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8 MINUTOS EN VIVO — ANA BEJARANO ACUSA Y ABELARDO RESPONDE CON DEMANDA

Y esta señora Bejano es una de las más activas en esa labor de propaganda disfrazada de periodismo. Ella se la pasa escribiendo columnas de opinión donde ataca a todo el que no esté de acuerdo con el gobierno, donde defiende las políticas más absurdas del petrismo y donde constantemente está tratando de destruir la reputación de las personas que se atreven a pensar diferente.

Hace unos días, la señora Bejano publicó una columna que causó mucho revuelo. una columna donde acusaba directamente al abogado Abelardo de la Espriella de haber estado en una fiesta en Cartagena con personajes del mundo criminal, con gente involucrada en negocios turbios y lo presentaba como si él fuera parte de esa mafia que tanto daño le ha hecho a Colombia.

La columna estaba llena de insinuaciones, de acusaciones veladas de ese tipo de lenguaje que usan los periodistas cobardes que quieren atacar a alguien, pero sin decirlo directamente, para poder después lavarse las manos y decir que ellos no dijeron nada malo. Pero el problema no fue solo que ella escribiera esa columna. El problema fue que todo lo que escribió era mentira, pura mentira, inventada de principio a fin, porque resulta que esa fiesta de la que ella hablaba no fue en Cartagena, fue en Italia.

Y las personas con las que supuestamente Abelardo estaba involucrado ni siquiera estuvieron ahí. Fue una invención total, un cuento armado con mala intención para tratar de manchar la imagen de un hombre que ha trabajado toda su vida de forma honesta y que se ha ganado su prestigio a pulso. Abelardo de la espriella no es un hombre cualquiera, no es un personaje más del montón, es un abogado reconocido en todo el país, un hombre que ha defendido casos importantes, que ha estado al frente de procesos jurídicos complejos. que ha enfrentado a los

poderosos cuando ha sido necesario y que sobre todo es conocido por decir las cosas como son, sin pelos en la lengua, sin miedo a las consecuencias. Y precisamente por eso es que tiene tantos enemigos, porque en un país como Colombia, donde la mayoría de la gente prefiere quedarse callada por miedo o por conveniencia, un hombre que habla claro es visto como una amenaza y la amenaza es especialmente grande para el gobierno actual, para ese grupo del pacto histórico que llegó al poder prometiendo cambios y transformaciones,

pero que lo único que ha traído es caos, corrupción y división. Ellos no soportan que haya voces críticas, no soportan que haya gente que les señale sus errores, no soportan que haya profesionales exitosos que demuestran con su vida que no hace falta el estado para prosperar y por eso tienen toda una maquinaria montada para tratar de silenciar a esas voces.

Y esa maquinaria incluye a periodistas como Ana Bejarano, que están dispuestos a escribir lo que sea con tal de complacer al poder. Cuando la columna de Bejaran se publicó, mucha gente la compartió en redes sociales. Mucha gente empezó a comentar. Algunos creyeron lo que ella decía porque pensaban que si estaba publicado en una revista seria tenía que ser verdad.

Otros dudaron desde el principio porque conocen cómo funciona el periodismo militante en Colombia. Pero la intención de la señora estaba clara. Quería que el nombre de Abelardo quedara manchado. Quería que la gente empezara a asociarlo con criminales. Quería destruir su reputación profesional y personal. Y seguramente pensó que él no iba a responder, que se iba a quedar callado, como hacen muchos cuando los atacan de esa manera. Pero se equivocó.

Se equivocó completamente porque Abelardo de la Espriella es abogado. Conoce las leyes de este país, sabe cómo funcionan los procesos judiciales y, sobre todo, es un hombre que no se deja pisotear. Entonces, en vez de quedarse llorando o en vez de responder con otro artículo de opinión como hacen los tibios, él fue directo al grano, sacó las pruebas, publicó los vídeos de esa famosa fiesta, mostró que había sido en Italia y no en Cartagena.

Demostró que las personas que Bejarano mencionaba ni siquiera habían estado ahí. Dejó en evidencia que todo era una mentira fabricada. Y después de eso, como si fuera poco, procedió a poner una demanda formal contra la periodista por injuria y calumnia. La demanda es por una suma millonaria. Porque cuando alguien daña tu buen nombre, cuando alguien te difama públicamente, cuando alguien miente sobre ti de esa manera, hay consecuencias.

Hay un precio que pagar y ese precio, en este caso va a ser muy alto para la señora Bejarano. Porque los jueces no son tontos, porque las pruebas están ahí, porque es evidente que ella publicó acusaciones falsas sin verificar absolutamente nada. Y eso en el derecho colombiano se llama calumnia y la calumnia se paga.

Lo interesante de todo este caso es que nos muestra cómo funciona realmente el periodismo progresista en Colombia, cómo operan estos medios que se presentan como defensores de la verdad y de la democracia, pero que en realidad son solo herramientas de propaganda política. La revista Cambio no le pidió a Bejano que verificara sus fuentes antes de publicar esa columna.

No le exigió que mostrara pruebas. no le dijo que tuviera cuidado porque estaba haciendo acusaciones muy graves. Simplemente la dejaron publicar lo que quisiera porque el objetivo era claro, atacar a Abelardo de la Espriella porque él es un crítico del gobierno. Y esto no es algo nuevo. Esto viene pasando hace años en Colombia.

Tenemos medios de comunicación que se han convertido en activistas políticos. Tenemos periodistas que han olvidado cuál es su verdadera función y que ahora se dedican a hacer campaña por un lado o por el otro. Y lo peor de todo es que cuando cometen errores, cuando mienten, cuando difaman, casi nunca pasa nada, se esconden detrás de la libertad de prensa, dicen que los están persiguiendo, se hacen las víctimas y la mayoría de las veces se salen con la suya, pero esta vez no.

Esta vez alguien les paró las manos. Esta vez alguien les dijo, “Hasta aquí llegaron. Esta vez alguien les demostró que la libertad de prensa no es licencia para mentir. Y ese alguien fue Abelardo de la Espriella, un hombre que tiene el carácter y los recursos para defenderse. Pero lo más importante es que tiene la razón, tiene la verdad de su lado y eso en un proceso judicial es fundamental.

La reacción de Ana Bejarano, cuando la demandaron fue patética. En vez de reconocer su error, en vez de pedir disculpas, en vez de rectificar públicamente, ella salió a las redes sociales a hacerse la víctima. a decir que la estaban persiguiendo, a decir que esto era un ataque a la libertad de prensa.

Y por supuesto, todos sus amigos del progresismo salieron a defenderla. Empezaron a decir que Abelardo era un abusivo, que estaba usando su poder para intimidar a una pobre periodista, que esto era censura, en fin, el mismo discurso de siempre que usan cuando los descubren en sus mentiras. Pero la gente no es tonta. La gente ya se dio cuenta de cómo funciona ese juego.

La gente ya sabe que cuando un periodista del establecimiento grita que lo están persiguiendo generalmente es porque lo descubrieron haciendo algo malo. Y en este caso lo que descubrieron fue una mentira descarada, una calumnia premeditada, un intento deliberado de destruir la reputación de una persona solo porque esa persona piensa diferente.

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