Durante aquella visita, su madre notó varios detalles que le llamaron la atención. La joven llevaba un collarín en el cuello y presentaba algunos moretones. Cuando le preguntaron qué le había ocurrido, explicó que tenía problemas en la columna y que los golpes eran producto de accidentes domésticos. Miriam también se sorprendió al verla de regreso tan poco tiempo después de haberse casado.
Romina le comentó que había sido idea de su esposo para que pudiera compartir más tiempo con sus familiares. En aquel momento, la madre interpretó ese gesto como una muestra de cariño por parte de su yerno. Sin embargo, desconocía que el viaje había sido financiado mediante un préstamo solicitado por la hermana menor de Romina. Cuando la joven regresó a Lanzarote, el matrimonio comenzó a deteriorarse rápidamente.
Les contó a varias amistades que Raúl consumía alcohol y estupefacientes con frecuencia y se volvía agresivo. Las discusiones eran cada vez más habituales y las agresiones físicas comenzaron a repetirse. Con el paso de los meses, aquella mujer alegre y optimista fue perdiendo parte de la vitalidad que la había caracterizado durante años.
A finales de 2018, Romina ya compartía con algunas personas cercanas el miedo que sentía dentro de su propia casa. Les confesó que sufría malos tratos y llegó a expresar que temía que una futura agresión pudiera costarle la vida. Uno de los episodios más graves ocurrió el 29 de diciembre de 2018.
Tras una nueva agresión, Romina acudió al hospital presentando golpes en distintas partes del cuerpo y fuertes dolores en las costillas. Sin embargo, antes de ser atendida, Raúl llegó al centro médico y consiguió convencerla para que abandonara el lugar sin recibir asistencia. Dos días después, el 31 de diciembre, Romina mantuvo la que sería su última conversación conocida con su familia.
Aquella mañana llamó a Paraguay para hablar con sus padres y con sus hijos antes de la celebración de Año Nuevo. Su hijo mayor había salido de compras con una tía, por lo que pidió a su madre que le avisara cuando regresara para poder comunicarse con él. Más tarde envió un mensaje de voz que por alguna razón apareció vacío cuando Miriam intentó escucharlo.
Poco después volvieron a conversar, esta vez desde un número privado. Cuando su madre le preguntó por qué llamaba desde allí, Romina respondió que estaba tratando de ahorrar internet. Hablaron de asuntos cotidianos y quedaron en comunicarse nuevamente durante la celebración de Año Nuevo. Aquella llamada nunca llegó.
Al comenzar el nuevo año, Miriam intentó contactar repetidamente con su hija. Los días pasaban y nadie lograba comunicarse con ella. La preocupación fue creciendo entre familiares y amigos, quienes tampoco obtenían respuestas por parte de Raúl. Finalmente, el 7 de enero de 2019, los allegados consiguieron hablar con el hombre.
Durante esa conversación, Raúl aseguró que había discutido con Romina porque ella le había pedido dinero para traer a sus hijos desde Paraguay. Según explicó, la discusión terminó con la joven abandonando la vivienda. añadió que cuando regresó ya no estaba allí y que se había llevado parte de su ropa, dinero en efectivo y algunos teléfonos móviles.
El hombre insistió en que no era la primera vez que ella se marchaba después de una pelea y que seguramente regresaría más adelante. Sin embargo, la explicación no convenció a nadie. Los familiares de Romina estaban seguros de que algo grave había ocurrido. Ante la presión constante, Raúl terminó presentando una denuncia por desaparición. el 8 de enero.
A partir de ese momento, la Guardia Civil activó oficialmente la búsqueda de la joven paraguaya. Desde las primeras entrevistas, los investigadores percibieron que algo no encajaba en el relato de Raúl. aseguraba estar preocupado por la desaparición de su esposa, pero sus respuestas eran ambiguas y evitaba profundizar en algunos detalles importantes.
