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Rigo Domínguez: El Accidente que Mató al Rey del Trópico…La Traición Después de su Muerte

Hubo una noche en noviembre de 2015 en una carretera de Chiapas que el mundo de la cumbia mexicana nunca olvidará. Una camioneta azul viajaba por el tramo Tonalapiiapán. Adentro iban Rigo Domínguez y su grupo Audaz. Los mismos que habían llenado bailes y plazas durante casi cuatro décadas.

Los mismos que habían convertido Macumba en la canción de cumbia más vendida de su tiempo. Los mismos que habían sobrevivido batallas legales, cambios de integrantes, matrimonios rotos y la amenaza permanente del olvido en una industria que no perdona a los que no se renuevan. Iban a una presentación más. Como habían ido a cientos de presentaciones durante 40 años, la carretera estaba llena de baches.

El conductor tuvo que orillarse para dejar pasar otro vehículo. La camioneta patinó, cayó en un barranco. Rigo Domínguez, el rey del trópico, ¿ves? El hombre que había construido el sonido que definió una generación entera de música grupera, murió ahí. Tenía 57 años. Con él murieron tres de sus músicos, Jorge Escobar, Oliver Gutiérrez y Alfonso Reyes.

No fue una muerte de hospital rodeado de familia. No fue el final tranquilo de alguien que tuvo tiempo de hacer las pases con todo. Fue una carretera en mal estado, en un estado al que llegaban porque la música nunca termina de pedirte que sigas, aunque el cuerpo y los años digan que ya es suficiente. Pero lo que vino después de esa noche dice tanto de quién fue Rigo Domínguez como todo lo que construyó en vida.

Porque mientras su cuerpo todavía no llegaba a Veracruz, su viuda ya estaba llamando por teléfono para pedir la guitarra y los instrumentos. En porque la familia que lo había acompañado toda la vida salió a decir públicamente lo que había callado por respeto durante años. Porque el hombre que había vendido 50 álbumes y aparecido en películas y llenado plazas en todo México, murió sin dejar casi nada material, solo una música que sus hijos y sobrinos siguen tocando hoy bajo el mismo nombre.

Esta es la historia de Rigo Domínguez, la historia de un hombre que llegó desde Orizaba con una guitarra y una visión que nadie más veía, que construyó algo extraordinario a puro golpe de obstinación y que pagó cada uno de sus éxitos con algo de su vida privada que no volvió. Para entender cómo llegó hasta ahí, hay que volver al principio, al verdadero principio.

Orizaba, Veracruz, 1957. Si hay un lugar en México donde la música no es entretenimiento, sino clima, es donde los ritmos tropicales no suenan en las fiestas, sino todo el tiempo, en las calles y en las casas y en el aire mismo. Ese lugar es el sureste mexicano. Veracruz tenía esa cualidad. La música era parte de la respiración colectiva de la ciudad, algo que estaba ahí antes de que nadie decidiera ponerla.

Rigoberto Domínguez Escobar nació en ese ambiente el 2 de noviembre de 1957. Su familia no era de músicos profesionales, pero la música estaba cerca de todas formas, como está cerca en todos los hogares del sureste donde alguien toca algo en alguna reunión y los niños aprenden escuchando antes de que nadie les enseñe formalmente.

Lo que Rigo tenía desde pequeño era el oído, no solo para los ritmos tropicales que lo rodeaban, sino para todo. el rock que llegaba desde el norte, los sonidos que venían de Sudamérica, e la cumbia colombiana que se mezclaba con lo mexicano y producía algo diferente a los dos. Escuchaba con la atención de alguien que ya sabe, aunque todavía no lo pueda articular, que va a necesitar ese conocimiento más adelante.

Sus padres querían otra cosa para él, lo que todos los padres de su generación querían para sus hijos cuando podían elegir esta habilidad. Un título, un trabajo que no dependiera de si el público te quería esta semana tanto como la semana pasada. Rigo los escuchó, estudió, se graduó en contaduría pública con la disciplina de alguien que respeta el esfuerzo de quienes lo aman, aunque sepa que ese no es su camino.

Pero mientras estudiaba contaduría, también tocaba la guitarra. Primero como pasatiempo, luego con más seriedad, luego con la urgencia de alguien que empieza a entender que el pasatiempo es en realidad la vida que quiere vivir. Se unió a bandas de rock en su adolescencia. El rock era lo que estaba ahí, lo que los jóvenes de su generación tocaban cuando querían tocar algo que no fuera lo que sus padres escuchaban.

aprendió la guitarra con la dedicación silenciosa de los que aprenden solos, sin maestro formal, a pura repetición y oído. Y entonces llegó el momento que cambiaría todo. Una banda local que tocaba en un club nocturno de Orizaba lo invitó a unirse. Había un problema. Ya tenían guitarrista.

Lo que necesitaban era bajista. Rigo no sabía tocar el bajo. Lo que hizo a continuación es la señal más clara de quién era en realidad. Se presentó de todas formas, dijo que sí y se enseñó a tocar el bajo mientras se presentaba en el club nocturno. Missing red de seguridad, sin tiempo de preparación, aprendiendo en vivo porque la oportunidad no esperaba y él no era el tipo de persona que deja ir una oportunidad por falta de preparación previa.

Fue en ese club donde ocurrió algo que ningún conservatorio podría haber dado. Los grandes de la música latina llegaban a actuar ahí y a Rigo, el bajista joven que se había autoenseñado, le pedían que los acompañara. Juan Gabriel pasó por ese escenario, otros artistas establecidos también, y Rigo estaba ahí tocando al lado de ellos, absorbiendo con cada presentación algo sobre lo que significaba ser profesional en esa industria, sobre cómo se comporta alguien que lleva años en esto cuando las luces se encienden.

Lo que estaba aprendiendo no era solo música, estaba aprendiendo el negocio, la disciplina, la diferencia entre alguien que toca bien y alguien que construye una carrera. Para 1974, Rigo tocaba en una banda de rock que versionaba éxitos del rock estadounidense. Era trabajo estable, era experiencia, era el tipo de formación que no se puede comprar.

Pero Rigo sentía que eso no era hacia donde quería ir. Tenía una idea que ninguno de sus compañeros quería escuchar. Mezclar el rock con los ritmos tropicales. Fusionar lo que había aprendido en el club nocturno con lo que le había dado el rock desde adolescente. Crear algo que no existía todavía, pero que él podía escuchar claramente en su cabeza.

La banda no quiso seguirlo. Nadie estaba dispuesto a arriesgarse en una dirección que nadie había probado todavía. Rigo se quedó sin banda. Otro hombre habría vuelto a la contaduría, habría guardado la guitarra y el bajo, y habría buscado el trabajo estable que sus padres siempre habían querido para él.

Rigo empezó desde cero. Formó un nuevo grupo al que llamó Tropical Venezuela. comenzaron a tocar en bailes locales en Orizaba y la región, ganando poco a poco el reconocimiento de un público que respondía a algo en su sonido, aunque todavía no pudiera nombrarlo exactamente. El estilo que Rigo estaba construyendo era diferente a lo que había en ese momento, una cumbia más pausada, más moderna en su producción, con elementos que venían del rock, pero que se integraban de manera que el oyente de cumbia no sentía que estaba escuchando

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