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María de las Mercedes: La Madre de Juan Carlos Que Tuvo que Entregarlo a Franco

No iba a ser el último. Hay una escena de ese primer exilio de 1930 y uno que pocas biografías cuentan completamente. Según los testimonios de la época, cuando la familia real española tuvo que abandonar Madrid en abril de 1931, la salida fue tan precipitada que muchos miembros de la familia apenas tuvieron tiempo de empacar algunas pertenencias personales.

La joven María de las Mercedes, de 20 años, vio como el mundo que había conocido toda su vida, el mundo de los palacios, de las ceremonias reales, del esplendor monárquico, se desmoronaba en cuestión de días. Según los biógrafos, ese primer exilio marcó profundamente la psicología de María de las Mercedes.

A los 20 años aprendió una lección brutal que iba a definir toda su vida adulta, que nada es permanente, que los tronos pueden caer en un instante y que la grandeza real puede transformarse en exilio de la noche a la mañana. una lección que iba a prepararla sin que ella lo supiera para las décadas de incertidumbre dinástica que le esperaban.

Durante los siguientes años, María de las Mercedes vivió en el exilio, principalmente en Francia e Italia, junto a otros miembros de la familia real española desterrada. La familia real española en el exilio formaba una pequeña comunidad de aristócratas desplazados que se reunían en las distintas ciudades europeas donde se habían refugiado, manteniendo viva la esperanza de que algún día la monarquía española fuera restaurada y pudieran regresar a su país.

Y durante esos años de exilio, en ese ambiente de aristocracia española desplazada que soñaba con el regreso al trono, María de las Mercedes conoció al hombre que iba a convertirse en el centro de toda su vida. Don Juan de Borbón, el tercer hijo del rey de puesto Alfonso XI. Don Juan de Borbón era en muchos sentidos el opuesto exacto de María de las Mercedes.

Era apasionado, impulsivo, ambicioso, obsesionado con la idea de recuperar algún día el trono español que su padre había perdido. Había servido en la Marina Británica, tenía un carácter fuerte y a veces difícil. Y desde muy joven tenía una sola obsesión que iba a marcar toda su vida y por extensión toda la vida de María de las Mercedes, convertirse algún día en el rey de España.

Hay un detalle del noviazgo entre María de las Mercedes y don Juan, que pocas biografías cuentan. Según los testimonios cercanos, cuando los dos se conocieron en el exilio, don Juan quedó inmediatamente cautivado por la elegancia, la serenidad y la fortaleza de carácter de María de las Mercedes. Ella, por su parte, vio en don Juan a un hombre apasionado y lleno de ideales, comprometido con la causa de restaurar la monarquía española.

era, según los biógrafos, una atracción de opuestos. Él impulsivo y ambicioso, ella serena y disciplinada. Y durante los primeros años esa combinación de personalidades funcionó extraordinariamente bien. María de las Mercedes y don Juan se casaron el 12 de octubre de 1935 en Roma en una ceremonia que reunió a los restos de la realeza.

española en el exilio. María de las Mercedes tenía 24 años y al casarse con don Juan aceptaba implícitamente una cosa, que su vida iba a estar completamente subordinada a la obsesión de su esposo por recuperar el trono español. La boda en Roma, según los testimonios de la época, fue una ceremonia melancólica a pesar de su esplendor.

Era una boda real, sí, pero una boda de una familia real, sin trono, sin país, sin poder. Los novios eran herederos de una corona que ya no existía y los invitados eran aristócratas españoles desplazados que soñaban con un regreso a España que parecía cada vez más lejano. María de las Mercedes, vestida de novia, se casaba no solo con un hombre, sino con un sueño dinástico que iba a determinar todo el resto de su vida.

Apenas unos meses después de la boda, en julio de 1936 estalló la guerra civil española. España se sumió en uno de los conflictos más sangrientos de toda su historia y María de las Mercedes, recién casada y embarazada de su primera hija, tuvo que vivir los años de la guerra civil en el exilio, observando desde lejos cómo su país se desgarraba en una guerra fratricida.

Durante esos años de guerra, don Juan intentó incluso participar directamente en el conflicto del lado de los sublevados, con la esperanza de que su participación le ganara el apoyo necesario para recuperar el trono. Pero Franco, que ya entonces estaba consolidando su propio poder, rechazó la participación de Don Juan. No quería un Borbón con aspiraciones al trono, ganándose el prestigio militar en el campo de batalla.

Y María de las Mercedes, según los testimonios cercanos, vivió esos años con una angustia constante por la seguridad de su esposo y por el futuro incierto de su familia. Lo que ninguno de los dos sabía en ese momento era que esa obsesión por el trono nunca se iba a cumplir para don Juan y que el precio de esa obsesión frustrada lo iba a pagar durante décadas.

La mujer que se casó con él esa tarde de octubre en Roma. Durante los primeros años de su matrimonio, María de las Mercedes y don Juan tuvieron cuatro hijos. La primera fue María del Pilar, nacida en 1936. El segundo fue Juan Carlos, nacido en 1938, el futuro rey de España. La tercera fue Margarita, nacida en 1939 y el cuarto fue Alfonso, nacido en 1941.

Pero con cada uno de esos hijos, el destino le tenía reservado a María de las Mercedes una serie de dramas que pocas madres han tenido que soportar. Hay que entender en qué condiciones María de las Mercedes crió a sus cuatro hijos. No los crió en un palacio, no los crió rodeada del esplendor real que le correspondía por su linaje.

Los crió en el exilio en distintas casas alquiladas de Italia, Suiza y finalmente Portugal. En una situación económica que, aunque privilegiada comparada con la de la mayoría de las familias, estaba muy lejos del lujo que la realeza española había conocido antes de la caída de la monarquía.

María de las Mercedes, según los testimonios cercanos, asumió personalmente gran parte de la educación de sus hijos, dedicándoles una atención maternal extraordinaria en medio de la incertidumbre permanente del exilio. En 1946, la familia se estableció finalmente en Estoril, una localidad costera cerca de Lisboa, en Portugal.

Estoril se convirtió durante las décadas siguientes en el centro del exilio de la familia real española y fue allí en la casa familiar de Estoril, donde se desarrollaron algunos de los episodios más dramáticos de la vida de María de las Mercedes. El primer drama llegó con su tercera hija, Margarita, porque Margarita nació ciega, una ceguera congénita causada por una atrofia del nervio óptico que en la época no tenía ningún tratamiento posible.

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