Posted in

La ESPELUZNANTE HISTORIA DE JULIÁN FIGUEROA | Hijo de JOAN SEBASTIAN y MARIBEL GUARDIA

Julián Figueroa tenía 27 años cuando su corazón se detuvo para siempre. Y la gente que lo conocía de verdad, los que estuvieron cerca de él en los años buenos y en los malos, todos dicen lo mismo, que él sabía, que de alguna manera él sabía que no iba a llegar muy lejos. Eso no lo decía en entrevistas, no lo escribía en canciones con su nombre, pero lo dejaba escapar en miradas, en silencios, en esa forma que tenía de abrazar a la gente, como si cada abrazo pudiera ser el último.

En esa manía que tenía de decirle a la gente que la quería, de frente, sinvergüenza, como si sintiera que el tiempo se le acababa y no podía guardarse nada. Y lo más espeluznante de todo esto es que tenía exactamente la misma edad que sus dos hermanos cuando murieron. 27 años. Los tres hijos de Joan Sebastian que se fueron los tres a los 27.

Pero antes de llegar a eso, hay que contar la historia desde el principio, desde ese amor apasionado y tormentoso que dio origen a Julián, desde esa relación que durante años fue uno de los romances más comentados del espectáculo mexicano y que terminó de la manera más humillante posible con una maleta empacada y una puerta cerrada de golpe.

Porque para entender a Julián Figueroa, primero hay que entender de dónde venía, no el linaje, no los apellidos que todos conocen, sino lo que pasaba puertas adentro. Joan Sebastian y Maribel Guardia se conocieron a principios de los años 90. Él ya era una leyenda con años de carrera encima, el hombre que había redefinido la música regional mexicana, que componía canciones que todo el mundo cantaba, aunque no supiera que eran suyas.

Ella era una mujer que detenía el tiempo cuando entraba a un cuarto. Miss Costa Rica, Miss fotogénica de Miss Universo, actriz, cantante, presencia arrolladora. Se vieron en un palenque de esos encuentros en que dos personas se miran y algo se enciende que ya no se puede apagar. Y eso fue exactamente lo que pasó. El problema era que Maribel estaba comprometida con otro hombre.

No era un novio de paso, era alguien con quien tenía planes serios. Pero Joan Sebastian era Joan Sebastian. Y cuando él se proponía conquistar a alguien, no había compromiso previo que resistiera. Le dedicaba canciones, la buscaba, le decía las cosas que sabe decir un poeta que ha estudiado el corazón humano durante décadas.

Y Maribel terminó el compromiso para estar con él. Los que conocieron esa relación por dentro dicen que fue intensa desde el primer día. de esos amores que cuando son buenos son extraordinarios y cuando son malos son devastadores. Joan era apasionado, generoso, lleno de vida, pero también era un hombre que tenía una debilidad muy documentada por las mujeres.

todas las mujeres, las que admiraba, las que lo admiraban, las jóvenes, las que le recordaban a alguien, las que simplemente estaban ahí. Su propio hermano Federico lo describió sin rodeos, que después de los shows las mujeres lo buscaban de todas las edades, que algunas hasta le ofrecían dinero. Maribel lo sabía o lo intuía.

Pero cuando uno ama a sí, con esa intensidad de los amores que llegan y lo revuelven todo, uno se convence de que en su caso será diferente, que ese hombre con esa reputación contigo va a cambiar. No cambió. En 1995 nació Julián el 2 de mayo. Y ese bebé fue al mismo tiempo la alegría más grande que había vivido esa pareja y el inicio del fin de todo lo que habían construido juntos.

Porque tener un hijo en medio de una relación que ya cruje no la repara. A veces solo hace más ruido el crujido. Joan Sebastian seguía siendo Joan Sebastian. Los conciertos, los ranchos, las giras, la gente alrededor y Maribel en casa con un bebé que necesitaba a su papá y un papá que quería su hijo, pero que no podía quedarse quieto.

La ruptura llegó de la manera más pública y más cruel que uno puede imaginar. Y esto es algo que muchos ya conocen, pero que hay que contarlo completo para entender el impacto que tuvo en Julián. Era una noche normal en casa. Maribel y Joan estaban viendo la televisión juntos. El programa Ventaneando estaba en el aire.

Y de pronto, Juan José Origel, el conductor, que en ese entonces era la voz más temida del chisme televisivo, reportó en vivo y en directo que había visto a Juan Sebastian la noche anterior bailando pegado a una actriz joven en una discoteca. Toda la noche muy juntos, sin disimulo. La actriz se llamaba Arlet Terán. Tenía 19 años.

Estaba trabajando en la misma telenovela que protagonizaban Joan y Maribel juntos, tú y yo. Era parte del elenco, alguien que Maribel veía en el set todos los días. Maribel volteó a ver a Joan y Joan le dijo que era mentira, que todo era un chisme, que cómo podía creerle a la televisión antes que a él. con esa cara tan tranquila que tienen los hombres, que llevan mucho tiempo mintiendo.

Pero Joan había llegado a casa esa noche a las 7 de la mañana y Maribel había estado despierta toda la noche esperándolo, viendo el reloj, preguntándose, imaginando. Y cuando por fin llegó con esa historia de que era todo mentira, con esa cara de nada, algo dentro de Maribel Guardia se quebró para siempre. No hizo escándalo, no lloró frente a él, no le gritó, no le reclamó con drama.

Maribel no es tipo de mujer. Fue a la recámara, sacó una maleta, la llenó con la ropa de Joan Sebastian, la cerró, la puso en la puerta y le dijo que se fuera. Y él se fue. Años después, Maribel habló de eso con una honestidad que dejó sin palabras a todos los que la escucharon, que Joan le dijo hasta el último minuto de su vida que no era verdad, que hasta el final se lo negó, pero que obviamente era verdad.

Y también dijo algo que resume quién era Joan Sebastian con las mujeres que le encantaban, que tenía fascinación por las mujeres, que fue terrible hasta el último momento. Julián tenía pocos meses de nacido cuando todo eso pasó. No tiene recuerdos conscientes de esa ruptura. Pero los niños absorben todo, aunque no lo recuerden.

Absorben la tensión, el dolor, el vacío de alguien que ya no está en casa. Y ese vacío fue la primera cosa grande que Julián Figueroa tuvo que aprender a cargar. Crecer sin que tus padres estén juntos ya es difícil para cualquier niño. Pero crecer siendo el hijo de dos personas que eran portada de todas las revistas, que cada cosa que hacían era noticia, con fotógrafos esperando afuera de la escuela, con los compañeros haciéndote preguntas que un niño no debería tener que responder.

Eso es otro nivel de complicado. Y sin embargo, los que conocieron a Julián de pequeño coinciden en algo. Era un niño con una sensibilidad extraordinaria. Lloraba con las canciones tristes. Le gustaba dibujar. Observaba las cosas con una atención que hacía que los adultos se miraran entre sí con cara de asombro, como si ese chamaco estuviera captando más del mundo de lo que le correspondía a su edad.

Read More