Y esa asociación natural es mucho más difícil de anular porque no responde a un manual, responde a la creatividad individual y colectiva de personas que se entienden sin necesidad de que nadie les diga cómo hacerlo. Y aquí viene algo que el mismo analista mencionó como ejemplo y que se hizo famoso en el mundo entero, el gol que le hicieron a Francia en la final de Qatar.
Esa serie de toques consecutivos que terminó con el balón en la red no estaba diseñada en ningún entrenamiento. No era una jugada ensayada, era pura asociación espontánea entre jugadores que se leían entre sí en tiempo real. Eso es lo que hace que Argentina sea diferente, no el sistema, la creatividad.
Ahora bien, hay preguntas legítimas sobre esta selección. No todo es elogio en la prensa internacional y sería deshonesto presentarlo así. Hay analistas, especialmente en el mundo anglosajón, que señalan puntos de interrogación reales sobre el equipo. El primero y más grande, Lionel Messi. Messi llega a este mundial con 37 años cumplidos.
llega después de una temporada en la MLS, que no es la liga más exigente del mundo. Llega con una molestia física que lo ha mantenido con minutos limitados en los partidos preparatorios. Y la pregunta que todo el mundo se hace es, ¿qué versión de Messi vamos a ver en este mundial? Un analista inglés lo puso en términos muy claros en televisión hace días.
dijo que la gran incógnita no es si Messi va a jugar, es cuántos momentos de magia puede todavía producir Messi en la fase definitiva del torneo, en los partidos de eliminación directa, cuando el nivel sube y los márgenes se achican. Esa es la pregunta real. Pero hay otra voz y es la voz de quienes conocen el fútbol desde adentro y esa voz dice algo diferente.
Dice que la pregunta equivocada es, ¿cuánta magia le queda a Messi? La pregunta correcta es, ¿cuándo fue la última vez que Messi no produjo magia? Y nadie tiene una respuesta clara para eso, porque incluso con limitaciones físicas, incluso moviéndose menos que antes, incluso en partidos donde lleva tres cuartos de hora sin tocar la pelota, cuando Messi la toca, algo cambia, la energía del partido cambia, los 11 rivales cambian, los 10 compañeros cambian.
Un comentarista estadounidense presente en uno de los partidos preparatorios de Argentina antes del Mundial lo describió de una manera que vale la pena recordar. Dijo que en el momento en que Messi entró al campo, todo cambió, la dinámica del partido cambió, el equipo se volvió más dinámico, más fluido, más peligroso y dijo algo más.
dijo que Argentina todavía depende de Messi para ser el equipo diferencial que puede ganar este torneo, pero que esa dependencia no es una debilidad, es una fortaleza, porque Messi sigue siendo capaz de cambiar un partido en cualquier momento. Hay algo que pocas veces se menciona cuando se habla de Messi en este mundial y que va a cobrar relevancia a medida que pase el torneo.
Es su historia con los mundiales. Este es su sexto, seis copas del mundo. No hay ningún otro jugador en activo que pueda decir eso y hay algo en esa experiencia acumulada que no se puede medir con estadísticas pero que se siente en el campo. Los jugadores jóvenes de Argentina lo saben. Cuando Messi está en el campo, los demás juegan diferente, no porque los presione, sino porque lo que transmite es confianza.
Certeza. la certeza de que la pelota va a encontrar al compañero correcto en el momento correcto. Pero volvamos a la pregunta que dejamos abierta hace un momento. ¿Puede Argentina ganar este Mundial sin el mejor Messi? La Copa América 2024 dio una respuesta que cambió la percepción mundial sobre este equipo.
En varios partidos de esa competencia, Argentina ganó sin contar con Messi en su mejor nivel. Ganó en Uruguay, algo que no se lograba desde hacía 12 años. aplastó a Brasil por cuatro goles y lo hizo sin Messi siendo el protagonista central. Lo hizo con Enzo Fernández, con McAlister, con Álvarez, con ese medio campo que un analista francés describió como la columna vertebral que convierte a la Argentina de 2026 en un equipo más completo que el de 2022.
