Están comprando el anillo de compromiso. Una joyería en el centro del Cairo, un martes cualquier. Ya. Entonces, aunque nadie lo sabe, las semillas de todo lo que viene después ya están plantadas. Porque ese joyero tiene un teléfono y ese teléfono está a punto de sonar. Flash forward. 50 años después de ese día en la joyería, una periodista le preguntará a Narryman si se arrepiente de algo.
La respuesta que da no es la que la periodista esperaba, pero llegaremos a eso. Paciencia. Volvamos a 1950. al joyero, al teléfono. El ministro de información del rey Faruk ha estado buscando, buscando discretamente con la profesionalidad clínica de quien selecciona ganado de raza a una candidata ideal para ser la segunda esposa del rey.
La primera, la reina Farida, fue repudiada en 1948 después de 10 años de matrimonio y tres hijas hermosas. El problema, desde la perspectiva de la corte era devastadoramente simple. Ningún heredero varón. La dinastía necesitaba un hijo. El rey necesitaba una nueva esposa y el ministro de información necesitaba encontrarla.
Los criterios son específicos. Tiene que ser joven. El rey tiene preferencias claras al respecto y no las disimula. tiene que ser egipcia, de buena familia, pero no aristocrática. El rey quiere redimirse ante la opinión pública que lo ha estado fustigando por sus escándalos. Y casarse con una plebella educada sería, calculan los asesores, un golpe de imagen maestro.
Tiene que ser usando el lenguaje de la época del gusto del rey. Rechoncha, saludable, con cara bonita. El joyero real. Sí, existe tal figura en la corte. Acaba de conocer exactamente a esa candidata en su tienda. La llamada llega al palacio. Los engranajes empiezan a moverse en ese preciso momento.
Mientras el joyero marca el número del palacio, Narriman y Saki están examinando anillos. Ella no sabe que alguien la está mirando. No sabe que hay una mirilla en la puerta que comunica con el despacho trasero, preparada para que el rey la observe sin ser visto. No sabe que en las próximas semanas lo que hoy parece ser una tarde perfectamente ordinaria se convertirá en el punto de inflexión de toda su existencia.
El rey Faruk entra inesperadamente, no por la mirilla en persona, cara a cara, lo cual no estaba en el plan original. Los ojos del rey se encuentran con los de Narriman. Es un momento que ella describirá décadas después con una ambivalencia que habla volúmenes. Vi a un hombre que me miraba como si ya me conociera, como si ya hubiera decidido algo sobre mí antes de que yo abriera la boca.
Después de una conversación breve, ¿qué se dice en esa situación? ¿Qué palabras tienen sentido cuando el rey de tu país acaba de entrar a la joyería donde estás comprando el anillo para tu prometido? Faruk le anuncia a Narriman con la tranquilidad de quien no ha oído la palabra no en toda su vida, que tiene intención de casarse con ella.
Saki Hashim toma el siguiente vuelo de regreso a Estados Unidos para terminar su doctorado. Los planes de boda que estaban en fase avanzada se cancelan. Nadie le pregunta a él nada y nadie le pregunta a Narriman nada tampoco. No, realmente Rewind. 11 años antes de todo esto, en 1939 en el palacio de Abdín de El Cairo, el rey Faruk tiene 19 años y acaba de casarse con la reina Farida Safinad Sulficar, su nombre real, ante la ovación del Irante de todo Egipto.
La muchedumbre llena las calles. Las radios transmiten la ceremonia en directo. El Cairo huele a Jazmín y a Esperanza. Ese Faruk de 1939 es distinto al que encontrará Aarriman en la joyería. Tiene los pómulos afilados, la cintura estrecha, el uniforme militar que le queda como si hubiera nacido para llevarlo.
La prensa internacional lo llama el rey más guapo del mundo. No es solo propaganda, hay fotografías y el veredicto es unánime. El chico que a los 16 años perdió a su padre y heredó el trono más antiguo del Mediterráneo tiene algo que los fotógrafos de la época no saben cómo nombrar, pero que todos capturan.
