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HECTOR ”MACHO“ CAMACHO: POR ESTO ACABARON CON SU VIDA Y 5 HOMBRES SIGUEN LIBRES

El gimnasio se llamaba Big Time Boxing y entre las paredes de ese local, en el sótano de un edificio del barrio, María Matías depositó a su hijo de 11 años con una sola frase pronunciada en la puerta. [música] Le dijo a Bobby Lee Vel con el niño parado al lado, “Si no lo arregla usted, lo arregla la cárcel.” Esa frase de María Matías, pronunciada en el sótano de un gimnasio de Spanish Harlem en 1973, fue el inicio de la carrera más espectacular [música] del boxeo puertorriqueño moderno, pero también fue el inicio de una doble vida que el

muchacho de la calle 118 iba a esconder de su entrenador durante los siguientes [música] 35 años. Una doble vida que terminó por costarle la propia vida. A los 12 [música] años, Héctor Luis Camacho ya peleaba en torneos Amateur del estado de Nueva York. A los 14 [música] ganó su primer guantes dorados de Nueva York en la categoría de 55 kg.

A los 15 ganó el [música] segundo, a los 16 el tercero y a los 17 ganó [música] el cuarto guantes dorados consecutivo, lo que ningún boxeador puertorriqueño [música] americano había hecho en la historia del torneo más importante del boxeo amateur estadounidense. Bobby Leeles lo apodó el macho durante un combate a Mateur en el 2079.

El muchacho había noqueado a su rival en 32 segundos del primer asalto y al subir el árbitro la mano del ganador, Boby Lee gritó desde la esquina una sola frase que se quedó pegada al apellido del joven para siempre. Gritó, “¡Ese es el macho, ese es el macho Camacho.” El apodo le quedó.

Y dos años después, el 13 de septiembre del 1980, [música] el macho Camacho hizo su debut profesional en el Madison Square Garden de Nueva York contra un boxeador llamado David Brown. La pelea duró un asalto y 18 segundos. El macho ganó por knockout [música] técnico y entre el público de aquella primera función profesional había una mujer puertorriqueña de 40 años sentada en la cuarta fila llorando en silencio mientras veía a su hijo levantar el primer cinturón [música] profesional de su carrera.

Era María Matías Pizarro, la madre que 17 años antes había salido de Bayamón con [música] una bolsa de plástico negra. Durante los siguientes 3 años, Héctor Luis Camacho ganó 18 peleas consecutivas, [música] todas por knockout, y en agosto del 1983, a los 21 años de edad, [música] se convirtió en campeón mundial del boxeo.

Pero esa misma noche, [música] en el camerino del Madison Square Garden, el campeón puertorriqueño tomó por primera vez algo que iba a destruirlo durante las siguientes tres décadas. Era el 7 de agosto del 1983, [música] Madison Square Garden de Nueva York. El macho Camacho enfrentaba al mexicano Rafael Bazuca Limón por el campeonato super [música] pluma del Consejo Mundial de Boxeo.

La pelea fue una guerra de 12 asaltos. [música] El macho lo derribó en el octavo, lo cortó en el décimo y le ganó por decisión dividida cuando la última campana sonó. A las 11:40 de la noche, Héctor Luis Camacho levantó su [música] primer cinturón mundial. María Matías lo abrazó dentro del cuadrilátero. Bobby Leles lloró delante de las cámaras y a la 1 de la madrugada, [música] ya solo en el camerino del Madison Square Garden, según contó él mismo años después, en una entrevista con HBO, el campeón puertorriqueño [música] aceptó por primera vez una raya de cocaína que

le ofreció un conocido del entorno. No era una decisión planeada, tampoco era una decisión informada, [música] era una raya, pequeña, discreta, servida en el dorso del marco de un espejo del baño. [música] El campeón mundial superpluma del Consejo Mundial de Boxeo se acercó al espejo, se inclinó. Número [música] contar. Número capa.

Aspiró por la fosa nasal derecha y se enderezó con los ojos cerrados. Esa noche durmió 3 [música] horas. Y al día siguiente, en la conferencia de prensa post pelea del Madison Square Garden, ningún periodista pudo notar nada raro en el campeón. La sonrisa estaba ahí, las respuestas estaban ahí. El cinturón verde del Consejo Mundial estaba colgado del hombro derecho.

Lo único que había cambiado esa madrugada del 8 de agosto del 83 era que el muchacho de Spanish, Harlem, que había prometido a su madre no caer nunca en lo que vio [música] en los portales de la calle 118, había caído y nadie iba a saberlo durante los siguientes 8 años. Esa primera raya del Madison Square Garden, ofrecida en el dorso de un espejo del baño por un conocido del entorno, marcó el inicio de la [música] doble vida del macho Camacho.

una doble vida que iba a sostenerse en secreto absoluto [música] durante toda la década del 80, mientras el campeón puertorriqueño se convertía en el boxeador [música] más famoso del mundo hasta el día en que un policía de Nueva York lo detuvo en una autopista en 1991 con una bolsa de cocaína en el bolsillo del pantalón.

Entre el 1983 y el 1990, el macho Camacho se convirtió en uno de los tres boxeadores más famosos del planeta. Defendió el título [música] super pluma seis veces. subió a peso ligero en el 85 [música] y le arrebató el cinturón al puertorriqueño Edwin Rosario por knockout en [música] el quinto asalto, en una pelea que sigue considerada hasta hoy una de las cinco mejores de la historia del boxeo puertorriqueño.

[música] Subió a peso superligero en el 89 y se llevó el cinturón mundial de la Organización Mundial de Boxeo. Y para finales de la década del 80, [música] Héctor Luis Camacho Matíaz era el tercer boxeador mejor pagado del mundo después de Mike Tyson y Sugar Ray Leonard. Ingresaba más de 12 millones de dólares al año en bolsas profesionales, contratos con HBO y patrocinios con marcas como Everlast [música] y Nike.

Vivía en una mansión de seis habitaciones en Clifton, Nueva Jersey. Tenía tres carros de lujo en la entrada. Mantenía a su madre María Matías Pizarro [música] en un apartamento de tres recámaras frente a Central Park y debajo de toda esa fachada de éxito millonario, la doble vida del macho seguía creciendo.

Los conocidos del entorno pasaban de ofrecerle rayas pequeñas a llevarle bolsas completas a los hoteles donde se hospedaba antes de las peleas. La cocaína se mezclaba con el alcohol. El alcohol se mezclaba con las mujeres. Las mujeres se mezclaban con las peleas, con las giras, con los entrenamientos, con la prensa, con los patrocinios, con todo.

Para 1990, el macho Camacho ya gastaba más de medio millón de dólares al año solo en su consumo personal de cocaína y ninguna persona del entorno familiar lo sabía, hasta el primer arresto. El 14 de marzo del 1991, en una autopista del estado de Nueva Jersey, un policía detuvo el carro del macho Camacho por un control de velocidad rutinario.

El policía pidió la licencia de conducir. El campeón mundial la entregó y mientras el policía le hacía las preguntas de rigor, vio dentro del bolsillo derecho de la chaqueta del boxeador una bolsa transparente con polvo blanco adentro. La bolsa contenía 42 g de cocaína y esa detención de carretera dicha en silencio entre dos hombres en la cuneta de la autopista interestatal 95 fue el primer paso hacia la noche del barquita de Bayamón, 21 años después.

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