Para entender bien esta historia, tenemos que empezar por el principio. Tenemos que hablar de quién es Iván Mordisco, por qué es tan importante y por qué el gobierno de Gustavo Petro necesitaba desesperadamente una victoria militar en ese momento. Porque nada en esta historia es casualidad, todo tiene un porqué y ese porqué tiene que ver con política, con escándalos, con la necesidad de distraer al país de cosas más graves.
Iván Mordisco es el alias de un hombre llamado Néstor Gregorio Vera Fernández, un guerrillero que lleva décadas en la guerra. Un hombre que nunca se desmovilizó cuando las FAR firmaron la paz en 2016, que decidió seguir en las armas, que se convirtió en el jefe de las disidencias. De esos grupos que no creyeron en el proceso de paz y que siguieron delinquiendo en las selvas de Colombia.
Mordisco no es un guerrillero cualquiera. Es un hombre que conoce la selva como la palma de su mano, que ha sobrevivido a decenas de operativos militares, que se ha escapado tantas veces que muchos en el ejército lo consideran un fantasma. Alguien que aparece y desaparece sin dejar rastro, alguien a quien llevan años persiguiendo sin poder capturar.

Las disidencias que comanda Mordisco son responsables de muchos de los problemas de seguridad que tiene Colombia hoy en día. Son ellos los que controlan el negocio de la coca en varias regiones del país, los que cobran vacunas a los campesinos, los que reclutan muchachos a la fuerza, los que ponen bombas en las carreteras, los que secuestran gente, los que mantienen el terror en zonas donde el estado no llega o llega muy poco.
Para el gobierno de Gustavo Petro, capturar o matar a Iván Mordisco sería un golpe enorme. Sería poder decir que están cumpliendo con la seguridad del país, que están ganando la guerra contra los grupos armados, que las cosas están mejorando. Pero la verdad es que las cosas no están mejorando. La verdad es que la violencia ha aumentado en muchas regiones, que los cultivos de coca están en niveles históricos y que las disidencias son más fuertes ahora que cuando Petro llegó al poder.
Entonces, cuando el gobierno anuncia que mataron a Mordisco en un operativo, mucha gente se alegra. Mucha gente piensa que por fin hay una buena noticia, que por fin el ejército logró algo importante, pero hay otros que empiezan a hacer preguntas, que empiezan a dudar, que empiezan a ver que hay cosas que no cuadran en la historia oficial.
La noche del 7 al 8 de febrero, mientras la mayoría del país dormía, en la casa de Nariño había mucha actividad, las luces del palacio presidencial estaban encendidas, había movimiento de carros oficiales, había militares entrando y saliendo porque se estaba preparando algo grande, una operación que tenía que salir perfecta porque el presidente la estaba siguiendo en vivo desde Bogotá.
Según la versión oficial del gobierno, los servicios de inteligencia habían detectado que Iván Mordisco iba a estar esa noche en una zona de la serranía de San Jerónimo, en el departamento de Córdoba, que iba a subirse a un helicóptero para escapar hacia la frontera con Venezuela y que esta era la oportunidad perfecta para atraparlo o eliminarlo.
La información, dicen ellos, llegó de un informante, alguien de las mismas disidencias que se volteó, que decidió colaborar con el gobierno a cambio de plata o de protección. y que dio detalles muy precisos sobre la ubicación del guerrillero, sobre la hora en que iba a estar ahí, sobre el helicóptero que iba a usar para escapar.
El helicóptero del que hablan es una historia aparte porque no era un helicóptero cualquiera, era un Black, un helicóptero militar muy sofisticado de los que usa el ejército de Estados Unidos, una máquina de guerra que cuesta millones de dólares. Y la pregunta que muchos se hacen es cómo diablos las disidencias de las FARC tenían un helicóptero de esos.
La respuesta, según el gobierno, es que ese helicóptero fue robado hace años de una base militar, que los guerrilleros lo pintaron de negro para que no se viera en la noche, que le quitaron todas las marcas oficiales, que lo modificaron para que pudiera volar bajo y escapar de los radares y que lo estaban usando para mover cargamentos de droga y para transportar a los jefes guerrilleros cuando necesitaban moverse rápido.
Si eso es verdad, si las disidencias realmente tenían un helicóptero Blackw operando libremente en Colombia, eso es una vergüenza enorme para el gobierno. Significa que los guerrilleros tienen más poder del que se pensaba, que tienen recursos sofisticados, que tienen gente entrenada para volar esas máquinas y que el Estado no ha podido hacer nada para detenerlos.
Pero volvamos a esa noche del 8 de febrero a las 3 de la mañana en punto. Cuando todo estaba listo para el operativo, había soldados de élite escondidos en la selva cerca de donde iba a despegar el helicóptero. Había aviones de vigilancia volando alto, monitoreando todo. Había drones con cámaras infrarrojas mirando cada movimiento.
Y había una sala en la Casa de Nariño donde el presidente Gustavo Petro, el ministro de Defensa y varios generales miraban todo en tiempo real por unas pantallas. Los soldados que estaban en tierra eran de una unidad especial, de esas unidades fantasma que el ejército tiene para las operaciones más peligrosas. Hombres entrenados en combate en selva, en operaciones nocturnas, en infiltración.
Hombres que llevaban tres semanas metidos en esa zona esperando el momento preciso para actuar. A las 3:30 de la mañana empezaron a escuchar el ruido del helicóptero, ese sonido característico de las aspas cortando el aire y en sus visores nocturnos pudieron ver como la máquina empezaba a despegar de una pista improvisada entre los árboles, una pista clandestina que los guerrilleros habían hecho en medio de cultivos de coca.
El helicóptero iba cargado, se notaba porque le costaba ganar altura. Iba pesado con combustible y con gente adentro. Y según la inteligencia militar, eran cinco personas las que iban en esa aeronave, cinco guerrilleros que pensaban que en pocos minutos iban a estar a salvo cruzando hacia Venezuela, donde tienen acuerdos con militares corruptos que los protegen.
Pero no iban a llegar a ningún lado porque uno de los soldados en tierra tenía un arma muy especial, un lanzamisiles tierra aire de esos que se usan para derribar aviones y helicópteros. Un misil ruso modelo SAF16 que el ejército colombiano tiene hace años y que rara vez usa porque son muy costosos y porque hay que tener autorización presidencial para dispararlos.
Esa autorización ya estaba dada. El presidente mismo había dado la orden desde Bogotá. Disparen a matar. No queremos prisioneros. Queremos resultados. Y el soldado que tenía el lanzamisiles apuntó hacia el helicóptero que subía en la oscuridad. Esperó a que el sistema le confirmara que había fijado el objetivo y apretó el gatillo.
El misil salió disparado con un silvido, dejando un rastro de fuego en la noche y en apenas 4 segundos recorrió la distancia hasta el helicóptero. El piloto intentó hacer maniobras. Intentó lanzar bengalas para confundir al misil, pero no le sirvió de nada. El proyectil impactó directamente en la cola del Blackout, justo donde están las aspas pequeñas que sirven para controlar la dirección.
La explosión fue seca, fue metálica, fue terrible. Los testigos militares que estaban ahí dijeron que el sonido fue como un trueno seguido de un silencio. Y después empezó el caos. El helicóptero entró en una rotación descontrolada. Empezó a dar vueltas sobre sí mismo cada vez más rápido.
Las personas que iban adentro no podían hacer nada. Estaban pegadas contra las paredes por la fuerza del giro y el piloto ya no tenía control de nada. En pocos segundos, el helicóptero se precipitó hacia el suelo. Cayó en medio de la selva. impactó contra la Tierra con una fuerza tremenda y en ese momento se reventaron los tanques de combustible provocando una explosión enorme.
Una bola de fuego que se elevó 50 m hacia el cielo. Una explosión tan grande que se vio desde varios kilómetros de distancia que iluminó toda la zona como si fuera de día por un momento. Los soldados en tierra sintieron la onda expansiva, sintieron el calor, vieron como las llamas consumían todo y supieron que nadie en ese helicóptero había sobrevivido, que era imposible salir vivo de una explosión así.
