A principios de la década de los noventa, las vibrantes y caóticas calles de la Ciudad de México fueron el escenario del nacimiento de un fenómeno musical que cambiaría para siempre el panorama de la música tropical. En medio del bullicio urbano, el asfalto y la constante lucha diaria por la supervivencia, un grupo de jóvenes soñadores gestó un movimiento sonoro que mezclaba la nostalgia de la cordillera de los Andes con la cadencia irresistible de los barrios mexicanos. Así nacieron Los Askis, los indiscutibles pioneros de la cumbia andina mexicana, una agrupación que, a lo largo de más de tres décadas, ha sobrevivido a las severas críticas, el lado oscuro de la fama, la piratería y hasta tragedias que pusieron en riesgo sus propias vidas.

De las Calles de Coyoacán a la Búsqueda de una Identidad
La historia de Los Askis no comenzó bajo el deslumbrante brillo de los reflectores, ni con jugosos contratos discográficos sobre la mesa. Empezó con la autenticidad del hambre de triunfo y el talento en su estado más puro. Por un lado, se encontraba Pepe Cortés, un joven con una inquietud musical desbordante que, juntando sus ahorros peso a peso, logró comprar su primera flauta. Ese instrumento no era simplemente un pedazo de madera tallada; era un salvavidas, una herramienta que forjaría su destino. Paralelamente, Juan Montoya y Rogelio Sánchez ya conocían la dureza de ganarse la vida interpretando melodías a bordo de los camiones de transporte público y en las concurridas plazas de la capital. Esta “escuela de la calle” fue su conservatorio más exigente. Allí no había aplausos por cortesía; si no conectaban inmediatamente con el pasajero o el transeúnte, simplemente eran ignorados.
Cuando los caminos de estos talentosos músicos finalmente se cruzaron, la chispa de la creatividad se encendió. Inicialmente, la agrupación fue bautizada como “Las Charcas”, adoptando el nombre de un pintoresco pueblo indígena en Bolivia. Durante esta etapa temprana, su repertorio era un tributo puro a las raíces sudamericanas. Tocaban ritmos tradicionales como el carnavalito, el huayno, la saya, el son y la rumba en diversos centros culturales y en las místicas calles de Coyoacán. Su objetivo principal era difundir la riqueza del folclore latinoamericano, aquel caracterizado por flautas largas, vientos de montaña, charangos y el retumbar profundo de los tambores.
Sin embargo, poseedores de un agudo instinto musical, pronto se dieron cuenta de un patrón fascinante. Notaron que el público mexicano, aunque respetuoso de las baladas folclóricas, reaccionaba con una energía arrolladora cuando la música adoptaba un ritmo más tropical. Fue entonces cuando decidieron experimentar, inyectando la inconfundible sabrosura de la cumbia a las melancólicas notas andinas. Para el año 1994, lanzaron su primera grabación titulada “Un viaje a través del folklore latinoamericano”, dejando en claro que este proyecto iba mucho más allá de un simple pasatiempo dominical.
“Amigos” de Batalla: El Significado de Los Askis y el Estallido de “Desde Lejos”
Necesitaban un nombre que capturara su esencia colectiva, algo que reflejara su unidad frente a las adversidades. Fue así como descubrieron la palabra “Askis”, un término proveniente de la antigua y milenaria lengua otomí que significa, simple y llanamente, “amigos”. Antes de ser estrellas, antes de las agotadoras giras multitudinarias y los asfixiantes asedios de los fanáticos, ellos eran amigos que compartían la misma visión y pasión por el arte sonoro.
El verdadero punto de inflexión en su carrera, el momento en el que la historia se partió en dos, llegó con el sorpresivo lanzamiento del tema “Desde lejos”. La canción se convirtió en un fenómeno mediático imparable. Empezó a sonar incesantemente en las estaciones de radio, en los microbuses, en los sonideros de barrio y en las fiestas de pueblo. Sin pedir permiso, Los Askis se colaron en el corazón del público. Pero este éxito masivo y repentino trajo consigo una presión psicológica abrumadora. De la noche a la mañana, la industria y el público exigían conciertos completos de una banda que era conocida, hasta ese momento, por un solo súper éxito. Enfrentaban el aterrador fantasma de convertirse en un grupo de un solo éxito (“one-hit wonder”). Con valentía y colmillo forjado en la calle, extendían sus shows, improvisaban magistralmente y demostraban que su propuesta no era obra de la casualidad, construyendo a contrarreloj un repertorio sólido que terminó por convencer a las multitudes.
