Infantino recibió el comunicado de las 48 elecciones y según nos cuentan pasó varios minutos sin decir nada, sin reaccionar, sin dar instrucciones a su equipo, con el documento delante y la certeza de que lo que tenía entre manos no era una protesta más que podía gestionar con los mecanismos habituales de la diplomacia deportiva internacional, porque había algo en ese comunicado que lo hacía cualitativamente diferente a todo lo que había recibido antes.
No era el tono, no eran las exigencias concretas, aunque fueran las más duras que ningún presidente de la FIFA había leído jamás en un documento oficial de las elecciones participantes en un torneo. eran las firmas, las 48 firmas de las 48 federaciones que habían viajado hasta Estados Unidos para disputar el torneo más importante del mundo y que esta mañana con esas firmas al pie de ese documento le estaban diciendo que si las cosas no cambiaban en 72 horas no iban a disputar nada.
48, no tres, no cuatro, no las grandes potencias que tienen el poder económico para permitirse el lujo de plantar cara a la FIFA y sobrevivir al coste reputacional que eso implica. 48, incluidas las elecciones que participan en su primer mundial, las que para llegar hasta aquí pasaron años de clasificatorias y de preparación y de sueños colectivos de aficionados en países donde el fútbol es lo único que une a todo el mundo, independientemente de la política y de la economía y de todas las divisiones que los humanos construyen entre ellos. Esas elecciones
también firmaron y según nos cuentan fue ese detalle el que según quiénes estaban presentes cuando Infantino leyó el comunicado le hizo entender que esta vez no había salida por la derecha ni por la izquierda, que el único camino que le quedaba era el que el comunicado le señalaba. llamó a su equipo jurídico.
Según nos informan, la reunión que convocó de forma urgente esa misma mañana en las oficinas de la FIFA fue la más tensa que ninguno de los presentes recordaba haber vivido en toda su carrera en el organismo. Los abogados analizaron el comunicado, los asesores evaluaron las opciones, los directivos de comunicación estudiaron cómo gestionar lo que fuera a ocurrir de cara a los medios del mundo que en ese momento tenían los ojos puestos en el mundial más seguido de la historia.
Las opciones, según nos cuentan, eran básicamente las mismas tres que habían estado sobre la mesa desde el principio. Ceder en todo, no ceder en nada o buscar un punto intermedio que dejara a todos más o menos satisfechos. La primera opción, según nos informan, duró poco en la mesa. Ceder en todo significaba cancelar las normas y destituir a infantino.
Cancelar las normas era asumible, aunque doloroso, pero destituir a infantino era algo que el equipo jurídico de la FIFA, según nos cuentan, consideró de inmediato que no podía hacerse de la forma que el comunicado exigía, que los estatutos del organismo establecían procedimientos concretos para la destitución de su presidente y que una destitución fulminante, sin proceso formal, contravenía esos estatutos de una manera que podía generar consecuencias legales enormes para la propia institución.
La segunda opción no era opción. No ceder en nada con 48 firmas y 72 horas de plazo equivalía a ver cómo el mundial más grande de la historia se convertía en el mayor fracaso institucional del deporte mundial en tiempo real y delante de todo el planeta. La tercera opción era la que, según nos cuentan, ocupó la mayor parte de la reunión.
buscar una fórmula, un camino que permitiera a la FIFA responder al comunicado de las elecciones de una forma que satisficiera sus dos exigencias sin que la institución tuviera que asumir públicamente que había cometido los errores que el comunicado le atribuía. Pero mientras esa reunión se desarrollaba en los despachos de la FIFA, algo estaba ocurriendo en paralelo que, según nos informan, cambió completamente la dinámica de lo que vino después.
Algo que Infantino no sabía, algo que sus asesores no le habían comunicado porque todavía estaban procesando la información cuando él ya estaba en la reunión con el equipo jurídico. El comunicado de las 48 elecciones no solo había llegado infantino, también había llegado a los representantes de las 211 federaciones nacionales que componen el Congreso de la FIFA.
