El fin de la carrera: La noche que “El Venado” dejó de escapar
La madrugada del 11 de junio de 2026, las calles de Colima fueron testigos silenciosos de un operativo de precisión militar que cambiaría el rumbo de la seguridad en el estado. Efectivos de la Secretaría de Marina, en una operación conjunta con la Secretaría de Seguridad Estatal, cerraron el cerco sobre un objetivo que llevaba meses burlando la justicia. Adentro del perímetro se encontraba José de Jesús, un joven de 30 años mejor conocido en el mundo del hampa como el “Chuy Roñas” o, de manera más precisa y descriptiva, “El Venado”.
Este hombre no era un delincuente común. Se trataba de un objetivo prioritario para las autoridades federales, un generador de violencia que mantenía activa una orden de aprehensión por el delito de homicidio calificado en grado de tentativa. Sin embargo, su relevancia no radicaba únicamente en sus crímenes pasados, sino en la asombrosa habilidad que había demostrado para esfumarse de las redadas. Como su apodo lo indicaba, “El Venado” conocía cada vereda, cada escondite y cada salida de escape en la ciudad, convirtiéndose en el hombre que siempre corría y al que nadie podía atrapar.
Pero en el oscuro y letal mundo del crimen organizado, los apodos tienen un doble filo. Te llaman venado porque logras escapar entre el monte, sí, pero también porque irremediablemente te conviertes en la presa de una cacería mucho más grande. Esa noche de junio, “El Venado” finalmente fue cazado. Al ser sometido por los elementos navales, se le encontró en posesión de un arma automática de asalto —el sello inconfundible de un miembro activo y de alto rango de un grupo de choque— así como diversas drogas. No obstante, la captura de este operador no es un hecho aislado o un golpe de suerte; es, en realidad, la pieza más reciente de un rompecabezas colosal que expone la guerra más encarnizada y oculta de México.

Cuatro golpes letales en 30 días: La asfixia a “Los Mezcales”
Para comprender la magnitud de lo que significa la caída de José de Jesús, debemos observar el panorama completo. “El Venado” no cayó solo en el vacío; su arresto fue el cuarto golpe devastador consecutivo que la Marina asestó contra el cártel conocido como “Los Mezcales” en un lapso menor a un mes.
La ofensiva sistemática comenzó semanas antes, el 13 de mayo de 2026, con la captura de “Billy Boy”, el entonces despiadado jefe de sicarios de la organización. Se esperaba que la caída del encargado de reclutar asesinos y coordinar brazos armados descabezara al grupo. Sin embargo, la estructura criminal demostró una resiliencia aterradora. En cuestión de días, un nuevo operador criminal apodado “Blanco” tomó las riendas como líder del sicariato.
La respuesta del gobierno no se hizo esperar. El 8 de junio, “Blanco” corrió la misma suerte y fue detenido, pero esta vez no cayó solo. Junto a él, las autoridades lograron capturar a un coordinador de logística interestatal, un hombre clave encargado de conectar a “Los Mezcales” con células criminales en otros estados de la República. Y apenas tres días después, la redada se cerró sobre “El Venado”. Jefe de sicarios, reemplazo directo, coordinador logístico y líder de violencia: cuatro objetivos prioritarios neutralizados con una precisión quirúrgica.
Este nivel de intervención revela un hecho innegable. No estamos viendo una simple racha de suerte de las policías locales. Estamos presenciando una campaña militar sistemática, impulsada desde el más alto nivel del gobierno federal, que ha catalogado a una agrupación nacida en un barrio popular de Colima como una auténtica amenaza de prioridad nacional.
El botín histórico: El Puerto de Manzanillo y la herencia de los Amezcua
¿Cómo es posible que un cártel local, surgido apenas en 2022 del barrio del Mezcalito tras una cruenta separación del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), requiera de todo el peso de la Secretaría de Marina? La respuesta no se encuentra en las calles de la capital colimense, sino en su costa, específicamente en el imponente Puerto de Manzanillo.
Para entender el valor de este punto geográfico, es necesario viajar treinta años en el tiempo. Mucho antes de que el CJNG dominara el occidente mexicano, tres hermanos oriundos de Colima —José de Jesús, Adán y Luis Amezcua Contreras— fundaron el legendario Cártel de Colima. Fueron pioneros visionarios de la muerte. Comprendieron antes que nadie que el futuro del narcotráfico no estaba en la siembra de la tierra, sino en los laboratorios clandestinos y las drogas sintéticas. Así, se ganaron el título internacional de los “Reyes de la Metanfetamina”.
El éxito de los hermanos Amezcua radicó en la importación masiva de precursores químicos, como la efedrina, provenientes de países asiáticos como India y Tailandia. Y la puerta de entrada para esos cargamentos millonarios era, y sigue siendo, el puerto comercial más activo de América Latina: Manzanillo.
Hoy en día, las drogas han evolucionado hacia sustancias infinitamente más potentes y letales como el fentanilo, pero la ruta sigue intacta. Quien controla el Puerto de Manzanillo, posee la llave maestra para la producción de drogas sintéticas en todo el continente americano. Es por esto que Colima padece una condena geográfica. El premio siempre ha sido el puerto, y es exactamente esto lo que impulsó a “Los Mezcales” a sumergirse en un baño de sangre y traición contra su antigua casa, el CJNG.
La alianza maldita: El pacto que encendió las alertas nacionales
Esta disputa territorial entre el CJNG y “Los Mezcales” sumió a Colima en una pesadilla, elevando sus tasas de homicidios a niveles propios de una zona de guerra activa, con masacres y motines penitenciarios, como el ocurrido a finales de enero de 2026 que dejó múltiples internos acribillados dentro del penal. Pero lo que convirtió a “Los Mezcales” en el objetivo primordial de la Marina a mediados de 2026 fue una alianza secreta que amenazaba con alterar el equilibrio del poder criminal en todo el país.
A inicios del año, las áreas de inteligencia del gobierno descubrieron que la facción colimense estaba cerrando pactos con “La Mayiza”, el brazo armado del Cártel de Sinaloa comandado por “El Mayito Flaco”. Esta organización sinaloense se encuentra inmersa en una guerra a muerte, brutal y sin cuartel contra la facción de “Los Chapitos”, los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Este es el dato que cambia el panorama por completo. Si “Los Mezcales” consolidaban su alianza con “La Mayiza”, le estarían entregando en bandeja de plata a esta facción sinaloense el control directo del Puerto de Manzanillo. Una ventaja logística de esta magnitud dotaría a la red del “Mayito Flaco” de los precursores químicos necesarios para financiar y dominar la guerra total del narcotráfico a nivel nacional. Por primera vez, el puerto dejaría de ser un botín regional para convertirse en el arma secreta de la guerra de Sinaloa.