Una mezcla de vulnerabilidad y soberbia que resulta en ese momento específico de la historia hipnótica. ¿Qué le pasó a ese Faruk entre 1939 y 1950? Podríamos hacer un capítulo entero sobre eso, pero la versión corta es esta. El poder, el aislamiento, la Segunda Guerra Mundial cerniendo su sombra sobre Egipto, las presiones británicas, los fracasos militares y algo que ningún biógrafo menciona suficientemente, pero que es fundamental, la soledad radical de ser rey en un país que empieza a hartarse de los reyes.
El Faruk de 1950 pesa 20 kg más que el de 1939. Come con cucharas, opera literalmente el caviar de importación. Sus escándalos llenan las columnas de chismes de Europa y sin embargo, todavía es el rey. Y en Egipto de 1950 el rey todavía puede hacer lo que le venga en gana, más o menos. Saltemos adelante. Octubre de 1950. Narriman tiene 16 años y sus padres acaban de recibir la visita de los emisarios del palacio.
Lo que sucede en esa habitación entre los padres de Narriman y los representantes del rey no se conoce en todos sus detalles, pero el resultado es elocuente. La familia dice que sí. La madre de Narriman, esa mujer con ambiciones sociales de cuchillo bien afilado, debe haber sentido algo entre el vértigo y el triunfo.
Su hija, la reina de Egipto. Era un salto de clase social tan vertical que desafiaba la física. Dijo Narriman que sí, técnicamente sí, pero hay que entender qué significa decir que sí cuando tienes 16 años, cuando tu familia ya ha aceptado, cuando el rey de tu país ha manifestado su deseo, cuando la alternativa no está del todo clara, cuando nadie en tu mundo cercano tiene el vocabulario para siquiera formular la pregunta. Y si no quieres.
Años después, en una de las pocas entrevistas que concedió sobre esa época, Narrima eligió sus palabras con cuidado. No dijo que fue obligada. Tampoco dijo que fue un sueño hecho realidad. dijo algo más revelador. Esa frase en la boca de una mujer que para entonces ya había visto bastante del mundo suena menos a resignación y más a la descripción precisa de una maquinaria que se pone en marcha independientemente de lo que uno quiera.
Congelemos este momento porque en menos de 2 años ese debía suceder se convertirá en el argumento central del mayor escándalo diplomático de Egipto del siglo XX. Pero eso vendría después. Octubre de 1950 a mayo de 1951. 7 meses de preparación. El palacio no improvisa. Narriman no puede llegar al trono de Egipto siendo simplemente una chica bonita de Heliópolis.
Tiene que ser transformada, refraabricada. Y el proceso es para usar la palabra precisa extraordinario. envían a Roma, a la villa Saboy, antigua residencia de la familia real italiana, que por entonces vivía en Alejandría, en un intercambio de palacios que solo puede ocurrir en el mundo de la realeza, donde la condesa Laila Martley, descrita por las crónicas como una de las mujeres más cultas y experimentadas de Europa, se convierte en su tutora.
Las lecciones incluyen idiomas extranjeros. historia, etiqueta de la corte real, comportamiento en ceremonias oficiales, conversación diplomática y una cosa más que las crónicas mencionan con la naturalidad de quien reporta el menú del almuerzo. El rey ha ordenado que Narriman regrese a Egipto pesando no más de 50 kg. Lean eso otra vez.
El rey ordena cuánto debe pesar su futura esposa. Narriman tiene 16 después 17 años y está en una mansión romana siendo remoldeada milímetro a milímetro según las especificaciones de un hombre que todavía no conoce del todo. Aprende francés, aprende italiano, aprende a entrar a una habitación de manera que todas las cabezas se giren y pierde el peso que le ordenaron perder.
En ese mismo momento en el Cairo, Saki Hashim ha enviado una carta. Narriman la recibe en Roma, la lee y la guarda. No la vuelve a mencionar públicamente nunca. 6 de mayo de 1950. El Cairo. La boda es en la escala del absurdo humano organizado algo difícil de superar. El vestido de Narriman lleva bordados 20,000 diamantes.
Hay versiones que dicen 120,000. Cualquiera de las dos cifras es suficiente para provocar mareo. Los regalos que recibe la pareja incluyen objetos de oro puro que se descubrirá después. El rey ordena fundir secreto para convertirlos en lingotes. El cairo está engalanado, las calles llenas, la radio transmite.
