Ernestina Godoy acaba de tumbar al funcionario de la mansión de 15,000000es de pesos. Se llama Héctor Taurino Landa Cabrera. Fue durante 7 años el hombre que dentro del SAT vigilaba a los grandes contribuyentes de todo el país y la FGR lo detuvo acusado de enriquecimiento ilícito porque según la investigación se habría quedado con una residencia de lujo en jardines del Pedregal valuada en más de 15 millones de pesos.
Pero esa mansión, por más que te indigne escucharlo, es apenas el principio, porque detrás de este hombre, dicen los expedientes, hay una red de 324 empresas fantasma y un nombre que hasta el día de hoy no ha salido en ningún noticiero y nada de esto me lo estoy inventando. Viene del comunicado oficial de la propia Fiscalía General de la República y de los reportes que esta misma semana cruzaron varios medios nacionales.
Y si llevas años escuchando que estos funcionarios se hacían ricos con el dinero de nuestros impuestos, sin que nunca les pasara absolutamente nada, este es tu canal. Dale al botón rojo y quédate conmigo porque hoy vamos a ver cómo por fin a uno de ellos le llegó la cuenta. Y déjame contarte cómo cayó, porque no fue de pura suerte ni de casualidad.
La FGR que hoy encabeza Ermestina Godoy lo ubicó en un domicilio de Salapa, Veracruz. Después de meses de seguirle los pasos uno por uno, los elementos de la Agencia de Investigación Criminal le montaron vigilancias fijas y móviles, le revisaron el patrimonio peso por peso, verificaron propiedades, cruzaron papeles y datos hasta tener todo amarrado.
No fue que se lo toparon en la calle, fue trabajo de inteligencia paciente hasta dar con él. Y cuando uno entiende de qué puesto estamos hablando, qué cargo tenía este personaje dentro del gobierno, es ahí cuando la cosa empieza a oler verdaderamente mal. ¿Y sabes cuál era exactamente el puesto que tenía este señor adentro del SAT? Pues agárrate porque no era un funcionario cualquiera, no era el de la ventanilla.
Héctor Taurino Landa Cabrera fue entre 2011 y 2018 el administrador central de coordinación estratégica de la Administración General de Grandes Contribuyentes. Y eso dicho en cristiano, en palabras que entendamos todos en la mesa de la cocina, significa que este hombre era de los que vigilaban a las empresas más grandes del país, a las que mueven más dinero, a los peces gordos que le pagan impuestos al gobierno.
Él estaba justo ahí en el corazón de esa oficina coordinando cómo se les revisaban las cuentas a los más poderosos. Y aquí es donde a uno se le revuelve el estómago, porque resulta que el encargado de cuidar que los grandes pagaran lo justo habría sido, según la investigación, uno de los que se sirvió con la cuchara grande.
El que tenía que cuidar la casa, terminó presuntamente robándose hasta los cubiertos. Y no perdamos de vista lo que te prometí al principio, que detrás de este hombre de la mansión de 15 millones de hay una red enorme y un nombre que todavía nadie ha querido pronunciar. Estamos hablando de alguien que tuvo en sus manos durante 7 años una de las oficinas más sensibles del SAT y cómo llega un funcionario público que vive de un sueldo del gobierno a tener una mansión que cuesta más de 15 millones de pesos.
Esa es la pregunta del millón y la respuesta que está en el expediente es de no creerse. Según la fiscalía, esa residencia de lujo en jardines del Pedregal, uno de los fraccionamientos más exclusivos y caros de toda la Ciudad de México, no la compró con su sueldo ni con un crédito como cualquier hijo de vecino.
Se la habrían entregado. Así como lo oyes, una empresa llamada arrendadora Franluty le habría pasado esa casona allá por agosto de 2018. bajo una figura que suena muy elegante, pero que es pura trampa, una dación de pago, es decir, un pago en especie por unos supuestos servicios profesionales.
El detalle, el que hace que todo se caiga es que esos servicios, según las propias auditorías de las autoridades, jamás se llevaron a cabo. O sea, le pagaron con una mansión de 15 millones por un trabajo que nunca existió. Y hay reportes que hablan incluso de hasta tres inmuebles que sumados rebasarían los 21 millones de pesos.
