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¿Por qué Sigue Libre el Narco que Amenazó a un Juez y Fue Preso 8 Veces?

Un narco llamó ocho veces a un juzgado federal en 18 minutos. Amenazó con matar a la jueza. Lo atraparon, lo soltaron y entonces organizó el contrabando de 1658 kg de cocaína. El sistema jurídico no falló por accidente, fue usado como arma. Te vamos a mostrar exactamente cómo. Son las 9 de la mañana con un minuto.

En un juzgado federal del partido de San Isidro, provincia de Buenos Aires, el teléfono suena por primera vez. No hay nada extraordinario en esa llamada. Los juzgados federales reciben decenas de llamados cada día. Abogados que consultan expedientes, familias que preguntan por detenidos, oficinas que coordinan traslados.

El teléfono es el ruido de fondo de la justicia, pero esta mañana ese ruido tiene otro significado. Entre las 9:1 minuto y las 9:18 de la mañana, el conmutador del Juzgado Federal, a cargo de la magistrada Sandra Arroyo Salgado, recibe ocho llamadas consecutivas, todas del mismo número, todas con el mismo mensaje, todas del mismo hombre, que se identifica únicamente como Jorge.

El mensaje que Jorge deja a las secretarias privadas de la jueza no admite interpretación. Esto va de parte de la familia de Gustavo Sancho. Esto no da para más. O liberan a todos o a la jueza le va a pasar como a Nisman y a sus  hijas como a Candela. 18 minutos, ocho llamadas, dos nombres de muertos y una jueza federal convertida en objetivo.

El hombre detrás de la voz de Jorge se llama José Damián Sofía. tiene un apodo que circula en los pasillos del crimen organizado del conurbano bonaerense, el Tano. No es el jefe de la organización, es algo más valioso que eso. Es el financista, el articulador logístico, el hombre que mueve el dinero y los hilos detrás del trono, el trono que ocupa Gustavo Darío Sancho, el narco que durante años fue el principal proveedor de estupefacientes del partido de San Martín.

y cuya captura en noviembre de 2017 desencadenó todo lo que está a punto de ocurrir en este juzgado. Sofía no llama ocho veces porque esté desesperado. No llama ocho veces porque haya perdido el control. Llama ocho veces porque sabe exactamente lo que está haciendo. Saturar las líneas de una dependencia estatal en 18 minutos es una demostración táctica de poder.

Es la firma de alguien que no teme al estado que lo persigue. Es la firma de alguien que cree con razón que el sistema tiene puertas que se pueden abrir porque Jorge no llama para amenazar en el vacío. llama mencionando dos nombres que tienen la precisión quirúrgica de visturís clavados en carne viva.

Alberto Nisman, el fiscal federal haado muerto en su departamento en 2015 en circunstancias que la justicia investiga como homicidio vinculado a su función pública, el exmarido de Sandra Arroyo Salgado, el padre de sus dos hijas y Candela Sol Rodríguez, una niña de 11 años secuestrada, torturada y asesinada en 2011, cuyo cadáver fue arrojado cerca del acceso oeste de Villa Tesei.

El mismo  caso en el que el propio Gustavo Sancho había sido señalado como posible autor intelectual. Los dos nombres no son casuales, son mensajes codificados para una sola destinataria. El primero dice, “Sabemos quién fue tu marido y cómo terminó.” El segundo dice, “Sabemos lo que le pasa a las niñas cuando el Estado no protege a sus madres.

El expediente avanza. Las investigaciones del Ministerio Público que incluyen análisis de geolocalización entre cruzamiento de líneas telefónicas registradas a nombre de terceros y declaraciones de testigos con identidad reservada, logran lo que parecía imposible frente a un hombre que llamó desde números ajenos ocultando su identidad.

Identificar a José Damián Sofía como la voz de Jorge. En noviembre de 2019, 2 años después de las llamadas, el tano es detenido. Se le dicta procesamiento con prisión preventiva. El estado, al menos por un momento, cierra la puerta. Ese momento dura exactamente 77 días. El 4 de febrero de 2020, la Cámara Federal de San Martín revoca el procesamiento de primera instancia, dicta lo que en el ordenamiento procesal penal argentino se conoce como falta de mérito, una figura que no es una condena, no es un sobreseimiento, no es inocencia ni culpabilidad, es una zona

gris diseñada para los casos donde la prueba existe, pero aún no alcanza el umbral formal para sostener el procesamiento. Una zona gris que  en la práctica tiene una sola consecuencia inmediata. José Damián Sofía sale de la cárcel y vuelve a la calle. Un hombre que llamó  ocho veces a un tribunal federal que amenazó de muerte a una jueza federal que invocó el nombre de un fiscal muerto y el de una niña asesinada para paralizar a la magistrada que investigaba a su organización. Ese hombre sale caminando

por la puerta principal y aquí es donde la historia deja  de ser el caso de un narco que amenazó a una jueza y se convierte en algo más oscuro, más estructural, más difícil de procesar. Porque la pregunta que este expediente deja abierta no es si Sofía era culpable. Las grabaciones existen, los registros telefónicos existen, los testigos existen.

La pregunta que queda suspendida sobre este caso es otra. ¿Qué hace un hombre que aprendió que el sistema tiene grietas cuando el sistema decide devolverle la libertad? La respuesta a esa pregunta no está en un juzgado federal de San Isidro, está en los puertos de Sárate y Campana, está en las negociaciones grabadas con agentes encubiertos a quienes Sofía  creía funcionarios de aduana corruptos.

Está en un cargamento de 1658 kg de clorhidrato de cocaína que casi cruza el Atlántico en un contenedor y está en los lazos que el tano tejió, mientras la causa por las amenazas dormía en los estantes de la burocracia judicial con una red criminal que conectaba Buenos Aires con Belgrado y con los mercados de consumo de Europa y Medio Oriente.

Para entender cómo ese camino fue posible, hay que entender primero el territorio del que emergió, el partido de San Martín, el ecosistema que creó a Gustavo Sancho y la anatomía de una organización criminal que usó el sistema judicial no como un obstáculo, sino como una herramienta de guerra. El sistema no falló por accidente y lo que viene a continuación te va a demostrar que nunca tuvo intención de funcionar.

fue libre 77 días después de que lo encerraron. 77 días. Y cuando salió no se escondió, construyó algo peor. Lo que estás a punto de entender no es la historia de un narco que se escapó por una grieta del sistema. Es la historia de cómo ese sistema fue diseñado pieza por pieza para tener exactamente esa grieta y para que alguien como Sofía supiera exactamente dónde buscarla.

Para entender por qué José Damián Sofía pudo amenazar a una jueza federal y terminar libre en menos de 3 meses, primero hay que entender el territorio que lo creó. El conurbano bonaerense no es una zona geográfica, es un ecosistema, un sistema vivo con sus propias reglas, su propia economía y su propia jerarquía.

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