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Queen Narriman: Se Casó con el Rey de Egipto… y Huyó 14 Meses Después

Están comprando el anillo de compromiso. Una joyería en el centro del Cairo, un martes cualquier. Ya. Entonces, aunque nadie lo sabe, las semillas de todo lo que viene después ya están plantadas. Porque ese joyero tiene un teléfono y ese teléfono está a punto de sonar. Flash forward. 50 años después de ese día en la joyería, una periodista le preguntará a Narryman si se arrepiente de algo.

La respuesta que da no es la que la periodista esperaba, pero llegaremos a eso. Paciencia. Volvamos a 1950. al joyero, al teléfono. El ministro de información del rey Faruk ha estado buscando, buscando discretamente con la profesionalidad clínica de quien selecciona ganado de raza a una candidata ideal para ser la segunda esposa del rey.

La primera, la reina Farida, fue repudiada en 1948 después de 10 años de matrimonio y tres hijas hermosas. El problema, desde la perspectiva de la corte era devastadoramente simple. Ningún heredero varón. La dinastía necesitaba un hijo. El rey necesitaba una nueva esposa y el ministro de información necesitaba encontrarla.

Los criterios son específicos. Tiene que ser joven. El rey tiene preferencias claras al respecto y no las disimula. tiene que ser egipcia, de buena familia, pero no aristocrática. El rey quiere redimirse ante la opinión pública que lo ha estado fustigando por sus escándalos. Y casarse con una plebella educada sería, calculan los asesores, un golpe de imagen maestro.

Tiene que ser usando el lenguaje de la época del gusto del rey. Rechoncha, saludable, con cara bonita. El joyero real. Sí, existe tal figura en la corte. Acaba de conocer exactamente a esa candidata en su tienda. La llamada llega al palacio. Los engranajes empiezan a moverse en ese preciso momento.

Mientras el joyero marca el número del palacio, Narriman y Saki están examinando anillos. Ella no sabe que alguien la está mirando. No sabe que hay una mirilla en la puerta que comunica con el despacho trasero, preparada para que el rey la observe sin ser visto. No sabe que en las próximas semanas lo que hoy parece ser una tarde perfectamente ordinaria se convertirá en el punto de inflexión de toda su existencia.

El rey Faruk entra inesperadamente, no por la mirilla en persona, cara a cara, lo cual no estaba en el plan original. Los ojos del rey se encuentran con los de Narriman. Es un momento que ella describirá décadas después con una ambivalencia que habla volúmenes. Vi a un hombre que me miraba como si ya me conociera, como si ya hubiera decidido algo sobre mí antes de que yo abriera la boca.

Después de una conversación breve, ¿qué se dice en esa situación? ¿Qué palabras tienen sentido cuando el rey de tu país acaba de entrar a la joyería donde estás comprando el anillo para tu prometido? Faruk le anuncia a Narriman con la tranquilidad de quien no ha oído la palabra no en toda su vida, que tiene intención de casarse con ella.

Saki Hashim toma el siguiente vuelo de regreso a Estados Unidos para terminar su doctorado. Los planes de boda que estaban en fase avanzada se cancelan. Nadie le pregunta a él nada y nadie le pregunta a Narriman nada tampoco. No, realmente Rewind. 11 años antes de todo esto, en 1939 en el palacio de Abdín de El Cairo, el rey Faruk tiene 19 años y acaba de casarse con la reina Farida Safinad Sulficar, su nombre real, ante la ovación del Irante de todo Egipto.

La muchedumbre llena las calles. Las radios transmiten la ceremonia en directo. El Cairo huele a Jazmín y a Esperanza. Ese Faruk de 1939 es distinto al que encontrará Aarriman en la joyería. Tiene los pómulos afilados, la cintura estrecha, el uniforme militar que le queda como si hubiera nacido para llevarlo.

La prensa internacional lo llama el rey más guapo del mundo. No es solo propaganda, hay fotografías y el veredicto es unánime. El chico que a los 16 años perdió a su padre y heredó el trono más antiguo del Mediterráneo tiene algo que los fotógrafos de la época no saben cómo nombrar, pero que todos capturan.

Una mezcla de vulnerabilidad y soberbia que resulta en ese momento específico de la historia hipnótica. ¿Qué le pasó a ese Faruk entre 1939 y 1950? Podríamos hacer un capítulo entero sobre eso, pero la versión corta es esta. El poder, el aislamiento, la Segunda Guerra Mundial cerniendo su sombra sobre Egipto, las presiones británicas, los fracasos militares y algo que ningún biógrafo menciona suficientemente, pero que es fundamental, la soledad radical de ser rey en un país que empieza a hartarse de los reyes.

El Faruk de 1950 pesa 20 kg más que el de 1939. Come con cucharas, opera literalmente el caviar de importación. Sus escándalos llenan las columnas de chismes de Europa y sin embargo, todavía es el rey. Y en Egipto de 1950 el rey todavía puede hacer lo que le venga en gana, más o menos. Saltemos adelante. Octubre de 1950. Narriman tiene 16 años y sus padres acaban de recibir la visita de los emisarios del palacio.

Lo que sucede en esa habitación entre los padres de Narriman y los representantes del rey no se conoce en todos sus detalles, pero el resultado es elocuente. La familia dice que sí. La madre de Narriman, esa mujer con ambiciones sociales de cuchillo bien afilado, debe haber sentido algo entre el vértigo y el triunfo.

Su hija, la reina de Egipto. Era un salto de clase social tan vertical que desafiaba la física. Dijo Narriman que sí, técnicamente sí, pero hay que entender qué significa decir que sí cuando tienes 16 años, cuando tu familia ya ha aceptado, cuando el rey de tu país ha manifestado su deseo, cuando la alternativa no está del todo clara, cuando nadie en tu mundo cercano tiene el vocabulario para siquiera formular la pregunta. Y si no quieres.

Años después, en una de las pocas entrevistas que concedió sobre esa época, Narrima eligió sus palabras con cuidado. No dijo que fue obligada. Tampoco dijo que fue un sueño hecho realidad. dijo algo más revelador. Esa frase en la boca de una mujer que para entonces ya había visto bastante del mundo suena menos a resignación y más a la descripción precisa de una maquinaria que se pone en marcha independientemente de lo que uno quiera.

Congelemos este momento porque en menos de 2 años ese debía suceder se convertirá en el argumento central del mayor escándalo diplomático de Egipto del siglo XX. Pero eso vendría después. Octubre de 1950 a mayo de 1951. 7 meses de preparación. El palacio no improvisa. Narriman no puede llegar al trono de Egipto siendo simplemente una chica bonita de Heliópolis.

Tiene que ser transformada, refraabricada. Y el proceso es para usar la palabra precisa extraordinario. envían a Roma, a la villa Saboy, antigua residencia de la familia real italiana, que por entonces vivía en Alejandría, en un intercambio de palacios que solo puede ocurrir en el mundo de la realeza, donde la condesa Laila Martley, descrita por las crónicas como una de las mujeres más cultas y experimentadas de Europa, se convierte en su tutora.

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