Posted in

Raúl Osiel Marroquín “El Sádico”: Así vive hoy en Prisión tras 20 años aislado y Condena de 128 años

Mi segunda víctima, a esta persona la contacté en un antro de la zona rosa. Eh, lo invité a mi departamento en donde con ayuda de Juan Enrique Madrid Manuel lo sometí. Raúl Ociel Marroquín Reyes recorría las noches de Ciudad de México sin despertar sospechas. Con entrenamiento militar y una habilidad poco común para pasar desapercibido, se movía con libertad entre bares, estaciones de metro y calles concurridas, mientras nadie imaginaba el alcance de sus actos.

Hoy, a sus 45 años, cumple una condena de casi 300 años en el módulo de máxima seguridad de Santa Marta Catitla. Desde 2006 no ha vuelto a caminar por las calles de la capital. El hombre que antes se mezclaba entre la multitud pasa ahora sus días tras los muros de una de las áreas más restrictivas del sistema penitenciario mexicano.

En este video conoceremos quién fue Raúl Ociel Marroquín Reyes, cómo construyó una doble vida que pasó desapercibida, qué ocurrió entre octubre y diciembre de 2005, cómo fue capturado y qué sucedió durante el proceso que lo llevó a prisión. Y sobre todo veremos lo que casi nadie cuenta, cómo vive hoy dentro del penal, en qué condiciones permanece encerrado, cómo transcurren sus días y qué ha dicho él mismo desde el interior de su celda.

Quédate hasta el final porque revisaremos una aparición pública desde prisión que provocó una enorme controversia y sorprendió incluso a quienes creían conocer toda su historia. Suscríbete al canal si te interesa descubrir cómo viven hoy tras las rejas personas que alguna vez estuvieron en el centro de la atención pública para entender cómo llega un hombre a convertirse en lo que Raúl Ociel marroquín se convirtió Hay que ir al principio, al lugar donde todo comienza.

Nació el primero de septiembre de 1980 en Tampico, Tamaulipas, ciudad costera, calurosa, portuaria. Creció en un entorno humilde, pero según sus propias palabras, al ser detenido, su infancia fue normal. Padres honrados, una familia numerosa. Éramos seis hermanos en total y tuve una infancia muy feliz, llena de cosas maravillosas”, declaró.

Esas fueron sus palabras exactas. Nada en esa descripción encaja con lo que vendría después. Algunos reportes de investigación académica señalan que de niño existió maltrato por parte de su padre y que desde joven desarrolló una actitud de rechazo hacia la comunidad homosexual, algo que según esos análisis le fue inculcado en el entorno familiar.

Pero el propio marroquín siempre rechazó esa lectura. Él insistió en que no operó por odio, sino por dinero. Esa contradicción entre lo que dicen los peritos y lo que dice él mismo es uno de los elementos más perturbadores de este caso y es algo que el sistema judicial también tuvo que analizar durante el proceso.

A los 18 años, en enero de 1999, Raúl Ociel Marroquín tomó la decisión de ingresar al ejército mexicano. fue admitido como soldado raso en el 15º batallón de infantería en Tampico, donde con el tiempo ascendió al grado de sargento segundo. También comenzó a estudiar medicina militar. Sus compañeros lo recordaron como alguien extrovertido, bromista, que se llevaba bien con todos.

No era el perfil del solitario inadaptado que uno podría imaginar. Era sociable, sabía hablar, sabía caerle bien a la gente. Esa habilidad social sería determinante más adelante. El ejército representaba una oportunidad que pocas personas de su entorno tenían. Para muchos jóvenes de ciudades como Tampico, incorporarse a las fuerzas armadas significaba acceder a estabilidad económica, formación profesional y una posibilidad real de ascenso social.

Durante esos años, México todavía mantenía una imagen muy distinta de sus instituciones militares y para muchas familias ver a un hijo vestir uniforme era motivo de orgullo. Nadie podía imaginar entonces que aquel camino terminaría desviándose de una forma tan radical. Pero algo pasó dentro del ejército que cambió el rumbo de todo.

Y ese dato específico es clave para entender por qué terminó en las calles de Ciudad de México haciendo lo que hizo. Vamos con eso. La carrera militar de Marroquín duró 4 años y terminó de la peor manera. Fue expulsado tras ser condenado a 14 meses de prisión por robo con violencia. Según el libro Homofobia, odio, crimen y justicia de Fernando del Collado, la misión de Marroquín era quedarse en el ejército y estudiar medicina, pero la falta de dinero lo fue empujando fuera del sistema.

En mayo de 2004 fue dado de baja y regresó a Tampico. La prisión en su ciudad natal no lo rehabilitó. Al contrario, ahí ya conoció a quién sería su cómplice en los crímenes de 2005, Juan Enrique Madrid Manuel. Lo llamativo es que incluso después de esa primera condena, todavía existían oportunidades para reconstruir su vida.

Tenía apenas poco más de 20 años. Conservaba habilidades laborales y contaba con familiares fuera de prisión. Muchos exreclusos logran reinsertarse después de una primera sentencia. En su caso ocurrió lo contrario. Las decisiones que tomó al recuperar la libertad terminaron acercándolo todavía más al camino que acabaría destruyendo su vida.

Cuando salió de ese primer encierro, Marroquín no volvió a buscar trabajo formal, ni trató de retomar algún proyecto de vida estable. En cambio, junto con Madrid Manuel, acordaron mudarse a Ciudad de México con un plan claro, secuestrar personas para obtener dinero rápido. Ya habían identificado a qué tipo de víctimas apuntarían.

El razonamiento que Marroquín describió años después fue frío y calculador. Eligieron hombres homosexuales porque según él sus familias tendrían menos probabilidades de denunciar los secuestros por miedo al estigma social. Esa fue la lógica. No comenzó como crimen de odio en su narrativa, sino como un cálculo de probabilidades sobre quién iba a denunciar y quién no.

Lo que pasó después superó cualquier cálculo, porque una cosa es planear un secuestro y otra muy distinta es lo que Marroquín terminó haciendo dentro de ese departamento de la colonia Asturias. Esto es lo más oscuro del caso. El escenario de operaciones fue siempre el mismo. El cabaretito neón, un bar ubicado en la calle Londres número 161 en la colonia Juárez, en el corazón de la zona rosa de Ciudad de México.

Ese era el lugar al que Marroquín llegaba solo o con Madrid Manuel. se instalaba en la barra y esperaba el momento indicado para hacer contacto con alguien. El método era siempre el mismo: conversación, simpatía e invitación. Primero los llevaba a un hotel. Si veía que la víctima podía pagar un rescate, avanzaba al secuestro. Si no, la dejaba ir.

El primer caso documentado ocurrió el 21 de octubre de 2005. Juan Carlos Alfaro Alba fue abordado en un bar de la zona rosa, seducido por Marroquín y llevado al gran hotel Amazonas en la calzada San Antonio Abat. Ahí ya esperaba Madrid Manuel. Entre los dos lo mantuvieron retenido durante casi una semana y exigieron dinero a su familia para liberarlo.

Read More