Pero aún así, tenían que acercarse. Tenían que confirmar que Iván Mordisco estaba muerto. Tenían que buscar el cuerpo y traer pruebas. Mientras los soldados avanzaban hacia el lugar del accidente, en Bogotá había celebración. En la casa de Nariño, el presidente y los militares se abrazaban. Se felicitaban, pensaban que habían logrado el golpe del siglo, que por fin habían eliminado al guerrillero más buscado del país y ya estaban preparando el comunicado de prensa para anunciarlo al país en cuanto amaneciera.
Pero en el terreno las cosas no estaban tan claras. Cuando los soldados llegaron al cráter donde había caído el helicóptero, se encontraron con un infierno. Todo estaba en llamas. El olor a combustible quemado y a carne quemada era insoportable. Había pedazos de metal retorcido por todas partes y empezaron a buscar los cuerpos entre los escombros.
Encontraron cinco cuerpos o lo que quedaba de cinco cuerpos porque estaban completamente carbonizados, irreconocibles, negros, quebradizos, destruidos por el fuego. Era imposible saber quién era quien solo con mirarlos. Eran cinco bultos negros que antes habían sido personas, pero que ahora no se parecían a nada humano.
Los expertos forenses que llegaron después empezaron a examinar los cuerpos buscando alguna forma de identificarlos, buscando señales particulares y en uno de los cadáveres, el que estaba cerca de donde debía ir el piloto, encontraron algo interesante. Encontraron en la muñeca izquierda un reloj, un reloj de oro que se había fundido parcialmente con la piel por el calor, pero que todavía se podía reconocer.
Ese reloj era un Rolex, un reloj carísimo de oro macizo. Y en los archivos de inteligencia constaba que Iván Mordisco siempre usaba un reloj así, que era su objeto de lujo, su forma de mostrar poder. Entonces, eso fue la primera pista, la primera señal de que tal vez se habían matado al hombre que buscaban. La segunda pista vino cuando examinaron los huesos de las piernas de ese mismo cadáver, porque Mordisco tenía una lesión vieja en una pierna, una fractura que nunca se soldó bien, que le quedó chueca. Y cuando los médicos forenses
revisaron el hueso de la pierna derecha del cadáver, encontraron exactamente eso, una fractura vieja mal curada, una deformidad en el hueso que coincidía con los registros médicos del guerrillero. Con esas dos pistas, el reloj y la fractura, el gobierno decidió que era suficiente.
Decidieron que el muerto era Iván Mordisco. Y a las 7 de la mañana del 8 de febrero, apenas 4 horas después del operativo, el presidente Gustavo Petro apareció en todos los canales de televisión con una sonrisa enorme, anunciando que las fuerzas militares habían dado de baja al hombre más peligroso de Colombia. El presidente habló de éxito.
Habló de que esto demostraba que su gobierno sí estaba comprometido con la seguridad, que las fuerzas armadas estaban trabajando bien, que este era un golpe mortal para las disidencias y pidió que todos los colombianos celebraran esta victoria. Pero había un problema, un problema muy grande que el presidente no mencionó en su discurso.
El problema era que no tenían pruebas definitivas, que un reloj y un hueso roto no son suficientes para confirmar la identidad de alguien, que hace falta una prueba de ADN, que hace falta comparar el material genético del cadáver con muestras de ADN de mordisco que el gobierno debe tener en sus archivos.
Y esa prueba no se había hecho, no se podía hacer tan rápido. Los expertos dijeron que por el estado de los cuerpos, por lo quemados que estaban, las pruebas de ADN iban a tardar semanas, tal vez meses, porque no se podía usar el método normal. Había que usar técnicas especiales con el ADN de los huesos y eso requiere tiempo, requiere laboratorios especializados, requiere paciencia, pero el gobierno no quiso esperar.
Decidió anunciar la victoria antes de tener la confirmación científica. Y ahí es donde empiezan las dudas. Ahí es donde mucha gente empieza a preguntarse si realmente mataron a Iván Mordisco o si esto es otro show del gobierno. Otro montaje para distraer al país de los verdaderos problemas, porque hay cosas que no cuadran en esta historia, hay cabos sueltos, hay testimonios que contradicen la versión oficial.
El testimonio más importante viene de la gente que vive cerca de donde pasó el operativo. Campesinos de la zona de Tierra Alta en Córdoba, gente humilde que ha vivido toda su vida en esa región y que conoce bien lo que pasa ahí. Y varios de estos campesinos, hablando bajo condición de anonimato, ¿por qué tienen miedo de las represalias? Dijeron algo que le cambia completamente la cara a esta historia.
Dijeron que horas antes de que explotara el helicóptero, como a las 11 de la noche del 7 de febrero, vieron pasar por una trocha una camioneta blindada, una camioneta blanca con vidrios oscuros, de esas que usan los mafiosos y los políticos, y que esa camioneta iba a toda velocidad saliendo de la zona donde después pasó el operativo.
Un campesino dijo que alcanzó a ver por un segundo cuando la camioneta pasó cerca de su casa. que en el asiento del copiloto iba un hombre que se parecía mucho a las fotos de Iván Mordisco que han salido en los periódicos, un hombre con barba, con gorra, con el perfil que coincide con el del guerrillero, y que esa camioneta se perdió en dirección contraria a donde después cayó el helicóptero.
Si ese testimonio es verdad, si realmente Mordisco salió vivo en una camioneta horas antes del operativo, entonces todo lo demás es mentira. Entonces el que iba en el helicóptero era otra persona, tal vez un doble. Tal vez un señuelo que usaron para engañar al ejército para hacerles creer que habían logrado su objetivo mientras el verdadero jefe escapaba tranquilamente por tierra.
Esa teoría del doble no es descabellada. Ha pasado antes en Colombia y en otros países. Los jefes de organizaciones criminales muchas veces usan dobles. Usan personas que se parecen a ellos para confundir a las autoridades, para que si los atacan, el que muera sea el doble y no el jefe verdadero. Y si Mordisco es tan astuto como dicen, perfectamente pudo haber usado esa estrategia.
Además, hay otro dato que hace dudar de la versión oficial y es que los tres guerrilleros que capturaron vivos cerca del lugar del accidente, los que supuestamente iban con mordisco, pero sobrevivieron porque salieron despedidos de la explosión. Esos tres no han dicho públicamente que el jefe iba con ellos en el helicóptero.
No han confirmado que Mordisco murió en esa operación. Lo que sí dijeron, según filtraciones de los interrogatorios, es que el helicóptero iba hacia Venezuela, que tenían un acuerdo con militares venezolanos para pasar la frontera sin problemas, que pagaban sobornos grandes para que los dejaran operar desde territorio venezolano y que había una reunión programada con esos militares corruptos para coordinar el tráfico de coca hacia el Caribe.
Esa información sobre Venezuela es explosiva porque implica que el gobierno de Nicolás Maduro está ayudando a los grupos armados colombianos. ¿Qué militares venezolanos están recibiendo plata de las disidencias? ¿Que hay una alianza entre guerrilleros colombianos y el régimen venezolano? Algo que Venezuela niega, pero que cada vez hay más pruebas de que es verdad.
El gobierno venezolano salió inmediatamente a negar todo. Dijeron que son mentiras del gobierno de Petro, que es un montaje para culpar a Venezuela de los problemas de Colombia, pero hay interceptaciones telefónicas, hay grabaciones de conversaciones donde supuestamente un coronel venezolano coordina el paso de cargamentos con gente de las disidencias.
