Beatriz Adriana publicó su denuncia en Facebook en agosto del 2023, solo 9 meses de diferencia. Y cuando ella publicó su denuncia, el Booky ya tenía en su sala el premio más prestigioso de la música latina.
Una protección reputacional brutal, un blindaje de imagen que ningún escándalo de prensa rosa puede quebrar. ¿Tú crees que es coincidencia que la denuncia de Beatriz Adriana haya salido 9 meses después de ese grami? Yo no te voy a decir. Yo solo te cuento las fechas. Tú, mujer de poder, que escuchas este vídeo, decides qué pensar.
Cristian Salas vive con el bui desde hace más de 30 años. administra los negocios familiares, tiene una línea de ropa deportiva. aparece en Instagram modelando, viajando, posando junto a su esposo y respondió brevemente a la denuncia de Beatriz Adriana en agosto del 2023 con una historia indirecta en Instagram, sin nombres concretos, sin desmentidas específicas a las acusaciones.
La mansión Solís está ubicada en Morelia, Michoacán. Hoy funciona como hotel y spa. Tiene fotos preciosas en internet, habitaciones de lujo, jardines amplios, una piscina enorme, salones de eventos donde se celebran bodas. Cualquiera con dinero puede reservar una noche y cuando duermes allí estás durmiendo en lo que según la denuncia de Beatriz Adriana se construyó en parte con propiedades que ella considera que le pertenecen.
No es ilegal. El juez de Riversai ya decidió, pero es brutal. Imagínate una pareja celebrando su luna de miel mansión, eligiendo el paquete que incluye una serenata sorpresa y que esa serenata sea casualmente una canción del buki. Si no te hubieras ido tal vez o la venia bendita. Mientras Beatriz Adriana, a miles de kilómetros de allí en una casa de Corona, California, abre Facebook a las 3 de la mañana porque no puede dormir.
Marisela sigue cantando, sigue defendiendo en cada entrevista lo que pasó con Marco Antonio cuando ella tenía 14. Tiene una hija, Marilyn Dodesa, que se dedica a la música y nunca se ha cantado de nuevo con el buki en público. Beatriz Adriana tiene 67 años, vive en Corona, California. Trabaja en su libro autobiográfico.
Sigue declarando cada vez que puede lo que ella considera el robo de su patrimonio. Lleva el peso de un hijo asesinado en Tijuana, de una hija criada lejos de su padre y de una verdad que pocos quieren oír. En su casa de corona, según ha contado en algunas entrevistas, tiene fotos de Leonardo por todas partes.
Una madre no supera la muerte de un hijo, solo aprende a vivir con esa muerte adentro. Y Beatriz Adriana vive con esa muerte mientras sigue viendo en pantallas de televisión y en redes sociales como el padrastro de Leonardo cantaba en estadios llenos a pocas semanas del entierro. Y el sistema, el sistema productor intérprete patrimonio del espectáculo mexicano, sigue funcionando, sigue produciendo nuevas mariselas.
Nuevas Beatrices, nuevas Cristis. Sigue protegiendo a los hombres famosos y silenciando a las mujeres que los amaron. Cuántas más, Beatriz Adriana, hay en este momento en algún despacho de abogados en California o en Ciudad de México intentando recuperar lo que era suyo? Cuántas más, Marisela, hoy adultas, defendiendo relaciones que empezaron cuando ellas todavía iban a la secundaria.
Cuántas más hijas como Beatriz Solís esperando que el padre llame en su cumpleaños. Mira lo que está documentado. La Madonna latina, como llamaban a Marisela, fue lanzada por un productor que la conoció a los 14. Lucero firmó contrato siendo niña. Luis Miguel grababa discos a los 12 mientras su madre desaparecía sin explicación. Selena Quintanilla fue manejada por un círculo que terminó disparándole una bala.
Jenny Rivera se levantó sola, sí, pero murió cuando su industria todavía le exigía cantar arriba de un avión que no estaba en condiciones. El patrón se repite y en cada nombre hay una madre, una esposa, una hermana, una hija, una mujer que cargó con el peso real mientras el aplauso se lo llevaba el hombre. Tú también has cargado con ese peso.