La Piratería, los Copiones y la Furia de los Puristas Andinos
Con el rotundo éxito de su inigualable cumbia andina mexicana, el estilo se propagó como fuego en pasto seco. Paradójicamente, la industria de la piratería y el mercado negro jugaron un papel dual: mientras que afectaban gravemente sus ingresos por venta de discos, también funcionaron como el vehículo perfecto para masificar su sonido hasta los rincones más inaccesibles de la república.

El olor al éxito inevitablemente atrajo a una fiera competencia. Surgieron numerosas agrupaciones como Los Yairas, Andikiru, Estrellas Andinas, Grupo Saya, Yamazul y Humai, muchas de las cuales intentaron adjudicarse la paternidad del género. La disputa por el trono de la cumbia andina fue encarnizada. Además de sus competidores, Los Askis tuvieron que enfrentar la dura y severa crítica de los tradicionalistas y puristas del folclore. Estos sectores los acusaban de distorsionar y corromper la solemnidad de la música tradicional de países como Perú y Bolivia al mezclarla con cumbia festiva. A pesar de los ataques y descalificaciones, Los Askis defendieron su derecho a la evolución musical. Con enorme valentía, llevaron su ritmo a Sudamérica (Ecuador, Bolivia) donde, rompiendo todos los prejuicios y pronósticos negativos, fueron recibidos con los brazos abiertos por multitudes que entendieron su mensaje de hermandad cultural.
Tragedias, Abucheos y el Alto Riesgo del Escenario
La trayectoria de Los Askis no ha sido un camino cubierto de rosas; también han conocido el lado más oscuro y peligroso de la fama. En San Pedro Cholula, Puebla, vivieron uno de sus momentos más amargos frente a su propio público. Durante una presentación, interpretaron el tema “Frágil” del polémico grupo Yahritza y su Esencia. El público, que aún guardaba un profundo rencor por unas declaraciones previas de Yahritza sobre la gastronomía mexicana, lo tomó como un insulto imperdonable. La lluvia de abucheos, los silbidos y los gritos enfurecidos de “¡fuera, fuera!” les recordaron violentamente quién tiene verdaderamente el control cuando se apagan las luces.
La violencia escaló a un nivel físico y aterrador poco después, también en el estado de Puebla. Mientras viajaban hacia una importante presentación en Santiago Xalitzintla, en las faldas del majestuoso volcán Popocatépetl, su vehículo fue emboscado. Un grupo de sujetos desconocidos arrojó piedras a su camioneta, destrozando los cristales y dejando a Rogelio Sánchez con severas heridas y cortaduras. Fue un recordatorio crudo y sangriento de la vulnerabilidad que sufren los artistas en las carreteras del país.
Pero quizás el momento más traumático de su larga carrera ocurrió en Toluca, Estado de México. En medio de un concierto eufórico, el fuerte viento derribó una enorme estructura metálica de iluminación que estaba mal asegurada. La pesada portería de luces colapsó directamente sobre el escenario, golpeando violentamente a un danzante y a Miguel Hidalgo, una de las legendarias voces principales del grupo. A pesar del caos, el dolor y las graves secuelas físicas que alejaron temporalmente a Hidalgo de los escenarios, los organizadores los presionaron para continuar el show. Fue un crudo reflejo de la implacable máxima: “el espectáculo debe continuar”, sin importar el sufrimiento físico y mental.
Sangre Nueva y un Legado de Más de Tres Décadas
Más de treinta años de inagotables giras internacionales, desvelos interminables, comidas a deshoras y entregas absolutas en los escenarios terminan cobrando una elevada factura en el cuerpo y el alma. Ante los inevitables problemas de salud de sus fundadores fundadores, el grupo se vio en la crucial encrucijada de rendirse o reinventarse. Optaron por la segunda vía a través del relevo generacional más puro: la propia familia.
Alan de Jesús Hidalgo entró para cubrir heroicamente las ausencias de su hermano Miguel, mientras que Abraham Sánchez asumió la inmensa responsabilidad de apoyar a su padre, Rogelio. Esta inyección de sangre nueva no fue tarea fácil. Tuvieron que enfrentar a un público maduro, conocedor y altamente exigente que examinaba cada uno de sus movimientos con lupa crítica. Sin embargo, estos jóvenes ya traían la cumbia andina inscrita en su código genético. Habían crecido viendo el sacrificio y la pasión detrás de las bambalinas, y asumieron el manto con profundo respeto.