Además, había esperado aproximadamente una semana para denunciar la desaparición, algo que llamó poderosamente la atención de la Guardia Civil. Mientras avanzaban las pesquisas, comenzaron a surgir elementos que dibujaban una realidad muy distinta a la imagen de matrimonio feliz que el hombre intentaba proyectar.
Los agentes descubrieron que Romina había denunciado una agresión ocurrida poco antes de la boda, aunque posteriormente retiró la acusación. También tuvieron conocimiento de otro episodio violento ocurrido apenas unos días antes de que desapareciera. Los investigadores recopilaron además mensajes enviados por Romina a varias amistades en los que relataba los malos tratos que sufría por parte de su esposo.
A ello se sumaban los testimonios de personas cercanas que confirmaban el temor que la joven sentía en los últimos meses de su vida. Cuanto más profundizaban en la relación, más convencidos estaban de que Raúl ocultaba información importante. Pese a todas aquellas sospechas, todavía no existían pruebas suficientes para detenerlo por la desaparición de Romina.
Por ello, la Guardia Civil decidió recurrir a una medida que podía aportar nuevos indicios, intervenir discretamente las comunicaciones telefónicas del principal sospechoso. Durante varios días, las escuchas telefónicas no aportaron resultados relevantes. Sin embargo, el 13 de enero se produjo una conversación que transformó completamente la investigación.
Raúl habló con un primo cercano y le relató una versión de lo ocurrido que jamás había contado a las autoridades. Según dijo, durante la celebración de fin de año, él y Romina habían estado consumiendo alcohol cuando comenzaron a discutir. Afirmó que ella le exigía dinero para traer a sus hijos desde Paraguay y que para evitar que la situación empeorara, decidió salir de la vivienda durante un tiempo.
Cuando regresó, aseguró haber encontrado a su esposa inconsciente en el baño y sin signos de vida. Raúl explicó que entró en pánico. Según su relato, pensó que nadie creería que él no tenía relación con la muerte y temió ser acusado. Fue entonces cuando tomó una decisión que terminaría convirtiéndolo en el centro de la investigación.
le confesó a su primo que intentó quemar el cuerpo en una barbacoa, pero al no lograr destruirlo completamente, lo cortó en partes, guardó los restos en bolsas y días después los trasladó en un vehículo alquilado para arrojarlos en distintos puntos de la costa de Lanzarote. La conversación fue escuchada por los agentes en tiempo real.
Aquella llamada proporcionó los elementos que necesitaban para actuar. Horas después, Raúl Díaz era detenido por la Guardia Civil. Tras su arresto, los investigadores confrontaron a Raúl con el contenido de la conversación interceptada. Lejos de reconocer haber matado a Romina, presentó una nueva versión de los hechos.
Esta vez afirmó que al regresar a la vivienda encontró estupefacientes por todas partes y supo que su esposa había fallecido por una sobredosis. Sin embargo, mantuvo la historia sobre el desmembramiento y la eliminación de los restos. El detenido llegó incluso a señalar diferentes lugares donde aseguraba haber arrojado partes del cuerpo.

Basándose en esas indicaciones, la Guardia Civil desplegó un amplio operativo de búsqueda en varias zonas costeras del sector. Durante días participaron busos especializados, embarcaciones y medios aéreos con la esperanza de localizar algún resto que permitiera esclarecer lo ocurrido. La noticia provocó una enorme conmoción.
Los medios de comunicación comenzaron a seguir el caso de cerca y la indignación creció tanto en España como en Paraguay. Amigos, familiares y ciudadanos organizaron concentraciones y marchas para exigir justicia para Romina mientras la búsqueda continuaba sin resultados concluyentes. El 16 de enero, Raúl compareció ante el juzgado.
Allí volvió a reconocer que había quemado y desmembrado el cuerpo de su esposa, aunque continuó negando haber sido quien le quitó la vida. A pesar de ello, la jueza consideró que existían suficientes indicios para mantenerlo en prisión preventiva mientras la investigación seguía avanzando. Mientras Raúl permanecía en prisión preventiva, los investigadores continuaban revisando cada uno de sus movimientos y rastreando posibles evidencias relacionadas con el caso.