Hay pruebas técnicas que el gobierno colombiano dice tener, pero que no ha mostrado públicamente. Y aquí viene otra pregunta importante. Si el gobierno tiene esas pruebas, si tiene las grabaciones, si tiene los nombres de los militares venezolanos corruptos, ¿por qué no las muestra? ¿Por qué no hace una denuncia formal internacional? ¿Será que esas pruebas no son tan sólidas como dicen? ¿O será que no quieren quemar esas fuentes de inteligencia porque las siguen usando? Mientras toda esta confusión reinaba sobre si Mordisco estaba muerto o vivo,
mientras el gobierno celebraba y los campesinos contaban otra versión, apareció un vídeo en internet que le puso más leña al fuego. Un vídeo que supuestamente grabaron las mismas disidencias y que subieron a sus canales clandestinos. En ese vídeo aparece un hombre con la cara tapada, con armas alrededor, con la bandera de las fart y ese hombre dice ser el comandante rastrojo.
Dice que él ahora es el nuevo jefe de las disidencias y hace unas amenazas terribles contra el gobierno y contra cualquiera que haya participado en el operativo. Rastrojo dice en el vídeo que si mataron a Mordisco van a pagar caro, que van a atacar torres de energía para dejar al país sin luz, que van a poner bombas en las ciudades, que van a matar congresistas del gobierno.
Específicamente amenazó a un senador llamado Ángel Custodio, que es del mismo partido de Petro, y dijo que la guerra apenas está comenzando. Ese vídeo es preocupante por varias razones. Primero porque confirma que las disidencias siguen activas, que no se desmoronaron con la supuesta muerte de su jefe, que tienen otros comandantes listos para tomar el mando.
Y segundo, porque las amenazas son muy específicas, dan nombres, dan lugares, dan fechas, lo que significa que ya tienen planes armados y que probablemente van a intentar cumplir esas amenazas. Después de que salió ese vídeo del comandante Rastrojo amenazando con venganza, el país entero se puso nervioso.
La gente empezó a preguntarse si de verdad habían matado a Iván Mordisco o si todo esto era un engaño. Y el gobierno, en vez de aclarar las cosas con pruebas concretas, empezó a dar declaraciones confusas, a cambiar la versión de lo que pasó, a contradecirse, y eso solo hizo que crecieran más las sospechas. El primer problema surgió cuando los periodistas empezaron a hacer preguntas incómodas en las ruedas de prensa.
Empezaron a pedir que mostraran las pruebas de ADN, que explicaran por qué anunciaron la muerte de mordisco sin tener confirmación científica, que aclararan si era verdad lo de la camioneta blindada que vieron los campesinos. Y el gobierno no supo que responder. Se enredó en sus propias palabras. El ministro de Defensa dijo en una entrevista que las pruebas de ADN todavía estaban en proceso, que podían tardar varias semanas porque los cuerpos estaban muy quemados, que había que tener paciencia. Pero entonces un
periodista le preguntó por si no tenían las pruebas, el presidente había salido a anunciar que Mordisco estaba muerto y el ministro se puso nervioso. Empezó a titubear. Dijo que tenían pruebas circunstanciales muy sólidas. El reloj, la fractura en el hueso, la estatura del cadáver.
Pero todos sabemos que eso no es suficiente. Esas pruebas circunstanciales de las que habla el gobierno son importantes, sí, pero no son definitivas. Porque un reloj se puede poner en la muñeca de cualquier persona, una fractura vieja puede tenerla mucha gente y la estatura de una persona quemada es difícil de medir con exactitud.
Entonces esas pruebas lo que hacen es sugerir que podría ser mordisco, pero no lo confirman al 100%. Y ahí está el problema, ahí está la razón por la que tanta gente duda, porque el gobierno está vendiendo como un hecho algo que todavía no está probado. Está celebrando una victoria que tal vez no es victoria. Está usando este operativo para mejorar su imagen en un momento en que está muy golpeado por escándalos de corrupción y por la crisis económica que tiene al país de cabeza.
Porque hay que decir las cosas como son. El gobierno de Gustavo Petro está pasando por un momento muy difícil. Tiene el país dividido. Tiene problemas económicos graves. Tiene a la oposición atacándolo todos los días. Tiene escándalos de corrupción en varios ministerios y necesitaba urgentemente una buena noticia, algo que le permitirá cambiar el tema de conversación, algo que le permitirá decir, “Miren, estamos haciendo bien las cosas en seguridad.
” Entonces, cuando apareció la oportunidad de este operativo contra mordisco, el gobierno la aprovechó al máximo. Hizo un show mediático enorme, convocó a todos los periodistas, puso al presidente a dar declaraciones triunfalistas, pero se apuró demasiado. Anunció el resultado antes de tener las pruebas y ahora está pagando el precio de esa precipitación porque cada día que pasa, sin que aparezcan las pruebas de ADN, la gente duda más.
Los expertos en temas militares y de seguridad también empezaron a dar sus opiniones y muchos de ellos dijeron que algo no cuadraba en esta historia, que había detalles técnicos que no tenían sentido, que había preguntas sin responder y eso alimentó todavía más las teorías de que esto podía ser un montaje o por lo menos un error del gobierno.
Uno de los expertos más respetados del país, un general retirado que conoce bien cómo funcionan este tipo de operativos. dijo en una entrevista que le parecía muy raro que Mordisco, siendo tan experimentado, tan cuidadoso, tan paranoico como era, se hubiera subido a un helicóptero sin tener la certeza absoluta de que era seguro.
Que los guerrilleros de ese nivel siempre tienen protocolos de seguridad muy estrictos, que cambian de planes a última hora, que usan señuelos, que desconfían de todo el mundo. Ese general dijo que si él hubiera estado planeando un operativo para capturar o matar a Mordisco, habría esperado a tener confirmación visual del objetivo antes de dar la orden de disparar.
Habría puesto hombres más cerca para poder identificar quién subía al helicóptero. Habría usado drones con cámaras de alta resolución para ver las caras de las personas, pero en este operativo parece que todo se hizo muy rápido, muy sobre la marcha. Dispararon al helicóptero sin estar seguros de quién iba adentro. Eso abre la posibilidad de que hayan matado a las personas equivocadas.
¿De qué mordisco nunca estuvo en ese helicóptero? ¿De qué usó un doble o simplemente mandó a cinco de sus hombres en esa aeronave mientras él se escapaba por otro lado? Y si eso es lo que pasó, entonces este operativo, en vez de ser un éxito, es un fracaso. Es un error garrafal que le costó la vida a cinco personas y que le costó al estado millones de pesos.
Porque hay que hablar también de cuánto costó este operativo, cuánta plata se gastó en poner todos esos soldados en la selva durante tres semanas, en usar drones y aviones de vigilancia, en disparar un misil que vale una fortuna, en movilizar toda la maquinaria militar para esta operación, estamos hablando de muchos millones de pesos de plata que sale de los impuestos que todos pagamos.
Y si al final resulta que no mataron a quién tenían que matar, entonces esa plata se perdió. Mientras tanto, en la zona donde pasó el operativo, las cosas se pusieron muy tensas. Los campesinos que viven por ahí están asustados. Tienen miedo de las represalias de las disidencias porque saben que los guerrilleros van a pensar que alguien de la zona los traicionó, que alguien le dio información al ejército.
Y cuando las disidencias piensan eso, empiezan a buscar culpables, empiezan a interrogar gente, empiezan a matar gente para dar ejemplo. Ya se reportaron varios casos de personas que desaparecieron en esa zona en los días siguientes al operativo. Gente que salió de su casa y no volvió, gente que los guerrilleros se llevaron acusándolos de ser sapos.
de ser informantes del gobierno y nadie sabe si esas personas están vivas o muertas, si las están torturando para que confiesen algo que tal vez no hicieron o si ya las mataron y enterraron en alguna fosa en la selva. Eso es lo que pasa cuando el gobierno hace estos operativos sin pensar en las consecuencias para la población civil, sin proteger a la gente que queda en la zona después de que los soldados se van, porque los soldados llegaron.
Hicieron el operativo, se llevaron los cuerpos y se fueron. Pero los campesinos se quedaron ahí viviendo en medio de las disidencias, expuestos a la venganza de los guerrilleros. El gobierno debería tener un plan para proteger a esa gente. Debería dejar presencia militar permanente en la zona. Debería ofrecer programas de reubicación para las familias que quieran salir de ahí. Pero no hace nada de eso.