Imagínate nada más el descaro, una casa de lujo a cambio de aire, de puros papeles, de un contrato de mentiritas. Mientras tanto, tú y yo pagando el predial, formándonos en el banco, juntando peso a peso para el enganche de algo modesto. ¿Y tú sabes qué clase de lugar es ese jardines del Pedregal, donde este hombre fue a vivir como rey? Déjame que te pinte el cuadro porque ayuda a entender el tamaño del descaro.
Jardines del Pedregal no es una colonia cualquiera. Es de esas zonas donde viven los apellidos más pesados del dinero en México. Calles anchas, bardas altísimas, terrenos enormes, casas con jardín, alberca, varios coches en la cochera y seguridad privada en cada esquina. Y todo esto sin perder de vista que este señor llegó ahí siendo un funcionario público de sueldo, no un empresario ni un herelero.
Es el tipo de lugar donde una sola propiedad cuesta lo que una familia trabajadora no junta ni en 10 vidas enteras de chamba honrada. Y ahí, en ese mundo de lujo, es donde, según la investigación, se instaló el hombre que se suponía cuidaba el dinero de todos. Mientras una señora en Guadalajara o en el Estado de México hacía cuentas para ver si le alcanzaba para la luz y el gas del mes, este personaje presuntamente disfrutaba de una mansión que le regalaron por debajo del agua.
Esa es la herida que más arde, la diferencia entre el que paga sus impuestos con sacrificio y el que vivía como millonario con el dinero que debió ser de todos. Y aún así, durante años no le pasó nada. ¿Y por qué si todo esto ya se sabía, tardaron tantos años en ponerle por fin la mano encima? Aquí viene una parte que mucha gente no conoce y que vale la pena que te quedes a escuchar.
Resulta que este caso no nació ayer ni la semana pasada. La investigación contra esta red venía caminando desde finales de 2020, jalando hilos poco a poco, cruzando declaraciones patrimoniales con propiedades, revisando empresas siguiendo el rastro del dinero. No fue de la noche a la mañana. Fueron años de armar el rompecabezas, pieza por pieza, hasta tener lo suficiente para pedirle a un juez la orden de aprensión.
Y lo que más llama la atención es la paciencia con la que se armó este expediente sin soltar nunca al hombre de la mansión de 15 m000ones. Porque a diferencia de otras épocas en las que estos casos se archivaban calladitos y nadie volvía a saber de ellos, con esta nueva fiscalía que hoy dirige Ernestina Godoy, la cosa siguió y siguió hasta dar resultados.
Estamos hablando de un funcionario del periodo que va de 2011 a 2018, de esos años en los que muchos creyeron que podían hacer y deshacer sin que jamás les pasara nada. ¿Y qué crees que intentó hacer este señor para que el caso nunca avanzara en su contra? Pues hizo lo que casi todos hacen cuando ven que se les viene la noche encima.
se agarró de los abogados y de los recursos legales para frenar todo. Intentó ampararse. Buscó que la justicia lo dejar en paz, argumentando, según trascendió, que la forma en que está señalado el delito de enriquecimiento ilícito ya lo daba por culpable de entrada, sin dejarnos defenderse. Una jugada de abogado fino de esas que solo se pueden pagar cuando se tiene mucho dinero para zafarse y que el proceso se quedara congelado.
Pero esta vez la cosa no le salió como en otros tiempos. En mayo de 2023, nada menos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación le negó ese amparo y no por un botito apretado, se lo negaron por unanimidad todos en contra. Con esa puerta cerrada ya solo era cuestión de tiempo para que lo agarraran y así fue.
¿Y dónde crees que está pasando las noches este hombre en este preciso momento? Pues muy lejos de su mansión de jardines del Pedregal, eso te lo aseguro. Según los reportes, tras la detención, el funcionario quedó ingresado en el reclusorio sur de la Ciudad de México esperando su audiencia inicial.
Ese mismo hombre que dormía rodeado de jardines, albercas y seguridad privada, hoy duerme tras las rejas en una celda como cualquier otro detenido, esperando a que un juez decida su futuro. Y aquí otra vez vale la pena recordar de quién estamos hablando. Del hombre de la mansión de 15 m000ones, el que ahora aparece ligado a esa red gigantesca que todavía no termina de destaparse.
