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Las anécdotas más impactantes de los artistas del cine mexicano

 Desde el teatro usó la sátira para criticar al régimen de huerta y se afilió al sindicato de actores. murió a los 60 por una embolia pulmonar tras una caída y complicaciones médicas. Aunque pertenecía a la Asociación Nacional de Actores, al principio sus directivos no querían velarla en sus instalaciones y pretendían enviarla a una funeraria privada.

 Solo cuando María con esa se ofreció a cubrir todos los gastos, aceptaron brindar los servicios. A su entierro en el panteón francés acudieron muy pocos. Fernando Soler y la propia Conesa estuvieron presentes en una despedida tan discreta como injusta para una figura de su talla. Primero reposó en el Panteón Francés de la Piedad. En los años 70, un conocido gestionó la exhumación y el traslado al lote de actores de la Anda en el panteón jardín de la Ciudad de México.

Miguel Aceves Mejía | Strachwitz Frontera Collection

 

 Así se cerró el capítulo de una mujer que transformó el escenario en tribuna, el set en taller y su talento en un acto de vanguardia para el cine nacional. Rosita Quintana, la argentina más mexicana. Nacida en Buenos Aires en 1925. En una gira sudamericana, Jorge Negrete la vio cantar y la invitó a México. En 1947 debutó en el centro nocturno, El patio y decidió radicar en el país.

 Más tarde se nacionalizó mexicana. En 1948 inició su carrera fílmica. Se casó con el director y productor Sergio Kogan, con quien tuvo a su hijo Nicolás y la pareja adoptaría a su segunda hija, Paloma. Pero el matrimonio terminó en divorcio. La madrugada del 23 de agosto de 2021, Rosita falleció a los 96 años tras ser operada por un tumor en la tiroides y sufrir complicaciones propias de la edad.

 En lo personal, ella misma había contado que su relación con su hijo Nicolás era muy mala. Años antes de su muerte, Nicolás acusó públicamente al amigo y representante de su madre, Jorge Lozano, de despojar a otras actrices. Lozano se defendió y explicó, entre otras cosas, que había una orden de restricción que le impedía a Nicolas acercarse a su madre por un supuesto maltrato.

 Nicolas no acudió a despedirla porque exigía que le cubrieran gastos de viaje y estancia, algo que su representante negó poder solventar. A pesar de la tensa relación, la última voluntad de Rosita Quintana fue heredar todos sus bienes a su hijo, lo que generó sorpresa. Las cenizas de Rosita descansan junto a las de su esposo, Sergio Cogan, en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

Alicia Bonet, recordada como uno de los rostros más dulces del cine mexicano, alcanzó fama con su papel de Claudia en la icónica Hasta el viento tiene miedo, en 1968. Nacida en la Ciudad de México en 1947, inició en el Teatro Juvenil durante los años 50 y debutó en cine, acumulando más de 30 películas de géneros tan diversos como terror, comedia y drama.

 En 1967 se casó con el actor Juan Ferrara, con quien tuvo dos hijos. 3 años después se divorciaron y en 1986 contrajo matrimonio con el también actor Claudio Brook, con quien procreó a Arturo y Gabriel. Tras la muerte de Brook en 1995 por cáncer de estómago, la tragedia golpeó de nuevo. Su hijo menor, Gabriel, de 29 años, se desvió arrojándose desde el cuarto piso del edificio donde vivía.

 A partir de ese dolor, Alicia decidió poner fin a su carrera y aunque se retiró del medio, hoy a sus 78 años, el público la sigue recordando por su talento, su versatilidad y aquella mirada que marcó a toda una generación. Como ya es bien sabido, Mérida era la ciudad favorita de Pedro Infante y cuando se encontraba allá no perdía la oportunidad para salir a caminar.

 acostumbraba llevar 5,000 pesos en el bolsillo para repartirlos a las personas que se encontraran con necesidad. Es así como recordamos que fue Pedro quien ayudó a impulsar la carrera de Eulalio Piporro González gracias a la radio. Cuando Infante visitó el programa en el que Piporro trabajaba como locutor en Monterrey, Nuevo León, se hicieron amigos al instante.

 Esta amistad dio pie a que Pedro Infante invitara a Piporro a participar en la serie radiofónica. Ahí viene Martín Corona. El éxito fue tal que Miguel Zacarías decidió llevar la historia al cine. El papel del piporro era el de un hombre de 60 años. Zacarías dudaba en contratar al joven, pero Pedro insistió. Con una caracterización cuidada y su talento natural, el piporro conquistó la pantalla.

 La mancuerna se repitió en varias cintas más. Pedro Gregorio Armendaris Hastings nació en la Ciudad de México en 1912 y se volvió uno de los grandes rostros de la época de oro. Presencia imponente, mirada recia y un carisma que lo llevó de México a Hollywood y Europa. Pero detrás del brillo hubo golpes tempranos. Perdió a sus padres en la niñez y tuvo que alejarse del país que lo vio nacer para ser educado por familiares en Estados Unidos.

 Se casó con Carmelita Prado, con quien tuvo dos hijos. Para 1956, ya convertido en figura mayor, aceptó participar en la película El conquistador, dirigida por Dick Powell y protagonizada por John Wayne. Fue una decisión que marcaría su vida para siempre. El rodaje inició en el desierto de Utah y debió trasladarse a estudio, donde llevaron decenas de toneladas de arena del lugar original.

 Años después se señalaría que aquella zona estaba cerca de un campo de pruebas nucleares en Nevada y que el polvo radioactivo pudo haber expuesto al equipo. Con el tiempo, numerosos participantes desarrollaron distintos tipos de cáncer. Entre las víctimas estuvieron el propio director y más tarde John Wayne. A comienzos de los 60, a Armendaris le confirmaron cáncer.

 Consciente del pronóstico, aceptó un último papel para asegurar un sustento económico a su familia. Encarnó al espía turco Karim Bay en Desde Rusia con amor, la segunda entrega de James Bond. actuó con profesionalismo pese a los dolores. En algunas escenas ya cojeaba y hacia el final tuvo que ser doblado. En 1963 los médicos le comunicaron que la enfermedad era incurable y que se encontraba en etapa terminal.

 Tenía 51 años, mucho por vivir y por filmar, pero el sufrimiento era demasiado. El 18 de junio de 1963, internado en el centro médico de la Universidad de California en Los Ángeles, él mismo decidió terminar con ese sufrimiento. Fanny Kaufman, mejor conocida como Bitola, fue la reina del humor en un mundo dominado por Galanes y bedets.

 Nació en Toronto el 11 de abril de 1924 y con apenas 10 meses sus padres la llevaron a Cuba. A los 12 estudió canto y declamación en el conservatorio. Soñaba con la ópera, pero su 180 de estatura, su extrema delgadez y una nariz pronunciada desataban la risa del público cada vez que cantaba. Comprendió que la ópera no era para ella.

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