Deja a los campesinos abandonados a su suerte y después se pregunta, ¿por qué la gente no colabora con las autoridades? ¿Por qué tienen miedo de denunciar? ¿Por qué prefieren quedarse callados aunque sepan cosas importantes? Los tres guerrilleros que capturaron vivos en el operativo también están en el centro de esta historia, porque lo que ellos dijeron en los interrogatorios podría aclarar muchas dudas.
Podría confirmar si Mordisco estaba en el helicóptero o no, pero el gobierno no ha querido hacer públicos esos testimonios completos, solo ha filtrado algunas partes, las que le convienen, las que apoyan su versión de los hechos. Lo que sí se sabe por las filtraciones es que los tres capturados dijeron que el helicóptero iba hacia Venezuela, que tenían contactos con militares venezolanos que les permitían cruzar la frontera sin problemas a cambio de plata, que había toda una red de corrupción en el lado venezolano que
facilitaba el narcotráfico de las disidencias hacia el Caribe y de ahí hacia Estados Unidos y Europa. Uno de los capturados que tiene el alias de Pechoño dio detalles muy específicos sobre cómo funcionaba esa red. dijo que había un coronel del ejército venezolano que era el contacto principal, que ese coronel recibía un porcentaje de cada cargamento de coca que pasaba por su zona, que había puntos específicos de la frontera donde los guerrilleros podían cruzar sin que nadie los molestara y que incluso había militares venezolanos que
les prestaban armas y equipos a las disidencias. Si eso es verdad, si realmente hay militares venezolanos trabajando con las disidencias colombianas, eso es gravísimo. Eso es un tema de seguridad nacional. no solo para Colombia, sino para toda la región, porque significa que Venezuela se convirtió en un refugio seguro para los grupos armados colombianos, en un santuario desde donde pueden operar sin miedo a que los persigan.
El gobierno venezolano, como era de esperarse, negó todo. Dijo que son mentiras, que Colombia está tratando de culpar a Venezuela de sus problemas internos, que no hay ningún militar venezolano ayudando a guerrilleros colombianos. Pero la realidad es que hay muchas pruebas de lo contrario. Hay fotografías satelitales de campamentos guerrilleros en territorio venezolano.
Hay testimonios de desertores, hay interceptaciones de comunicaciones, hay de todo. Lo que pasa es que el gobierno de Gustavo Petro no quiere confrontar directamente a Venezuela porque Petro y Maduro son aliados políticos, son de la misma corriente ideológica de izquierda y Petro no quiere romper esa alianza.
Aunque eso signifique dejar que Venezuela siga siendo el refugio de los grupos armados que atacan a Colombia. Entonces, prefiere hacer la vista gorda, prefiere no presionar demasiado a Maduro, prefiere mantener las apariencias de buena vecindad, aunque eso le cueste vidas. De colombianos. Esa actitud del gobierno colombiano de no enfrentar a Venezuela es una de las razones por las que las disidencias se han fortalecido tanto en los últimos años, porque saben que tienen un lugar seguro al que pueden huir si las cosas
se ponen difíciles en Colombia. Saben que pueden cruzar la frontera y estar protegidos. Saben que los militares venezolanos no solo no los van a perseguir, sino que les van a ayudar a cambio de dinero. Otro de los guerrilleros capturados, el que tiene el alias de Carlanga, dio información sobre las rutas del narcotráfico que controla la organización.
dijo que tienen lanchas rápidas que salen desde el Golfo de Morrosquillo en la costa Caribe colombiana, que esas lanchas llevan cargamentos de coca hacia Costa Rica y Panamá, que de ahí la droga se distribuye hacia Estados Unidos y Europa y que todo ese negocio lo manejaba directamente Iván Mordisco. Si Mordisco realmente murió en el operativo, entonces toda esa red de narcotráfico debería estar en problemas, debería haber caos en la organización, debería haber peleas entre los comandantes que quieren quedarse con el poder, pero hasta ahora no se ha visto
nada de eso. Las rutas del narcotráfico siguen funcionando normalmente, los cargamentos siguen saliendo, todo sigue igual que antes del operativo. Eso es otro indicio de que tal vez Mordisco no murió. Porque si el jefe máximo de una organización criminal muere de repente, especialmente si muere en un operativo militar, lo normal es que haya una crisis interna, que los lugartenientes empiecen a pelearse por el poder, que la organización se debilite por un tiempo, pero en este caso nada de eso ha pasado. Todo sigue
funcionando como un reloj. El tercer capturado, el que tiene el alias de Mico, dio información sobre planes de atentados que las disidencias estaban preparando. Dijo que había una lista de objetivos que incluía congresistas, alcaldes, militares, policías, periodistas, toda gente que las disidencias consideran enemigos y dijo que esos atentados se iban a ejecutar como venganza si mataban a Mordisco.
Y efectivamente, días después del operativo empezaron a llegar amenazas concretas. El senador Ángel Custodio, que mencionó el comandante Rastrojo en su vídeo, recibió mensajes directos diciéndole que lo iban a matar, que tenían francotiradores listos para ejecutarlo, que no importaba cuántos escoltas tuviera, que lo iban a alcanzar.
Y ese senador tuvo que cancelar todos sus eventos públicos, tuvo que esconderse, tuvo que duplicar su esquema de seguridad. No es solo ese senador, hay varios congresistas del gobierno que están amenazados. Hay alcaldes en municipios de Córdoba y Antioquia que recibieron panfletos donde las disidencias les dicen que sí.
Siguen colaborando con el ejército, los van a matar a ellos y a sus familias. Hay un clima de terror en muchas regiones del país que el gobierno no está pudiendo controlar. También empezaron los ataques contra la infraestructura, tal como había amenazado el comandante Rastrojo. Empezaron a volar torres de energía en varios departamentos, dejando a miles de personas sin luz durante días.
Empezaron a poner bombas en carreteras, volando puentes pequeños, poniendo minas antipersonales en los caminos, haciendo muy difícil el transporte en esas zonas. Todo eso demuestra que las disidencias siguen fuertes, que tienen capacidad de hacer daño, que no se desmoronaron con la supuesta muerte de su jefe y eso alimenta más las dudas sobre si realmente mataron a Mordisco o si todo fue un teatro.
Porque si lo hubieran matado de verdad, las disidencias deberían estar debilitadas, confundidas, desorganizadas. Pero están todo lo contrario, están más agresivas que nunca. El tema de la camioneta blindada que vieron los campesinos la noche antes del operativo sigue sin aclararse. El gobierno dice que están investigando, que están buscando esa camioneta, que están entrevistando testigos, pero no han dado ningún resultado concreto.
No han mostrado fotos de la camioneta, no han identificado a quién pertenece, no han explicado qué hacía. Y esa noche, algunos periodistas independientes fueron a la zona y hablaron con los campesinos que vieron la camioneta. Y esos campesinos confirmaron su historia. Dijeron que no se la inventaron, que realmente vieron pasar ese vehículo a toda velocidad, que el hombre que iba de copiloto se parecía mucho a mordisco y que después de que pasó la camioneta escucharon helicópteros y explosiones.
Pero fue horas después. Si juntamos todas las piezas, si sumamos el testimonio de los campesinos sobre la camioneta, más el hecho de que los cuerpos están tan quemados que no se pueden identificar visualmente, más el hecho de que las disidencias siguen operando normalmente, más el hecho de que el gobierno se apresuró a anunciar la muerte sin tener pruebas definitivas.
Lo que nos queda es un cuadro muy sospechoso, un cuadro que sugiere que tal vez mordisco se escapó y que el gobierno está tratando de hacer pasar un fracaso por un éxito. ¿Por qué haría eso el gobierno? ¿Por qué mentiría sobre algo tan importante? La respuesta es simple. Porque necesitaba urgentemente una victoria.