En esa audiencia inicial, un juez va a revisar las pruebas y va a decidir si el proceso sigue. Pero lo que ya nadie le quita es que pasó de la mansión al reclusorio y de dónde salía en realidad todo ese dinero con el que se armó semejante patrimonio. Y aquí es donde la historia deja de ser la de un solo hombre y se convierte en algo mucho más grande, mucho más oscuro, porque esa mansión, esos inmuebles, ese patrimonio que no cuadraba por ningún lado con su sueldo no salieron de la nada.
Según los expedientes de la fiscalía, todo estaría conectado a una red de corrupción integrada por 324 empresas fantasma. 324. No es un error, no me equivoqué con el número, un entramado enorme de empresas de papel, de esas que existen nada más para mover dinero, simular contratos y repartir beneficios entre quienes están adentro del negocio.
Y lo que cuenta el expediente sobre para qué servía esa red es justo lo que convierte este caso en una bomba que apenas está empezando a estallar, porque esas empresas fantasma, según la investigación no estaban ahí. solo para hacerlo rico a él. Estaban ahí para algo mucho mayor, para repartir favores y beneficios.
Y todo apunta que en esa repartición habría más manos metidas, más nombres del mismo periodo que hasta hoy nadie ha mencionado en voz alta. Hay un nombre, uno en particular que el expediente estaría rozando y que ningún noticiero se ha atrevido a poner sobre la mesa. Y ese nombre, junto con lo que de verdad hacían esas 324 empresas, es exactamente lo que te voy a contar a continuación, porque es ahí donde toda esta historia cambia por completo.
Y para entender de verdad lo que viene, hay que detenerse en esas 324 empresas, porque ahí está el corazón de todo. No es normal que un solo hombre, un funcionario de gobierno, aparezca conectado con semejante cantidad de empresas de papel, una, dos, tres. Hasta se podría pensar en una casualidad, pero 324 no son casualidad. Son una maquinaria armada con cuidado, con paciencia, con gente que sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Y cuando uno empieza a jalar de ese hilo, lo que aparece del otro lado no es lo que esperarías. ¿Y sabes qué es lo que tienen en común todas esas empresas fantasma? Pues que ninguna de ellas, según la investigación, existía de verdad para trabajar. No tenían oficinas reales, no tenían empleados de adeveras, no producían nada, no vendían nada que se pudiera tocar.
Eran cascarones, nombres registrados en papeles, domicilios que al ir a buscarlos resultaban ser lotes valdíos o casas donde nadie había oído hablar de esa empresa. Todas tenían la misma función oculta, mover dinero de un lado a otro para que se perdiera el rastro, para que nadie pudiera seguir de donde venía ni a dónde iba realmente.
Y aquí llega el golpe el que cambia todo lo que creíamos de este caso, porque esa red de 324 empresas, según apunta el expediente, no fue armada para enriquecer a un solo funcionario. Todo indica que era una maquinaria para vender favores. Grandes contribuyentes que conseguían beneficios, descuentos y trato especial en sus impuestos y a cambio repartían dádivas hacia adentro del propio sistema.
La mansión de 15 millones de habría sido apenas el pago de uno solo de esos favores. Y lo más fuerte es que el rastro no se detiene en él. Todo apunta a que por encima de este administrador habría figuras más grandes de aquel periodo. Un hombre en particular que el expediente estaría rozando y que hasta hoy ningún noticiero se ha atrevido a poner sobre la mesa y a quiénes beneficiaba realmente toda esa maquinaria de favores.
Esta es la parte que más debería indignarnos a todos los que pagamos impuestos como Dios manda. Porque mientras tú y yo no podemos esconder ni un peso, mientras al trabajador le descuentan todo directito de su quincena, los que más dinero mueven en este país habrían tenido la puerta abierta para pagar menos, para acomodar sus cuentas, para conseguir un trato que ningún ciudadano común soñaría.
Y todo eso presuntamente pasaba por las manos de la oficina donde mandaba este señor. Piénsalo un momento porque duele. Cada peso que un gran contribuyente dejaba de pagar gracias a esos favores es un peso que no llegó a un hospital, a una escuela, a una medicina, a una pensión. Ese dinero que se quedó en bolsillos privados era dinero del pueblo.
Dinero que debió servir para los que menos tienen. No es un robo abstracto, no es un número en una hoja. ¿Es comida, es salud? Es techo que le faltó a alguien. ¿Y cuánto tiempo crees que estuvo funcionando este negocio sin que nadie lo parara? Aquí es donde de verdad se le revuelve a uno el estómago, porque no hablamos de unos meses ni de un par de años.