Ese dato es crucial porque si Argentina tuviera que depender 100% de Messi para ganar, sería un equipo vulnerable, un equipo que se puede apagar si a Messi le duele el tobillo o si el rival logra marcarlo bien durante 90 minutos. Pero Argentina no es ese equipo. Es un equipo que tiene a Messi como carta máxima, pero que puede ganar con otras cartas también.
Y eso es lo que ningún rival quiere enfrentar. Pensemos en lo que significa eso en términos concretos. Cuando preparas tu equipo para enfrentar a Argentina, tenés que resolver simultáneamente varios problemas que no tienen solución simple. Primero, ¿cómo marcas a Messi sin dejarle espacios a Julián Álvarez por el centro? Segundo, si cerrás el centro para cortarle el paso a Álvarez, ¿cómo neutralizas las llegadas de Rodrigo de Paul desde el carril derecho? Tercero, si cerrás el carril derecho y el centro, ¿quién le
cierra el ángulo a Enzo Fernández cuando aparece desde atrás? Cuarto, si distribuís recursos para cubrir todos esos frentes, ¿con qué te quedas para atacar? Esa es la trampa táctica que plantea Argentina. No es un equipo que te ataque de una sola manera. Es un equipo que te obliga a tomar decisiones imposibles y que tiene la calidad individual para aprovecharse de cualquier decisión que tomes.
La prensa latinoamericana, que conoce este juego mejor que nadie porque lo vive de cerca, lleva semanas describiendo Argentina con una frase que resume todo esto muy bien. Juegan de memoria, no necesitan procesar la situación, no necesitan que el entrenador les diga qué hacer en cada momento. se leen entre sí de manera natural, se asocian de manera instintiva y esa automatización, ese nivel de conexión que viene de años jugando juntos y de entender el fútbol de una manera compartida es el activo más difícil de replicar y el más difícil de
contrarrestar. Un comentarista latinoamericano lo explicó de la siguiente manera. Cuando estás con tus amigos de toda la vida, encontrás una chispa diferente a la que tenés en cualquier otro contexto. Eso es lo que pasa con Argentina. No son 11 jugadores que se juntan para un torneo. Son 11 personas que comparten un lenguaje futbolístico que lleva años construyéndose y que en este mundial va a llegar a su punto más alto.
Ahora bien, hablemos de lo que ningún medio mexicano está discutiendo aún con la profundidad que merece, porque tiene implicaciones directas para el TRI. Si México avanza en el torneo, que es el objetivo y la expectativa, hay un cruce posible con la Argentina en la fase eliminatoria. no está garantizado, depende de muchos resultados, pero está dentro del tablero de posibilidades.
Y si ese cruce se diera, el TRI enfrentaría al equipo que más miedo le genera al resto del mundo. No porque México no tenga calidad para competir, sino porque Argentina en este momento es el colectivo más difícil de enfrentar en el torneo. ¿Por qué importa esto ahora y no cuando se concrete el cruce? Porque la manera en que México prepare su torneo, la manera en que administre sus energías y construya su confianza en la fase de grupos, va a determinar en qué condiciones llegaría a ese encuentro. Un tri que llega a la fase
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eliminatoria jugando con libertad, con convicción, con el Estadio Azteca detrás, es un tri que puede sorprender a cualquier rival. Un tri que llega desgastado, con dudas o sin haber resuelto sus problemas tácticos en la fase de grupos, es un tri que no estaría en condiciones de pelear contra el equipo que el mundo entero reconoce como favorito número uno.
Eso es lo que está en juego más allá de los resultados inmediatos, la preparación de México para lo que puede venir. Y aquí llegamos al punto que dejamos pendiente al principio, el número que lo explica todo, 36. Ese es el número de partidos que Argentina lleva sin perder, contando competencias oficiales y amistosos de alto nivel desde la final de Qatar hasta hoy.