Durante los registros descubrieron que entre el 2 y el 6 de enero había comprado pintura y soda cáustica, un producto utilizado para eliminar manchas difíciles. También comprobaron que había alquilado un vehículo que recorrió cerca de 1000 km en apenas unos días. Con ayuda de un perro especializado de la Guardia Civil, los agentes encontraron rastros biológicos en el maletero de ese automóvil.
Además, durante la inspección de la vivienda, observaron que algunas zonas habían sido pintadas recientemente y localizaron restos de sangre, tanto en el interior de la casa como en el jardín. Todo apuntaba a que allí había ocurrido algo mucho más grave de lo que el acusado estaba dispuesto a reconocer. En medio de aquellas diligencias surgió una pista inesperada.
Un turista informó a las autoridades que el 5 de enero había encontrado un pulmón en una playa cercana a la vivienda de la pareja. En ese momento creyó que pertenecía a un animal marino y no le dio importancia. Sin embargo, cuando conoció la desaparición de Romina, decidió comunicar el hallazgo a la Guardia Civil.
Los especialistas comenzaron a analizar el órgano y los resultados preliminares indicaron que podía pertenecer a la joven desaparecida. Finalmente, el 21 de febrero, las pruebas genéticas confirmaron que aquel pulmón era de Romina. era el primer y único resto humano localizado de la víctima. Una confirmación que transformó definitivamente el caso de desaparición en una investigación por homicidio.
Con la identificación del pulmón y las evidencias reunidas durante las pesquisas, la fiscalía comenzó a reconstruir lo que consideraba que había ocurrido durante los primeros días de enero de 2019. Según la investigación, en algún momento aún no determinado del 1 de enero, Raúl acabó con la vida de Romina dentro de la vivienda que compartían.
Posteriormente, mientras familiares y amigos creían que la joven seguía con vida, el hombre habría elaborado un plan para ocultar el crimen. Los investigadores sostuvieron que desmembró el cuerpo en una habitación de la planta superior de la casa, donde fueron hallados restos de sangre, pese a los intentos de limpieza.
Más adelante, según la propia versión que el acusado ofreció en diferentes momentos, utilizó una barbacoa para intentar destruir parte de los restos. La investigación también estableció que el 3 de enero alquiló un vehículo y recorrió numerosos puntos de la zona buscando lugares donde desprenderse de las diferentes partes del cadáver.
A pesar de las intensas búsquedas realizadas durante meses, la mayor parte de los restos jamás fueron encontrados. Mientras tanto, familiares, amigos y colectivos ciudadanos continuaban organizando actos para exigir justicia. La desaparición de Romina había dejado de ser un caso local y se había convertido en un símbolo de la violencia que muchas mujeres sufrían en silencio dentro de sus propias relaciones.
A finales de 2019, el juzgado dio por concluida la fase principal de instrucción y las partes comenzaron a preparar el juicio. Sin embargo, el proceso sufrió numerosos retrasos. Primero llegó la pandemia de coronavirus, que afectó el funcionamiento normal de los tribunales. Después se produjeron cambios judiciales y una serie de actuaciones procesales que prolongaron todavía más la espera.
La defensa de Raúl presentó diversos recursos y solicitudes que fueron retrasando la celebración del juicio oral. Mientras tanto, el acusado continuaba en prisión preventiva. La fiscalía sostenía acusaciones por homicidio, maltrato habitual, lesiones, profanación de cadáver y simulación de delito, y solicitaba una importante condena de prisión.
La situación dio un giro inesperado en enero de 2023. Tras cumplirse el plazo máximo de 4 años permitido por la ley para mantener a una persona en prisión preventiva sin sentencia firme, los tribunales ordenaron la puesta en libertad provisional de Raúl bajo medidas cautelares. La decisión provocó una enorme indignación entre los familiares de Romina y numerosos sectores de la sociedad, que consideraban injustificable que el principal acusado pudiera abandonar la cárcel antes de ser juzgado.