Hablamos de todo un periodo de 2011 a 2018. 7 años completos en los que este hombre estuvo en ese puesto clave. 7 años en los que, según la investigación, la maquinaria estuvo aitada y funcionando mientras por fuera todo parecía normal, mientras los noticieros de entonces no decían ni una palabra de esto.
Y lo más grave es que durante todos esos años hubo quienes pudieron haberlo frenado y no lo hicieron. Eran los años del viejo régimen, los del periodo neoliberal, esos en los que estos arreglos se hacían a la luz del día porque nadie creía que algún día les iban a pedir cuentas. Por eso el caso tardó tanto, por eso se necesitó otra época, otra fiscalía, otra voluntad para por fin abrir el expediente y seguirlo hasta el final.
¿Y qué va a pasar ahora con toda esa red que apenas está empezando a desenredar? Pues esto es justo lo que hace que la historia no termine con la captura de un solo hombre, porque cuando cae una pieza de una red de 324 empresas, no cae sola, empieza a jalar a las demás. Cada empresa de papel tiene detrás un dueño de los papeles, un prestanombres, un contador, alguien que firmó, alguien que cobró y todos esos hilos ahora están sobre la mesa de la fiscalía.
Lo que se está manejando es que esta detención sería apenas la primera de una cadena más larga. La FGR que hoy encabeza Ernestina Godoy tendría en la mira no solo a este administrador, sino a toda la estructura que lo rodeaba, a los que armaron las empresas, a los que movieron el dinero y, sobre todo, a los que se beneficiaron desde arriba.
Todo apunta a que esto apenas comienza. Y hasta dónde podría llegar esa investigación si de verdad la dejan avanzar sin frenos. Y esa es la pregunta que tiene nerviosa a más de una persona en este momento, gente que durante años se sintió intocable porque si el expediente se sigue hasta el fondo, no se queda en un exfuncionario de nivel medio.

Sube, sube hacia los que daban las órdenes, hacia los que pusieron a este hombre en ese puesto, hacia ese nombre que el expediente estaría rozando y que todavía nadie pronuncia en voz alta. Por eso este caso es tan distinto a los de antes. En otras épocas la investigación se hubiera detenido justo aquí en el eslabón más débil en el que se podía sacrificar sin tocar a los de arriba.
Pero todo indica que esta vez la intención es otra, que el hilo se va a seguir jalando aunque incomode a quien incomode. Y eso para mucha gente que se acostumbró a la impunidad es la peor noticia que podían recibir. ¿Y quién pagó el precio de todo esto mientras ellos se llenaban los bolsillos? Pues lo pagamos todos, aunque no lo sintiéramos en el momento.
Lo pagó el enfermo que llegó al hospital y no había medicina. Lo pagó el niño que estudió en una escuela con el techo cayéndose. Lo pagó el abuelito que esperó años una pensión que apenas le alcanza. Cada favor que se vendió, cada impuesto que un poderoso dejó de pagar, salió del mismo lugar, del dinero que era de todos y que debió cuidarse.
Y mientras todo eso pasaba, este hombre vivía en su mansión de jardines del Pedregal con sus jardines, su alberca y su seguridad privada. Esa es la fotografía que no se nos debe olvidar. De un lado, el funcionario rodeado de lujo. Del otro, millones de mexicanos haciendo cuentas para llegar al fin de mes. Y entre los dos, una red de empresas fantasma.
Esa es la pregunta incómoda, la que nadie quiere responder en voz alta. Porque si una sola red tenía 324 empresas y conectaba con figuras de aquel periodo, es difícil creer que fuera la única. Todo apunta a que este modelo, el de vender favores fiscales a cambio de dádivas, se repitió en más oficinas con más nombres durante más años de los que imaginamos.
Y eso es justamente lo que convierte la caída de este hombre en algo más que una noticia del día. Es una grieta en un muro que parecía imposible de tocar la primera piedra que se mueve de una pared que muchos creían eterna. Lo que venía siendo un secreto bien guardado empieza por fin a salir a la luz. Y lo que sigue, lo que de verdad puede pasar ahora con este hombre con la red y con ese nombre que el expediente todavía guarda, es lo que va a marcar si esto se queda en una captura más o se convierte en el principio de algo mucho más
grande. Y aquí es donde por fin podemos hablar de algo que muchos mexicanos llevaban años esperando. La cuenta llegó después de tanto tiempo de impunidad, de expedientes congelados, de funcionarios que se reían en nuestra cara. Este hombre está detenido, fichado y a disposición de un juez. No es una promesa, no es una se va a investigar, no es un anuncio que después se olvida, es un hecho.
