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Pedro Infante: Todos Lo Querían Matar Por Esto que Acaba de Revelar su Nieto

Pedro Infante: Todos Lo Querían Matar Por Esto que Acaba de Revelar su Nieto

A partir de este momento, tú ya no eres Pedro Infante. Esas fueron las últimas palabras que escuchó antes de que le quitaran la pulsera de oro y se la pusieran a otro hombre. Un hombre de complexión similar, un hombre que subió al avión en su lugar, un hombre que murió 5 minutos después cuando ese avión se estrelló contra el patio de una casa en Mérida.

Un hombre cuyo cuerpo quedó tan calcinado que no se podía reconocer ni la cara, ni las manos, ni nada que permitiera identificarlo. Lo único que quedó intacto fue una placa de platino en el cráneo y una pulsera de oro en la muñeca. La placa y la pulsera de Pedro Infante puestas en otro cuerpo para que todos creyeran que el ídolo de México había muerto.

Antes de que pienses que esto es mentira, antes de que digas que son inventos, escucha la historia completa, porque hay cosas que no se pueden explicar. Y mientras México lloraba, mientras 100,000 personas llenaban las calles de la Ciudad de México para el funeral más grande que el país había visto en décadas, mientras un afán en Venezuela se suicidaba con barbitúricos al escuchar la noticia, mientras el mundo del espectáculo se vestía de luto, Pedro Infante, según su propio nieto, estaba siendo llevado a golpes a una prisión de

la que no saldría en 26 años. Eso es lo que afirma César Augusto Infante, el nieto de Pedro, en una entrevista que dio hace poco. No es un rumor, no es una teoría de un fanático loco, es el testimonio de un familiar directo, de alguien que dice tener pruebas, de alguien que mencionó nombres, fechas, lugares.

 Y lo más perturbador no es lo que dice. Lo más perturbador es que hay evidencias que lo respaldan, evidencias que nadie quiso investigar, preguntas que nadie quiso contestar, misterios que conviene mantener enterrados. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian completamente lo que creías saber sobre la muerte de Pedro Infante.

Cuatro revelaciones que nadie te ha contado así. Cuatro verdades que muchos preferirían que siguieran enterradas junto con el ataúd que sellaron sin que nadie pudiera ver lo que había adentro. Primero, ¿quién era el hombre que le regaló avionetas y cadilac? ¿Y qué estaba escondiendo en la carga de esos aviones sin que Pedro lo supiera? Un hombre del que nadie sabe de dónde vino ni cómo hizo su fortuna.

un hombre que cobró 50 millones de dólares el mismo día que Pedro murió. Segundo, ¿qué encontró la esposa de Pedro cuando llegó al hospital horas después del accidente? ¿Y por qué lo que vio la persiguió hasta el día de su muerte? Una imagen que nunca pudo olvidar. Una pregunta que nadie le contestó en 66 años.

 Tercero, la conexión entre Pedro Infante, Miss Universo 1953, el hijo del presidente de México, un embarazo que alguien obligó a terminar y una familia que tenía el poder para hacer desaparecer a quien quisiera, el escándalo que nunca se publicó, la humillación que nunca se perdonó. Y cuarto, ¿quién era Antonio Pedro? El hombre idéntico a Pedro Infante, que apareció exactamente 26 años después cantando sus canciones con la misma voz.

¿Y por qué nunca, ni una sola vez en décadas, negó ser él cuando le preguntaban directamente con cámaras grabando? Te voy a avisar cuando llegue cada una. No te las pierdas porque cada una es más impactante que la anterior, pero primero necesitas entender algo. La muerte de Pedro Infante no fue un accidente. Fue el final de una cacería que llevaba años en marcha y el cazador tenía nombre, Antonio Matou.

 Nadie sabe exactamente de dónde vino Matou. Nadie sabe cómo hizo su fortuna. Nadie sabe cuáles eran sus verdaderas conexiones. Lo que sí se sabe es que en 1950 este hombre apareció en la vida de Pedro Infante con una propuesta que parecía demasiado buena para ser verdad. Pedro estaba en un lote de autos en la ciudad de México.

 Quería un cadilac, el auto más lujoso de la época, pero aunque era el actor más famoso del país, no tenía suficiente dinero para comprarlo. Matu se le acercó. Le dijo que le regalaba el cadilac gratis, sin costo, a cambio de una sola cosa, que lo dejara ser su representante. Pedro aceptó. No sabía que acababa de firmar su sentencia.

Desde ese momento, Matu tomó control de todo. Los contratos de Pedro pasaban por Matuc. Las propiedades de Pedro pasaban por Matuc. El dinero de Pedro pasaba por Matuc. Cada peso que entraba y salía de la vida del ídolo de México tenía que pasar primero por las manos de ese hombre del que nadie sabía nada. Y Matu empezó a regalarle cosas, no solo el cadilac, avionetas, simuladores de vuelo, ropa de las mejores marcas, joyas, todo lo que Pedro quería aparecía como por arte de magia, pero los regalos venían con consejos. No hagas

testamento, Pedro, eres joven, tienes toda la vida por delante. No pongas las propiedades a nombre de nadie. Es más fácil si yo lo manejo todo. Confía en mí, yo me encargo. Pedro confiaba, no preguntaba de dónde salía tanto dinero. No investigaba por qué un desconocido estaba tan interesado en llenarlo de regalos.

No se cuestionaba nada y por qué iba a hacerlo. Matuk siempre estaba ahí, siempre sonriente, siempre con una solución, siempre con un regalo nuevo. ¿Quieres una avioneta? Aquí tienes una avioneta. ¿Quieres aprender a volar? Aquí tienes un simulador de vuelo. ¿Quieres un rancho? Ya te lo conseguí. Pedro era el ídolo de México, pero en realidad era un títere y los hilos los manejaba un hombre del que nadie sabía nada.

 Lo que Pedro no entendía era que cada regalo era un eslabón más de una cadena que se iba cerrando alrededor de su cuello. Cada avioneta que aceptaba lo ataba más. Cada contrato que firmaba lo hundía más. Cada propiedad que Matou ponía a nombre de Pedro, en realidad quedaba a nombre de Matuc y Pedro ni se daba cuenta porque confiaba, porque estaba ocupado siendo estrella, porque no quería ver lo que estaba pasando delante de sus ojos, hasta que un día, casi por accidente, abrió la carga de su avioneta y encontró algo que no debía encontrar.

Aquí viene lo primero que te prometí. Según el testimonio del nieto de Pedro, cuando el ídolo de México revisó lo que transportaba su propia avioneta, descubrió que no era solo pescado lo que cargaba. Había armas, había joyas de contrabando, había drogas. Pedro infante, sin saberlo, sin quererlo, había sido convertido en mula del narcotráfico. Piénsalo un momento.

 El hombre más famoso de México, el que todos conocían, el que todos amaban, volando por todo el país en avionetas que le habían regalado. ¿Quién iba a sospechar de él? ¿Qué policía iba a atreverse a detener el avión del ídolo de México para revisar la carga? ¿Qué aduanero iba a abrir las cajas de pescado que transportaba Pedro Infante.

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