Las protestas se multiplicaron tanto en Lanzarote como en otros lugares de España. Paralelamente, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias ordenó investigar las posibles causas de las demoras que habían permitido que el acusado recuperara la libertad mientras esperaba la celebración definitiva del juicio. Finalmente, el 2 de junio comenzó el juicio contra Raúl.
Para entonces habían transcurrido 4 años y medio desde la desaparición de Romina. Durante la apertura del proceso, la fiscalía expuso los cargos y presentó la reconstrucción de los hechos que había elaborado a partir de la investigación policial. Sin embargo, lo que nadie esperaba ocurrió al inicio de las audiencias.
Después de sostener durante años que había encontrado a su esposa ya fallecida y que únicamente se había deshecho del cuerpo por miedo, Raúl reconoció por primera vez ante el tribunal que él había acabado con la vida de Romina durante la madrugada del 1 de enero de 2019. ¿Usted actuó con la intención de causar la muerte o representándose ese resultado? Lo reconozco.
Eh, usted mató a Romina por considerarla que era un ser inferior, el con el que podía desatar su rabia y por el hecho de ser ella una mujer joven, extranjera, sin recursos, que ejercía la prostitución. Sí, lo reconozco. Con posterioridad a darle muerte voluntaria se deshizo del cuerpo en la forma que se describió aquí, eh, utilizando para ello una una barbacoa donde la quemó, la depró. Sí, sí, sí, lo reconozco.
El acusado admitió que actuó con la intención de causarle la muerte o aceptando la posibilidad de hacerlo. También reconoció que posteriormente quemó parte del cuerpo y se deshizo de los restos. Además, llegó a admitir que la había agredido por considerarla inferior, una declaración que tendría importancia durante la valoración judicial del caso.
La confesión provocó reacciones inmediatas. Desde Paraguay, Miriam, la madre de Romina, expresó cierto alivio al saber que finalmente quedaba descartada la versión de una supuesta sobredosis. Lo último que le pido que seguro va a escuchar o va a ver las noticias, pero que le toque el corazón, así como confesó que él asesinó, que diga dónde está algunas partes de mí.
Así podré llevarla a mi casa, así volver y quedarse en su casa que es en Paraguay. No obstante, dejó claro que ninguna condena podría devolverle a su hija y reiteró que lo único que deseaba era conocer toda la verdad sobre lo ocurrido. Durante las siguientes audiencias declararon médicos forenses, investigadores y testigos.
Los especialistas cuestionaron varios aspectos de las versiones ofrecidas por Raúl durante años. explicaron que algunas de sus afirmaciones sobre la destrucción del cuerpo resultaban incompatibles con la evidencia científica y señalaron que muchas incógnitas sobre lo ocurrido aquella noche continuaban sin resolverse.
También comparecieron agentes de la Guardia Civil que participaron en la investigación. Entre otras cosas, relataron que el acusado había utilizado el teléfono de Romina tras su muerte para realizar acciones destinadas a aparentar que seguía con vida. Además, describieron los indicios encontrados dentro de la vivienda, incluyendo restos biológicos y señales que apuntaban a una posible confrontación física antes de la muerte de la joven.
Tras escuchar a todas las partes, el jurado emitió un veredicto unánime declarando culpable a Raúl Díaz Chacón de los distintos delitos relacionados con el caso. Los miembros del jurado consideraron probado que había matado a Romina y que posteriormente llevó a cabo una serie de acciones para ocultar lo sucedido y simular que ella simplemente había desaparecido.
Asimismo, estimaron acreditados los episodios previos de violencia sufridos por la joven durante la relación y valoraron especialmente la forma cruel en la que el acusado se deshizo del cuerpo. Los jurados también aceptaron que existía un componente de violencia de género en los hechos, tomando en consideración las propias manifestaciones realizadas por Raúl durante el proceso judicial.
