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ÁNGELA AGUILAR CONFIESA lo que FLOR SILVESTRE le dijo antes de morir sobre la FORTUNA familiar…

Públicamente, la familia Aguilar presentó un frente unido. Pepe Aguilar, su hijo de 38 años en ese entonces, asumió el liderazgo de la dinastía musical. Antonio Aguilar Junior, el otro hijo del matrimonio con flor silvestre, mantuvo un perfil más bajo, pero igualmente involucrado en los negocios familiares.

 Francisco y Marcela Rubiales, los hijos del primer matrimonio de Flor Silvestre con el locutor Paco Malgesto, también esperaban su parte de la herencia materna. Lo que el público no sabía era que durante los últimos meses de vida de Antonio Aguilar había habido reuniones secretas con abogados especializados en patrimonio internacional.

 Un notario de Guadalajara, cuyo nombre permanece bajo reserva legal, visitó el rancho El Soyate en tres ocasiones durante abril de 2007, apenas dos meses antes del fallecimiento. Los vecinos del rancho recuerdan haber visto vehículos de lujo con placas de Jalisco estacionados durante horas en la propiedad. La primera señal de que algo no cuadraba llegó en agosto de 2007, cuando la Secretaría de Hacienda inició una revisión de rutina del patrimonio declarado.

 Los auditores notaron discrepancias entre los registros públicos de propiedades y ciertos movimientos financieros que Antonio Aguilar había realizado entre 2004 y 2006. Había transferencias a cuentas corporativas en Estados Unidos que no correspondían con los ingresos reportados de sus presentaciones y ventas de discotecas.

 Flor Silvestre, devastada por la muerte de su esposo de más de 50 años, manejó la situación con discreción absoluta. Nadie quería creerlo. Antonio Aguilar era un símbolo nacional, un hombre que representaba los valores más puros de México. La idea de que hubiera ocultado parte de su fortuna o que existieran documentos no declarados era impensable para el público que lo adoraba.

 Pero dentro de la familia las tensiones comenzaron a surgir. Francisco Rubiales, hijo del primer matrimonio de Flor, cuestionó en privado por qué ciertas propiedades que él recordaba haber visto en documentos años atrás no aparecían en el inventario oficial. Pepe Aguilar, responsable de administrar el legado musical, descubrió que había cajas fuertes en el rancho El Syate, cuyas combinaciones solo Flor Silvestre conoció.

 Durante los siguientes 13 años, Flor Silvestre guardó silencio. Vivió tranquila en el rancho junto a los restos de Antonio, que fueron sepultados en la propiedad. Citó a sus nietos, especialmente a Ángela, transmitiéndole no solo su talento vocal, sino también sus valores y su historia. Pero había un secreto que pesaba cada día más.

 Pero lo que descubriría la familia en noviembre de 2020 superaría las peores proyecciones y revelaría una verdad que Flor Silvestre había cargado sola durante más de una década. La investigación sobre el verdadero alcance de la fortuna Aguilar avanzó en silencio durante 13 años. Los asesores financieros de la familia revisan cada contrato discográfico, cada escritura de propiedad, cada extracto bancario de las cuentas corporativas que Antonio Aguilar había manejado en vida.

Lo que encontraron pintaba un cuadro más complejo de lo que nadie imaginaba. La primera anomalía concreta apareció en los registros de 2005. Antonio Aguilar había vendido los derechos de distribución internacional de 47 de sus películas más icónicas a una productora estadounidense por una suma que, según expertos de la industria, debía haber sido de al menos ,000.

 Sin embargo, en las declaraciones fiscales mexicanas solo aparecieron 4,3 millones. ¿Dónde estaban los otros 3,7 millones de dólares? Los auditores que revisaron los documentos en 2019, un año antes de la muerte de Flor Silvestre, detectaron que esos fondos habían sido transferidos a una cuenta corporativa en Texas registrada bajo el nombre de Aguilar Legacy Holdings LLSC.

 Pero había algo más preocupante. Esa corporación no apareció en ninguno de los inventarios patrimoniales que se habían presentado tras la muerte de Antonio Aguilar en 2007. Era como si la empresa simplemente no existiera para efectos legales en México. La segunda anomalía era aún más grave y tenía que ver con el rancho El Soyate mismo.

 La propiedad de 2,500 haáreas en Zacatecas estaba evaluada oficialmente en 12 millones de dólares en 2007. Sin embargo, un estudio de mercado realizado en 2018 por una firma especializada en bienes raíces de lujo, comprometidos que el valor real, considerando no solo la tierra, sino las construcciones, la capilla privada, los establos de caballos de raza, el teatro al aire libre y la maquinaria agrícola superaba fácilmente los $25.

Había una discrepancia de más del 100% entre el valor declarado y el valor real de mercado. Entonces surgió el testimonio más revelador de todos. En octubre de 2020, apenas un mes antes de la muerte de Flor Silvestre, un exempleado del rancho El Soyate contactó de manera anónima a uno de los asesores legales de Pepe Aguilar.

 Este hombre, que había trabajado como administrador de la propiedad entre 2003 y 2009, proporcionó información explosiva. Durante 2006, Antonio Aguilar había mandado construir una bóveda subterránea especial en una de las áreas más remotas del rancho. Según el testimonio, la construcción se hizo con absoluta discreción.

 Contratistas de Guadalajara llegaban al rancho muy temprano por la mañana y se marchaban antes del anochecer. El proyecto duró aproximadamente 4 meses y Antonio Aguilar supervisó personalmente cada detalle. Cuando le preguntaban al exempleado qué contenía esa bóveda, su respuesta era perturbadora. Don Antonio me dijo que eran documentos familiares muy importantes y objetos de valor sentimental, pero una bóveda de ese tamaño, con paredes de concreto reforzado de 40 cm de espesor y una puerta de seguridad tipo bancario no se construye solo para guardar recuerdos.

Lo que nadie sabía era que Flor Silvestre era la única persona que tenía la combinación de esa bóveda después de la muerte de Antonio. Ni Pepe Aguilar, ni Antonio Junior, ni ninguno de los otros hijos conocían siquiera su ubicación exacta dentro de las 2500 hectáreas del rancho. Un detalle imposible de explicar inocentemente surgió cuando los asesores compararon los registros de entrada y salida del rancho durante 2019.

 Flor silvestre a sus 89 años y con problemas de movilidad debido a sus cirugías previas por cáncer de pulmón y problemas cardíacos, había solicitado en tres ocasiones que la llevaran a inspeccionar la parte norte del rancho. Cada visita duraba aproximadamente 2 horas. Para una mujer de su edad y condición física, esas expediciones eran agotadoras.

 ¿Qué podía ser tan importante como para que ella misma personalmente necesitara verificarlo? Y entonces descubrimos algo más. En los meses finales de 2020, Flor Silvestre había solicitado específicamente que Ángela Aguilar, su nieta de apenas 17 años, pasara más tiempo con ella en el rancho. No Leonardo, que era alcalde, no Pepe, su propio hijo. Ángela.

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