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HÉCTOR HERRERA: CUMPLIÓ 35 AÑOS Y COMO ESTÁ VIVIENDO ES MUY TRISTE

HÉCTOR HERRERA: CUMPLIÓ 35 AÑOS Y COMO ESTÁ VIVIENDO ES MUY TRISTE

Medalla de oro con México, el mexicano con más partidos en la Champions League y ese mismo hombre en la calle, perdiendo su carrera por agredir a un árbitro. A los 34 años, tirado, sin equipo, la carrera más grande que Rosarito ha dado al fútbol terminando de la peor manera posible. ¿Cómo es posible que el jugador mexicano que más años vivió del fútbol en Europa acabara en la calle? Nadie contó la verdadera razón.

Hasta hoy su nombre es Héctor Miguel Herrera López, el zorrito de Rosarito. Y lo que nadie contó completo es lo que casi impidió que existiera. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre Héctor Herrera. Primera, la noche en Tampico, en que casi lo dejó todo sin sueldo, con esposa embarazada, a punto de cruzar la frontera de mojado para trabajar en construcción con su papá.

Segunda, como Pachuca lo rechazó cinco veces. Cinco. Y cómo ese mismo club terminó vendiéndolo a Europa por 8 millones de euros. Tercera, lo que pasó exactamente en esa noche de noviembre de 2024 en Houston, lo que el bar vio y lo que ese momento dice sobre un hombre que durante 15 años nunca había perdido el control.

Y la cuarta, lo que es escupitajo, no te cuenta sobre quién es realmente este hombre. La historia que empieza en los campos de tierra de Rosarito y que todavía no ha terminado. Te voy a avisar cuando llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes la más importante. Era 2012. Y si seguiste el fútbol mexicano ese año, sabes exactamente lo que significó el mes de agosto en Londres.

México contra Brasil. Final del fútbol masculino en los Juegos Olímpicos. Brasil no perdía esa final. No era un dato, era una certeza. Brasil tenía a Neymar. Brasil tenía el favoritismo de todo el mundo. Brasil era Brasil y México ganó 2 a 1. Héctor Herrera tenía 22 años, medalla de oro, campeón olímpico.

Un año después lo vendieron al porto de Portugal por 8 millones de euros. 6 años en Portugal, tres en el Atlético de Madrid con Diego Simeone, 52 partidos en la Champions League, el mexicano que más veces había pisado la cancha del torneo más grande del fútbol de clubes en toda la historia. Más que Chicharito, más que Rafa Márquez, más que cualquier mexicano antes que él.

Tres mundiales con la selección mexicana. Brasil 2014, Rusia 2018, Qatar 2022, capitán del TRI durante años. Y en noviembre de 2024 lo corrieron del Houston Dinamo por escupirle a un árbitro sin equipo. A los 34 años, ese es el arco completo de la medalla de oro olímpica al escupito, que el bar capturó cuando Herrera pensó que nadie miraba.

The Wembley llenó cantando el himno mexicano a un comunicado del Houston Dynamo diciendo que no iba a renovar su contrato. ¿Cómo se recorre ese camino? ¿Cómo se va del estadio más famoso del mundo? Campeón olímpico a que la MLS te corra por un gesto que pensabas que nadie iba a ver. En unos minutos te cuento, espérate.

Hay algo que nadie dice cuando cuentan la historia de Héctor Herrera. Algo que él mismo confesó en una entrevista y que los medios dejaron pasar sin analizarlo de verdad. Cuando estuve en Tampico, sí lo pensé y lo tenía más o menos decidido. Era un tema económico. No nos pagaban. Yo ya vivía con mi exesposa. Cuando volvimos a Pachuca, ella estaba embarazada.

Esperábamos a nuestro hijo David y era muy difícil atenderla sin cobrar. Por mi cabeza aparecía la idea de irme a Estados Unidos con mi papá y trabajar allá. Esas palabras. Irme a Estados Unidos con mi papá, trabajar allá. El jugador que después llegaría a la Champions League a los 20 años estaba a punto de cruzar la frontera para trabajar en construcción con su padre, no como futbolista, sin papeles, de mojado.

Ese es el momento que nadie menciona cuando hablan del gran mediocampista mexicano. El momento en que Héctor Herrera no era todavía Héctor Herrera. Era un muchacho de rosarito con una esposa embarazada, sin sueldo y con la frontera de Estados Unidos a media hora de su casa. Grábate ese momento porque cuando veamos lo que pasó en Houston en 2024, ese momento de Tampico explica más de lo que cualquier analista deportivo se ha tomado el tiempo de explicar.

Hay un objeto en esta historia. No es una copa, no es una medalla, no es una camiseta de Champions, es su hijo David, el niño que nació en Tampico cuando Héctor no cobraba, el que llegó al mundo exactamente cuando todo estaba a punto de terminar y que sin quererlo, sin saber nada, cambió la decisión que su papá estaba a punto de tomar.

ese niño y hay una imagen que conecta el principio con el final. Héctor Herrera en Tampico, 20 años sin sueldo, con su esposa embarazada mirando hacia el norte. Héctor Herrera en el Toluca en 2025, 35 años, desde la banca o desde la cancha, mirando hacia la tribuna, donde está su hijo David con la camiseta del club. en el que entrena.

El mismo niño que en Tampico era el peso en el vientre de su madre que cambió todo. Ahora mirando a su padre jugar o intentando jugar, porque la edad ya no permite lo que permitía antes. y aprendiendo, aprendiendo de un hombre que lo tuvo todo y que lo perdió en parte por un segundo de impulsividad que llevaba dos años acumulándose, aprendiendo también que ese hombre no se quedó tirado, que firmó con el Toluca, que volvió a México, que sigue buscando el trofeo que le falta.

Ese es el objeto de esta historia. No la medalla de oro, no el trofeo de la liga portuguesa. Su hijo David, el que traía torta bajo el brazo en Tampico, el que hoy entrena en las fuerzas básicas del Toluca con el apellido de su padre bordado en la camiseta. Grábatelo, lo vamos a necesitar al final, pero primero hay que entender de dónde venía este hombre, porque sin Rosarito, nada de lo que vino después tiene sentido.

Esta es la primera cosa que te prometí al inicio. Rosarito, Baja California, 19 de abril de 1990. No, Tijuana, Rosarito, eso importa. Tijuana es la frontera, la ciudad de los cruces y los negocios y el ruido, la que aparece en los noticieros, la que todo el mundo conoce aunque nunca haya ido. Rosarito es otra cosa. Rosarito es el pueblo costero a 30 km al sur de Tijuana, donde el Pacífico llega con sus olas y donde la vida tiene un ritmo diferente.

En Rosario, los turistas americanos bajan los fines de semana a comer langosta y ver el atardecer. En Rosario, los jóvenes aprenden a surfear y a pescar y a vivir con el océano como fondo permanente. Y Héctor Herrera lo vio desde niño. Ese mar, esa playa, ese horizonte que desde Rosarito se ve sin interrupciones.

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