Pero hay un detalle que dice todo lo que hay que saber sobre la naturaleza de esta boda. Narriman no está en la ceremonia, está en una habitación esperando. Ninguna mujer asiste a la ceremonia nupsial según la tradición. En otra habitación, su tío, el padre de Narriman, había muerto durante el periodo de preparación en Roma.
Coloca su mano derecha en la mano derecha del rey Faruk. Los hombres deciden. La novia espera. Narriman Sadek tiene 17 años y acaba de convertirse en la reina de Egipto sin estar presente en el momento en que eso ocurrió. Si el universo tiene sentido del humor, es cruel. Flash forward. 54 años después de esta boda, en el hospital Cairota, donde Narriman está muriendo, alguien le preguntan si tiene algún mensaje.
He vivido una vida completa dice. Cuatro palabras. Densas como diamantes, vagas como el humo. Mayo de 1951. El Cairo, palacio de Abdin. Narriman entra al palacio por primera vez como reina y lo que encuentra es un mundo que funciona según reglas que nadie le había explicado del todo por más meses de preparación en Roma.
El rey Faruk tiene 31 años. Es un hombre que ha vivido toda su vida en el interior de un mecanismo diseñado para servirle. Tiene varios palacios. Tiene una colección de automóviles rojos, solo rojos, y prohibió a todos los civiles de Egipto tener coches rojos para que el suyo se reconociera siempre desde lejos. Tiene una colección de pornografía que cuando los militares entren al palacio el año siguiente resultará ser la más grande registrada hasta ese momento en la historia privada.
Tiene cajas de pastillas. Come en cantidades que los médicos de palacio anotan con la cara de quien no sabe si reír o llorar. tiene también, y esto importa, una debilidad por las mujeres que sus cortesanos han aprendido a manejar como gestores de riesgo. Manejan las carteras de sus clientes con pragmatismo, con discreción y con la permanente conciencia de que el cliente siempre tiene razón.
Narriman lo ve todo, es inteligente, eso nadie lo discute y tiene los ojos bien abiertos, pero también tiene 17 años. y ha pasado los últimos 7 meses siendo entrenada para ser reina, no para hacer preguntas incómodas. 3 años antes de este momento, en 1948, el ejército egipcio había sido humillado en Palestina.
Los oficiales volvieron derrotados y furiosos, y la furia tenía un nombre claro, el rey. Las armas que les habían dado eran defectuosas. Los suministros habían llegado tarde. La corrupción había filtrado cada capa del aparato militar. Y mientras los soldados egipcios morían en el desierto, el rey Faruk había estado organizando fiestas en sus palacios.
En ese mismo momento en que Narriman aprende a moverse entre los salones del palacio de Abdín, en algún cuartel de El Cairo, un grupo de oficiales jóvenes se reúne en secreto. Tienen nombres que la historia recordará. Gamalabdel Naser, Anwar el Sadad, Muhammad Nagib. Se llaman a sí mismos los oficiales libres y están planeando algo.
Narriman no sabe nada de esto o si lo sabe no tiene manera de saber lo que significa. 16 de enero de 1952, Palacio Real. El Cairo Narriman da a luz, un niño Ahmed Fuad, sano, de buen peso, con los pulmones lo suficientemente robustos como para que sus primeros gritos llenen el corredor entero. El rey Faruk llora. llora de verdad de esa manera torpe y desbordada que tienen los hombres que rara vez lo hacen.
32 años, un reinado en crisis, tres hijas de su primer matrimonio que ama, que también lloran de alivio, y por fin un hijo, por fin el heredero que supuestamente va a salvar la dinastía. Falta un año para la revolución. Narriman no lo sabe. Faruk no lo sabe. El bebé obviamente tampoco. Pero los oficiales libres sí lo saben. Están apurando sus planes.
La llegada del príncipe no cambia nada en sus cálculos. La monarquía está podrida desde adentro y un bebé real no es un antídoto para eso. 12 de febrero de 1952. Roma. El rey Faruk y la reina Narriman asisten a la ópera juntos. Las crónicas de la noche dicen que Narryman llevaba un vestido color verde mar y que lució completamente a gusto con el protocolo internacional.