El funcionario de la mansión de 15 millones de ya no está en su mansión. ¿Y qué significa en la práctica que este hombre haya caído justamente ahora? Significa que algo cambió de fondo en este país, aunque a veces cueste verlo. Durante décadas casos como este se quedaban en el cajón. se diluyan entre abogados y se enterraban con el cambio de sexenio sin que nadie volviera a saber de ellos.
El que tenía dinero y contactos sabía que tarde o temprano todo se iba a olvidar. Esa era la regla no escrita y todos la conocían de memoria, pero esta vez la regla se rompió. La FGRE, que hoy dirige Ernestina Godoy, tomó un expediente viejo de esos que en otra época se habrían dejado morir y lo llevó hasta sus últimas consecuencias.
No importó que el delito fuera de hace años, no importó que el hombre tuviera dinero para defenderse. El proceso siguió y terminó en una celda del reclusorio sur. ¿Y qué va a pasar ahora con esa mansión y con todo lo que presuntamente se llevó? Aquí viene una de las partes que más satisfacción da, porque la justicia en estos casos no se trata solo de meter a alguien a la cárcel, se trata sobre todo de recuperar lo que se robó.
Todo apunta a que esa residencia de jardines del Pedregal y los otros inmuebles que se le señalan podrían terminar asegurados y llegado el momento recuperados para el Estado, es decir, para todos nosotros. Y eso tiene un valor enorme, más allá del símbolo, porque significa que el dinero del pueblo ese que se desvió por debajo del agua, puede regresar al lugar de donde nunca debió salir.
Una mansión de lujo convertida en recursos públicos, en algo que sirva a la gente y no al disfrute de un solo hombre que abusó de su puesto. Esa es la diferencia entre solo castigar y además reparar el daño. ¿Y por qué este caso asusta tanto a otros que se creían intocables? porque les manda un mensaje que no habían escuchado en mucho tiempo. Ya no hay garantía de impunidad.
Durante años, los que armaron este tipo de redes durmieron tranquilos, pensando que el tiempo jugaba a su favor, que con esperar lo suficiente todo se borraba solito. Hoy ven que un expediente de hace más de una década puede revivir, caminar y terminar en una detención de verdad.
Y eso para quien tiene cola que le pisen es aterrador. Cada exfuncionario del viejo régimen que hizo arreglos parecidos, cada uno que vendió un favor o miró para otro lado, está viendo esta noticia y haciéndose la misma pregunta en silencio. ¿Seré yo el siguiente? Esa incertidumbre, ese miedo que antes solo sentía el pueblo, ahora lo empiezan a sentir ellos.
Y de verdad, ¿alguien cree que este hombre fue el único metido en todo esto? Sería muy ingenuo pensarlo y la propia investigación lo sugiere. Una red de 324 empresas fantasma no la opera una sola persona desde un escritorio. Detrás hay contadores, prestanombres, dueños de papel, intermediarios y sobre todo gente más arriba que daba las órdenes y se quedaba con la mejor parte.
Todos esos hilos siguen ahí esperando a ser jalados uno por uno. Por eso lo que se está manejando es que esta captura no es el final, sino el principio de algo mucho más grande. La estructura completa está bajo la lupa y todo indica que en los próximos meses podrían ir cayendo más piezas.
La maquinaria, que durante años funcionó en silencio, empezó a desarmarse y cuando una red así se empieza a deshacer, es muy difícil volver a pararla. ¿Y qué tiene que ver todo esto con la herencia que dejó el periodo neoliberal? Tiene todo que ver, porque este no es un caso aislado, es parte de una historia mucho más larga. Estamos hablando de los años en que se gobernó pensando primero en los de arriba, en que los grandes contribuyentes tenían trato preferente mientras al pueblo se le exprimía hasta el último peso.
