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El Shock de la Realidad: La Cruda Historia de Supervivencia de Susana Giménez Lejos del Glamour y la Fama

Existe una pregunta que ha rondado el inconsciente colectivo de los argentinos durante los últimos años, flotando en programas de debate y mesas de café: ¿Por qué Susana Giménez decidió abandonar Argentina para radicarse definitivamente en Uruguay? No fue un simple retiro vacacional ni una escapada temporal. Tramitó su residencia, adquirió animales para su estancia, recibe a su familia allí y, cuando se le cuestiona sobre un posible retorno, su respuesta es breve y lapidaria: no tiene ganas.

Sin embargo, para comprender el exilio voluntario de la máxima diva de la televisión argentina, hay que rasgar el velo del glamour, de las lentejuelas, del mítico “¡Shock!” del jabón Cadum y del cenicero volador de Barrio Parque. Antes de todo el fulgor mediático, la vida de María Susana Giménez Auberta estuvo marcada por el miedo infantil, la violencia doméstica, la pobreza extrema de una madre soltera y un instinto de supervivencia inquebrantable que forjó su carácter de hierro. Esta es la verdadera historia de la mujer detrás del mito.

El Infierno en Barrio Norte: Una Infancia de Miedo y Soledad

Susana nació el 29 de enero de 1944 en Barrio Norte, una zona acomodada de Buenos Aires. Su entorno estaba recubierto por una pátina de respetabilidad burguesa. Su padre, Augusto Adolfo Johnny Giménez Aubert, era un hombre de educación inglesa, presidente de una reconocida marca y dueño de una industria jabonera. Tenía dinero y posición, pero carecía por completo de calidez. Susana ha declarado que jamás recibió un beso de él, un hombre que imponía un respeto basado en el terror.

En contraposición, su madre, María Luisa Sanders Herrera, era afectuosa y dedicada, pero se encontraba atrapada en las rígidas normas de los años cuarenta y cincuenta. Dependía económica y socialmente de un marido violento, infiel y colérico. Susana confesó en 2017 que durante su niñez, ella y su hermano Jorge a menudo tenían que interponer sus pequeños cuerpos entre sus padres para frenar escenas de violencia espantosas. Esa imagen imborrable obligó a la niña a construir un mecanismo de defensa: un universo interno de fantasía donde refugiarse del caos real, una habilidad que décadas después la convertiría en una estrella de la actuación y la conducción.

El sufrimiento familiar se vio agravado por la esquizofrenia que padecía su hermano Jorge, una enfermedad estigmatizada en la época. Además, el padre mantenía una vida paralela con otros tres hijos. Como si el ambiente no fuera lo suficientemente opresivo, en algún momento de su infancia, Augusto tomó la fría decisión de enviar a Susana a un colegio pupilo en Quilmes durante tres años. Lejos de su madre y de su hermano, la pequeña Susana experimentó el abandono y la soledad más absolutos, aprendiendo que no podía depender emocionalmente de nadie.

La Secretaria que Pagaba la Mamadera

A los 14 años, Susana dio su primer paso hacia la independencia económica dando clases de inglés. A los 18, la separación de sus padres no le produjo dolor, sino un profundo alivio. Había comprendido una lección vital: la dependencia económica mata, y ella jamás sería rehén de un hombre.

No obstante, su intento de escape la llevó a un nuevo laberinto. A los 17 años, conoció a Mario Sarrabayrouse. Quedó embarazada y, aterrorizada por la posible reacción violenta de su padre, se casó en 1961. De esa unión nació Mercedes (Mecha), el gran amor de su vida. El matrimonio fue un desastre casi inmediato. En medio del llanto de su bebé provocado por los gritos de una nueva dinámica de violencia, Susana despertó. Estaba repitiendo la historia de su madre. Con apenas 19 años, tomó la valiente decisión de separarse.

Se encontró sola, con una hija pequeña, sin ayuda económica del padre de Mecha y negándose a volver al yugo de Augusto. Fue entonces cuando la futura diva de los 30 puntos de rating consiguió trabajo como secretaria en una fábrica porteña común y corriente. Su objetivo era claro: ganar lo suficiente para comprar la mamadera de su hija. Esa es la Susana real, la madre luchadora de 20 años que entendió que la dignidad y la independencia no se negocian.

El Ascenso y el Costo del Éxito

La necesidad económica la empujó a probar suerte como modelo en la agencia de Héctor Caballero. En 1967 apareció en la portada de la revista Gente y en 1969, un comercial de 30 segundos pronunciando la palabra “¡Shock!” cambió la historia de la televisión y de su vida.

El éxito fue arrollador: teatro, cine y el explosivo romance con el boxeador Carlos Monzón durante la filmación de La Mary (1974). Monzón era fascinante pero peligroso, marcado por una violencia intrínseca. Susana, habiendo aprendido las lecciones de su infancia y de su primer matrimonio, supo retirarse a tiempo de una relación que amenazaba con destruirla.

Más tarde, llegó su icónico programa de televisión, un fenómeno sociológico que paralizaba al país con sorteos millonarios y una conducción basada en la calidez y la seducción. Susana se convirtió en la reina indiscutida de la pantalla chica. Pero el éxito público contrastaba con los golpes privados. Su matrimonio de diez años con Huberto Roviralta culminó en 1998 con el famoso incidente del cenicero y un divorcio que le costó más de 10 millones de dólares, una suma que ella pagó sin titubear para recuperar su libertad.

Los Duelos Silenciosos y el Refugio de “La Mary”

El año 1996 fue devastador. Su hermano Jorge, tras años de lucha contra la esquizofrenia y prolongadas internaciones en el hospital Borda (donde Susana nunca dejó de visitarlo), decidió quitarse la vida a los 50 años. El dolor destruyó a su madre, María Luisa, quien enfermó y falleció diez años después, apagada por la pérdida de su hijo. Susana atravesó estos lutos en la cúspide de su exposición mediática, demostrando una entereza sobrehumana. A esto se sumaría el enorme susto en 2025, cuando su hija Mecha sufrió un accidente grave en Miami que hizo temer a Susana por su vida.

Todo este peso emocional acumulado explica su retiro a Uruguay. En 2020, Susana se radicó en su chacra “La Mary” en Punta del Este, un refugio bautizado en honor a su mítica película. No es una mansión ostentosa, sino un hogar rodeado de naturaleza y animales, donde por fin encuentra el silencio que Buenos Aires le negó. La pandemia y la inseguridad fueron los catalizadores de una decisión que ya latía en su interior. En Uruguay, Susana puede ser María Susana, la mujer que ya no necesita fingir ni sostener el personaje de la diva inquebrantable.

La historia de Susana Giménez no es simplemente el relato de una rubia carismática tocada por la suerte. Es la epopeya de una niña que sobrevivió al terror paterno, de una joven madre que trabajó como secretaria para no morir de hambre y de una mujer que compró su libertad a cualquier precio. Su verdadero “shock” no fue el de un comercial de jabón, fue el golpe de realidad que la obligó a construir su propio imperio para asegurarse de que nadie, jamás, volviera a lastimarla ni a ella ni a su hija.

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