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HARFUCH CATEA el RESTAURANTE de PAQUITA y un SECRETO PERTURBADOR LO CAMBIA TODO

 Porque Paquita, la del barrio, no escribió todas esas canciones. Las escribieron ellas, mujeres con anillos de diamantes que se sentaban en la mesa siete frente a la cocina y le entregaban hojas dobladas en cuatro partes con nombres, con apellidos, con sumas y con instrucciones. 4:10 de la madrugada, marzo del 2025. Calzada de los misterios.

Colonia Guerrero, Ciudad de México. La camioneta blindada de Omar García Harfuch frena frente a una persiana metálica pintada de rojo. La persiana tiene tres letras grandes en blanco. C A S A. Abajo el nombre. Paquita. El restaurante lleva 40 días cerrado. Paquita murió el 17 de febrero. Una denuncia anónima entró al despacho del secretario tres semanas después.

 La denuncia decía que dentro de ese local había documentos sobre personas vivas. Arfuch baja con cuatro elementos, dos peritos del Centro Nacional de Inteligencia, un fotógrafo forense y un notario público que firma cada hallazgo en tiempo real. La cortina cruje. Olor a flores secas, olor a aceite quemado de la freidora.

Olor a cera de velas que llevan semanas apagadas. El restaurante está tal como estaba el día que Paquita salió por última vez. Las sillas levantadas sobre las mesas, la rocola de la esquina con el cable enrollado encima, un altar a la Virgen de Guadalupe junto a la cocina con una foto vieja de Paquita en sus 20es vestida de mariachi, sonriendo a una cámara que ya nadie sabe quién sostenía.

Harf camina lento hacia el fondo, pasa la barra, pasa el cuarto de los músicos, llega a una puerta sin chapa. Una puerta de madera con una llave pegada por dentro con cinta canela. La empuja con el guante, se abre. La oficina mide 4 m por tr. Un escritorio de fórmica naranja, una silla giratoria de cuero rajado.

 Un calendario del 2023 colgado al revés, una caja fuerte empotrada en la pared marca Centry, modelo de los años 80. Y en el escritorio, debajo de un mantel de plástico con motivos de Cempasuchil, un cuaderno negro, tapas de cuero gastado, esquinas dobladas, las páginas amarillas y encima del cuaderno un sobrecerrado con cera roja.

Harf lo levanta con las dos manos enguantadas, pesa más de lo que debería pesar un cuaderno. Lo abre y en la primera página escrito a lápiz en letra grande y temblorosa, hay siete palabras. Página uno, renglón un. Estas canciones no son mías, son suyas. Y antes de que sigamos, escúchame esto.

 se decía en los pasillos de la Sociedad de Autores y Compositores de México y se decía con nombre y apellido durante años que Paquita, la del Barrio, no era la autora real de varias de sus canciones más vendidas, que las letras llegaban firmadas por compositores fantasma, que esos compositores fantasma cobraban regalías que después se distribuían a personas que jamás habían escrito una sola línea.

 La familia Viveros Barradas siempre lo negó. La Sagma nunca lo confirmó, pero la versión se quedó. Una versión que sus enemigos sembraron y que su entorno no pudo desmontar nunca del todo. Una versión que volvió a aparecer en febrero del 2025, una semana después del entierro de Paquita, cuando un periodista de espectáculos publicó tres líneas en una columna pequeña en la página 18 del periódico y nadie le hizo caso.

 tres líneas que decían que había un cuaderno y que el cuaderno tenía nombres. Harf cierra la primera página, pasa a la siguiente. La fecha está escrita arriba, 22 de marzo de 1995. Y debajo una sola entrada, un nombre completo, una cifra y una canción. Antes de que sigamos, escúchame bien. Lo que Harf tiene en las manos es un cuaderno con 47 entradas similares, 47 mujeres, cada una con su cifra, cada una con su canción y cada una con un nombre escrito a un costado, el nombre del hombre, el blanco de la venganza. Hoy

vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre Paquita. Y te voy a avisar cuando llegue cada una. Primero vas a saber cuánto se pagó por la canción más cara del cuaderno. La canción que sonó en una boda en Polanco en 1998. La canción que destruyó a un hombre que después se suicidó en un baño del segundo piso de su propia casa.

 La cifra estaba escrita en pesos viejos. En dólares actuales son 200,000. El nombre del hombre estaba debajo, lo vas a oír antes del minuto 10. Segundo, vas a saber quién fue el manager que se llevó el 60% de ese dinero durante 22 años. Un hombre que estuvo en cada show, en cada palenque, en cada grabación.

 Un hombre que firmó papeles que jamás eran de Paquita. Un hombre que sigue vivo y que hoy administra un restaurante en otra colonia. Tercero, ¿vas a saber qué cantante mujer de los años 60 le pidió a Paquita que dejara de aceptar esos encargos? una cantante que ya murió, que se sentó con ella una tarde en el restaurante, que le advirtió en voz baja qué le iba a pasar a su voz si seguía cobrando por canciones de odio.

 Esa cantante también está en el cuaderno, pero no como cliente, como testigo. Y cuarto, vas a saber qué primera dama de México llegó una noche al restaurante sin escolta, con un sobre y con una grabación de su propia voz pidiendo una canción específica. Esa grabación está en la caja fuerte de Centri. Es un cassette Basef de 90 minutos y lo vas a oír descrito en este video.

 Pero antes, escúchame esto. Paquita la del barrio nació el 2 de abril de 1947, Alto Lucero, Veracruz, un pueblo de calles de tierra y casas de adobe. Su padre era campesino, su madre lavaba ropa ajena. Tenían 11 hijos. Paquita era la sexta y desde los 6 años cantaba en los velorios del pueblo para ganar 3 pesos.

 A los 15 años se subió a un autobús. Llegó a la ciudad de México con una maleta de cartón. Conoció a un hombre que le dijo que la iba a hacer famosa. Ese hombre estaba casado. Tenía tres hijos. Paquita no lo sabía. tuvo con él dos hijos propios antes de descubrirlo. Cuando lo descubrió, ya tenía 22 años, ningún ahorro y dos niños chicos en un departamento de una recámara en la Doctores.

 Ese fue el primer hombre que la traicionó. Pero no fue el último y no fue el que le destruyó la voz. Si alguna vez en tu vida descubriste que el hombre con el que vivías te había estado mintiendo durante años, ¿sabes lo que sintió Paquita esa noche en la doctores? ¿Sabes el silencio? ¿Sabes el frío en el pecho? ¿Sabes la mirada al techo durante horas? Eso lo vivió ella y eso fue lo que la convirtió en la cantante que conocimos.

 Empezó a cantar en bares pequeños de la Lagunilla, después en cantinas de la colonia obrera. Llegó al salón Tenampa, llegó a Garibaldi y un día de 1986 llegó la primera mujer al camerino con una hoja doblada en cuatro partes. La mujer tenía las uñas pintadas de rojo, llevaba un abrigo de bisón y le dijo a Paquita una sola frase: “Necesito que cantes esto en una fiesta el viernes.

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