Un fotógrafo los captura saliendo del teatro, él masivo y regio. Ella hermosa y seria. Detrás de ellos, Roma, iluminada como un sueño. En ese preciso momento, en el Cairo, los oficiales libres tienen una reunión de urgencia. El clima político se ha enrarecido. Los incidentes del 26 de enero, el sábado negro, cuando multitudes furiosas incendiaron gran parte del centro de El Cairo, quemaron bares, hoteles, tiendas extranjeras, símbolo tras símbolo de la opulencia que los dejaba a ellos afuera, aceleraron el calendario. La cuenta regresiva
empezado. Faltan 6 meses. Saltemos a ese martes de julio de 1952. Son las 2 de la mañana del 23. El Cairo duerme o finge dormir. El rey Faruk está en el palacio de Montasa, en Alejandría porque es verano y el verano en el Cairo es insoportable. Narriman está allí también con el bebé que tiene ahora exactamente 6 meses.
Los oficiales libres se mueven en el Cairo. Los militares toman las instalaciones de comunicaciones, los puntos estratégicos, el aeropuerto, la radio. Todo ocurre con una velocidad y una coordinación que demuestra que llevan meses preparándolo. La resistencia es mínima. No porque los soldados leales al rey sean cobardes, es que no son muchos los que siguen siendo leales al rey.
El palacio lleva años vaciándose de lealtades reales. El rey Faruk se despierta a las noticias con la lentitud de quien no termina de creer lo que le dicen. Llama a sus generales. Algunos no contestan, otros le dicen lo que que no quiere escuchar. Busca el apoyo de los británicos. esa red de influencia que durante generaciones había sido el colchón de los reyes egipcios ante las crisis internas.
Los británicos esta vez guardan silencio. Busca a los americanos. Los americanos tampoco responden. Faruk está solo, no en el sentido metafórico, literalmente solo en un palacio frente al mar con su joven esposa, su bebé de 6 meses y el ruido sordo de una historia que está dándole la vuelta sin pedirle permiso.
Lo que sucede en ese palacio entre el 23 y el 26 de julio, en esas 72 horas que deciden todo, no se reconstruyó completamente hasta décadas después. Pero hay un momento que Narriman mencionó en una ocasión, una sola vez con una precisión que sugiere que lo había guardado en algún lugar preciso de su memoria. La tarde del 25 de julio le pidió al rey que considerara abdicar voluntariamente con dignidad antes de que le obligaran a hacerlo con humillación.
El rey la miró durante un momento largo. Luego llamó a su palco privado de puros y encendió uno. No dijo nada o dijo algo que ella nunca repitió. Al día siguiente, 26 de julio, el general Nagib envió el ultimátum formal. Abdique o afronté las consecuencias. El rey de Egipto firmó el documento de abdicación a las 6 de la tarde.
Una hora después estaba subiendo la pasarela del yate al Marusa y Narriman estaba detrás de él con el bebé en brazos. Volvamos por un momento. Un poco antes, unas horas antes del yate, mientras el rey firmaba la abdicación, los militares realizaban un inventario de los palacios reales. Lo que encontraban los dejaba sin palabras, no por las joyas, esas se esperaban, no por los muebles.
Lo que dejaba sin palabras era la colección privada del rey. la mayor acumulación de material pornográfico documentada hasta ese momento. Cómics raros que había comprado a 10 veces su precio de mercado a coleccionistas de todo el mundo. Cachibaches, chucherías, una mezcla de lo más lujoso del mundo con lo más absurdo, como si el cuarto de un niño con acceso ilimitado a dinero y ningún adulto que dijera basta.
Ese hombre, ese niño de 16 años al que había puesto una corona en la cabeza y habían dejado solo en su propio laberinto, era el hombre con quien narriman había pasado los últimos 14 meses. ¿Lo amaba? Es la pregunta que todos hacen y que ella respondía siempre con esa misma ambivalencia cuidadosa.
Era mi rey, lo cual no es exactamente un 16 de julio de 1952. El puerto, el yate. Los militares le permiten al rey llevarse ropa, algo de efectivo y sus artículos personales. Los lingotes de oro fundidos de los regalos de boda, los que él mismo ordenó fundir en secreto, ya no están en el palacio. ¿Quién se los quedó? Es un detalle que la historia no resuelve del todo satisfactoriamente.