36 partidos, casi 3 años de invicto. No es un récord que se consigue por accidente. No es una racha que se mantiene porque los rivales son débiles. Es una racha que se construye partido a partido con la disciplina táctica de Escaloni, con la madurez de jugadores que en 2022 eran jóvenes y hoy son veteranos en sus clubes europeos.
Y con la presencia de un capitán que a los 37 años sigue siendo capaz de cambiar el marcador en cualquier momento del partido. 36 partidos sin perder. Eso es lo que México y el resto del mundo tienen enfrente. Ahora bien, hay algo que la historia del fútbol enseña y que ningún análisis debería ignorar.
Las rachas se rompen, las favoritas caen. Francia llegó al Mundial del 2002 como bicampeona del mundo y archifavorita y cayó en la primera fase sin convertir un solo gol. Alemania llegó al Mundial del 2018 con el título del 2014, todavía fresco, y salió en fase de grupos eliminada por Corea del Sur. ¿Puede pasarle lo mismo a Argentina? En teoría, sí.

La historia dice que puede pasarle a cualquiera, pero hay diferencias importantes. Francia en el 2002 no tenía el colectivo que tiene Argentina ahora. Llegó con jugadores en declive o sin ritmo de competencia. Alemania en el 2018 tuvo problemas de gestión interna que nunca se resolvieron del todo. Argentina en 2026 llega con un plantel en buen momento colectivo, con un técnico que conoce perfectamente a sus jugadores y con la experiencia de haber ganado el Mundial más reciente.
No es el mismo escenario, no es la misma situación y los analistas que dicen que Argentina podría caer en fase de grupos están haciendo una comparación que no se sostiene si se analiza con detenimiento. Lo que sí es cierto es que ningún torneo está ganado antes de empezar y que en fútbol cualquier resultado es posible en cualquier partido.
Pero cuando mirás el conjunto, cuando sumas la calidad individual, la madurez colectiva, la experiencia acumulada y la racha que traen, Argentina aparece en el análisis de la mayoría de los expertos mundiales como la favorita principal o como una de las dos o tres selecciones con mayores posibilidades de levantar la copa al final.
Un comentarista de lengua árabe lo resumió con una frase que circuló en redes en varios idiomas. Argentina tiene a su capitán la leyenda que intenta defender su título, pero también tiene a los jugadores jóvenes que rodean a esa leyenda y que han crecido exponencialmente desde Qatar. Eso no es un equipo de una sola estrella, eso es una constelación.
Hagamos un recorrido por los nombres que van a protagonizar esta Argentina en el mundial, porque más allá de Messi hay una selección completa que merece ser analizada en detalle. En el arco, Emiliano Martínez sigue siendo una presencia dominante. El dibu, como lo llaman todos, no es solo un guardameta, es un jugador que afecta psicológicamente a los rivales.
Sus penales en Qatar 2022 son historia viva del fútbol mundial. Su capacidad para leer la mente del ejecutor, para meterse en su cabeza antes de que la pelota salga del pie, lo convierte en un factor diferencial en partidos que se definen por los detalles. En la defensa, Cristián Romero, Lisandro Martínez y Nael Molina forman una línea que ha demostrado solidez en las ligas más exigentes de Europa.
Molina, en particular ha crecido como futbolista de una manera que sorprendió incluso a los alalistas que lo seguían de cerca. Su capacidad para proyectarse al ataque sin descuidar las responsabilidades defensivas lo convierte en un carril difícil de neutralizar. El medio campo es donde Argentina tiene la riqueza más impresionante de todo el plantel.
Rodrigo de Paul, McAllister, Enzo Fernández, Almada. Cuatro mediocampistas que pueden jugar juntos o en distintas combinaciones, que tienen registros ofensivos y defensivos que circulan la pelota con velocidad y criterio, y que tiene la capacidad individual de desequilibrar en situaciones de uno contra uno. Es un mediocampo que cualquier entrenador del mundo firmaría sin dudar.
