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LUCHA REYES: The Phrase a Man Said to Her at 18 That Broke Her Forever

Con esa cara que tienen las personas a las que alguien les está contando algo que siempre habían querido oír. Imagínate a Lucha. [música] Nadie le había regalado ni tranquilidad en toda su vida. Y de repente aparece un hombre mandándole flores, notas a la pensión, libros debajo del brazo esperándola a la salida. Lucha confundió una cosa muy peligrosa con amor.

Que alguien te preste atención. Esa confusión la conocemos muchas, [música] ¿verdad? Con otra cara, con otra historia, pero la misma trampa. [música] Se casaron. Lucha tenía 16 o 17 años. Gabriel tenía [música] bastantes más. Era casi un padre, pero ella lo eligió. Y los primeros meses, Lucha creyó que por fin tenía lo que siempre había querido.

Una casa con alguien dentro, una persona [música] que la esperaba. Aprendió a cocinar para Gabriel, qué música quería por las mañanas, cómo le gustaba el café. Lo aprendió todo sola, con las ganas de que aquello funcionara. Y muy pronto Lucha se quedó embarazada. toda la vida que no había tenido se le iba a abrir delante.

Pensó en el nombre, pensó en cómo iba a hacer, pensó que ese niño o esa niña [música] iba a crecer con un padre y una madre que se querían, que no iba a aprender a no hacer ruido, que no iba a aprender a no pedir. Y entonces, una tarde Lucha se cayó por las escaleras. Nadie sabe exactamente qué pasó aquella tarde.

Hay versiones que dicen que Lucha ya entonces tenía un problema con la bebida. Otras [música] dicen que fue un mal paso. Lo que sí sabemos es que rodó las escaleras enteras y que cuando Gabriel llegó esa noche, se la encontró tirada en el suelo. La llevaron al hospital [música] y allí los médicos le dijeron que el bebé no había sobrevivido.

Gabriel, desde aquella noche ya no era el mismo. Empezó a llegar tarde, a no [música] hablar, a mirarla con una cara que Lucha no había visto antes, como si la culpara de algo que ninguno de los dos decía en voz [música] alta. hasta que una mañana hizo las maletas sin avisar, sin discutir, sin levantar [música] la voz.

Lucha estaba en la cocina cuando lo oyó. El ruido de los cajones, el de la maleta arrastrándose por el suelo y luego los pasos en el pasillo. Se quedó quieta con las manos apoyadas en el fregadero sin darse la vuelta y Gabriel pasó por detrás de ella [música] con la maleta, sin decirle nada todavía, y antes de irse se paró en la puerta.

[música] y le dijo algo. ¿Qué le dijo exactamente Gabriel Navarro aquella mañana? Eso te lo [música] cuento en un momento, pero antes hay algo que pasó en Berlín que necesitas saber, porque sin eso la frase de Gabriel no pesa lo que pesa. Lucha volvió a México sola con la maleta y algo que todavía no sabía cómo llamar y tomó una decisión.

Si nadie la quería como mujer, iba a hacerse querer como cantante. Años después [música] consiguió un puesto en el cuarteto Anahuac. una compañía musical que iba a hacer una gira larga por Europa, Berlín, Praga, Viena. Para lucha, [música] aquella gira era el principio de algo grande. Tenía 21 años. Iba a Europa por primera vez.

Berlín en invierno es otra cosa. Y [música] Lucha, que venía de Guadalajara, no tenía ni idea. Te cuento cómo llega. sin abrigo de verdad, [música] sin hablar alemán, en una pensión donde el radiador hacía ruido toda la noche, pero no calentaba nada. Los músicos de la compañía eran siete, mexicanos todos. [música] Y en aquellas habitaciones pequeñas que olían a humedad y a madera vieja, aprendieron muy rápido que la única manera de no volverse locos [música] era estar juntos.

Se iban a las cervecerías por las tardes solo para entrar en calor. Dormían vestidos. Cantaban con el aliento helado, porque si no cantaban no cobraban. Había noches en que Lucha se dormía con los dedos dormidos del frío y al despertar seguían igual. ¿Te imaginas? Una niña de Guadalajara sola en Berlín en pleno invierno. Yo me congelo solo de pensarlo.

[música] Y un día, en mitad de una canción, la voz simplemente no salió. [música] Se quedó en el escenario con la boca abierta y nada. Así estuvo casi un año sin poder cantar, escribiendo cartas a México que tardaban semanas en llegar. Cartas que no sabía si alguien iba a leer, cartas a su madre que casi con certeza no iba a contestar, cartas que escribía igual porque si no las escribía se le iba a olvidar que alguien en el mundo sabía que ella existía.

Sin poder volver porque no tenía para el pasaje, [música] la única cosa que sabía hacer, guardada en una garganta que no funcionaba. Hay un detalle de aquella época que no se olvida. Que lucha en aquella pensión de Berlín aprendió [música] alemán. No para hablar con nadie, solo para entender lo que decían a su alrededor, para no sentirse tan sola en aquel idioma que no entendía.

Lo aprendió sola con un diccionario de bolsillo que encontró en el cuarto y nunca lo usó para más. Ay, lucha. Cuando la voz le volvió, ya no era la misma. rasposa, [música] grave, áspera, como si tuviera arena dentro. Y aquí está lo más raro de toda esta historia. [música] Esa voz rota fue lo que la hizo famosa. La voz limpia de antes hubiera sido una buena voz más.

[música] La rota era única. No había otra así en todo México, aunque durante años se dijo otra cosa, que la voz no se rompió en Berlín sino mucho antes por algo que le pasó cuando tenía 15 años y que nunca contó. Una investigadora que pasó años estudiando [música] su vida lo desmintió.

Pero cuando escuchas la tequilera, hay [música] algo en esa voz que suena a herida demasiado vieja para haber sido solo un invierno alemán. [música] Tú decides. Lo que sí sé es que Lucha volvió a México con esa voz, sola, sin dinero, con la ropa que llevaba cuando salió más una bufanda alemana que alguien le había dejado en la pensión y volvió con algo más, con la certeza de que no había nadie en el mundo esperándola.

No Gabriel, no su madre, no nadie, solo la voz rota y la frase que no se le iba. Y con eso Lucha decidió que si el mundo no la quería, iba a obligarlo [música] a escucharla. Años después, cuando le preguntaban en las entrevistas por aquella época de Berlín, Lucha siempre contestaba lo mismo, que fue lo mejor que le pudo pasar, que perder la voz allí fue lo que le dio la voz de verdad.

Yo creo que lo decía para no tener que explicar lo demás. para no tener que hablar de las cartas, del frío, de los meses que estuvo sola en aquella pensión sin [música] que nadie supiera dónde estaba. Pero antes de contarte cómo conquistó México, te tengo que contar la frase. Durante años se dijo una cosa, [música] que Gabriel se paró en la puerta con la maleta en la mano y le dijo a Lucha que no era apta para ser madre, que se había caído porque había bebido, que era culpa suya y que un hombre como él no podía estar con una

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