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EDITH GONZÁLEZ REVELÓ antes de morir EL ASQUEROSO ENCUBRIMIENTO entre ERNESTO ALONSO y TELEVISA

del entretenimiento en español. ¿Cuántos actores trabajaron gratis en Televisa sin atreverse a reclamar? ¿Cuántas actrices fueron castigadas por decisiones que no tenían nada que ver con su talento? ¿Cuántos contratos se firmaron con la palabra y se rompieron con una llamada telefónica? ¿Y cuántas carreras se destruyeron por el simple acto de quedar embarazada? En este video vas a descubrir cuatro cosas que cambian por completa la historia de Edit González y de Televisa.

 La primera, la telenovela completa que Edith protagonizó durante un año entero y por la que no recibió un solo peso porque el contrato era verbal y el dueño de Televisa le dijo con esas palabras exactas que ya la habían engañado. La segunda, el sistema de producción que Ernesto Alonso ayudó a crear en Televisa, un sistema donde los derechos de los creadores no valían nada y donde 172 telenovelas fueron cedidas por 100 años en un contrato que un juez declaró ilegal.

La tercera, el día exacto en que Televisa la corrió por estar embarazada y las palabras que usó el productor para justificarlo. Y la cuarta, la que conecta todo, la que Edit dejó entrever antes de morir y que explica por qué cayó durante tanto tiempo. Lo que realmente le costó haber sido la favorita de un sistema que no tenía favoritos, solo herramientas desechables.

 Si te vas antes del final, te pierdes la cuarta y la cuarta es la que explica todo. Para entender lo que Edith González reveló, hay que entender primero de dónde venía. Y de dónde venía era de un lugar donde nadie la esperaba. Monterrey, Nuevo León. 10 de diciembre de 1964. Una familia de clase trabajadora que no tenía ninguna conexión con el mundo del espectáculo.

 Su madre, Ofelia Fuentes, era una mujer práctica, dura, con las manos curtidas de sacar adelante una casa. No había cámaras en esa familia, no había reflectores. Lo que había era una niña que desde muy pequeña hablaba como si estuviera actuando y se paraba frente al espejo como si hubiera un público del otro lado. La familia se mudó a la Ciudad de México cuando Edit era pequeña y fue en esa ciudad en algún momento alrededor de 1970 cuando una amiga de su madre le dijo algo que cambiaría la historia para siempre.

 Tu hija tiene algo, deberías llevarla a un programa de televisión. Ofelia Fuentes, que no sabía nada del medio, que no tenía contactos, ni experiencia ni estrategia, hizo lo único que podía hacer. Llevó a su hija como espectadora al programa siempre en domingo y ahí, entre el público, sentada en una butaca, Edit González fue seleccionada para participar en un sketch junto al actor Rafael Valedón y Marta Rod. Tenía 5 años.

 No sabía lo que estaba pasando, pero las cámaras sí. Guarda esta imagen. Una niña de 5 años sin entrenamiento, sin contactos, sin nada más que una madre que la llevó de la mano a un foro de televisión porque una vecina le dijo que su hija tenía algo. Esa niña en ese foro, ese día, entró a un sistema que la iba a elevar hasta la cima y después la iba a escupir cuando dejara de ser útil.

 Piensa en eso un momento. Televisa no descubrió a Edit González. La encontré como se encuentra una pieza que falta en una maquinaria. Y desde el momento en que esa niña pisó el foro de Siempre en domingo, su destino quedó atado a una empresa que decidió todo. ¿Qué papeles hacías? ¿Cuánto cobrabas? ¿Con quién trabajabas? ¿Cuándo subías y cuándo caías? Esa empresa era Televisa.

 Y el hombre que había diseñado el modelo de producción de telenovelas que Televisa usaba como columna vertebral era uno solo. Ernesto Alonso. Ernesto Ramírez Alonso. Nacido el 28 de febrero de 1917 en Aguascalientes. Actor, director, productor. El hombre que inventó la telenovela mexicana tal como el mundo la conoce. Desde 1960, cuando produjo el otro, su primera telenovela.

 Hasta su muerte el 7 de agosto de 2007, Ernesto Alonso produjo 157 telenovelas para Televisa. 157. Trabajó 52 años para la misma empresa. Fue quien desarrolló las reglas del juego, cómo se escribían las historias, cómo se seleccionaban los actores, cómo se manejaban los contratos. Y las reglas eran claras. El productor era Dios.

 El actor era arcilla y la empresa era el templo donde todo ocurría. Pero lo que se descubriría décadas después revelaría que Ernesto Alonso, el hombre que construyó ese sistema, fue también una de sus víctimas y que lo que Edit González denunció antes de morir no era un problema de una actriz contra un productor.

 Era el síntoma de una enfermedad que llevaba medio siglo pudriéndose en el corazón de la televisión mexicana. Edith González entró a ese sistema a los 5 años y nunca salió. Después de Siempre en domingo se convirtió en actriz infantil de Televiteatros. Su primer crédito fue en Cosa Juzgada en 1970. Después vinieron Lucía Sombra, El amor tiene cara de mujer, mi primer amor, los miserables.

 En 1974, a los 9 años, ganó un premio Heraldo como artista de revelación. En 1977 debutó en el cine con Alucarda, la hija de las tinieblas. Y en 1979, a los 15 años apareció en Los ricos también lloran, la telenovela que la hizo conocida en todo el continente. A los 15 años ya era una veterana. A los 18 ya era protagonista de su propia telenovela, Bianca Vidal.

 A los 22 ya tenía una carrera más larga que la de actores que le doblaban la edad. Y todo eso ocurrió bajo el paraguas de Televisa, bajo las reglas de Ernesto Alonso, bajo un sistema donde un presionado de manos valía más que un contrato firmado, donde una actriz podía trabajar un año entero por la palabra de un productor y descubrir al final que esa palabra no valía nada.

 Y nadie en ese momento, ni Edith, ni su madre, ni el público que la adoraba, podía imaginar lo que ese sistema le iba a cobrar, ni el precio exacto que tendría atreverse a decirlo en voz alta. Edit González hizo algo que casi ningún actor de Televisa se atrevía a hacer en los años 80. Se fue. No se fue por pelea, no se fue por escándalo, se fue a estudiar.

A los veintitantos años, con una carrera que cualquier actriz habría matado por tener, Edith tomó sus maletas y se fue a Nueva York, a Londres, a París. Estudió en la academia de Lee Strasburg, el templo del método actoral que había formado a Marlon Brando y al Pacino. Estudió en el Neighborhood Playhouse. Estudió en el Actors Institute.

 Mientras sus compañeras de generación en Televisa peleaban por el protagonista de la siguiente telenovela, Edith González, estaba en un salón de clases en Manhattan aprendiendo hasta a actuar de verdad. ¿Por qué se fue? Porque entendió algo que pocos actores de Televisa entendían, que el sistema te enseña a obedecer, no a actuar.

 Que las telenovelas mexicanas de esa época pedían un tipo de interpretación que no tenía nada que ver con el oficio real. Sobre actuación. Gritos, lágrimas de glicerina, caras al primer plano sostenido 5 segundos de más. Ernesto Alonso había creado un lenguaje de telenovela que funcionaba para el rating, pero que destruía al actor por dentro.

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