Porque estaba bajo una presión política enorme. Porque los índices de popularidad de Gustavo Petro están por el suelo. Porque la oposición lo está atacando sin piedad. Porque hay escándalos de corrupción que están salpicando a varios de sus ministros y porque anunciar que mataron al guerrillero más buscado del país le daba un respiro, le daba algo positivo de que hablar.
El problema es que una mentira de este tamaño no se puede sostener por mucho tiempo. Tarde o temprano la verdad sale a la luz y cuando salga, si resulta que Mordisco está vivo, el costo político para el gobierno va a ser brutal, va a ser un escándalo enorme. Va a ser la confirmación de que este gobierno miente, de que manipula la información, de qué usa las fuerzas armadas para hacer montajes mediáticos.
Y no sería la primera vez que pasa algo así en Colombia. En el pasado hubo casos de falsos positivos. casos donde el ejército mataba a personas inocentes y las presentaba como guerrilleros dados de baja para inflar cifras, para mostrar resultados, para conseguir ascensos y recompensas. Y esos casos fueron un escándalo enorme que manchó la imagen del ejército colombiano durante años.
Este caso del operativo contra mordisco tiene elementos que recuerdan a esos falsos positivos. Tiene esa prisa por anunciar resultados sin tener pruebas. tiene esa celebración prematura, tiene esas inconsistencias en la historia oficial y por eso tanta gente está comparando ambas situaciones. Por eso hay quienes dicen que estamos ante un falso positivo del gobierno de Petro.
La diferencia es que en este caso no mataron a civiles inocentes, mataron a cinco personas que si eran guerrilleros. Eso está confirmado por las armas y los documentos que les encontraron. Entonces, no es un falso positivo en el sentido clásico, pero sí podría ser un engaño sobre la identidad de los muertos, específicamente sobre si uno de ellos era o no iban mordisco.
Los familiares de mordisco, que viven en diferentes partes del país, tampoco han dicho nada público sobre este tema. No han salido a confirmar que su pariente murió, no han reclamado el cuerpo, no han hecho ninguna declaración. Y eso es raro, porque normalmente cuando alguien muere, los familiares salen a hablar, a pedir que les entreguen el cuerpo, a organizar el entierro, pero en este caso hay un silencio total de la familia.
Ese silencio puede significar dos cosas. O que la familia tiene miedo de hablar porque sabe que si confirman que Mordisco murió, ellos también pueden ser objetivos militares o que la familia sabe que Mordisco no murió y por eso no tiene sentido salir a hablar. Las dos opciones son posibles y ninguna se puede descartar sin más información.
Los laboratorios donde están haciendo las pruebas de ADN dijeron que los resultados van a tardar por lo menos tres semanas más, que es un proceso complejo porque tienen que extraer ADN de los huesos, que es mucho más difícil que extraerlo de tejidos blandos y que además tienen que compararlo con muestras de referencia de mordisco que el gobierno debe tener guardadas de cuando lo capturaron hace años en una ocasión anterior.
Esas tres semanas de espera son una eternidad en términos políticos. Son tres semanas en las que las dudas van a seguir creciendo, en las que van a seguir apareciendo testimonios y versiones alternativas, en las que la oposición va a seguir atacando al gobierno y en las que el gobierno va a tener que seguir defendiendo su versión sin poder mostrar la prueba definitiva.
Y durante esas tres semanas pueden pasar muchas cosas, pueden aparecer vídeos de mordisco vivo, pueden surgir más testimonios de gente que lo vio después del operativo. Pueden aparecer mensajes de las disidencias confirmando que su jefe está vivo. Cualquier cosa puede pasar y si algo de eso sucede, el gobierno va a quedar en una posición imposible de defender.
También está el tema de la recompensa, porque Estados Unidos tenía ofrecida una recompensa de 5 millones de dólares por información que llevara la captura o muerte de Iván Mordisco. Y después del operativo, el gobierno colombiano dijo que iba a reclamar esa recompensa para dársela a los informantes que permitieron localizar al guerrillero.
Pero Estados Unidos dijo que no va a pagar la recompensa hasta que no haya confirmación definitiva de que Mordisco murió, hasta que no vean las pruebas de ADN, porque ellos tampoco se fían solo del reloj y del hueso roto. Ellos quieren certeza científica antes de soltar esa cantidad de dinero. Y eso es otra señal de que ni siquiera los estadounidenses están convencidos de que el operativo fue exitoso.
Si Estados Unidos no paga la recompensa, va a ser otro golpe para la credibilidad del gobierno colombiano. Va a ser otra confirmación de que hay dudas serias sobre este caso y va a fortalecer la narrativa de que todo fue un montaje o por lo menos un error que el gobierno no quiere reconocer.
Mientras todo esto pasa, la vida en las zonas donde operan las disidencias sigue siendo un infierno para la gente. Los campesinos siguen siendo víctimas de las extorsiones, de los reclutamientos forzados, de los desplazamientos. Los jóvenes siguen siendo obligados a unirse a las filas guerrilleras. Las mujeres siguen siendo abusadas y el Estado sigue sin llegar con presencia real, con servicios, con oportunidades que le den a esa gente una alternativa diferente a la guerra.
Ese es el problema de fondo que ningún gobierno ha querido resolver. El problema de la ausencia del Estado en amplias regiones del país. El problema de que hay zonas donde la única autoridad son los grupos armados, donde la única ley es la del más fuerte, donde la gente está abandonada a su suerte sin escuelas, sin hospitales, sin carreteras, sin nada.
Mientras ese problema no se resuelva, mientras el estado no llegue de verdad a esas zonas, puede que maten a Mordisco, puede que maten a Rastrojo, puede que maten a todos los jefes guerrilleros que quieran, pero siempre va a aparecer otro que tome su lugar, porque el problema no son las personas, el problema es el sistema, es la falta de oportunidades, es la injusticia social, es el olvido del estado.
Han pasado ya varios días desde aquella madrugada del 8 de febrero cuando el cielo de Córdoba se iluminó con la explosión del helicóptero. Varios días desde que el presidente Gustavo Petro salió a anunciar la muerte de Iván Mordisco con una sonrisa triunfal varios días desde que el país celebró lo que parecía ser una gran victoria.
Pero ahora con el paso del tiempo, con cada nueva información que sale a la luz, con cada contradicción en la versión oficial, cada vez son más los colombianos que Se preguntan si realmente pasó lo que el gobierno dice que pasó. Esta historia que les hemos contado hoy no es solo un operativo militar, no es solo si mataron o no a un guerrillero.
Esta historia es sobre algo mucho más profundo, sobre cómo funciona el poder en Colombia, sobre cómo los gobiernos manipulan la información para beneficiarse políticamente, sobre cómo usan las fuerzas armadas para hacer shows mediáticos. Sobre cómo mienten descaradamente a la gente mientras el país se cae a pedazos. Y lo más grave de todo es que esto no es algo nuevo.
Esto ha pasado antes y va a seguir pasando mientras nosotros, los ciudadanos, sigamos creyendo todo lo que nos dicen sin hacer preguntas, mientras sigamos aceptando las versiones oficiales como si fueran verdades absolutas, mientras no exijamos pruebas concretas, mientras no hagamos que los gobernantes rindan cuentas por sus actos. El caso del operativo contra Iván Mordisco tiene todos los elementos de una operación propagandística perfecta.
Tiene la acción militar nocturna que suena emocionante. Tiene la explosión espectacular que se ve bien en las noticias. Tiene el anuncio presidencial dramático en la mañana siguiente tiene todo lo que hace falta para dominar los titulares durante días. Pero cuando uno empieza a rascar la superficie, cuando uno empieza a hacer las preguntas incómodas, todo el edificio empieza a tambalearse.
