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El Comentario de Marcelo Sobre el Triplete de Messi Contra Argelia

La frase resume perfectamente lo que millones de personas sintieron después del partido, porque lo que hizo Messi contra Argelia no fue solo una gran actuación individual, fue una declaración de vigencia, una confirmación de que el tiempo pasa para todos, pero que para ciertos jugadores parece pasar de una manera diferente.

Messi, a una edad en la que la mayoría de los jugadores ya dejaron la élite o están administrando cuidadosamente sus últimos años, volvió a dominar un partido mundialista como si todavía estuviera en su mejor versión física y mental. Marcelo, quien lo enfrentó muchas veces durante su etapa en el Real Madrid, sabe mejor que casi cualquiera lo que significa tener a Messi enfrente.

Lo sufrió en los clásicos, lo vio decidir partidos imposibles, lo persiguió por la banda, lo enfrentó en noches de máxima tensión y aprendió que contra él ningún plan defensivo es completamente seguro. Por eso sus palabras tuvieron un peso especial. No fueron las palabras de un admirador lejano, fueron las palabras de alguien que compartió una época con Messi y vivió de cerca lo difícil que es detenerlo.

Jugué contra él durante muchos años. Habría continuado Marcelo y siempre había una sensación extraña. Podías preparar el partido, podías estudiar sus movimientos, podías hablar con tus compañeros sobre cómo cerrar los espacios. Pero cuando la pelota llegaba a sus pies, todo cambiaba. Él veía cosas que el resto de nosotros no veíamos y ayer volvió a pasar lo mismo.

Argelia sabía que tenía que controlarlo, pero decirlo es una cosa y hacerlo es algo muy diferente. El partido comenzó con Argentina, asumiendo el peso de ser campeona del mundo. El equipo de Scaloni llegó a su debut con la responsabilidad de defender su corona y con una expectativa enorme alrededor de Messi. Había dudas sobre cómo llegaba físicamente, sobre cuánto podía jugar, sobre si el equipo volvería a depender de su inspiración, pero apenas empezó a rodar la pelota, quedó claro que el capitán argentino estaba listo para otra

gran noche. Messi no necesitó correr por toda la cancha ni imponerse desde lo físico. Su partido fue una demostración de inteligencia. Se movió entre líneas, apareció en los espacios libres, aceleró cuando tenía que acelerar y pausó cuando Argentina necesitaba respirar. Cada toque tuvo intención.

Cada movimiento arrastró defensores con él. Cada vez que levantaba la cabeza, Argelia parecía llegar un segundo tarde. Para Marcelo, esa es precisamente la parte más impresionante de Messi en esta etapa de su carrera. Ya no se trata solamente de velocidad, gambeta o explosividad, se trata de lectura del juego, de entender el fútbol con una claridad que muy pocos jugadores han tenido en la historia.

Lo más increíble de Messi ahora es que no necesita hacer 10 cosas para destruir un partido”, habría explicado el brasileño. Antes podía arrancar desde mitad de cancha, dejar atrás a tres o cuatro jugadores y definir. Ahora también puede hacerte daño de otra manera. Puede caminar, mirar, esperar, tocar la pelota una vez y de repente el partido ya cambió. Eso es lo que lo hace diferente.

No depende solamente de su cuerpo, su mente va por delante de todos. El primer gol fue el momento que abrió la noche. Messi apareció en el lugar indicado y le dio a Argentina la calma que necesitaba. Pero más allá del gol, lo que conmovió a la gente fue su reacción. La emoción en su rostro, las lágrimas, la manera en que se llevó la camiseta, la cara para secarse los ojos fue una imagen distinta, íntima, humana.

Una imagen que les recordó a todos que incluso los gigantes del fútbol cargan sus propias batallas. Marcelo también habría notado ese detalle porque para alguien que ha vivido la presión del fútbol de élite, ese tipo de emoción no pasa desapercibida. Cuando ves a un jugador como Messi emocionarse así, entiendes que detrás de todo lo que vemos hay muchas cosas que no conocemos, habría señalado.

La gente mira los goles, los récords, los títulos, pero el jugador vive con presión, atraviesa momentos personales, carga responsabilidades enormes y aún así entra a la cancha y responde. Eso también habla de su grandeza. Después del primer gol, Argentina se soltó. El equipo empezó a jugar con más calma, más confianza y más autoridad.

Rodrigo de Paul, Alexis McAlister, Enzo Fernández y el resto del medio campo encontraron mejores conexiones. Los laterales se proyectaron con más seguridad, los delanteros atacaron los espacios con mayor convicción, pero el centro emocional y futbolístico del equipo siguió siendo Messi. Cada vez que la pelota pasaba por él, Argentina transmitía peligro.

No importaba si estaba cerca del área en el último tercio del campo o retrasándose para iniciar la jugada. Messi organizaba todo y Argelia, que por momentos intentó competir con intensidad, terminó atrapada en esa sensación que tantas selecciones han sufrido. La sensación de hacer un esfuerzo enorme y aún así sentir que Messi puede resolverlo todo en una sola jugada.

El segundo gol terminó de inclinar el partido. Fue otra muestra de oportunismo, lectura y jerarquía. Messi volvió a aparecer en el momento exacto, castigó otro error y demostró nuevamente que su instinto sigue intacto. A esa altura ya no se trataba solamente de ganar el debut, se trataba de presenciar otra actuación histórica.

Estaba viendo el partido y pensaba, “Esto no puede ser normal”, habría dicho Marcelo. Estamos hablando de un jugador que ya lo ganó todo, que ya rompió todos los récords, que no tiene que demostrarle nada a nadie y aún así juega con hambre, todavía quiere más, todavía busca el gol, todavía ayuda a sus compañeros, todavía compite como si necesitara convencer al mundo otra vez.

Esa frase conecta con una de las mayores virtudes de Messi en la actual selección argentina. Después de ganar la Copa América, la finalísima y la Copa del Mundo, su relación con la camiseta de Argentina cambió para siempre. ya no juega con el peso de una deuda pendiente, juega con la libertad de alguien que se reconcilió con su propia historia, pero esa libertad no lo volvió menos competitivo, al contrario, lo hizo más tranquilo, más completo, con más control de cada momento.

Y ahí aparece otra razón por la que Marcelo considera Argentina una de las grandes favoritas para ganar la copa, no solo por Messi, también por la estructura que lo rodea, por la solidez del equipo, por el trabajo de Escaloni, por la mentalidad del grupo y por la confianza que transmite una selección que ya sabe lo que significa ganar en los momentos más difíciles.

Argentina definitivamente es favorita, habría afirmado Marcelo. No solo porque tiene a Messi, aunque eso ya lo cambia todo, es favorita porque tiene un equipo muy fuerte, muy trabajado, con jugadores que entienden su rol. Se nota que creen en lo que hacen, se nota que tienen una identidad. Y cuando un equipo campeón mantiene esa mentalidad, hay que respetarlo muchísimo.

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