A lo mejor no en un escenario, pero sí en tu casa, aguantando trabajo de más, silencios, promesas incumplidas, levantando hijos que otros deberían haber levantado contigo. Por eso la historia de Beatriz Adriana te late en el pecho, porque en algún lugar de tu memoria tú también has sido ella. Vuelvo a la imagen con la que empezamos.
Es domingo por la noche, año 1986. En millones de hogares de México y Latinoamérica, la televisión está encendida en el canal de las estrellas. El programa es siempre en domingo. Marco Antonio Solís, vocalista de los buquis, sale al escenario tomado de la mano con Marisela. Cantan una canción que él compuso para los dos.
La canción se llama La pareja ideal. En el sillón de una casa en Ciudad de México, Beatriz Adriana, embarazada de 5 meses, ve a su marido cantar con su antigua amante en Cámara Nacional. En su vientre crece la niña que va a nacer en Corona, California, 3 años después. Va a crecer en Tijuana. va a esperar 18 años para volver a tener a su padre cerca y va a estar cantando 35 años después en los mismos escenarios que la hija de Marisela.
En algún lugar de Nueva Jersey, Estados Unidos, una modelo cubana llamada Cristian Salas está terminando una sesión de fotos en el futuro inmediato. No sabe que en pocos años se va a casar con el hombre que en este momento está cantando La pareja ideal en Siempre en Domingo. no sabe que va a ser la dueña 30 años después de un estudio de grabación, un campo de golf y tres casas de 800 m² en México.
Y en Tijuana, un niño de 5 años llamado Leonardo Martínez juega en el suelo de la casa de su madre. tiene 15 años por delante y todavía no sabe que su muerte en un valdío de Tijuana va a ser el dolor más grande de la mujer que el que lo trajo al mundo. La pareja ideal. Esa fue la canción. Ese fue el nombre con el que la industria del espectáculo mexicano celebró la mentira más grande del buki frente a millones de espectadoras.
La pareja ideal nunca existió. Existieron tres mujeres y una hija y un hijastro muerto y un sistema de la industria que las usó, las cambió, las despojó y las silenció. Y existe ahora una verdad escrita en Facebook desde una casa de Corona, California, en agosto del 2023. Una verdad que Beatriz Adriana decidió contar antes de morir para que no se vaya con ella, para que tú que estás escuchando este video, sepas lo que pasó realmente cuando se apagaban las cámaras.
Mi gente, mis mujeres de poder que me escuchan desde México, desde Estados Unidos, desde desde Colombia, desde Argentina, desde todos los rincones en donde la música del buuki llegó en los 80 y los 90. Yo sé que muchas de ustedes crecieron escuchando a este hombre, que en su boda sonó alguna de sus canciones, que le cantaban a sus niños para dormir las baladas que él compuso.
Y sé que lo que acaban de escuchar duele, porque descubrir que el ídolo de tu juventud tenía un lado que la industria te ocultó nunca es fácil. Yo no te estoy pidiendo que dejes de escuchar si no te hubieras ido. Yo no te estoy pidiendo que tires discos de los bookies. Esas canciones son parte de tu vida y de la mía, pero saber lo que pasó detrás de cada canción cambia algo.
Cambia cómo escuchas la música. Cambia cómo piensas en las mujeres que la inspiraron sin recibir el crédito. Cambia cómo miras a tus propias hijas cuando se enamoran de un hombre con poder. Pero también sé que tú mereces saber la verdad. Cuéntame en los comentarios cuál fue la primera canción del buki que te marcó, dónde la escuchabas, con quién, en qué momento de tu vida.
Porque esas historias, las de nosotras, las que lo hicimos gigante, también son parte de esta historia. Y si te quedaste hasta aquí, dale like a este vídeo. No por mí, por Beatriz Adriana, que rompió el silencio después de 36 años y merece que su verdad sea escuchada. Por Marisela, que tenía 14 años.
Por Beatriz Solís, que esperó 18 años para tener un padre. Por Leonardo Martínez, que no llegó a los 22. Hasta la próxima, mujeres de poder.