El organismo que según los estatutos del organismo tiene la autoridad suprema sobre todas las decisiones que afectan a la institución, incluyendo la continuidad de su presidente. y los representantes de las 211 federaciones, según nos cuentan, reaccionaron al comunicado de las elecciones de una forma que nadie en el entorno de infantío esperaba, porque a diferencia de otras ocasiones donde el Congreso de la FIFA había actuado como un respaldo automático a las decisiones de su presidente, esta vez los representantes de las federaciones más
pequeñas del mundo, que habitualmente votan con la corriente mayoritaria, decidieron hacer algo diferente. decidieron reunirse de urgencia, sin esperar a que Infantino tomara ninguna decisión, sin consultar con él, con la autonomía que sus estatutos les otorgan y que, según nos cuentan, raramente ejercen con esa contundencia, porque las estructuras de poder dentro de la FIFA llevan décadas funcionando de una forma que hace que las federaciones pequeñas raramente se opongan a lo que los grandes quieren, pero esta vez los
grandes y los pequeños querían lo mismo, porque el comunicado de las 48 elecciones, según nos informan, resonó entre los representantes de las 211 federaciones de una forma que ningún documento anterior había conseguido. No como una protesta de los poderosos que quieren más condiciones, como el grito colectivo del fútbol entero contra una forma de gestionar el deporte más popular del mundo, que había llegado a un punto de ruptura que ya no podía ignorarse.
La reunión, según nos cuentan, fue tensa, pero sorprendentemente rápida para tratarse de un organismo que habitualmente tarda semanas o meses en resolver cualquier asunto de importancia. Porque cuando 211 representantes de 211 países distintos, con culturas distintas e idiomas distintos e intereses distintos llegan a una conclusión con esa velocidad, es porque la conclusión era tan obvia que nadie necesitaba convencer a nadie.
Lo que Infantino había hecho era inaceptable. Las 13 normas aprobadas sin consultar a nadie, los campos en mal estado por intereses económicos, el balón con problemas aerodinámicos que ponía en riesgo la integridad deportiva del torneo. Todo eso junto construía una imagen de una presidencia que había perdido el contacto con el fútbol real de una forma que los 211 representantes ya no podían respaldar con su silencio.
La votación, según nos cuentan, fue unánime o prácticamente unánime con un margen tan amplio que según quienes estuvieron presentes en esa sala, el resultado nunca estuvo en duda desde el primer momento en que empezaron a contar los votos. Los 211 representantes aceptaron las dos exigencias del comunicado de las 48 elecciones.
Las normas quedaban canceladas y Jan Infantino quedaba destituido como presidente de la FIFA con efectos inmediatos. La decisión más histórica que el fútbol organizado había tomado en 92 años de historia llegó a huídos de Infantino mientras seguía reunido con su equipo jurídico buscando fórmulas para gestionar una situación que mientras él buscaba soluciones ya había encontrado la suya sin contar con él.
Según nos cuentan quiénes estaban en ese despacho cuando llegó la noticia, Infantino no dijo nada durante varios minutos. que el hombre que había gobernado el fútbol mundial durante años con una autoridad que pocos habían cuestionado de forma tan directa, se quedó con la mirada fija en un punto indeterminado de la sala mientras su equipo procesaba en silencio lo que acababan de escuchar.
No hubo drama, no hubo explosión de rabia, no hubo el tipo de reacción que las películas asocian con alguien que acaba de perder el poder que construyó durante años. Solo ese silencio, que según quienes lo vivieron, fue más elocuente que cualquier palabra que Infantino hubiera podido pronunciar en ese momento, porque en ese silencio estaba la aceptación, la constatación de que el edificio que había construido alrededor de su presidencia se había derrumbado no por un enemigo externo, ni por una conspiración, ni por ninguna de las
fuerzas que habitualmente derrocan a los poderosos en el fútbol internacional. Se había derrumbado porque el fútbol entero le dijo que no. sin violencia, sin amenazas personales, con la contundencia simple e inapelable de 48 firmas y 211 votos que dijeron lo mismo en el mismo día que hasta aquí.
La FIFA tenía ahora una presidencia vacante, un mundial por jugar y la necesidad urgente de encontrar alguien que pudiera gestionar lo que venía a continuación con la credibilidad y el respeto que la situación requería. alguien que el fútbol reconociera, que los jugadores respetaran, que las elecciones aceptaran como la persona correcta para reconstruir lo que la presidencia de Infantino había roto.
