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CHRISTIAN BACH: Eligió Desaparecer 5 Años Antes de Morir y Solo Su Marido Supo Por Qué…

La dueña de la casa los miraba desde [música] la cocina y le dijo a su marido, “A esos dos los vamos a ver casados, te lo digo yo, pero no pasó esa noche, tampoco la siguiente, pasó en 1984.” Cristian lo contó [música] una vez en una entrevista poco frecuente. Esas quedaba ella contadas con los dedos. Una noche cualquiera, después de una cena en casa de un productor común, Humberto la acompañó al coche sin más y antes de despedirse [música] le dijo una frase que ella en sus pocas entrevistas repitió alguna vez, [música]

“Cristian, yo voy a esperar lo que haga falta, pero quiero que sepas que estoy esperando.” Cristian no le contestó esa noche subió al coche, cerró la puerta y se fue. Pero al día siguiente lo llamó. Y dos años [música] después, en 1986, después de protagonizar juntos la telenovela [música] de Pura Sangre, Humberto Zurita y Cristian Bach se casaron esperando.

Y aquí viene lo bueno, porque casarse con Humberto fue solo el principio, porque Cristian en [música] aquellos años estaba a punto de hacer algo que las actrices argentinas en México no hacían. Estaba a punto de convertirse en la cara del horario estelar de Televisa. En 1983 se estrenó Bodas de odio. Christian Bach interpretaba a Catalina, una mujer obligada a casarse con un hombre al que no amaba, y lo hacía con esa mezcla suya de elegancia y dolor contenido que el público mexicano no había visto antes en una actriz extranjera. Las casas se

paraban a las 9 de la noche. Yo me acuerdo perfectamente, fíjate, yo me acuerdo perfectamente de mi vecina de entonces. Cada noche [música] a las 9 en punto dejaba la cocina, se sentaba en el sofá y no se podía hablar con ella hasta que terminaba el capítulo. Eso hacía Christian Bach. Paraba la vida de las casas.

[música] Paraba la vida. Después, en 1995, vino bajo un mismo rostro. Interpretó a dos personajes a la vez, dos hermanas gemelas, [música] una buena y una mala. Y aquí está el detalle bonito. Le bastaba con cambiar el gesto de la boca para que el público supiera, sin más, cuál de las dos hermanas era. Sin maquillaje distinto, sin peluca, solo la boca.

Y en 1996, Cañaveral de Pasiiones. La telenovela que la confirmó como la actriz más [música] respetada del horario estelar mexicano, interpretaba a una mujer atrapada en una hacienda en medio de Veracruz. Una mujer que aguantaba en silencio, una mujer que callaba lo que sentía hasta que un día cansada [música] dejaba de callar y Cristian Bach hacía ese papel mejor que nadie en México.

Ese tipo de mujeres que callan hasta que un día dejan de callar. Lo hacía sin levantar la voz, sin gestos grandes, solo bajando los ojos en la escena exacta, y el público entero en 5 millones de casas [música] se quedaba en silencio mirando esos ojos. Pero lo que estaba a punto de pasar entre ellos, lo que Cristian iba a construir en silencio durante los siguientes [música] 33 años, ni Humberto mismo lo había imaginado.

Suscríbete si crees, como yo, que algunas mujeres prefieren guardar su dolor a darlo en titulares. Aquí en el precio de ser, cada semana contamos historias así, historias de mujeres que pagaron precios que nadie vio. Y mientras Cristian se convertía en la cara del horario estelar, hizo otra cosa que casi nadie vio.

dejó algo [música] muy claro al público mexicano, algo que entonces nadie entendió bien y que después se iba a entender perfectamente. Ella no iba a contar su matrimonio. Cuando los reporteros le preguntaban por Humberto, contestaba con monosílabos. Si le pedían fotos en casa, [música] decía que no, sin excepciones. A las entrevistas en pareja mandaba a Humberto solo. Esa era su norma.

[música] Y si una revista publicaba algo sobre su vida privada, Cristian llamaba a la directora y le pedía, con esa voz baja que tenía, que por favor no lo repitiera. Y mientras Cristian construía su carrera en pantalla, estaba construyendo otra cosa en privado, una cosa que en aquellos [música] años nadie en México sabía bien.

Estaba aprendiendo el oficio de productora. Miraba las hojas de presupuesto de cada telenovela. [música] Le pedía al director que le explicara por qué cortaba aquí y no allí. se sentaba al lado del editor a ver el montaje, todo desde la sombra, y todo eso lo aprendía sin que ninguno de esos productores se diera cuenta de que estaba aprendiendo.

Porque Cristian, mientras [música] hacía las preguntas, parecía solo curiosa. Una actriz argentina con ganas de saber, nada más. Pero claro que era más, era muchísimo más. En 1995 montaron una productora juntos. La llamaron Suba, una palabra rara. que ellos mismos [música] se inventaron juntando las primeras letras de los dos apellidos, Su de Zurita, B de Bach.

Y durante [música] años la sensación que tenía todo el mundo era que quien llevaba aquello era Humberto, normal también, porque era el que daba la cara, el que iba a las reuniones, el que hablaba con la prensa, el que aparecía siempre. Pero luego [música] hablabas con gente que había trabajado con ellos y todos te terminaban diciendo más o menos lo mismo, que Cristian era [música] muy lista.

muchísimo y que además tenía una forma muy curiosa de manejar las reuniones porque no era nada escandalosa, ¿sabes? No era esa típica persona que entra y necesita que todo el mundo la mire. Para nada, más bien al revés. Se sentaba, escuchaba [música] y te dejaba hablar. Y tú pensando que la reunión iba por un lado hasta que de repente ella te hacía una pregunta y te desmontaba el asunto entero de estas personas que parecen tranquilas, pero que en realidad están pendientes de todo.

Te cuento una que me contaron. En 1997 hubo una reunión en las oficinas de Suba. [música] Estaban cuatro personas, Humberto, Cristian, un escritor de guiones y un productor importante de Televisa que había venido a negociar el sueldo de un actor. El productor durante toda la reunión le hablaba a Humberto, le hacía las preguntas a Humberto, le explicaba los números a Humberto.

Cristian estaba sentada en una esquina, callada, [música] escuchando todo, hasta que el productor terminó. Miró a Humberto y le dijo, “Bueno, ¿qué dices?” Humberto sonrió y le contestó, “Pregúntale a Cristian. Esto lo decide ella.” El productor, según contó después el escritor que estaba allí, se puso colorado. [música] Llevaba 2 horas hablándole a Humberto cuando la persona que decidía estaba a 3 m callada, oyéndolo todo.

Y esa escena, fíjate, se repitió decenas de veces en 20 años. Productores que entraban a suba pensando que iban a tratar con un actor mexicano simpático y se iban habiendo cerrado el trato con una mujer argentina callada que nunca levantaba la voz. Pero Cristian en público nunca lo dijo. Cuando alguien intentaba escribir un artículo sobre ella, [música] lo llamaba y le pedía que no lo publicara.

Cuando Televisa quería darle un premio a la mejor productora, mandaba a Humberto a recogerlo. Cuando un columnista publicaba que en Suba mandaba ella, no salía a desmentirlo, pero tampoco lo confirmaba. Una sola vez en su vida explicó por qué hacía lo que hacía. Fue en una conferencia en una universidad privada del norte de México.

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