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Gloria Guinness: La Mujer que Borró su Pasado

Comienza a moverse por los círculos sociales como un depredador silencioso. Aprende idiomas con una facilidad pasmosa. Alemán, francés, inglés. No solo aprende las palabras, aprende los gestos, la forma de sostener una copa, la forma de reír sin mostrar demasiados dientes. Se reinventa a sí misma. Ya no es la chica de Veracruz, ahora es una belleza exótica y misteriosa.

Y entonces, en una fiesta, sus ojos negros se cruzan con los de Franz Egon von Furstenberg. No es un hombre cualquiera, es un conde alemán. heredero de una de las familias más antiguas y poderosas del imperio. Casarse con él significa entrar en la historia, significa obtener un título, un castillo y una protección que el dinero no puede comprar. Es el año 1935.

Alemania está bajo el hechizo de Adolf Hitler. Las esbásticas sondean en Berlín y la atmósfera es eléctrica y peligrosa. Para cualquier persona sensata, casarse con un aristócrata alemán en ese momento sería una locura. Para Gloria es una oportunidad. Se convierte en la condesa von Furstenberg.

La transformación es brutal, de la nada a la nobleza, en un solo movimiento, pero este matrimonio tiene un precio muy alto. Al entrar en la familia Furstenberg, Gloria entra también en el círculo íntimo del Tercer Reich. Ya no es solo una socialit, ahora es una testigo de primera fila del mal absoluto.

Y aquí es donde la historia se vuelve turbia, donde los registros desaparecen y solo quedan los susurros. Gloria empieza a asistir a cenas donde los invitados son monstruos con uniformes elegantes y ella con su sonrisa perfecta y sus joyas deslumbrantes se sienta a la mesa, escucha y calla. ¿Qué hacía realmente Gloria en esas cenas? ¿Era solo una esposa trofeo o había algo más oscuro detrás de su mirada impenetrable? El año es 1936 y el mundo contiene la respiración.

En los palacios de Berlín el champán fluye como agua, pero tiene un sabor metálico. Gloria, ahora condesa, se mueve por estos salones con una gracia que intimida a las propias alemanas. Es exótica, diferente y eso atrae la atención de los hombres más peligrosos del planeta. Se dice que German Gering, el segundo hombre más poderoso de la Alemania nazi, quedó fascinado por ella.

Hay fotos, pocas, pero condenatorias, que la sitúan en eventos donde la élite nazi celebraba sus victorias anticipadas. Pero Gloria no es una fanática política. Gloria es una superviviente. Su lealtad es únicamente hacia sí misma. Los rumores empiezan a circular por las embajadas de Europa. Se dice que la bella condesa mexicana no solo asiste a las fiestas, sino que escucha.

Se dice que lleva información de un lado a otro. Algunos la acusan de ser una espía para el eje, una agente que utiliza su encanto para sacar secretos a los diplomáticos neutrales. Otros, años más tarde dirán que en realidad trabajaba para los aliados jugando un juego doble mortalmente peligroso. Una de sus supuestas rivales y amigas, la condesa de Romanones, que sí era espía de la CIA, alimentaría estos rumores durante décadas.

Según ella, Gloria tenía acceso directo a la cúpula nazi y utilizaba esa cercanía para fines oscuros. Imagina la tensión. Estar casada con un noble alemán, rodeada de generales que pueden ordenar tu ejecución con un chasquido de dedos, siendo una extranjera de piel morena en un régimen obsesionado con la pureza área.

Gloria camina sobre un alambre de espino. Tiene que ser la más encantadora. la más divertida, la más inofensiva. Pero su mente trabaja a 1000 por hora. Sabe que Alemania va hacia el desastre. Sabe que la guerra es inevitable y que su título de condesa puede convertirse en su sentencia de muerte si el bando equivocado pierde.

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Gloria toma una decisión. No se va a hundir con el barco alemán. Necesita un nuevo refugio y lo encuentra en la neutralidad, pero no en la tranquilidad. Se mueve hacia Madrid, una ciudad llena de espías, traidores y nobles desplazados. Deja atrás Alemania, pero se lleva consigo los secretos de lo que vio y oyó.

Y esos secretos son una moneda de cambio muy valiosa. En Madrid, la condesa von Fürstenberg deja de existir y Gloria se prepara para su siguiente metamorfosis. La guerra ruge en Europa. Pero en el hotel Ritz de Madrid, Gloria ya está buscando a su próxima presa. Madrid en los años 40 es un nido de víboras. Espías británicos cenan a dos mesas de distancia de agentes de la Gestapo.

En este ambiente de falsa calma, Gloria brilla con luz propia. Ha conseguido salir de Alemania. Ha dejado atrás, al menos físicamente, a su marido, el Conde, aunque sigue usando su título cuando le conviene. Pero un título alemán en plena guerra empieza a hacer una carga pesada. Gloria necesita limpiar su imagen, necesita distanciarse del olor a derrota que empieza a emanar del eje.

Y qué mejor manera de limpiarse que con el agua del Nilo. Entra en escena Ahmed Fakri. No es un hombre cualquiera. Es un príncipe egipcio, nieto del rey Fuad y sobrino de la princesa Fausia. Es inmensamente rico, culto y lo más importante, exótico, pero aceptable para los aliados. Egipto está bajo la influencia británica y casarse con Fakri es un pasaporte hacia la respetabilidad internacional.

El romance es rápido, casi cinematográfico. Gloria ve en Ahmed no solo un marido, sino una llave maestra. Una llave que abre las puertas de la alta sociedad de El Cairo, París y Londres, lejos de las sombras de Berlín. Se casan en 1946. La guerra ha terminado y Gloria ha vuelto a ganar. Ahora es una princesa.

La niña de Veracruz, la condesa nazi, es ahora su alteza. Se instala en el Cairo y vive como una reina de las mil y una noches. Pero Gloria se aburre rápido. La vida en la corte egipcia es lujosa, pero restrictiva. Las mujeres tienen un papel decorativo y Gloria no nació para ser un adorno pasivo.

Ella necesita acción, necesita estar en el centro del mundo y el centro del mundo se está desplazando hacia París y Nueva York. Además, su ambición no tiene techo. El príncipe es encantador, pero su fortuna, aunque grande, es finita. Y Gloria ha conocido a alguien más. Ha conocido al hombre que hará que todos sus maridos anteriores parezcan ensayos generales.

Ha conocido a Loel Guinness. Él es la banca británica, es el poder político, es la aristocracia inglesa y es una fortuna incalculable. Cuando Loel y Gloria se miran, no ven amor romántico, ven a un igual, ven a otro tiburón en el agua. Y los tiburones, cuando no se devoran entre sí, se aparean para dominar el océano. El matrimonio con el príncipe egipcio se disuelve como un terrón de azúcar en el té.

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