Y según nos informan, el nombre que surgió en esa conversación fue uno que cualquier aficionado al fútbol mayor de 40 años reconoce de inmediato. Luigi Colina, el árbitro más reconocido de la historia del fútbol mundial, el italiano de la cabeza rapada y los ojos azules, que durante una década fue la referencia absoluta de lo que significa impartir justicia dentro de un campo de fútbol con autoridad, con credibilidad y con el respeto unánime de jugadores, entrenadores y aficionados de todo el planeta. Colina no necesita presentación
para nadie que lleve más de 20 años siguiendo el fútbol. Su imagen es una de las más reconocibles del deporte mundial. Arbitró la final del mundial de 2002 entre Brasil y Alemania. Fue elegido el mejor árbitro del mundo durante 6 años consecutivos y cuando se retiró del arbitraje activo se convirtió en el jefe de árbitros de la UEFA y de la CIFA, donde ha seguido siendo durante años una de las voces más respetadas dentro de los organismos que gobiernan el fútbol internacional.
Que su nombre surgieran las conversaciones sobre quién debería ocupar la presidencia de la FIFA de forma provisional. Mientras se organiza un proceso electoral formal, no sorprendió, según nos cuentan, a nadie de los que estaban en esa sala, porque Colina reúne exactamente las características que la situación requiere. Conoce el fútbol desde dentro.
Tiene credibilidad entre los jugadores, que son los protagonistas reales de todo lo que ocurrió esta semana. Tiene experiencia en los organismos internacionales que gobiernan el deporte y tiene algo que la presidencia de Infantino, según el comunicado de las 48 selecciones, había perdido por completo la confianza de los que juegan al fútbol de verdad.
Según nos informan, la propuesta de Colina como presidente provisional recibió una acogida inmediata entre los representantes de las 211 federaciones que acababan de destituir a Infantino, no como una solución definitiva, sino como el puente que el fútbol necesita entre lo que fue y lo que tiene que ser. El nombre que puede gestionar lo que queda de este mundial con la autoridad moral que la situación requiere y que puede iniciar el proceso de reconstrucción de la confianza entre la FIFA y los protagonistas reales del fútbol que la
presidencia de Infantino erosionó durante años. Pero antes de entrar en lo que significa Colina como posible sustituto, hay algo que merece ser analizado con la calma que esta historia requiere. Lo que ocurrió hoy es mucho más que la destitución de un presidente y la cancelación de unas normas polémicas.
Es algo que el fútbol lleva décadas necesitando demostrar y que esta mañana demostró de la forma más contundente posible, que los protagonistas reales del fútbol tienen poder, que cuando se unen ese poder supera cualquier estructura institucional, por grande y por poderosa que sea. Que el fútbol no son los despachos de Zurik, ni los contratos televisivos, ni los intereses de los patrocinadores.
El fútbol son los jugadores que entrenan bajo el calor de Boston con un césped en mal estado. Son los entrenadores que llevan meses preparando sistemas de juego que las normas de Infantino iban a destruir en 5 segundos. Son los aficionados de países pequeños que para llegar hasta aquí pusieron su corazón en una clasificación que para ellos significaba tanto como la Copa del Mundo para Brasil o para Argentina.
Todo eso firmó ese comunicado esta mañana y todo eso ganó. Para los aficionados de más de 50 años que llevan décadas viendo como el fútbol se convierte progresivamente en un producto diseñado para satisfacer intereses que tienen poco que ver con lo que ocurre dentro de un campo de fútbol, esta mañana tiene un significado especial. Porque lo que ocurrió hoy es exactamente lo que muchos de ellos llevan años diciendo que tendría que ocurrir, que en algún momento los que juegan tendrían que decir basta, que en algún momento el negocio tendría que ceder ante el
deporte, que en algún momento el fútbol de verdad tendría que recordarle al fútbol de los negocios quién manda realmente cuando las cosas se ponen serias. Ese momento llegó hoy y llegó de la forma más inesperada posible. No con una batalla judicial, no con años de negociaciones diplomáticas, con 48 firmas y 72 horas de plazo que se convirtieron en algo mucho más rápido porque los 211 representantes decidieron que no hacía falta esperar al plazo para hacer lo correcto.
