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¡REFUNDIDO EN PRISIÓN! Así VIVE su SENTENCIA de 92 Años FRANKIE GÁMEZ

 Absolutamente nadie en la farándula mexicana ha movido un dedo por él. Frankie Gáes se está consumiendo en una soledad asfixiante y total en esa prisión. Un güey que grabó 180 rolas, llenó estadios a reventar. Su nombre brilló en los mejores teatros de México y hoy nadie se acuerda de su legado y los poquísimos que sí andan sin lana para echarle la mano.

 Quédense con esa cruda imagen para empezar esta historia. Brincar de la fama a una celda. De los gritos al silencio total. Ojo, si de verdad queremos entender la tragedia de Frankie Games, primero hay que saber quién diablos era, porque se los digo en serio, este güey no era cualquier músico del montón.

 Hablamos del mismísimo creador del rock fronterizo, un vato que allá por finales de los 50, desde un ranchito perdido en el norte, sin clases de música, sin palancas y sin un peso en la bolsa, armó desde cero a una de las bandas más pesadas de todo México. Lo que este maestro logró en los 60 es una locura.

 Neta, no hay nada igual en toda la historia de nuestro rock. Y la neta que hoy la raza ni lo ubique habla pestes de la industria, no de su talento. Aquí en México tenemos una historia roquera que hasta los más fans ignoran. Siempre te sacan al tema a los Teops, a los locos del ritmo o a los hooligans, ¿verdad? Mucho chor ola inglesa que nos pegó en los 60, pero casi nadie te menciona ese fenómeno brutal, el rock de frontera, ese sonido salvaje que reventó en el norte.

Exactamente ahí donde lo mexicano y gringo chocan y se revuelven a diario. Nada que ver con el rock fresa de la capital, ¿eh? Esto era más rasposo, más de calle, más desértico. Y el verdadero jefe que lo agarró y se lo restregó a todo el país fue Frankie con los Abson, pues ese talento es el que hoy tienen enjaulado en Arizona.

 Esa leyenda se apaga en silencio. Francisco Gámez García, el verdadero pionero de nuestro rock. Frankie para la raza, el mero fundador y la garganta detrás de los apson. Esos cabrones que armaron lo que la prensa de los 60 bautizó como la gran invasión norteña del rock. A la par de los locos del ritmo y los team Tops, te firmo que los apson de esas tres patas fundamentales que sostienen todo el rock mexicano.

 La enorme diferencia es que ellos cayeron directito de la frontera, exactamente desde agua prieta, sonora. traían un ritmo que combinaba el rock gringo con nuestra sangre norteña, algo que los chilangos jamás pudieron copiar por una sencilla razón. No tenían idea de qué se trataba vivir ahí. Ese sonido le pertenecía totalmente a Frankie Gáes.

Él lo captó, lo armó y enseñó al resto. Era la voz requintista y quien hacía los arreglos. Era literalmente la mente maestra. Él les fue pasando los instrumentos a todos, incluso cuando los hermanos Durazo no tenían ni idea de cómo carajos agarrar una guitarra, impuso su propia manera de ensayar. Moldeó la vibra de la banda y con esa voz profunda y super emotiva que tenía hacía que sus rolas te engancharan sí o sí.

 Frankie no era un simple miembro de la banda chingao. Él era Los Hson y justamente por eso todo el infierno que le cayó encima después fue una verdadera pesadilla. Hablemos de su ascenso desde el norte. Frankie nace por 1945 allá en el barrigón de Nacosari de García, un pueblito rascuache en Sonora que vivía a pura mina y vacas. Básicamente, si eras un morro con ganas de hacer arte ahí, tus opciones eran absolutamente nulas.

 Cero, igual que medio mundo por esos rumbos, su familia le buscó por agua aprieta, pegadito a Douglas, Arizona. Y déjenme decirles, ese simple cambio de código postal definió toda su vida entera. Agua prieta es una ciudad prensada entre dos mundos, nuestro rudo norte mexicano y el sur de los gringos.

 Toda esa revoltura genera una vibra cabrona, una identidad que no vas a toparte en ningún otro estado. Ahí creció nuestro Frankie, chupándose toda esa influencia. A los 8 añitos, el morro ya dominaba la guitarra y no crean que lo metieron a una academia o le pagaron maestros formales. Para nada. Aprendió por puro instinto y porque ahí la música era la única válvula de escape para la chavisa.

 Imagínense, apenas tenía 10 añitos y ya andaba tocando con el mariachi juvenil de los aguilos. De los 11 a los 13 ya dominaba el bajo sexto con los grupos norteños. A los 15 el morro ya era un fiera dándole al requinto eléctrico. Esa misma lira que más adelante se volvería su huella digital cuando brilló con los apson. Hasta su apodo tiene chiste.

 Resulta que desde Morrillo era mega fan de Frank Sinatra y a huevo quería llamarse Frank. Así en honor al gringo ese se lanzó al registro civil a cambiarse el nombre y los burócratas no más le aceptaron Francisco. De ahí pa real, sus puros huevos dijeron soy Frankie tanto con sus compas como en el escenario.

 Esa simple anécdota te describe al güey perfecto, un tipo que desde chavito la tenía clara. Buscaba cómo salirse con la suya, así tuviera que darle 1000 vueltas al asunto, cómo nacen los Hson y cómo explotan. Miren, cerrando 1959, Frankie armó lo que después serían los apson, jalándose a los hermanos Arturo y Francisco Durazo Barraza, a Raúl Hernández, el famosísimo cubano Cota, José Luis Lichi García y a Gilberto Maldonado.

 Obvio, Frankie tuvo que repartirles los instrumentos porque era el único cabrón que sí sabía tocar de verdad. A Pancho Durazo lo mandó a los tambores, a Arturo le dio la armónica y neta les enseñó desde cero. Sus ensayos te dejaban muerto de cansancio. Con él no existían las pinches medias tintas. ¿De dónde salió el nombrecito? Pues un locutor llamado Ricardo Rivas de la estación CF les tiró la brillante idea de usar las iniciales de su tierra.

 Agua aprieta, sonora. Su mamá le agregó la palabra boys y pum, nacieron los Abson Boys. Su primera chamba en la vida fue tocar en unos 15 años y sí cobraron. Luego la cosa escaló dando shows en antros locales como el Silver Dollar y el Copacabana. Los vatos dijeron, “Va, nos la jugamos.” Y arrancaron para el Distrito Federal, soñando confirmar con una disquera.

 Pero neta el viaje estuvo infernal, hasta terminaron perdidos por Ciudad Obregón. Anduvieron en puros camiones sin un quinto. Pasaron muchísima hambre tocando donde cayera no más para sobrevivir. Allá por Culiacán entró Leopoldo Polo Sánchez, un chamaco de 14 años que la neta cantaba como los dioses. Al final lograron llegar a la capital.

 Firmaron con la disquera Peerless y ahí empezó el principio del fin por culpa de un nombrecito. Allá por 1967, con la banda rompiéndola en todos lados, a Frankie Game se le ocurrió la brillante idea de rebautizarlos como Frankie y los Abson. Para él tenía todo el sentido del mundo. Su lógica era bien narcisista.

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