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Joan Sebastian: 3 Hijos Muertos y lo que su Familia Ocultó 10 Años

Joan Sebastian  está arrodillado en el piso. Tiene a su hijo en los brazos. Trigo, 27 años, un balazo en la cabeza. La sangre le  empapa la camisa, le chorrea entre los dedos, grita pidiendo una ambulancia. Nadie  llega. 50 minutos. 50 minutos sosteniendo a su hijo mientras se muere.

El asesino saltó una valla y desapareció. Nunca lo encontraron. 4 años después, su otro hijo, Juan Sebastián, fue ejecutado afuera de un bar, dos balazos, cuello y abdomen. Y esa misma noche, el cártel  del Pacífico Sur dejó una anarcomanta. Nosotros lo matamos. ¿Por qué un cártel se adjudica el asesinato del hijo de un cantante? La respuesta está en lo que  un testigo del cártel de los Beltrán Leiva declaró años después.

El hobby de Joan Sebastián era cantar. Lo suyo, lo suyo era traficar drogas. Eso está documentado, publicado. Y la familia lloraba al segundo hijo asesinado.  150 soldados del ejército mexicano llegaron a su rancho. 150. Registraron todo, cada cuarto, cada establo, cada  rincón. ¿Qué buscaban? Joan Sebastián convocó una conferencia de prensa, se paró frente a las cámaras vestido de negro, con los ojos rojos y dijo, “Yo no soy narcotraficante.

Esa grabación existe y hoy la vas a ver.” En  2023, Julian, el hijo que tuvo con Maribel Guardia, murió de un infarto. Tenía 27 años, la misma edad que Trigo cuando lo mataron. Tres hijos muertos. Coincidencia, maldición o el precio que pagó su familia por los secretos que Joan Sebastian nunca confesó.

Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambian  todo lo que creías saber sobre el poeta del pueblo. Primero, la grabación de esa conferencia de prensa donde dijo,  “Yo no soy narcotraficante.” Mientras el ejército escudriñaba su rancho con el cuerpo de su hijo todavía tendido. Segundo, las declaraciones ante la procuraduría de dos mujeres que lo señalaron de participar en algo tan oscuro que ni siquiera puedo nombrarlo todavía.

Testimonios en archivos oficiales  que su familia ha demandado para silenciar. Tercero, el testimonio de su médico revelando las 14 horas de agonía antes de morir. Falló el corazón, falló el pulmón, falló el riñón, falló el hígado,  falló todo. Palabras exactas. Y cuarto, ¿por qué murió sin dejar testamento condenando a sus hijos a 10 años de guerra por más de 100 propiedades y millones de dólares  que nadie ha podido cobrar? Te voy a avisar cuando llegue cada revelación.

Si  te vas antes del final, te pierdes lo que la familia Figueroa  más ha intentado borrar. Pero para entender como un niño que vendía gelatinas en un pueblo de guerrero terminó acusado de ser socio de los narcotraficantes más sanguinarios  de México, necesitas conocer el principio. Y el principio es más oscuro de lo que imaginas.

Hay una frase que Joan Sebastián repitió toda su vida, una frase que le enseñaron de niño y que terminó siendo su maldición. El que nace para cantar, aunque le corten la lengua. Recuerda esa frase, la vas a necesitar para entender el final. Nació en 1951 en Juliantla, Guerrero. Un pueblo tan pequeño que ni siquiera aparecía en los mapas. Pobreza extrema, 12 hermanos.

Vendía  gelatinas en las calles a los 7 años. Boleaba zapatos. cargaba cubetas de leche antes del amanecer. A los 14 quiso ser sacerdote. Entró al seminario, estudió latín  y teología y ahí, entre muros sagrados, compuso su primera obra, una misa completa que los seminaristas cantaban los domingos.

 Pero su padre lo sacó del seminario. Le dijo, “Tu camino está en otro lado.” A los 17 trabajaba de mantenimiento en un hotel de la Ciudad de México. Limpiaba cuartos, tendía camas, trapeaba pisos, pero por las noches cantaba. La actriz Angélica María, lo escuchó en un pasillo. Le dio un contacto. José Manuel tocó puertas en las disqueras.

Todas se cerraron. Tu voz no sirve. No tienes imagen comercial. Regrésate a tu pueblo. Se fue a Chicago, lavó platos, vendió autos usados, vivió en cuartos con cucarachas y tuberías congeladas. Y entonces llegó la llamada que cambió todo. Un promotor en Texas le ofreció $1,000 por presentación, pero con una condición. Tenía que cambiar su nombre.

Él mismo lo eligió. Joan por el Papa, Juan 23, el pontífice que lo inspiró a querer ser sacerdote. Sebastián por San Sebastián, el mártir romano atravesado por flechas, el santo que murió dos veces, el niño que quiso ser sacerdote eligió el nombre de un mártir. Guarda ese detalle. Los éxitos llegaron como avalancha.

Tatuajes se convirtió en el himno de una generación. Secreto de amor sonaba en todas las radios. Un idiota hacía llorar a las mujeres en los antros. Joan Sebastian no solo cantaba, componía y sus letras tenían algo que las hacía distintas de todo lo demás que sonaba en esa época. Hablaban de amor como si doliera, como si cada verso hubiera sido escrito con  las tripas abiertas.

Quizá porque para él el amor siempre dolió. Su primera esposa se llamaba Teresa González. Se conocieron cuando él todavía era un don nadie que cantaba  en bares de mala muerte. Ella creyó en él cuando nadie más lo hacía. Se casaron. Tuvieron tres hijos, José Manuel,  Trigo y Juan Sebastián. Teresa lo vio convertirse en estrella.

vio como el hombre humilde  que había conocido se transformaba en alguien que llenaba palenques y coleccionaba autos lujo. Vio las giras que duraban meses, las fans que gritaban su nombre, las noches que él no regresaba a casa. El matrimonio terminó. Joan Sebastian nunca habló públicamente de por qué. Teresa tampoco.

 El silencio fue la única explicación que recibieron los tres hijos que quedaron en medio. Después  vino María del Carmen Ocampo, una relación fugaz, casi secreta. De ahí nació Zarelea, la primera hija de Joan Sebastián. Una niña que creció lejos de los reflectores sin el apellido famoso en la puerta de su casa. Pero lo peor aún no había empezado y entonces apareció Maribel Guardia.

 Se conocieron en 1992. Ella era, sin exagerar, una de  las mujeres más hermosas que México había producido jamás. Ex Miss Universo Costa Rica, actriz de telenovelas que paralizaban al país, cantante con una voz que derretía corazones. Joan Sebastian la vio y supo que tenía que conquistarla.

 Tenía 41 años, ella tenía 33. Él ya cargaba con dos matrimonios rotos y cuatro hijos de mujeres diferentes. Nada de eso importó. Se casaron ese mismo año. En 1995 nació Julián, el hijo que uniría sus destinos para siempre. Joan Sebastián parecía tenerlo todo. Fama que cruzaba fronteras, dinero para comprar ranchos y caballos finos, una esposa que era la envidia de medio país, un hijo sano que llevaba su sangre, gramis que se acumulaban en las repisas de su casa, pero lo que el público no veía era lo que pasaba cuando las cámaras se apagaban.

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