El 9 de junio de 2023 se dictó la sentencia definitiva. El tribunal condenó a Raúl a un total de 15 años, 9 meses y 4 días de prisión por diversos delitos, entre ellos homicidio, maltrato habitual, lesiones, profanación de cadáver y simulación de delito. Además, se establecieron indemnizaciones económicas para la madre y los hijos de Romina.
Cuando finalmente fue trasladado a prisión para cumplir la condena, el proceso judicial llegaba a su fin. Sin embargo, para la familia de Romina aún quedaba una herida abierta. Miriam llevaba años solicitando que le permitieran recuperar el pulmón hallado durante la investigación para darle una sepultura simbólica a su hija. Pero entonces se produjo una nueva tragedia.
Según explicó posteriormente la representación legal de la familia, el único resto biológico recuperado del cuerpo de Romina había sido destruido por el Instituto de Medicina Legal debido a un error administrativo ocurrido durante los cambios de responsables judiciales del caso. Ni siquiera las pequeñas muestras utilizadas para las pruebas genéticas pudieron ser entregadas a la madre.
Romina había cruzado el océano buscando oportunidades para construir un futuro mejor para ella y sus hijos. Su madre, en cambio, tuvo que regresar a Paraguay sin poder recuperar siquiera el único fragmento identificado de su hija. Años después de su muerte, esa seguía siendo una de las consecuencias más dolorosas de un caso que dejó numerosas preguntas sin respuesta y una familia obligada a continuar el duelo sin un lugar donde despedirse de ella.
El caso de Romina Núñez expone una realidad que se repite con demasiada frecuencia. Detrás de muchas historias de violencia de género, existen señales previas que familiares, amigos, instituciones e incluso las propias víctimas llegan a normalizar con la esperanza de que las cosas cambien. En este caso hubo agresiones, denuncias retiradas, miedo expresado a personas cercanas y una visita a urgencias que terminó sin activar los mecanismos de protección que podrían haber ayudado a detectar el riesgo que corría.
Romina había sobrevivido a dificultades económicas, a la migración y a una grave enfermedad, pero no logró escapar de la violencia que se desarrollaba dentro de su propia relación. También deja una profunda reflexión sobre el sufrimiento que enfrentan las familias cuando, además de perder a un ser querido, se les priva de la posibilidad de despedirse de él.
La madre de Romina pasó años buscando respuestas y ni siquiera pudo recuperar el único resto identificado de su hija para darle sepultura. Detrás de los procedimientos judiciales, las pruebas forenses y las sentencias, permanecen dos hijos que crecieron sin su madre y una familia que continúa viviendo con la ausencia de una mujer que solo había cruzado un océano con la esperanza de construir un futuro mejor.
Ahora me gustaría conocer tu opinión sobre este caso. ¿Crees que las señales de violencia que rodeaban a Romina fueron ignoradas por quienes pudieron intervenir a tiempo? ¿Consideras que la condena impuesta a Raúl fue proporcional a la gravedad de los hechos que se lograron demostrar en el juicio? Te leo en los comentarios.
Tu opinión puede aportar nuevas perspectivas sobre este caso y ayudar a mantener viva la memoria de Romina Núñez. Una historia que sigue generando debate por la violencia sufrida, las irregularidades denunciadas durante el proceso y las numerosas preguntas que todavía permanecen sin una respuesta definitiva. Y bueno, querido espectador, aquí termina la historia criminal del día de hoy.
Me interesaría mucho saber tu opinión, así que te pido que la dejes en los comentarios del video. Siempre con respeto a la víctima y su familia podemos debatir, pero siempre con el respeto que todos merecemos. De nuevo, te recuerdo que te suscribas y dejes un like si mi trabajo es de tu agrado. Buenas noches. Hasta la próxima historia criminal.