Las preguntas sin respuestas son muchas y son graves. ¿Por qué el gobierno anunció la muerte de Mordisco sin tener las pruebas de ADN? ¿Por qué se apuraron tanto? ¿Qué estaban tratando de tapar con este anuncio? ¿Será que querían distraer al país del escándalo de corrupción que tiene varios ministros bajo investigación? ¿Será que querían cambiar el tema de conversación porque la economía está en crisis y la inflación está disparada? ¿Será que necesitaban una victoria para mejorarlos números de popularidad del presidente
que están por el piso? Todas esas son posibilidades reales. Todas tienen sentido, porque este gobierno ha demostrado una y otra vez que está más preocupado por la imagen que por los resultados. ¿Qué le importa más cómo se ve en los medios que lo que realmente pasa en el país? que prefiere hacer anuncios grandilocuentes antes que trabajar en silencio resolviendo problemas.
La historia de la camioneta blindada que vieron los campesinos sigue siendo el punto más débil de toda la versión oficial. Porque si esa camioneta existió, si realmente Mordisco salió de la zona horas antes del operativo, entonces todo lo demás se cae. Entonces los cinco muertos del helicóptero son otras personas, tal vez subordinados de mordisco, tal vez un doble que usaron como ceñuelo, tal vez gente que ni siquiera sabía que iba a morir esa noche.
Y si eso es lo que pasó, si Mordisco usó un doble, eso demuestra que es mucho más astuto de lo que pensaban, que tiene una inteligencia militar muy desarrollada, que sabe cómo funciona el ejército colombiano, que conoce sus protocolos, que sabía que si mandaba un helicóptero con gente en la noche, el ejército iba a pensar que él iba ahí e iba a disparar y que mientras todos estaban concentrados en el helicóptero, él podía escapar tranquilamente por tierra.
Esa estrategia de usar señuelos no es nueva. La han usado narcotraficantes y guerrilleros durante décadas. Pablo Escobar la usaba, mandaba carros con gente que se parecía a él para que lo siguieran mientras él se movía por otro lado. Los jefes de los carteles mexicanos la usan todo el tiempo. Entonces, no sería raro que Mordisco también la usara, especialmente si sabía que el ejército lo estaba buscando.
Pero hay otra posibilidad que también debemos considerar, la posibilidad de que el gobierno sabía que Mordisco no estaba en ese helicóptero, pero igual decidió derribarlo. y después anunciar que lo habían matado sabiendo que era mentira, calculando que para cuando salieran las pruebas de ADN desmintiendo la versión oficial, ya habrían pasado semanas y el tema ya no sería noticia, ya la gente estaría pensando en otras cosas.
Esa posibilidad suena como una teoría de conspiración. Suena demasiado maquiabélica, pero no podemos descartarla. No después de todo lo que hemos visto en la política colombiana, no después de los falsos positivos, no después de tantos escándalos de gobiernos que han mentido descaradamente sabiendo que les iban a descubrir la mentira, pero confiando en que para entonces ya no importaría.
Lo que sí sabemos con certeza es que hay cinco personas muertas, cinco cuerpos carbonizados que en algún momento fueron seres humanos, cinco personas que tenían familia, que tenían historia y que murieron esa noche en la selva. Y esas cinco personas merecen que se sepa la verdad sobre lo que les pasó.
Merecen que se investigue bien quiénes eran. Merecen que sus familias tengan respuestas. Pero el gobierno no parece muy interesado en dar esas respuestas. No parece muy interesado en aclarar las dudas. Prefiere repetir su versión oficial una y otra vez. Prefiere atacar a quienes hacen preguntas tachándolos de enemigos del gobierno o de aliados de las disidencias.
prefiere usar su maquinaria de propaganda para tratar de convencer a la gente de que todo salió perfecto, que mataron a Mordisco, que fue un éxito rotundo. Esa actitud defensiva del gobierno es otra señal de que algo no está bien. Porque cuando uno está seguro de algo, cuando uno tiene las pruebas de su lado, no necesita ponerse a la defensiva, no necesita atacar a los que preguntan, simplemente muestra las pruebas y ya está.
Pero cuando uno no tiene las pruebas, cuando uno está mintiendo o cuando cometió un error que no quiere reconocer, ahí sí empieza a atacar, a desviar, a tratar de cambiar el tema. Los tres guerrilleros que capturaron vivos son testigos clave de todo esto. Ellos saben la verdad. Ellos saben si Mordisco iba en ese helicóptero o no, pero el gobierno los tiene incomunicados.
No deja que nadie más los interrogue, no permite que periodistas independientes hablen con ellos. no hace públicos los vídeos completos de los interrogatorios, solo deja filtrar pedacitos de información, los pedacitos que le convienen. Eso también es sospechoso, porque si esos guerrilleros hubieran confirmado sin ninguna duda que Mordisco iba con ellos en el helicóptero, si hubieran dicho claramente que vieron cómo se subió, que hablaron con él durante el vuelo, que lo vieron morir en la explosión, el gobierno ya habría mostrado esos testimonios completos, ya
los habría puesto en todos los canales de televisión. pero no lo ha hecho y eso hace pensar que tal vez esos testimonios no dicen lo que el gobierno quiere que digan. Las amenazas del comandante Rastrojo y de las disidencias son muy reales y muy preocupantes. Los ataques contra torres de energía ya empezaron.
Las amenazas contra congresistas y alcaldes están llegando. Hay un plan de venganza en marcha, pero lo que es interesante es que ese plan de venganza se está ejecutando de manera muy organizada, muy coordinada. No parece el caos que uno esperaría si la organización hubiera perdido a su jefe máximo. Cuando a una organización criminal le matan al líder supremo, lo normal es que haya un periodo de confusión, de peleas internas por el poder, de desorganización, porque los lugartenientes empiezan a competir entre ellos por quedarse con el mando, porque
cada uno quiere ser el nuevo jefe. Y durante ese proceso la organización se debilita, comete errores, se vuelve vulnerable. Pero nada de eso ha pasado con las disidencias después del operativo. Al contrario, están más agresivas que nunca. Están ejecutando sus planes con precisión militar.
Están demostrando que tienen comando y control, que alguien está dando órdenes claras y todos las están obedeciendo y eso solo puede significar dos cosas. o que el comandante Rastrojo es un líder excepcionalmente bueno que logró tomar el control inmediatamente o que Iván Mordisco sigue vivo y sigue dando las órdenes. De las dos opciones, la segunda parece más probable porque Rastrojo no era el segundo al mando antes del operativo, no era el heredero natural del poder.
Entonces, si Mordisco realmente hubiera muerto, deberían estar otros comandantes más antiguos peleando por el control. Pero en cambio Rastrojo aparece en un vídeo y todos los frentes de las disidencias lo obedecen. Todos ejecutan los planes que él anuncia. Eso solo tiene sentido si Rastrojo está actuando como vocero de alguien más, de alguien que todos respetan y obedecen, y ese alguien es mordisco.
La conexión con Venezuela es otro capítulo de esta historia que merece atención especial, porque si es verdad lo que dijeron los capturados, si realmente hay militares venezolanos ayudando a las disidencias, eso convierte esto en un problema internacional, en un tema de seguridad regional, en algo que va más allá de Colombia.
El régimen de Nicolás Maduro en Venezuela es una dictadura, eso ya nadie lo discute. Es un gobierno que ha destruido su país, que ha obligado a millones de venezolanos a huir buscando refugio en otros lugares, que reprime brutalmente a su pueblo, que controla todo con mano de hierro. Y ese régimen ha encontrado en las disidencias colombianas unos aliados perfectos para sus intereses.
¿Por qué le conviene a Maduro proteger a las disidencias colombianas? Por varias razones. Primero, porque esas disidencias controlan el negocio de la coca en algunas zonas de la frontera y parte de esa coca se procesa en territorio venezolano con la complicidad de militares y funcionarios venezolanos que se llenan los bolsillos con ese negocio.
Segundo, porque tener grupos armados colombianos operando desde Venezuela le sirve a Maduro como moneda de cambio en las negociaciones internacionales, como forma de presionar a Colombia, como amenaza que puede usar cuando le convenga. Si Colombia lo presiona mucho, él puede decir, “Miren, yo puedo soltar a estas disidencias para que les causen problemas.