El almaruaspa es el mismo yate en que el bisabuelo del rey, el yedibe Ismael, había navegado por el canal de Sue en 1869, cuando se inauguró ante la mirada de media Europa reunida para presenciar el acontecimiento, el mismo yate que había llevado a reyes y a dignatarios a lo largo de casi un siglo.
Ahora lleva a un rey que ya no es rey, a una reina que ya no es reina y a un bebé que técnicamente es rey de un país que en menos de un año dejará de ser una monarquía. En el muelle, mientras el yate se aleja, hay gente que llora. Hay gente que grita de alegría. La mayoría, según los cronistas que estuvieron allí, simplemente miraba con esa expresión que tienen las personas cuando presencian el final de algo tan grande que todavía no tienen palabras para nombrarlo.
Narriman mira el perfil de Alejandría Alejarse, el bebé en sus brazos, el rey a su lado que ha encendido otro puro, el Mediterráneo abierto por delante. 3 años antes de este momento estaba en una joyería comprando el anillo para otro hombre. ¿En qué momento exactamente la historia de un país se convirtió en la historia de su vida? En paralelo, en ese mismo julio de 1952, Saki Ashim, el prometido humillado que volvió a Harvard a terminar su doctorado, trabaja en la Secretaría de las Naciones Unidas.
tiene una vida, una vida ordenada, construida por él mismo, sin coronas ni diamantes, ni la carga de ser el símbolo de una monarquía que se derrumba. No se sabe qué pensó cuando escuchó las noticias de la revolución. La historia no se interesó en preguntarle. Agosto de 1952. Capri, Roma, la familia real en exilio. El rey Faruk, que ya no es rey, empieza lo que sus biógrafos llamarán el destierro dorado.
Hoteles de cinco estrellas, restaurantes, casinos, viajes de placer. La plata que se llevó y se llevó bastante, los militares no tuvieron tiempo de inventariarlo todo. Es suficiente para vivir bien, muy bien, durante años. Pero vivir bien y vivir feliz son cosas distintas. Narriman tiene 18 años, tiene un bebé, está en un país extranjero donde no tiene familia, no tiene amigas, no tiene la red de cualquier vida normal, tiene al rey que ya no es rey, pero que sigue siendo el mismo hombre, la misma compulsión por la comida, las mismas escapadas nocturnas
cuyo contenido ella no pregunta y él no explica. mismo abismo de soledad disfrazada de fiesta permanente. Simultáneamente a miles de kilómetros en el Cairo, los oficiales libres están reorganizando Egipto. El general Naguib se convierte en presidente. Naser trabaja desde las sombras. Las reformas agrarias empiezan.
Los palacios reales se convierten en museos, en hoteles, en cuarteles. La historia sigue sin Narriman, sin Faruk. Enero de 1953. Roma. Una habitación de hotel con vista al Tiber. Narriman escribe una carta a su madre en el Cairo. El contenido exacto de esa carta no es público, pero su madre sale de El Cairo en el primer vuelo disponible y llega a Roma al día siguiente.

Lo que sucede entre madre e hija en esa habitación de hotel con vista al Tiber no se supo hasta mucho después. Pero el resultado fue este. La madre se quedó y Narriman empezó a planear su regreso. ¿Qué la convence? ¿Qué paja fue la que colmó el vaso? Hay versiones. Las infidelidades de Faruk, documentadas, notorias, sin ningún tipo de discreción.
El aburrimiento de una vida sin propósito ni anclaje, la soledad de ser una extraña en todos los países que visitaban, el miedo a lo que sería la vida de su hijo si seguía en ese circuito. O quizás algo más simple y más difícil de decir, que a los 19 años Narryans Sadeek se miró en un espejo de hotel romano y se preguntó si eso era todo lo que iba a hacer su vida.
Y la respuesta que encontró fue un no. Tan claro que no había discusión posible. 3 años antes de ese momento estaba eligiendo un anillo con Sakiim. Si pudiéramos ver el futuro en ese momento de la joyería, si alguien le hubiera mostrado a Narriman Sadek de 16 años comprando un anillo con su prometido exactamente lo que vendría en los próximos 3 años.
habría hecho lo mismo, habría podido decir que no o el mecanismo era demasiado grande para que una persona pudiera detenerlo. Marzo de 1953. La familia real se mueve de Roma a Mónaco y de regreso. Faruk engorda más. Sus cenas se convierten en eventos documentados con la misma fascinación horrorizada con que se describe un accidente.
