Posted in

La Dificil Vida de Daniela Romo | Toda la Vida Ocultando | Sus Secretos son Revelados

Que me  intuya solamente con  mirarme. La ocasión para amarnos  no es tan sol. Daniela Romo, los amores que nunca quiso contar.  Hay artistas que enseñan el corazón como si fuera portada de revista. Hoy quiero bailar solo con ti. Hay otros que convierten cada romance en conferencia de prensa y luego está Daniela Romo, una mujer que durante décadas cantó al amor, al deseo,  al abandono y hasta la luna.

Yo no te pido la luna. Pero cuando le preguntan por su propia vida sentimental, cierra la puerta con doble seguro.   Y fíjense, amigos, ahí es donde empieza lo sabroso de esta historia, porque Daniela Romo es cualquier famosa. Estamos hablando de una mujer que conquistó escenarios, telenovelas,  discos, teatros y generaciones enteras.

Quiero envolverme en tus brazos.  Un artista que se volvió parte de la memoria sentimental de México, pero que al mismo tiempo hizo de su corazón un cuarto privado donde casi nadie pudo entrar. Por ahí, pero no, pero no, no, no. Ay, Daniela. Nunca se casó, nunca fue madre, nunca anduvo presumiendo novio en alfombra roja ni vendiendo exclusivas de amor eterno.

Y claro, cuando una mujer tan famosa decide vivir así, el público no pregunta bajito. El público mete la cabeza por la ventana y empieza a sacar sus propias conclusiones. Pues, ¿qué les digo, amigos, durante años se han mencionado galanes, cantantes, actrices, amigas inseparables y nombres que todavía provocan rumores.

Algunos romances fueron aceptados por ella misma, otros quedaron en puro rumor de pasillo y otros se volvieron de esos misterios que en el medio artístico se cuentan en voz baja, con café en mano y mirada de tú ya sabes de quién hablo. Grandes amores se tienen muy poquitos. Contadititos. Pero ojo, porque esta historia no viene con acta firmada en cada capítulo.

Aquí hay amores confirmados. Cariños insinuados, amistades demasiado intensas, besos que levantaron sospechas y silencios que hicieron más ruido que una banda en plena madrugada.  entre yo. Daniela siempre cuidó su vida privada como quien guarda una joya familiar y tal vez por eso su historia amorosa se volvió tan comentada,  porque cuando alguien canta con tanta pasión pero habla tan poquito de a quien amó, la curiosidad se prende sola.

Hoy vamos a meternos en las historias sentimentales que han rodeado a Daniela Romo desde aquel primer amor de juventud hasta los nombres que se asomaron en su camino,  los galanes que la rodearon, los besos que dieron de qué hablar y esa compañía de toda una vida que muchos interpretaron como algo más. Yo no te pido  la luna tan solo Así que pónganse cómodos porque esta historia no viene perfumada ni lista para foto de revista.

Es una vida sentimental envuelta en silencios, medias confesiones y rumores que llevan años dando vueltas como canción pegajosa. Junto  con tu sonrisa,  todos. Pero antes de comenzar, si les gustan estas historias donde el amor viene con misterio,  chisme y tantita pólvora, no olviden regalarle un like al video, suscribirse al canal y activar la campanita para que no se pierdan los próximos reportajes.

Y ahora sí, amigos, vámonos directo a los amores de Daniela Romo, porque aquí la luna no fue lo único que quedó alumbrando secretos. Así que a lo que te truje, Chencha. El amor de juventud que regresó con una propuesta inesperada. Antes de meternos con los galanes de televisión, los cantantes famosos y los nombres que después iban a levantar más sospechas que visiten esperada en domingo temprano, hay que irnos al primer capítulo sentimental.

Porque esta historia no empieza con cámaras, ni con exclusivas, ni con fotógrafos esperando afuera.  empieza mucho antes cuando Daniela Romo todavía no era Daniela Romo para el público.  En ese tiempo era Teresita Presmáes, una joven con la voz bien puesta, la mirada llena de planes y una melena que todavía no sabía que un día iba a tener casi más fama que algunos artistas completos.

Porque sí, antes de que medio país la escuchara en la radio,  antes de que la televisión la metiera hasta la sala de millones de familias y antes de que sus canciones sirvieran para dedicar amores, llorar despechos y ponerle drama al lunes por la tarde, también hubo una Teresita enamorada. No, mi primer gran amor, este, era yo muy chiquitija y fue un chavo de de la escuela.

Y no enamorada de esas de pose, no enamorada de adeveras, de las que se quedan viendo al techo como si ahí estuviera escrito el futuro. De esas que andan sonriendo solas, que oyen un nombre y se les mueve el changuito del corazón, que hacen la tarea, pero con la cabeza, quién sabe dónde. Como diría mi tía, cuando el amor pega joven, pega sin tantita vergüenza.

Y eso le pasó a Teresita. En la escuela apareció un muchacho que  le movió el piso. No fue un coqueteo de pasillo de esos que duran lo que tarda el recreo. Tampoco fue una ilusión de tr días que se cura con vacaciones. Fue de esos amores tempranos que se quedan marcados porque llegan cuando uno todavía cree que querer mucho alcanza para que todo salga bien.

Aquí no hay nombre  y ahí empieza la intriga. Daniela nunca lo ha puesto sobre la mesa con santo y seña. No hay fotografía, no hay apellido aventado, no hay capítulo completo con música de fondo, pero el dato está ahí bien clarito. Aquel muchacho de la escuela fue su primer gran amor, así, sin adornos y sin necesidad de andar poniendo letrero luminoso.

Y agárrense, porque el asunto no era poca cosa. Teresita y aquel joven llegaron a imaginar que se casarían cuando cumplieran 25 años, así como lo escuchan. Ya tenían la ilusión puesta. El futuro medio dibujado y seguramente el corazón haciendo cuentas como si la vida fuera a obedecerles. Porque cuando uno está chamaco no dice, “A ver si se puede.

”  Uno dice, “Nos vamos a casar.” Y siente que el universo ya apartó mesa, pastel, mariachi y hasta padrinos. Cuando crecimos, porque siempre curamos cuando éramos chavos que nos íbamos a casar a los 25 años. Porque pero la vida que es bien llevadita cuando quiere les cambió el guion. Teresita siguió su camino, se metió de lleno al mundo artístico, trabajó como pocas, cantó, actuó, se abrió paso y terminó convirtiéndose en Daniela Romo.

Y mientras ella iba creciendo, viajando, brillando y haciéndose nombre, aquel muchacho se quedó en otro rincón de la historia. Pero ojo, porque hay personas que no se quedan contigo, pero tampoco se van del todo. Se quedan guardadas como esas fotos viejas que uno no anda viendo diario, pero tampoco se atreve a tirar.

Ahí quedan calladitas esperando que un día la memoria les vuelva a abrir la puerta. Y vaya que se la abrió. Años después, Daniela ya no era la joven que soñaba con casarse los 25. Para entonces traía carrera, carácter y más tablas que escenario viejo. Había cantado, actuado, viajado y vivido lo suyo.

Read More