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D.RODMAN: Confesó Lo Que Hizo

42 noches. 42. Se bañaba en el baño del gimnasio. Comía lo que le daban. A veces nada. ¿Por qué no te vas a casa? Le preguntó otro jugador. No tengo casa. El entrenador, un tipo llamado James Richwine, vio algo en Denise, algo que nadie más veía. No era talento. Denise no tenía talento natural, no tenía gracia, no tenía elegancia, pero tenía desesperación.

Y en el baloncesto la desesperación es más valiosa que el talento. Rich Wine le consiguió un lugar en Cook County Junior College, una universidad pequeña en el norte de Texas, sin prestigio, sin historia, pero con un equipo de baloncesto. Denise no tenía dinero para la matrícula. Richiney pagó de su bolsillo.

¿Por qué haces esto?, le preguntó Denise. Porque vi cómo jugabas como si el mundo te hubiera quitado todo y estuvieras peleando para recuperarlo. Denise jugó un año en Cook County. Promedió 26 puntos y 18 rebotes por partido. 18 rebotes. Una universidad más grande lo reclutó. Southeastern Oklahoma State tampoco era grande, pero era división segundo de la NCAA.

Denise jugó 3 años allí. líder en rebotes los 3 años, promedio de 25 puntos y 17 rebotes en su última temporada. Pero nadie de la NBA lo miraba porque Southeastern Oklahoma State era invisible como Denise había sido toda su vida hasta que llegó el draft de 1986. Los Detroit Pistons lo seleccionaron en la segunda ronda. P número 27.

Nadie esperaba nada de él, solo un jugador más de relleno, alguien que tal vez duraría un año o dos. Denise tenía 25 años, más viejo que la mayoría de los rookis, más pobre, más roto. Su primer cheque de la NBA fue por $5,000. Denise se quedó mirando el cheque durante una hora. No podía creerlo. Llamó a su madre. Mamá, lo logré.

Estoy en la NBA. Shirley no dijo nada durante 5 segundos. Bueno, no lo eches a perder, colgó. Esa fue toda la celebración que tuvo Denise Rodman cuando llegó a la NBA. Detroit en los 80 era una ciudad en guerra, crimen, drogas, violencia. Y los Pistons reflejaban esa ciudad, los Bad Boys, el equipo más sucio, más violento, más odiado de la NBA.

Aa Thomas, Joe Dumars, Bill Linber, Rick Mahorn, John Sally y Dennis Rodman. El entrenador Chuck Dailey vio algo en Denis desde el primer día. Este tipo no tiene miedo, no le importa quién esté enfrente, solo quiere pelear. Daily lo puso en el banquillo al principio. Denise no era titular, era el sexto hombre, el defensor de impacto.

Su trabajo era simple, defender al mejor jugador del equipo rival, hacer su vida imposible, no dejarlo respirar. Denise defendió a Larry Bird, a Magic Johnson, a Michael Jordan, los mejores del mundo, y les hizo la vida un infierno. Rodman es como un perro, dijo Bert después de un partido. Te muerde y no te suelta.

En 1989, los Pistons ganaron su primer campeonato. Denise tuvo un papel clave. No anotó mucho, pero defendió. Reboteó, peleó. En 1990 ganaron otro. Denise Rodman, el niño invisible de Trenton, era campeón de la NBA dos veces, pero nadie hablaba de él. Hablaban de Isia, de Dumars, de Lin Beer.

Denise seguía siendo invisible, incluso cuando ganaba, y eso lo empezó a matar por dentro. La transformación 1991. Denise Rodman. Tenía 30 años, dos campeonatos, defensor del año, uno de los mejores jugadores defensivos de la liga y completamente vacío por dentro. Hay una entrevista de esa época. Denise, sentado con un periodista de Detroit le preguntan sobre su éxito.

¿Cómo se siente ser campeón? Denise mira a la cámara, no sonríe. Me siento solo. El periodista no sabe qué decir. Solo tienes millones de dólares. Tienes fama, tienes No tengo nada. Interrumpe Denise. Tengo dinero, pero no tengo nada. Esa entrevista duró 5 minutos. Nunca se transmitió completa. Solo pasaron 30 segundos.

La parte donde Denise habla de ganar. No la parte donde habla de estar solo, porque a nadie le importaba cómo se sentía Denise Rodman, solo importaba lo que hacía en la cancha. 1993, la temporada que cambió todo. Los Pistons estaban envejeciendo. Isia tenía problemas en las rodillas. Line Beer estaba al final de su carrera.

El equipo se estaba desarmando. Denise estaba en el mejor momento de su carrera. Líder en rebotes de la NBA, 13 rebotes por partido, el mejor defensor de la liga, pero algo estaba roto adentro. Empezó a llegar tarde a los entrenamientos, a perderse prácticas, a discutir con los entrenadores.

Chuck day, el único que realmente lo entendía, había renunciado un año antes. El nuevo entrenador, Ron Rothstein, no sabía cómo manejar a Denis. ¿Por qué llegas tarde? Porque no quiero estar aquí. Entonces, ¿por qué juegas? Porque no sé hacer otra cosa. En febrero de ese año, Denise desapareció por tres días.

No contestaba el teléfono, no fue a los entrenamientos. Nadie sabía dónde estaba, hasta que la policía de Detroit recibió una llamada. Esta es la segunda revelación que te prometí al principio. La noche con la escopeta. 3 de la mañana. Estacionamiento del Palace of Hills, el estadio de los Pistons. Un guardia de seguridad ve una camioneta estacionada en el fondo, las luces apagadas, el motor apagado, se acerca, toca la ventana, adentro está Denise Rodman.

Sentado en el asiento del conductor con una escopeta calibre 12 en las piernas. El guardia retrocede, llama a la policía. Tres patrullas llegan en 5 minutos. Rodean la camioneta, gritan órdenes. Salga del vehículo, muestre las manos. Denise no se mueve. Uno de los oficiales se acerca. Más calmado. Toca la ventana. Denise, soy el oficial Mit.

Baja el arma. Solo quiero hablar. Denise lo mira, los ojos rojos. Ha estado llorando. Baja la ventana. pone el arma en el asiento del pasajero. No iba a hacer nada, dice. Entonces, ¿por qué tienes el arma? Porque quería saber cómo se sentía. ¿Cómo se sentía? ¿Qué? Tener el control. Lo llevaron a un hospital psiquiátrico.

Evaluación de 72 horas, riesgo de suicidio. Los Pistons mantuvieron todo en secreto. No hubo conferencias de prensa, no hubo declaraciones oficiales, solo un comunicado breve. Denise Rodman está lidiando con problemas personales. Regresará cuando esté listo. Denise pasó dos semanas en ese hospital hablando con psicólogos, con psiquiatras, con gente que intentaba entender qué estaba pasando.

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