El Mundial puede seguir ahora con las normas de siempre, con los campos que merecen las selecciones que compiten en el torneo más importante del mundo, con el balón que los porteres puedan parar sin necesitar un título universitario en aerodinámica, con los capitanes que puedan hablar con el árbitro sin arriesgarse a una expulsión directa por taparse la boca, con los corners que puedan ejecutarse con la preparación que cada selección lleva meses ensayando con el fútbol de verdad.
Colina, si acepta la propuesta, según nos informan, tiene por delante una tarea que no es sencilla, aunque el primer paso se haya dado con una claridad y una contundencia que nadie habría esperado ver en un solo día. Reconstruir la confianza. Establecer un proceso para elegir un presidente definitivo que cuente con el respaldo de las federaciones y de las elecciones y de los protagonistas reales del fútbol y garantizar que lo que ocurrió esta semana deja una huella suficientemente profunda en los estatutos y en los procedimientos de la
FIFA como para que no pueda repetirse nunca más. Que ningún presidente pueda volver a aprobar 13 normas sin consultar a nadie. que ningún mundial pueda organizarse en campos que los cuerpos médicos de las elecciones consideren peligrosos para la salud de sus jugadores. Que el fútbol no vuelva a convertirse en un producto de entretenimiento americano diseñado en despachos por personas que nunca en su vida tuvieron que decidir en 5 segundos a dónde va un corner con ocho jugadores colocándose en el área. Esas garantías
son las que el fútbol necesita y según todo lo que ocurrió hoy, el fútbol está más cerca de tenerlas que en cualquier otro momento de los últimos 20 años. Porque hoy el fútbol ganó. No una selección, no un país, ni un estilo de juego concreto, ni una ideología futbolística, ni un modelo de gestión. El fútbol entero, los 48, los 211, los millones de aficionados en todo el mundo que esta mañana se despertaron sin saber que iban a vivir el día más histórico del deporte más popular del planeta.
Jan Inzantino se fue, las normas se cancelaron y Colina espera con la misma calma con que esperaba en el centro del campo antes de pitar el inicio de las finales que arbitró con la misma autoridad natural que hace que cuando habla todo el mundo escuche aunque no haya cámaras mirando, con la misma credibilidad que construyó durante décadas, siendo exactamente lo que el fútbol necesita que sus líderes sean.
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Como siempre, hay una última reflexión que merece ser hecha sobre lo que esta semana entera representó para el fútbol mundial, más allá de Infantino y de las normas y de Colina y de todo lo que ocurrió en los despachos y en las salas de reuniones donde se tomaron las decisiones más históricas de los últimos 92 años. Esta semana el fútbol demostró que la unión es posible, que 48 países con culturas distintas, idiomas distintos y rivalidades históricas que llevan décadas enfrentándolos dentro del campo pueden ponerse de acuerdo fuera de él
cuando el motivo es suficientemente poderoso, cuando lo que está en juego no es un resultado, ni un título ni un ranking, sino algo más fundamental, la esencia del juego que todos aman. Marruecos y España, que se enfrentan en el campo con la intensidad que genera su historia compartida, firmaron el mismo comunicado.
Argentina e Inglaterra, que llevan décadas con la herida de la mano de Dios y de las Malvinas, también lo firmaron. Brasil y Argentina, que compiten por todo lo que puede competirse en el fútbol sudamericano. También Japón y Corea, Senegal y costa de Ifil, Portugal y España, todos juntos con la misma determinación, con la misma claridad sobre lo que el fútbol necesita para ser lo que siempre fue y para seguir siendo lo que todo el mundo quiere que sea.

el deporte más popular del mundo, no porque tenga el show más espectacular, sino porque cuando dos equipos salen al campo con las normas correctas, en los campos correctos, con el balón correcto, lo que ocurra durante 90 minutos, es capaz de parar todo lo demás. Guerras, crisis, divisiones. Todo lo que separa a los humanos entre sí desaparece durante 90 minutos cuando el fútbol se juega como tiene que jugarse.
Eso es lo que las 48 selecciones defendieron esta mañana y eso es lo que Colina va a proteger cuando tome el mando de la institución que lo gobierna. El fútbol ganó hoy y este canal estuvo aquí para contarlo.