Una docena de ostras, papas asadas, cordero, tarta de langosta, todo en una sola sentada. Narriman observa. Calla. Flash forward. 12 años después de este momento, en marzo de 1965, el rey Faruk cae muerto sobre la mesa de un restaurante romano, Ataque al corazón. Tiene 45 años. El informe médico menciona la obesidad severa, 136 kg, como factor determinante.
Narriman llevará 11 años divorciada de él cuando ocurre esto. Para entonces ya tendrá otra vida, otro apellido, otro hijo. No se sabe si lloró. Si lo hizo, fue en privado. Volvamos a 1953. Junio de 1953. El Cairo proclama la Repúblic. El breve reinado de Ahmed Fuat Segund, ese bebé de 6 meses coronado, rey el mismo día que su padre abdicó, termina formalmente.
Ya no hay reino, ya no hay corona. El bebé seguirá llamándose Fuat Segundo entre los círculos monárquicos, ese grupo reducido de personas para quienes el apellido real tiene todavía algún peso sentimental. Pero Egipto ya es una república y la República no tienen reyes bebé. Ese mismo mes o quizás unas semanas después las fuentes varían ligeramente.
Narriman toma la decisión que los periódicos del mundo van a tratar como un escándalo, pero que ella vive como la cosa más obvia y necesaria que ha hecho en su corta vida. Empaca sus cosas, toma su hijo y regresa a Egipto con su madre. ¿Cómo reacciona Faruk? La versión de los cronistas cercanos al rey dice que se puso furioso.
La versión de las fuentes más frías es que lo esperaba. Él también sabía lo que había, lo que no había y lo que nunca había estado ahí. Hay una versión que nunca se confirma del todo en que Faruk le rogó que se quedara. Narriman no comenta esa versión ni para afirmarla ni para negarla. Lo que sí comenta en la única entrevista donde habla de este momento con algo de detalle es esto.
Me fui para no perderme a mí misma del todo. 19 años, 14 meses de matrimonio, un trono ganado y perdido en ese tiempo, un bebé que es rey sin reino y una mujer joven que acaba de elegir volver a ser nadie antes de seguir siendo la sombra de alguien. 2 de febrero de 1954. El Cairo, el divorcio se formaliza. Narrimanadek, ya no reina, de nuevo plebella, exactamente como había prometido la ironía, firma los papeles.
Faruk también desde Roma a través de sus representantes. El destino de Ahmed Fuad es el más complicado de todos. La custodia queda con el padre. Así lo determinan los acuerdos que incluyen una apensión para Narriman y el compromiso de que el niño tendrá acceso a su madre. Lo que ocurre en la práctica con esa custodia a lo largo de los años que siguen es una historia que Ahmed Fuad, hoy un hombre mayor que vive en Europa, ha contado solo en fragmentos.
Narriman pierde a su hijo, no del todo, no para siempre, pero pierde el contacto diario, la textura cotidiana de criarlo, es el precio que paga o que le cobran. Dependiendo de cómo se mire. ¿Qué siente una madre de 19 años cuando eso ocurre? La respuesta de Narriman a esa pregunta cuando la hacen siempre tiene la misma estructura.
Pausa larga, mirada al punto medio, respuesta breve que deja afuera exactamente lo que uno quiere saber. Hay algunas dolores que no se explican en entrevistas. 3 de mayo de 1954, El Cairo. 90 días después del divorcio, Narriman se casa por segunda vez con el Dr. Adam Alnaquib, médico de Alejandría. Un detalle que los periódicos mencionan como nota al pie, pero que en realidad dice mucho.
Alnakib había sido el médico personal del rey Faruk. ¿Hay algo ahí? Un vínculo entre el mundo que dejó y el que está construyendo. Las interpretaciones varían. Lo que no varía es esto. Narriman elige esta vez a alguien de su misma clase social, un profesional, un hombre que va a trabajar por las mañanas y vuelve a cenar. No un rey. Tienen un hijo, Akram.
