Posted in

Paco Stanley: La Historia Detrás de su Asesinato y lo que Nunca se Contó

Paco Stanley: La Historia Detrás de su Asesinato y lo que Nunca se Contó

El 7 de junio de 1999, a las 12:47 del mediodía, en una de las avenidas más transitadas de la Ciudad de México, un hombre salió de un restaurante y lo acbillaron. No fue un robo, no fue un accidente. Fueron sicarios profesionales que sabían exactamente lo que hacían y a quién iban a matar. El problema es que ese hombre no era un narcotraficante, ni un político corrupto, ni un criminal de ningún tipo.

Era el conductor de televisión más querido y más visto de México. Era Paco Stanley y su muerte dejó preguntas que hasta hoy nadie ha podido responder de manera satisfactoria. Francisco Stanley Albaitero nació el 27 de septiembre de 1942 en Hermosillo, Sonora. Creció en una familia de clase media, sin grandes conexiones ni dinero de sobra.

 Desde joven tenía una cualidad que no se puede aprender ni comprar. Sabía hacer reír a cualquier persona en cualquier situación. Esa habilidad natural lo llevó primero a la radio, luego a pequeños programas de televisión y, finalmente, a convertirse en una de las figuras más poderosas de la pantalla chica mexicana.

 Pero el camino fue recto ni limpio, eso es precisamente lo que hace su historia tan complicada de contar. En los años 80, Paco Stanley ya era conocido en los círculos del entretenimiento mexicano. Había trabajado en distintos formatos, había desarrollado un estilo propio y había aprendido algo que muy pocos entienden en ese negocio.

El secreto no está en ser más talentoso, sino en ser más cercano al público. Stanley hablaba como la gente de la calle. Sus chistes eran ordinarios, sus referencias eran cotidianas, su manera de moverse frente a la cámara era la de alguien que nunca olvidó de dónde venía. Y eso lo convirtió en algo que el dinero no puede fabricar, genuino, o al menos eso parecía desde afuera.

 El gran salto llegó con el programa Una tras otra, que se convirtió en uno de los más vistos de México a principios de los 90. Luego vino Pácatelas, el show que lo catapultó definitivamente a la cima. Era un programa de concursos, sketches y humor popular que congregaba a millones de familias mexicanas frente al televisor cada semana.

 En su mejor momento, Paco Stanley era más reconocido en México que muchos políticos y estrellas de cine. Tenía ese poder extraño que tienen muy pocas personas. entrar a cada casa del país como si fuera un amigo de toda la vida. Trabajó con prácticamente todos los grandes de la televisión mexicana de su época.

 Con Jorge Ortiz de Pinedo compartió proyectos y escenarios durante años. con figuras como Luis de Alba y Cepillín, coincidió en el mundo del espectáculo popular y fue en Pacatelas, donde descubrió y lanzó a varios talentos jóvenes que después tendrían carreras importantes, entre ellos a Mario Besares, quien se convertiría en su compañero más cercano y en uno de los personajes centrales de la historia más oscura de su vida.

 Besares era su cómplice perfecto en pantalla, más joven, más físico, dispuesto a hacer el ridículo sin pensarlo dos veces. La química entre ellos era genuina y el público lo notaba. Pero detrás de esa imagen de conductor carismático y cercano había una vida privada que el público no conocía. Una vida que incluía excesos, conexiones peligrosas y un estilo de vida que contrastaba brutalmente con la imagen familiar que proyectaba en televisión.

 Stanley era conocido en los círculos del entretenimiento mexicano por su afición a las fiestas, por su consumo de sustancias y por moverse en ambientes que tenían poco que ver con los estudios de televisión. Eso no era un secreto para quienes lo conocían de cerca. El secreto era con quiénes exactamente se estaba mezclando en esos ambientes.

 También era conocido por su carácter difícil fuera de cámara. Quienes trabajaron con él hablan de un hombre muy diferente al que aparecía en pantalla. Exigente, controlador, capaz de humillar a colaboradores cuando algo no salía como él quería. tuvo conflictos con varios compañeros de trabajo a lo largo de su carrera, algunos de los cuales terminaron en rupturas públicas que la prensa del espectáculo cubrió con detalle.

 Con el productor Guillermo Ochoa tuvo roces que eran Vox Populi en el medio y con más de un colega la relación pasó de la camaradería pública a la atención privada sin que el público lo notara del todo. Pero hay algo que casi nadie discute. En su trabajo, era extraordinario. Tenía un instinto para el entretenimiento que muy pocos conductores han tenido en la historia de la televisión mexicana.

 sabía exactamente cuándo hacer una pausa, cuándo improvisar, cuándo cambiar el ritmo de un programa que estaba perdiendo energía. Esa habilidad le dio años de éxito ininterrumpido y una lealtad del público que resistió escándalos que habrían destruido la carrera de cualquier otro. Y esa lealtad del público era también su mayor escudo.

Para 1999, Paco Stanley era una institución en México. Tenía 56 años. Seguía en el aire con programas que mantenían audiencias enormes y mostraba muy pocas señales de querer retirarse. Su cara estaba en todos lados, en la televisión, en la publicidad, en los eventos públicos. Era el tipo de celebridad que parece eterno, que uno no puede imaginar que un día simplemente dejará de estar.

 Nadie imaginaba que ese día llegaría tan pronto y nadie imaginaba la forma en que llegaría. Pero hay algo que el público que lo adoraba no sabía, algo que sus cercanos comenzaban a notar con preocupación en los meses previos a junio de 1999. Paco Stanley había cambiado. Estaba más nervioso, más cerrado, más cauteloso en lo que decía y a quién se lo decía, como si algo lo estuviera presionando desde afuera, como si supiera algo que lo ponía en una posición incómoda y peligrosa.

 Lo que estaba pasando en su vida fuera de las cámaras en esos meses y las personas con las que se había mezclado es la clave para entender por qué terminó como terminó. Y eso empieza con entender el mundo en el que realmente vivía cuando apagaban las luces del estudio. Hay dos versiones de Paco Stanley que convivieron durante toda su carrera sin que el público lo notara demasiado.

 La versión pública era el conductor familiar, el hombre del pueblo, el que hacía reír a todos por igual. La versión privada era considerablemente más complicada. Y para entender por qué lo mataron el 7 de junio de 1999, hay que adentrarse en esa segunda versión con honestidad, aunque resulte incómoda, porque nadie muere así de esa manera, sin razones que vengan de su propia vida.

Read More