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Ava Gardner: El Hombre Más Famoso del Mundo Quiso Morir por Ella

Una caída del precio del tabaco los arruina. El banco les confisca la tierra. La pequeña Ava, demasiado chica para entender, ve a sus padres cargar el carro con todas las pertenencias y mudarse a una finca alquilada donde su padre pasaría a ser un simple peón. Esa pérdida, ese trauma silencioso de pasar de propietarios a peones, va a perseguir a la familia Gardner durante toda su vida y va a hacer de Ava desde muy pequeña, una niña obsesionada con el dinero, no por avaricia, por terror.

El terror de volver a perder todo. Hay un detalle que muy pocas biografías cuentan, pero que es crucial para entender lo que le pasó después. Cuando Aba tenía 5 años, en 1927, su madre Molly empezó a alquilar habitaciones de su casa a inquilinos para complementar los ingresos. Una de esas inquilinas, una maestra del pueblo, vivió con la familia durante 2 años.

Mali, cansada del campo, cansada del marido callado, cansada de la pobreza, encontró en esa maestra una compañía que no tenía con su esposo. La pequeña Aba observaba todo en silencio. Veía a su madre reír con esa mujer de una manera que nunca reía con su padre. veía a su madre arreglarse el cabello cuando esa mujer volvía del trabajo.

Veía a su padre por las noches sentado solo en el porche fumando. Décadas después, en una entrevista privada con su biógrafo Peter Evans, en 1988, Aba confesaría algo desgarrador sobre esa época. Diría, “Yo aprendí a los 6 años que los hombres y las mujeres no se quieren igual. Mi madre quería mi padre por obligación y mi padre la quería sin saber cómo.

Y eso, esa forma rota de querer que me rodeó, fue todo lo que aprendí del amor durante los primeros 16 años de mi vida. Esa confesión explica mucho. Explica por qué Aba durante toda su vida adulta nunca pudo amar a un hombre con tranquilidad. explica por qué siempre buscó hombres complicados, brillantes, autodestructivos. Explica por qué cuando Frank Sinatra apareció finalmente en su vida, ella reconoció en él instantáneamente la misma combinación de fuerza pública y vulnerabilidad privada que había visto en su padre. Pero todo eso es años

después. En 1927 en Grabtown, Ava es solo una niña de 5 años con un acento sureño marcado, una belleza que ya empieza a llamar la atención de los vecinos y un terror constante a la pobreza. En 1938, cuando Aba tiene 15 años, su padre Jonás muere, tiene 59 años. Una bronquitis crónica, complicada por años de trabajo en el campo y de fumar tabaco sin parar, lo termina llevando.

Aba no llora durante el funeral. Una de sus hermanas, mucho después lo recordaría así. Aba miró el ataúd como si estuviera mirando a un desconocido. Pero esa noche, cuando todos dormíamos, escuché que lloraba en su habitación durante horas sin parar. Esa muerte a los 15 años dejó a la familia Gardner sin proveedor. Mali, ya mayor, ya cansada, decidió mudarse a Newport News, en Virginia, donde vivía una de sus hijas mayores casada con un trabajador de astilleros.

Aba se mudó con ella. Empezó a trabajar a tiempo parcial en una secretaría comercial mientras estudiaba taquigrafía. soñaba con ser secretaria, una vida modesta, segura, lejos de la pobreza del campo. Y entonces, en 1940, en una visita a Nueva York para ver a su otra hermana mayor, Bappy, ocurrió el accidente que cambió todo.

Bappy estaba casada con un fotógrafo profesional llamado Larry Tar. Larry, divertido por la belleza de su cuñada de 17 años, le pidió a Ava posar para algunas fotos en su estudio de Manhattan. Solo por diversión, solo para tener fotos familiares bonitas. Eva aceptó. Posó durante una tarde entera, salieron varias docenas de fotos.

Larry, encantado con el resultado, colgó una de esas fotos en la vitrina de su estudio en la Quinta Avenida. Una foto en la que Ava, con un sombrero de paja blanco, sonríe con una timidez que las cámaras profesionales raramente capturan en mujeres tan jóvenes. La foto estuvo en la vitrina durante 5co días.

Al sexto día, un hombre llamado Barney Duhan, un cazador de talentos de la Metro Goldwin Mayor en Nueva York, pasaba caminando por la Quinta avenida. Vio la foto, se paró delante de la vitrina, la miró durante varios minutos y entró al estudio. Le preguntó a Larry quién era esa muchacha. Larry le explicó que era su cuñada, una jovencita de Carolina del Norte de visita en Nueva York.

Duhan le pidió el teléfono inmediatamente. Le dijo que MGM quería hacerle una prueba. Esa noche, en el departamento de su hermana, Eva recibió una llamada. Un hombre de MGM le pedía hacer una prueba de cámara. Al día siguiente, Eva, asustada, le preguntó cuánto le iban a pagar. El hombre le dijo que las pruebas eran gratuitas.

Ava, decepcionada, casi colgó. le dijo que ella necesitaba ganar dinero, no perderlo. El hombre le explicó divertido que si la prueba salía bien, podía firmar un contrato millonario. Al día siguiente, Ava Lavinia Gardner, 17 años, hizo su primera prueba de cámara en los estudios de MGM en Manhattan. La filmaron muda, sin diálogo, caminando, sentándose, levantándose.

La filmaron porque MGM ya sabía que su acento sureño era impresentable, pero no necesitaban una actriz que hablara, necesitaban una imagen. Y la imagen que MGM vio en esa prueba fue, según el testimonio del director del casting, la cosa más extraordinaria desde Hey Lamar. Tres semanas después, en agosto de 1941, Eba firmaba un contrato de 7 años con MGM. Le pagaban $50 a la semana.

Una fortuna para una niña de Carolina del Norte. La mandaron a Hollywood en un tren de 4 días. Su madre, Molly, la acompañó. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Su primer día en los estudios de MGM en Culver City, California, le tocó visitar el set de la película Babes on Broadway.

era un musical en rodaje. Eva, asustada, casi sin hablar inglés con un acento decente, fue acompañada por una asistente. En el set le presentaron al protagonista de la película, un actor pequeño, hiperactivo, vestido de manera estrafalaria, porque estaba interpretando una escena en la que se disfrazaba de la cantante brasileña Carmen Miranda.

Llevaba un sostén de lentejuelas, una falda con frutas. un turbante de plátanos. Aba, asombrada, no podía dejar de mirarlo. Ese hombre vestido de mujer con tacos altos y maquillaje era la estrella número uno de MGM en 1941. Se llamaba Mickey Rooney. Tenía 20 años, medía 1,57. Era hijo de cómicos de Vodeville. Había empezado a trabajar en el cine a los 6 años.

Era ya en 1941 una megaestrella mundial y cuando Mickey Rooney se sacó el turbante de plátanos y vio a Eva Gardner parada al borde del set, se quedó paralizado durante 10 segundos. Esa misma tarde, Mickey Rooney le pidió a Aba que cenara con él. Ava, intimidada, le dijo que no. Mickey insistió.

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