Este funcionario y su reprato fiel de esa época, de cómo se hacían las cosas cuando nadie rendía cuentas. Y lo que estamos viendo ahora es en el fondo el cobro de esa factura histórica, caso por caso, nombre por nombre, se va destapando lo que durante años se mantuvo cuidadosamente tapado. No es venganza, es justicia que llegó tarde, pero que por fin llegó.
Es la diferencia entre un país que premiaba la corrupción y uno que por fin empieza a perseguirla en serio y que gana la gente común la que nunca pisó una mansión. Con todo esto, gana mucho más de lo que parece a simple vista. Gana primero la dignidad de ver que su esfuerzo no es una burla, que pagar impuestos honradamente sí tiene sentido, que no todos los que mandan se salen siempre con la suya.
Para la señora que cada quincena ve cómo le descuentan. Para el trabajador que nunca pudo esconder un solo peso, esto es una forma de justicia personal y gana, además, algo mucho más concreto, la posibilidad de que ese dinero recuperado regrese a donde debe estar, que una mansión robada al pueblo se convierta en recursos para hospitales, para escuelas, para programas que ayuden a quien de verdad lo necesita.
La justicia cuando se hace bien no solo castiga al que robó, le devuelve algo a quien fue robado. ¿Y por qué este caso debería darnos esperanza y no nada más coraje? Porque demuestra que el cambio no es solo un discurso, que hay hechos detrás. Es muy fácil prometer combate a la corrupción. Lo difícil es agarrar a un hombre poderoso con dinero y abogados y llevarlo hasta una celda.
Eso es lo que acaba de pasar. Y pasó porque hubo voluntad real de que pasara. Y cuando uno ve que sí se puede, que el muro de la impunidad sí se puede agrietar, algo cambia por dentro. Deja uno de sentirse impotente. Empieza a creer que este país sí tiene arreglo, que los que robaron sí pueden responder, que no todo estaba perdido como nos hicieron creer.
Esa esperanza, después de tantos años de desencanto vale oro. ¿Y qué es lo único que todavía falta para que esta historia esté completa? Falta lo más grande y aquí está el hilo que todavía no se cierra. Falta que salga ese nombre, el que el expediente estaría rozando, el de la figura de aquel periodo que habría estado por encima de este administrador.
Porque mientras ese nombre siga guardado, mientras los de hasta arriba sigan en la sombra, la justicia estará hecha apenas a la mitad y ahí es donde se juega todo. Una cosa es que caiga el operador, el que firmó, el que recibió la mansión. Otra muy distinta es que caigan los que diseñaron el negocio completo y se llevaron la tajada más grande sin ensuciarse las manos.
Todo apunta a que la investigación va en esa dirección, pero hasta no ver resultados, la pregunta sigue abierta latiendo. ¿Y estarán dispuestos a llegar hasta el final sin importar a quién tengan que tocar? Esa es la verdadera prueba de fuego, la que va a decir si esto fue un golpe de verdad o solo un golpe de imagen.
Porque agarrar al de en medio es relativamente fácil. Agarrar a los de hasta arriba, a los que todavía tienen poder, influencias y amigos en todos lados, es harina de otro costal. Ahí se va a ver de qué está hecha esta nueva etapa. Lo que sí quedó claro es que el funcionario de la mansión de 15 millones de ya pasó de vivir como rey a dormir en una celda.
y que la red que lo sostenía empezó a desmoronarse delante de todos. Eso ya nadie se lo quita a este país y ya nadie lo va a borrar del cajón como en otros tiempos. La diferencia con el pasado es que ahora la historia no se detuvo aquí, porque cada hilo que se jala de esa red de 324 empresas puede llevar a un nombre nuevo, a un favor escondido, a un secreto que alguien creyó enterrado para siempre.
Y mientras esos hilos sigan ahí sobre la mesa de la fiscalía, nadie de aquel viejo régimen puede dormir del todo tranquilo. El miedo, por primera vez en mucho tiempo, cambió de lado. Así que la próxima vez que escuches que en este país nada cambia, que todos son iguales, que los corruptos siempre ganan, acuérdate del hombre que vivía en una mansión de 15 m000ones y hoy está tras las rejas.
Acuérdate de que el muro empezó a agrietarse y de que esa grieta apenas se está abriendo. Si esto te movió por dentro y quieres seguir viendo cómo se sigue cayendo en este canal, no nos detenemos. Dale play al siguiente video que ya te está esperando.