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Maradona escuchó que Van Basten lo llamó “el pasado” — Dos semanas después le metió 3 goles

Maradona escuchó que Van Basten lo llamó “el pasado” — Dos semanas después le metió 3 goles

Relato dramatizado e inspirado en hechos reales. Algunos detalles fueron modificados para proteger identidades. Milán, 1989, marzo, estudio de televisión. Ray, el canal más importante de Italia. Un programa deportivo, millones de personas mirando. El invitado de esta noche es especial.

Marco Van Basten, el holandés volador, delantero del AC Milan, Balón de Oro, el mejor delantero del mundo, o este, eso dicen. Van Basten tiene 24 años, alto, elegante, letal. Acaba de ganar la copa de Europa con el Milan, acaba de ganar el Balón de Oro, está en la cima del mundo y lo sabe. El presentador le hace preguntas sobre el Milan, sobre Holanda, sobre sus goles.

Van Bastén responde con confianza, con arrogancia, dirían algunos, pero es joven, es el mejor, tiene derecho a ser arrogante, o eso cree él. Entonces el presentador hace la pregunta, Marco, ¿hay un debate eterno en Italia? ¿Quién es el mejor jugador de la serie A? ¿Vos o Maradona? Van Basten sonríe. Una sonrisa de suficiencia.

Mira, Diego es un gran jugador. Nadie lo niega. Pausa. Pero creo que está un poco sobrevaluado. El presentador levanta las cejas. Sobrevaluado. Sí, tiene talento, claro. Pero yo soy más completo. Cabeceo mejor. Soy más alto. Tengo mejor físico. Pausa. Diego es un genio con la pelota en los pies.

Pero el fútbol moderno necesita más que eso. El presentador insiste. Entonces, te considerás mejor que Maradona. Van Basten no duda. En este momento, sí, yo estoy en mi mejor nivel. Diego. Bueno, Diego ya no es el de antes. Sonríe. El fútbol evoluciona y yo soy el futuro. Diego es el pasado. El presentador asiente, cambia de tema. Pero las palabras ya fueron dichas en vivo frente a millones de italianos.

Diego, es el pasado. Esa frase va a viajar rápido, muy rápido. Napoli. Esa misma noche, Diego está en su casa cenando con Claudia. El teléfono suena. Es Salvatore Ebañi, su compañero de equipo, su amigo. Diego, ¿viste la televisión? No, ¿qué pasó? Van Basten estuvo en Ray. Habló de voz. ¿Qué dijo? Silencio. Salvatore.

¿Qué dijo? dijo que está sobrevaluado, que él es más completo, que vos sos el pasado y él es el futuro. Diego no responde. Diego, ¿estás ahí? Sí, estoy acá. ¿Qué vas a hacer? Diego mira el calendario. Dos semanas. En dos semanas juegan contra el Milan, San Paolo, su casa. ¿Qué voy a hacer? Nada, absolutamente nada. Pausa. Hasta dentro de dos semanas. Cuelga.

Claudia lo mira. ¿Qué pasó? Diego sonríe, pero no es una sonrisa normal, es la sonrisa de un cazador. Van Basten dijo que soy el pasado. Pausa. Voy a mostrarle el futuro. Las dos semanas pasan. Diego entrena más que nunca. Se queda después de los entrenamientos. Solo practicando tiros libres, practicando regates, practicando todo.

Sus compañeros lo notan. Diego, ¿qué te pasa? ¿Estás entrenando como loco? Nada, solo quiero estar listo. ¿Listo para qué? Diego no responde, solo sonríe. Esa sonrisa, la de cazador. Los periodistas también notan algo. Buscan a Diego. Quieren su respuesta. Diego, ¿qué opinas de lo que dijo Van Basten? Diego los ignora.

Diego, ¿vas a responderle? Silencio. Diego, ¿estás enojado? Finalmente, Diego habla. No estoy enojado. No tengo nada que decir. Pausa. Las palabras son para los que no pueden actuar. Yo actúo. Pausa. Pregúntenme después del partido contra el Milan. Se va. Los periodistas se miran. Algo va a pasar. Algo grande. El día del partido llega. Estadio San Paolo.

Napoli verses hace Milan. 70,000 personas. El estadio está lleno, banderas azules por todas partes y carteles, muchos carteles. Diego es el presente y el futuro. Van Basten, acá manda Diego. El pasado te va a Los hinchas leyeron las declaraciones. Los hinchas están enojados. Nadie insulta a Diego en Napoli. Nadie. Basten sale al campo.

Los silvidos son ensordecedores, 70,000 personas silvando, insultando. Van Basten mira alrededor por primera vez. Parece incómodo, pero es Van Basten. Balón de Oro, el mejor delantero del mundo. No le tiene miedo a nadie. O este sí. Diego sale al campo. El estadio explota. El ruido es increíble. Diego, Diego, Diego.

Diego camina hacia el centro del campo. Donde está Van Basten. Los dos se miran. Diego extiende la mano. Basten la toma. Un apretón normal, pero Diego no lo suelta. Aprieta fuerte y se acerca. Le susurra algo. Nadie escucha que solo Van Basten. Y Van Basten se pone pálido. Diego lo suelta, sonríe y se va. El árbitro pita. El partido comienza.

Los primeros minutos son de estudio. Npolis y Milan se miden dos equipos poderosos, dos de los mejores del mundo. Pero hay una diferencia, Diego. Cada vez que Diego toca la pelota, algo pasa. Electricidad, peligro, magia. Minuto 15. Diego recibe en el medio del campo. Tres jugadores del Milan van a marcarlo. Tres. Diego los mira. Gira a la derecha. No.

Gira a la izquierda. Pasa al primero, Túnel al segundo, Amague al tercero. Los tres en el piso. Diego sigue solo hacia el arco. El arquero sale, Diego lo mira, levanta la pelota suavemente por arriba del arquero. Goel 1 a0. El estadio enloquece. Diego corre, pero no hacia sus compañeros. Hacia donde estaban Basten.

Se para frente a él, lo mira y se señala la oreja. ¿Escuchas eso? ¿Escuchas el ruido? Eso es el presente. Van Basten no responde. El partido sigue. Minuto 32. Tiro libre para Napoli. A 25 met. Diego pone la pelota, mira el arco, mira a Van Basten. Van Basten está en la barrera. Diego sonríe, corre, golpea, la pelota vuela, curva, se mete en el ángulo. Imposible, gol.

2 a0. El estadio tiembla. Diego corre hacia la tribuna, besa el escudo del Napoli y grita, “¡Esto es por los que dicen que soy el pasado. Los 70,000 lo escuchan y gritan con él. Van Basten mira el piso, no sabe qué hacer. Está siendo humillado en televisión frente a millones por el hombre que llamó el pasado.

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