Y en la delantera, más allá de Messi, Julián Álvarez sigue siendo uno de los delanteros más completos de Europa. Su capacidad para moverse entre líneas, para presionar desde arriba, para aparecer en el área en el momento justo, sin que el rival lo vea llegar, lo convierte en un delantero de los que cambian partidos.
En Qatar marcó cuatro goles en este mundial, con 3 años más de experiencia y con la confianza de haber rendido en el Manchester City, las expectativas son todavía más altas. Todo eso junto, sumado a Messi en el campo, aunque sea por momentos, es lo que explica por qué el mundo se rinde ante Argentina antes de que empiece el partido más importante.
Hay algo más que vale la pena mencionar y que raramente aparece en los análisis técnicos. El factor cultural. Argentina llega a este mundial con el orgullo de una nación que históricamente ha definido su identidad en gran medida a través del fútbol. No hay otro país en el mundo donde el fútbol tenga el peso cultural que tiene en Argentina.
Esa presión puede ser un lastre en algunos contextos, pero también puede ser un combustible. Y en el contexto de un equipo que ya ganó el título, que sabe lo que se siente defender la copa, esa presión se convierte en motivación y no en parálisis. Los jugadores argentinos cuando se ponen la camiseta del Alviseleste no juegan igual que cuando juegan para sus clubes.
Hay algo que se activa, hay una energía diferente. Un presentador estadounidense que cubrió el último partido preparatorio de Argentina antes del Mundial lo describió con una imagen que quedó dando vueltas en las redacciones deportivas. Cuando estos jugadores se ponen la camiseta argentina, reviven. Es como si hubiera algo en ese tejido celeste y blanco que los transforma.
Esa transformación, esa conexión entre jugador y camiseta es el factor intangible que ninguna estadística puede capturar y que ningún rival puede prepararse para enfrentar completamente. Lo que nos lleva al cierre de este análisis con una pregunta que quiero que te quedes pensando y que me respondas en los comentarios.
Si Argentina es el equipo que el mundo reconoce como favorito número uno. Si Argentina llega con 36 partidos sin perder. Si Argentina tiene a Messi, a Álvarez, a Enzo Fernández y a un colectivo que el mejor analista francés del momento dice que es mejor que el de Qatar, ¿qué tendría que hacer México para sortear ese obstáculo en una eventual eliminatoria? Porque hay una respuesta a esa pregunta y no es la respuesta obvia, no es solo ganar el partido, es llegar al partido de una manera determinada, con una filosofía determinada, con una mentalidad
determinada. Y esa respuesta tiene que ver con algo que México ha demostrado históricamente que puede hacer cuando está en casa, con el Azteca lleno, con el apoyo del pueblo mexicano detrás. Los argentinos lo saben, los españoles lo saben, los franceses lo saben y los analistas más honestos de la prensa internacional lo reconocen, aunque les cueste.
México en el Azteca, con el Mundial en casa, con todo un país empujando desde las tribunas y desde cada pantalla del país, es un equipo diferente, un equipo que puede sorprender, un equipo que puede competir con cualquiera. ¿Alcanza eso para eliminar a la Argentina de Messi? Esa es la pregunta que México va a tener que responder en el campo.
Pero mientras tanto, el resto del mundo ya está haciendo su análisis y el análisis dice que si hay un equipo capaz de darle una sorpresa a Argentina en este mundial, ese equipo tiene que venir con todo lo que tiene desde el primer minuto. ¿Crees que México tiene lo necesario para frenar a esta Argentina si el cruce se da? Escribilo en los comentarios.
Y si este análisis te dio información que no encontraste en ningún otro lado, apoyá al canal con un me gusta y activá la campanita, porque en los próximos días vamos a cubrir cada partido de este mundial con la profundidad y el detalle que la afición mexicana merece. El mundo ya le rindió tributo a Argentina, pero el fútbol no se juega en los estudios, se juega en el campo.
Y en el campo todo puede pasar. Yeah.