” Y tercero, porque ideológicamente maduro y las disidencias están más o menos alineados. Ambos se consideran de izquierda revolucionaria. Ambos ven a Estados Unidos como el enemigo. Ambos quieren desestabilizar los gobiernos democráticos de la región. Entonces, hay una afinidad natural entre ellos. El gobierno de Gustavo Petro en Colombia está en una posición muy difícil con respecto a Venezuela, porque por un lado Petro es aliado político de Maduro, comparten visión ideológica.
Petro incluso ha defendido en varias ocasiones al régimen venezolano diciendo que no es una dictadura. Pero por otro lado, las disidencias que operan desde Venezuela están matando colombianos, están poniendo bombas en Colombia, están traficando droga que envenena a la juventud colombiana. Entonces, Petro tiene que decidir qué es más importante para él, si su alianza con Maduro o la seguridad de los colombianos y hasta ahora parece que está escogiendo lo primero.
Parece que prefiere mantener buenas relaciones con Venezuela, aunque eso signifique permitir que los guerrilleros colombianos tengan un refugio seguro del otro lado de la frontera. Esa decisión tiene consecuencias graves. tiene consecuencias en vidas perdidas, en ataques terroristas, en desplazamientos de población, en narcotráfico, en un montón de problemas que afectan a millones de colombianos.
Pero Petro parece más preocupado por su proyecto político ideológico que por esas consecuencias reales. Y aquí es donde todo se conecta. Aquí es donde vemos el cuadro completo, el operativo del 8 de febrero, la muerte dudosa de mordisco, el anuncio apresurado del gobierno. Todo eso se entiende mejor cuando lo ponemos en el contexto político más amplio, cuando entendemos que Petro necesitaba desesperadamente una victoria, que su gobierno está en crisis, que la economía está mal, que hay escándalos de corrupción, que la gente está
descontenta. En ese contexto, anunciar que mataron al guerrillero más buscado del país le daba un respiro. Le daba algo de que presumir, le permitía decir, “Miren, si estamos haciendo las cosas bien, en seguridad.” Le daba un tema positivo para las noticias en vez de seguir hablando de los problemas.
Por eso se apuraron. Por eso no esperaron las pruebas de ADN, porque necesitaban el titular. Necesitaban el golpe mediático inmediatamente, pero como pasa siempre con las mentiras o con las verdades a medias, terminan descubriéndose, terminan cayéndose por su propio peso y cuando eso pase, cuando salgan los resultados de ADN y si confirman que el muerto no es mordisco, el escándalo va a ser monumental.
Va a ser un golpe del que este gobierno tal vez no se recupere. Y aunque los resultados de ADN confirmen que sí es mordisco, aunque el muerto realmente sea él, el daño ya está hecho, porque la forma en que se manejó todo este asunto, la prisa, las contradicciones, el ocultamiento de información, todo eso ya sembró la duda en millones de colombianos, ya hizo que mucha gente no le crea al gobierno, aunque diga la verdad.
Esa es la tragedia más grande de todo esto, no solo el posible engaño sobre si mataron o no a mordisco, sino la pérdida de confianza en las instituciones, la sensación de que no se puede creer en nada de lo que dice el gobierno, de que todo es propaganda, de que todo es mentira.
Y cuando un país llega a ese punto, cuando los ciudadanos no le creen a su gobierno, es muy difícil salir de ahí. Los campesinos de Córdoba que vieron la camioneta blindada ahora están arrepentidos de haber hablado. Están asustados porque saben que si las disidencias los identifican, los van a matar por sapos. Y están decepcionados porque el gobierno no les hizo caso, porque les dijeron que iban a investigar y no han hecho nada, porque dieron su testimonio creyendo que iba a servir para algo y solo sirvió para ponerlos en peligro.
Esa es la historia de Colombia en miniatura, campesinos que tratan de hacer lo correcto, que colaboran con las autoridades, que dan información importante y después el Estado los abandona, los deja solos, los expone al peligro sin protegerlos. Y después se preguntan por qué la gente no colabora. ¿Por qué tienen miedo de hablar? ¿Por qué prefieren quedarse callados aunque sepan cosas importantes? Si el gobierno realmente quisiera combatir a las disidencias, si realmente le importara la seguridad del país, lo primero que haría sería proteger a las
personas que dan información, darles esquemas de seguridad, reubicarlas si es necesario, premiarlas, reconocerlas, pero en vez de eso las usa y las descarta, las expone y las olvida. Y con esa actitud lo único que logra es que nadie más quiera colaborar. Los 5 millones de dólares de recompensa que ofrece Estados Unidos por mordiscos siguen sin pagarse y según dijeron funcionarios norteamericanos, no se van a pagar hasta que haya confirmación absoluta de que el guerrillero murió hasta que vean las pruebas de ADN
verificadas por laboratorios independientes, hasta que no haya ninguna duda. Esa posición de Estados Unidos es sensata, es responsable, es lo que cualquier persona razonable haría. No dar por muerto a alguien sin pruebas definitivas. Pero al mismo tiempo es una bofetada para el gobierno colombiano. Es una forma de decirles públicamente que no les creemos, que su palabra no es suficiente, que necesitamos ver las pruebas.
Y Estados Unidos tiene razón en desconfiar porque tiene experiencia con este tipo de anuncios prematuros. Ha visto antes como gobiernos latinoamericanos anuncian victorias que después resultan ser falsas. Ha visto como manipulan la información, como inflan los resultados, entonces ahora son más cuidadosos.
Ahora exigen pruebas antes de creer. El tema de las pruebas de ADN es central en toda esta historia porque son la única forma de saber con certeza si el muerto es mordisco o no. Todo lo demás son indicios, son pistas, son probabilidades. Pero el ADN es definitivo, el ADN no miente. O es él o no es él. No hay medias tintas. Pero esas pruebas se están demorando mucho.
Ya van más de dos semanas desde el operativo y todavía no hay resultados. Los laboratorios dicen que es normal, que este tipo de pruebas con huesos quemados requieren tiempo, que hay que ser muy cuidadosos para no contaminar las muestras, que hay que repetir los análisis varias veces para estar seguros, pero cada día que pasa sin resultados es otro día de dudas, otro día de especulación, otro día en que el gobierno pierde credibilidad.
Y hay quien dice que esa demora es sospechosa, que tal vez el gobierno está tratando de ganar tiempo, de ver cómo evoluciona la situación política antes de dar los resultados, de calcular cuál es el momento menos dañino para admitir la verdad si la verdad es que no mataron a mordisco.
Son especulaciones, sí, pero no son especulaciones sin fundamento. Son dudas legítimas que surgen de la forma en que el gobierno ha manejado todo esto. La oposición política está aprovechando toda esta confusión para atacar al gobierno. Están pidiendo que el presidente explique por qué anunció la muerte de mordiscos sin pruebas. Están pidiendo que el ministro de Defensa renuncie.
Están diciendo que esto es un nuevo escándalo del gobierno de Petro. Y aunque parte de eso es politiquería normal, parte de eso también son preguntas legítimas que merecen respuestas. El problema es que en Colombia todo se vuelve politiquería, todo se contamina con la polarización. Entonces, cuando la oposición hace preguntas legítimas sobre este operativo, los defensores del gobierno dicen que son enemigos que quieren desestabilizar, que están del lado de los guerrilleros, que solo buscan atacar al presidente y al revés, cuando el gobierno trata de defender su
versión, la oposición dice que son mentirosos, que son corruptos, que todo es un montaje. Y en medio de esa pelea política se pierde la verdad, se pierden los hechos, se pierde la posibilidad de tener un debate serio y honesto sobre lo que pasó, porque todo se convierte en gritos, en acusaciones, en insultos, en propaganda de un lado y del otro, y la gente común, los ciudadanos de a pie, quedan confundidos sin saber a quién creerle.
Esa confusión es peligrosa. Esa falta de confianza en las instituciones es peligrosa. Porque si la gente no le cree al gobierno cuando dice que mató a un guerrillero, tampoco le va a creer cuando diga la verdad sobre otras cosas. Se vuelve el cuento del pastor mentiroso que tanto gritó que venía el lobo que cuando vino de verdad nadie le creyó.