En 1961 se divorcian. Los detalles de por qué no son públicos. En paralelo en Roma, el ex rey Faruk sigue su vida de restaurantes y casinos. En 1956 se divorcia de una italiana. Había contraído un matrimonio no del todo claro con una mujer a quien trató como esposa sin haberlo sido formalmente. Y empieza una relación con Irma Capex Minutolo, cantante de ópera y ex Miss Nápoles.
Irma reclamará hasta el final de su vida haber sido la verdadera última esposa de Faruk. La historia siempre tiene más personajes de los que caben en el titular. Años antes de todo esto, mucho antes. 1936, El Palacio de Abdín. Un niño de 16 años llora en una habitación mientras afuera anuncian que acaba de convertirse en rey.
Su padre, el rey Fuad Primere, murió hace unas horas. Y el niño Faruk, que solo lleva 6 meses en Inglaterra educándose porque su padre lo mandó a Europa para que fuera un hombre moderno. Tiene que volver a El Cairo a convertirse en algo para lo que nadie lo ha preparado del todo. ¿Qué se le pasa por la cabeza a un niño de 16 años en ese momento? Nadie se lo preguntó entonces y cuando empezaron a preguntárselo años después, ya era demasiado tarde para la respuesta honesta.
La corona había estado demasiado tiempo en su cabeza y lo había cambiado de maneras que él mismo no podía describir con claridad. La soledad del poder es específica, no es la soledad de quien no tiene a nadie. Faruk tiene cortesanos, ministros, generales, amantes, fotógrafos, aduladores sin fin. Es la soledad de quien nunca puede saber si alguien le habla porque quiere hablarle a él o porque hablarle conviene.
Esa duda sostenida durante años hace algo a una persona, algo difícil de revertir. ¿Es eso una excusa? No, es una explicación. Parcialmente lo que Faruk nunca tuvo fue a alguien que le dijera basta. y tuviera la autoridad para que él lo escuchara. Narriman lo intentó según ella misma insinuó en alguna ocasión. Él encendía un puro. El Cairo.
Narriman Sadeek tiene 33 años. Ha vivido 14 meses como reina y 13 años intentando olvidar que eso ocurrió o al menos integrarlo en algo que tenga sentido. Ha criado a su hijo del segundo matrimonio. Ha visto a su hijo del primer matrimonio solo en las visitas acordadas por los acuerdos del divorcio.
Se casa por tercera vez con el Dr. Ismail Fagmy, médico también. Este matrimonio durará. La fotografía de esa época la muestra como una mujer elegante, segura, con los ojos de alguien que ha procesado bastante y ha llegado a términos con ello. No hay amargura visible. No hay tampoco la ligereza de quien no ha vivido nada. Rewind.
16 años antes de ese momento, en la joyería del Cairo, Narriman sostenía en la mano un anillo que Saki Hashim iba a comprar para ella. El anillo era bonito. El futuro con Saki era predecible de la manera más reconfortante que puede ser predecible un futuro estable, construido por elección propia, con la textura de algo ganado en lugar de algo impuesto.

La historia eligió otro camino. Hay un patrón en la vida de Narriman que solo se ve cuando uno da varios pasos atrás y mira el conjunto. Siempre fueron otros los que tomaron las decisiones grandes. El joyero que llamó al palacio, los emisarios que visitaron a sus padres, la madre que dijo que sí, el rey que decidió que sería suya, los oficiales libres que decidieron que la monarquía terminaba, el destino del hijo que quedó en manos de los acuerdos de divorcio.
Y sin embargo, hay dos momentos en esa vida donde Narriansadec tomó decisiones propias, activas, irreversibles. El primero, volver a Egipto con su madre desde el exilio europeo. El segundo, nunca hablar públicamente con resentimiento de nadie, ni del rey, ni de los militares que los derrocaron, ni de su madre, que dijo que sí cuando debió tal vez preguntar primero.
manera de narrar la propia vida sin villanos, sin víctimas declaradas, con esa ambivalencia cuidadosa que podría leerse como sabiduría o como la cicatriz de algo que dolió demasiado para ponerle nombre, es también una decisión. Una decisión tomada muchas veces a lo largo de muchos años.
