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Mayra Alejandra: La Leonela que Todo México Amó… y Terminó Sola con Cáncer y un Hijo Enfermo.

18 de diciembre de 1987, Caracas, Venezuela, una iglesia. Invitados vestidos para una boda, flores, el vestido. Todo listo para el momento que las revistas de farándula venezolana llevaban semanas anticipando. El novio no llegó. Salvador Pineda, el actor mexicano con quien Mayira Alejandra Rodríguez Lesama había planeado casarse ese día, no apareció.

la dejó plantada en el altar frente a los invitados, frente a las cámaras, frente a todo lo que significa ese momento para una mujer que había construido durante más de una década una carrera basada en la capacidad de transmitir emociones reales en una pantalla y que ese día vivió en público una de las humillaciones más crudas que existen.

Nadie habría podido escribir eso mejor. Ni la propia Delia Fiayo, la madre de la telenovela venezolana, cuya producción leonela había convertido a Mayira Alejandra 4 años antes en uno de los rostros más reconocibles de América Latina. Mayira Alejandra pasó su carrera interpretando a mujeres que sufrían, que eran abandonadas, que eran violadas y rechazadas y excluidas de sus círculos sociales, y que, sin embargo, encontraban la manera de seguir de pie mientras el mundo las juzgaba.

Y ese 18 de diciembre de 1987, la vida le hizo a ella exactamente lo que los guiones le habían hecho a sus personajes durante 11 años. ¿Qué hace con eso una mujer? ¿Qué hace alguien que ha aprendido a procesar el dolor en cámara cuando el dolor llega fuera de la cámara de esa manera? ¿Y qué tiene que ver ese 18 de diciembre con lo que ocurrió después? Con el hijo que nació de esa relación y que décadas después lucharía con enfermedades que su padre biológico prefirió ignorar.

con el cáncer de pulmón que en 2012 le dio a Mayira Alejandra el mismo tipo de noticia que sus personajes recibían en los primeros episodios, la noticia que anuncia que el final va a ser difícil y con la muerte que llegó el 17 de abril de 2014 a los 55 años en un hospital de oncología de Caracas. Estas son las preguntas que esta historia necesita responder.

No desde la distancia cómoda del homenaje que celebra la carrera sin mirar lo que la carrera costó, sino desde el lugar donde las historias reales ocurren con todo lo que eso incluye. Hoy vas a descubrir cuatro cosas. Primero, ¿quién era Mayira Alejandra antes de Leonela? la hija del humorista y de la guionista, la niña que creció en una casa donde las artes no eran una aspiración, sino el aire que se respiraba y que descubrió muy pronto que ese entorno que producía talentos también tenía sus propias formas de presión que no se escriben en ningún

libro de teatro. Segundo, ¿cómo Leonela la convirtió en leyenda? ¿Y qué significa para una actriz pasar el resto de su carrera cargando el peso de un personaje que el público nunca pudo separar completamente de la persona? Tercero, la historia de Salvador Pineda, lo que ocurrió antes del altar, durante el altar y después del altar.

Y lo que ocurrió décadas después, cuando el hijo que Pineda tuvo con Mayira Alejandra necesitó a su padre de la manera más concreta posible y Pineda eligió no estar. Y cuarto, el cáncer, los dos años de quimioterapia, la recaída y el misterio sobre el hijo Aarón, que quedó con enfermedades propias que nadie anticipó y cuyo paradero en 2024, 10 años después de la muerte de su madre, sigue siendo una pregunta sin respuesta pública completa.

Para entender toda esa historia, hay que empezar desde el principio. Desde la casa donde un padre humorista y una madre guionista criaron a una niña que no sabía todavía que su destino era ser la leonela más recordada de la televisión latinoamericana. Caracas, Venezuela. 7 de mayo de 1958. Caracas, Venezuela, en 1958, era una ciudad en transformación.

El país salía de una dictadura y entraba en una democracia que prometía más de lo que el tiempo inmediatamente siguiente podría entregar. Pero en la casa de los Rodríguez lesama, la política era un tema de fondo. Lo que ocupaba el centro era otra cosa, las artes. Charles Barry, el padre de Mayira Alejandra, era humorista y miembro fundador de Radio Rochela, el programa de comedia que se convertiría en uno de los pilares más duraderos de la televisión venezolana.

un hombre que hacía reír a un país, que entendía el tiempo cómico, la pausa, el instante exacto en que el público está listo para recibir lo que uno tiene para darle. Liia Lesama, la madre, era guionista de telenovelas y actriz. La mujer que construía los mundos donde otros actores vivían durante semanas o meses, que conocía la arquitectura del conflicto dramático, que sabía exactamente cómo se construye un personaje que el público no puede dejar de mirar.

Mayira Alejandra nació en el centro de eso, no como espectadora, como la persona que desde pequeña entendió con esa comprensión que no es intelectual, sino orgánica, que lo que sus padres hacían era la forma más honesta de hablar sobre lo que son los seres humanos cuando están bajo presión. Tenía un hermano y una hermana. Los dos también compartieron las inclinaciones artísticas de la familia, pero Mayira fue la que encontró en la actuación el idioma específico que le permitía decir exactamente lo que quería decir.

Después de la secundaria, debutó como actriz en Valentina, producida por Radio Caracas Televisión. El talento se hizo evidente rápidamente. Su primer papel protagónico llegó en Angélica en 1976 y ese papel fue creado especialmente para ella por su madre, la estimada escritora de televisión Ligia Lesama. Ese detalle es más complejo de lo que parece.

Una madre que escribe un personaje para su hija está haciendo dos cosas al mismo tiempo. Le está dando una oportunidad y le está poniendo una carga. La oportunidad es obvia, la carga es más sutil. El personaje que tu madre escribió para ti es el personaje que tu madre cree que puede ser. Y eso que es un regalo enorme, también es una definición que viene de afuera antes de que hayas tenido tiempo de encontrar la propia.

Mayira Alejandra tomó el regalo y pasó los siguientes años construyendo algo que era suyo, que venía de ella, que no dependía de que su madre lo escribiera. La hija de Juana Crespo en 1977, un drama poderoso escrito por Salvador Garmendia y José Ignacio Cabrujas, dos de los grandes de las letras venezolanas de esa época.

Luisana Mía en 1981 y entonces en 1983 el papel que lo cambió todo. Leonela, el personaje que Delia Fiayo construyó sobre una premisa que en manos de una actriz menos honesta se habría convertido en melodrama y que en manos de Mayira Alejandra se convirtió en algo que el público latinoamericano de 1983 reconoció como verdad.

aunque la verdad que reconocía fuera la más incómoda posible. Leonela Ferrari Mirabal, una abogada joven que termina su carrera en el extranjero y regresa a su país para casarse. En la fiesta de compromiso, su novio humilla a un hombre borracho. Esa noche en la playa ese hombre la viola. Cuando el novio se entera, la abandona.

La excluye de su círculo social. y Leonela queda embarazada de su agresor. Esa es la premisa, no la premisa de una heroína que triunfa sobre la adversidad de manera limpia y ordenada. La premisa de una mujer a quien el mundo le hace exactamente lo que menos merece y que, sin embargo, tiene que seguir existiendo en ese mundo que la hizo.

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