Las fuerzas armadas también salen afectadas de toda esta situación porque los soldados que participaron en el operativo lo hicieron de buena fe, arriesgaron sus vidas. Cumplieron con su deber, hicieron lo que les ordenaron, pero ahora están quedando como tontos o como cómplices de un montaje, dependiendo de cuál sea la verdad, si los engañaron o si participaron del engaño.
Los militares colombianos son profesionales, son gente entrenada, son patriotas que quieren lo mejor para su país, pero están atrapados en un sistema político que a veces los usa, que los manipula, que los pone en situaciones comprometedoras y después, cuando las cosas salen mal, son ellos los que cargan con la culpa, mientras los políticos se lavan las manos.
Eso pasó con los falsos positivos hace años. Los que terminaron en la cárcel fueron soldados y oficiales de rango medio. Los generales que daban las órdenes y los políticos que creaban el sistema de presión por resultado se salvaron. quedaron impunes. Y lo mismo puede pasar con este caso si resulta que fue un montaje.
Por eso es tan importante que se aclare la verdad completa de lo que pasó esa noche del 8 de febrero. Por eso es importante que las pruebas de ADN se hagan de manera transparente, con veedores internacionales, si es necesario, con laboratorios independientes, con toda la seriedad que el caso requiere, porque lo que está en juego no es solo saber si murió o no un guerrillero.
Lo que está en juego es la credibilidad de todo el sistema. Los colombianos ya no aguantamos más mentiras, ya no aguantamos más manipulación, ya estamos cansados de que nos traten como si fuéramos tontos, como si no nos diéramos cuenta de las inconsistencias, como si no tuviéramos derecho a hacer preguntas, a exigir explicaciones, a pedir pruebas.
Este país ha vivido décadas de guerra, décadas de violencia, millones de víctimas, cientos de miles de muertos, desplazamientos masivos, dolor y sufrimiento por todas partes. Y en medio de toda esa tragedia, lo menos que merecemos es que nos digan la verdad, que no nos engañen, que no usen nuestro dolor para hacer política barata.
Si Iván Mordisco murió en ese operativo, si de verdad lograron eliminarlo, entonces hay que celebrarlo. Es una victoria importante, es un golpe fuerte contra las disidencias, pero hay que demostrarlo. Hay que mostrar las pruebas, hay que ser transparentes. No podemos simplemente creerle al gobierno porque sí.
Y si Mordisco no murió, si escapó, si usó un doble, si todo fue un error o peor aún un montaje, entonces hay que decirlo también. Hay que reconocer el error, hay que pedir disculpas, hay que sacar conclusiones, hay que mejorar los procedimientos para que no vuelva a pasar, pero sobre todo hay que dejar de mentir.
La verdad siempre sale a la luz. Tarde o temprano todo se sabe, los secretos se filtran, los testigos hablan, los documentos aparecen. Entonces es mejor decir la verdad desde el principio, aunque duela, aunque sea incómoda, aunque sea políticamente inconveniente, porque la alternativa es peor. La alternativa es quedar como mentirosos, como manipuladores, como gente en la que no se puede confiar.
El gobierno de Gustavo Petro tiene ahora una oportunidad de hacer lo correcto, de demostrar que le importa más la verdad que su imagen política, de mostrar las pruebas cuando estén listas, de reconocer si se equivocaron, de ser honestos con el país. Pero viendo cómo han manejado todo hasta ahora, viendo su historial de ocultamiento y manipulación de información, no parece muy probable que lo vayan a hacer.
Y eso es lo más triste de todo, que ya no esperamos honestidad de nuestros gobernantes, que ya asumimos que van a mentir, que van a manipular, que van a hacer lo que sea necesario para quedar bien y que nosotros tenemos que ser como detectives buscando la verdad entre mentiras, como si no tuviéramos derecho a que simplemente nos digan las cosas como son.
Las próximas semanas van a ser cruciales. Cuando salgan los resultados de las pruebas de ADN, se va a aclarar mucho de esta historia. Se van a responder muchas preguntas, se va a saber si el gobierno dijo la verdad o si nos engañó. Y dependiendo de eso van a pasar muchas cosas, desde manifestaciones hasta renuncias hasta quién sabe qué más.
Pero independientemente de cuáles sean los resultados de esas pruebas, lo que ya quedó claro es que este gobierno tiene un problema serio de credibilidad, tiene un problema con la forma en que maneja la información, tiene un problema con su relación con la verdad y eso no lo va a arreglar ninguna prueba de ADN.
Eso solo se arregla con un cambio profundo en la forma de gobernar. Colombia necesita un gobierno que respete a sus ciudadanos, que nos trate como personas inteligentes capaces de entender situaciones complejas, que confíe en nosotros lo suficiente como para decirnos la verdad, aunque sea incómoda, que no nos trate como niños a los que hay que mentirles por su propio bien.
Colombia necesita unas fuerzas armadas que trabajen para proteger al país y no para hacer shows mediáticos, que se concentren en resultados reales y no en anuncios espectaculares, que pongan la seguridad de los ciudadanos por encima de las consideraciones políticas. Colombia necesita medios de comunicación independientes que investiguen, que hagan preguntas difíciles, que no se conformen con las versiones oficiales, que busquen la verdad, aunque eso moleste a los poderosos, que sirvan al país y no a los gobiernos.
Y Colombia nos necesita a nosotros, a los ciudadanos comunes, despiertos, informados, críticos, haciendo preguntas, exigiendo respuestas, no creyendo todo lo que nos dicen, usando el sentido común, compartiendo información, hablando de estos temas, porque si nosotros no lo hacemos, nadie más lo va a hacer.
Esta historia del operativo contra Iván Mordisco va a seguir desarrollándose en los próximos días y semanas. Van a seguir saliendo detalles, van a seguir apareciendo contradicciones, van a seguir surgiendo preguntas y nosotros vamos a estar aquí para contárselas, para mantenerlos informados, para buscar la verdad entre todas las mentiras.
Por eso es tan importante que ustedes nos sigan, que compartan estos vídeos, que dejen sus comentarios contando lo que piensan, que ayuden a difundir esta información, porque entre todos podemos construir una visión más clara de lo que realmente está pasando en nuestro país. No dejen que los poderosos decidan que es verdad y que es mentira.
No dejen que los políticos los manipulen. No se queden callados cuando vean que algo no cuadra. Hablen, pregunten, investiguen, porque ese es su derecho como ciudadanos, ese es su deber como colombianos. Esta historia de Iván Mordisco, del helicóptero derribado, de los cinco muertos, de la camioneta blindada, de todos los misterios sin resolver, es solo un ejemplo más de cómo funciona el poder en Colombia, de cómo nos mienten, de cómo nos usan, pero no tiene que seguir siendo así para siempre.
Las cosas pueden cambiar, pero solo si nosotros, los ciudadanos exigimos ese cambio. Solo si no nos conformamos con migajas de verdad, solo si mantenemos la presión hasta que nos digan todo. Hasta que las instituciones funcionen como deben funcionar, hasta que los gobernantes entiendan que trabajan para nosotros y no al revés.
El futuro de Colombia está en nuestras manos en las decisiones que tomemos, en las preguntas que hagamos, en las verdades que exijamos y aunque a veces parezca imposible, aunque a veces sintamos que es muy difícil luchar contra todo el sistema, no podemos rendirnos. Tenemos que seguir adelante porque no hay otra opción, porque este es nuestro país y vale la pena luchar por él.
¿Usted qué opina de este operativo? ¿Cree que de verdad mataron a Iván Mordisco o piensa que fue un montaje del gobierno? ¿Le parece creíble la historia de la camioneta blindada? ¿Confía en que las pruebas de ADN van a ser transparentes? Déjenos su comentario aquí abajo. Queremos saber qué piensa la gente de bien de este país sobre todo lo que está pasando.
Queremos escuchar su voz porque su opinión importa. Porque entre todos podemos construir una Colombia mejor. Hasta la próxima. M.