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Hedy Lamarr: La Mujer Más Bella del Mundo… que Murió Sola y Pobre

A los 16 años ya ha actuado en dos películas, a los 17 en cuatro. Y entonces, en 1932 llega la oferta que va a cambiarlo todo y a destrozarlo todo. Un director checoslovaco llamado Gustav Machatí está preparando una película arriesgada, una película que se va a llamar Éxtasis, una película sobre una mujer joven casada con un hombre mayor impotente que descubre el amor con un joven amante en plena naturaleza.

Una película que va a tener esto era inaudito para 1933, una escena de desnudo total femenino y otra escena todavía más inaudita en la que se ve por primera vez en la historia del cine el rostro de una mujer durante un orgasmo. Sin cortes en primer plano durante segundos enteros. Machatí busca a una actriz desconocida, joven, hermosa, sin pudor y dispuesta a hacer historia. Le presentan a Hey Kisler.

Hey tiene 18 años recién cumplidos. Le explican el papel, le explican las escenas comprometidas. Le dicen que va a ser un escándalo, le dicen que también puede ser un triunfo. Hey firma. Sus padres no saben nada hasta que la película se estrena en febrero de 1933. en Praga. Cuando su padre lee la primera crítica en un periódico, bien es una crítica que habla de escenas obscenas y de la perdición de una joven austríaca se desploma en el sillón del salón sin decir una palabra y se queda media hora mirando la alfombra. Su madre llora

durante tres días seguidos. Los rabinos del barrio condenan la película. Los vecinos dejan de saludarlos. La Iglesia Católica la prohíbe en Italia, en Polonia, en Austria. El Papa Pío X la denuncia personalmente en una declaración pública y en una pequeña casa de campo en las montañas austriacas.

Un hombre de mediana edad llamado Adolf Hitler, todavía no fer, todavía solo canciller, manda prohibir la película en toda Alemania por decadencia moral judeo bolchevique. Y en otra mansión, en el norte de Italia, un hombre llamado Benito Mussolini ve la película tres veces seguidas en su sala privada de cine y al final exclama, según los testigos, esta muchacha tiene que estar en mi cama.

Hey en esos mes de 1933, en mitad del escándalo, se encierra en su cuarto durante semanas. No quiere salir, no quiere ver a nadie. Lee los periódicos en silencio, lee los insultos, lee las cartas anónimas que empiezan a llegar a la casa familiar. Algunas amenazadoras, otras simplemente humillantes.

Una carta escrita con una caligrafía elegante le sugiere que se suicide para preservar el honor de su familia. Eddie la guarda durante años. Nunca cuenta a nadie por qué décadas después, en una entrevista grabada en Florida, dirá, “Esa carta fue la primera vez que entendí que el mundo te puede odiar por ser tú misma.” Y esa lección no se olvida nunca.

Pero el hombre que de verdad va a cambiar la vida de Hiriy esa primavera no es ni Hitler ni Mussolini. Es un austríaco de 34 años, un industrial, un fabricante de armas y se llama Friedrich Mandle. Mandel es uno de los hombres más ricos del Imperio Austrohúngngaro en su fase final. heredero de la fábrica Hurtenberger Patron and Fabric, especializada en municiones, granadas y sistemas de armamento.

Católico convertido porque su madre era judía, lo cual técnicamente lo convertía en medio judío bajo las leyes raciales que ya empezaban a aplicarse en Europa. Pero un católico que viste impecablemente asiste a misa todos los domingos y mantiene negocios con todos los dictadores de la región. Vende balas a Mussolini, vende granadas a Franco, vende cañones a Hitler y nadie le pregunta por su sangre.

Desteña Elisá vende va la sangre. Hey lo conoce en una fiesta de gala en el Hotel Imperial de Viena en mayo de 1933. Mandel entra en el salón rodeado de su séquito habitual. Dos guardaespaldas de 90, un secretario, dos diplomáticos italianos, un general austriaco. Lleva un smoking negro impecable, el pelo engominado hacia atrás, las uñas perfectamente recortadas y un anillo de oro con un escudo en el meñique.

Cuando ve a Harry, atraviesa el salón sin saludar a nadie más, se planta delante de ella, le besa la mano sin pedir permiso y le dice una sola frase en alemán perfecto. Fra Kissler, voy a casarme con usted. Hey se ríe. Cree que es una broma. Mandle no se ríe. Esa misma noche, Mandle envía un carro con chóer a la casa de los padres de Hey con un ramo enorme de rosas blancas y una invitación a cenar al día siguiente.

Emil Kisler, el padre banquero, conoce el nombre de Mandle, sabe quién es, sabe lo que vende, sabe a quién se lo vende y le dice claramente a su hija esa misma noche, Hiri, este hombre es peligroso. No vayas a esa cena. Hey va a la cena. Tres semanas después, Mandle le propone matrimonio formalmente.

Le ofrece una vida de palacios, de viajes, de joyas, de protección eterna. También, sin decirlo abiertamente, le ofrece la posibilidad de borrar el escándalo de Éxtasis. Esa película, dice, no será nunca más un problema en su vida. Él se encargará de comprar todas las copias existentes en Europa y las destruirá. Eyiduda, pero la presión es enorme.

La fama de éxtasis ya empieza a complicarle conseguir papeles serios. La gente la mira en la calle como si fuera una mujer perdida. Sus padres están agotados y Mandle, con todos sus millones parece la única salida. El 10 de agosto de 1933 en la iglesia Carl Skirch de Viena ante 200 invitados Hey Kisler, 18 años, se casa con Friedrich Mandle, 33 años.

El padre de Hey no asiste, su madre tampoco, solo unos tíos lejanos van. Hey lleva un vestido de seda blanca que pesa 7 kg. La ceremonia dura una hora y al final cuando Mand la vesa adelante del altar, ella siente por primera vez en su vida que está entrando en una jaula. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios.

Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Lo que viene después es uno de los matrimonios más tóxicos del que se haya tenido testimonio en la alta sociedad europea del siglo XX. Mandle traslada a Hidi al Schloss Schzena, un castillo enorme del siglo XVII, a 2 horas de Viena, escondido entre bosques de pinos, 15 habitaciones, 22 sirvientes, tres cocineros, dos chóeres, cuatro guardaespaldas armados, pero ninguna llave para Jedi.

Las puertas del castillo se cierran cada noche desde fuera. Las cartas que ella escribe son leídas primero por el secretario de Mandel. Lares, las llamadas telefónicas son grabadas, las visitas son aprobadas o rechazadas por él. Y cuando salen, Mandle exige que ella vaya delante en el carro con uno de los guardaespaldas, mientras él va detrás vigilando con sus binoculares de teatro.

La obliga a ir con él a todas las reuniones de negocios, a todas las cenas con clientes, a todas las visitas a las fábricas. quiere mostrarla, quiere que el mundo entero vea que tiene a la mujer más hermosa de Austria, pero también sin saberlo, le va a regalar a Jedy lo más valioso que va a llevarse de ese matrimonio, las conversaciones técnicas.

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