El silencio puede ser una forma de poder cuando no tienes otro tipo de poder disponible. Múltiples líneas. Mismo año 1952. Un martes de julio de 1900. Desde donde estaban a Riman en el palacio de Montasa en Alejandría, la revolución se veía como ruido distante al principio, luego como conversaciones urgentes entre hombres que ella no conocía del todo.
Luego como el rostro del rey Faru cuando recibió las noticias. Luego como la certeza de que algo irrevocable estaba ocurriendo y que nadie, ni siquiera el rey, ni siquiera desde donde estaban los oficiales libres en sus cuarteles de El Cairo, la revolución era la culminación de años de reuniones secretas, de planes revisados, de espera tensa, de la convicción de que tenían razón y que la historia estaba de su lado.
desde donde estaba Egipto, los 8 millones de personas que vivían bajo una monarquía cada vez más opulenta y cada vez más desconectada de su realidad. La revolución era para muchos un alivio, una liberación de algo que hacía años se había convertido en una burla. Desde donde estaba Ahmed Fuad en los brazos de su madre, la revolución era el sonido del motor de un yate.
La verdad de lo que ocurrió ese martes de julio de 1952 está en todos esos lugares a la vez y en ninguno completamente. Y así volvemos a donde comenzamos. El puerto de Alejandría, 26 de julio de 1952, las 6 de la tarde. Narriman tiene 18 años. El bebé en brazos pesa lo que pesan los seis meses. El yate huele a madera encerada y a mar.
El rey sube la fazarela sin mirar atrás y enciende un puro. Los soldados sostienen sus armas. El Cairo, a 200 km de ahí está reorganizándose sin ellos. Ahora entienden cómo llegamos aquí o al menos parte de cómo. Pero hay algo que no les dije al principio. El bebé en los brazos de Narriman esa tarde no lloró en todo el trayecto hasta el yate.
Los testigos que estaban allí lo recuerdan porque era extraño ese silencio de bebé. En un momento de tanto ruido, Narriman lo sostenía mirando hacia delante, hacia el barco, con una expresión que una de las damas de compañía describió décadas después como la cara de alguien que ya ha tomado una decisión, aunque todavía no sepa cuál.
La decisión vendría 14 meses después. El regreso, el divorcio, la vida que ella eligió o que construyó entre los márgenes de lo que le habían dejado elegir. Narriman Sadeek fue enterrada en el Cairo en febrero de 2005. Su obituario en el Daily Telegraph la describe como la Cenicienta del Nilo, ese apodo que la prensa internacional le había pegado en 1951 cuando pasó de Pleevella a Reina en el espacio de unos meses.
El apodo tiene algo de correcto y mucho de equivocado. En el cuento de Senicienta, el final feliz es el palacio. Arriman encontró su final feliz, si es que lo hubo exactamente en el momento en que dejó el palacio atrás. Su hijo Ahmed Fuat, el rey bebé de 6 meses, sigue siendo reconocido por los círculos monárquicos como Fua II, el último rey nominal de Egipto. Vive en Europa.
Tiene una vida que construyó también entre los márgenes de lo que la historia le dejó. Su legado, el de Narrimán, no está en los libros de historia de los monarcas, no está en los catálogos de joyas reales, está quizás en algo más difícil de inventariar, en la imagen de una joven de 18 años en un muelle de Alejandría, que todavía no sabe lo que va a ser, pero ya sabe lo que no puede seguir siendo.
Sabiendo todo esto, les pregunto algo que los que ya comentaron al principio pueden responder de nuevo. Si tuvieran 17 años y el rey de su país les pidiera matrimonio, dirían que sí. Y si dijeran que sí, ¿qué precio estarían dispuestos a pagar? ¿Y cuándo decidirían que ya han pagado suficiente? Déjenme saber en los comentarios.
Gracias por este viaje no lineal a través de una vida que se vivió hacia delante y solo se entiende completamente yendo hacia atrás. La historia de Narriman no es la historia de una reina que perdió su corona. Es la historia de una mujer que decidió en algún momento entre el yate y el divorcio, que prefería ser ella misma, aunque eso no tuviera nombre en ninguna crónica real.
Hasta la próxima, donde seguiremos desenredando vidas complejas contadas de maneras inesperadas.