No era un vehículo cualquiera. Pertenecía a Lit Cordón, una joven de 20 años que hasta ese momento su familia buscaba con desesperación. El hallazgo de la moto encendió de inmediato las alarmas. Nadie entendía por qué estaba allí. Sola, lejos de la rutina que Lii seguía todos los días. Para sus familiares, aquello era una señal inquietante de que algo grave podía haberle ocurrido.
Poco después, la angustia se convirtió en una exigencia cruel. Desde el teléfono celular de Litzi, un hombre llamó a la familia y aseguró que tenía a la joven retenida. A cambio de liberarla, pidió 5 millones de quetzales guatemaltecos. La familia Cordón no contaba con esa cantidad de dinero.
Eran personas de pocos recursos. Pero aún así intentaron reunir lo que pudieran, aferrados a la esperanza de que Lii siguiera con vida y pudiera regresar a casa. Mientras ellos vivían esas horas de incertidumbre, el Ministerio Público, por medio de un equipo especializado, también comenzó a trabajar para intentar ubicar a los supuestos responsables.

Pero al amanecer del día siguiente, cualquier esperanza terminó de romperse. En un terreno valdío de la aldea Los puentes en Zacapa, fue localizado el cuerpo sin vida de Litzi. La joven estaba tendida boca abajo y presentaba signos de violencia. La noticia golpeó profundamente a su familia y a la comunidad que hasta entonces mantenía la esperanza de encontrarla con vida.
El 7 de octubre, el informe del médico forense estableció que Lizi murió por asfixia, provocada por la presión ejercida sobre su cuello, lo que le impidió respirar. Los forenses informaron que se aplicó el protocolo correspondiente a los casos de femicidio, por lo que se tomaron muestras para determinar si había existido violencia sexual.
Sin embargo, fue descartado, aunque sí fue sometida a tratos crueles. Antes de seguir con las horas que llevaron a este desenlace, es necesario detenernos en la vida de la joven que estaba detrás de aquel nombre que empezó a repetirse en las noticias. Litsia Amelia Cordón Guardado nació en el año 2000 en Barranca, una pequeña localidad al oriente de Guatemala.
Allí creció bajo el cuidado de su padre Edgar Cordón y de su tía Gladis Guardado, quien se convirtió en una figura materna para ella. Su madre, cuya identidad no se conoce, emigró a Estados Unidos cuando Litzi apenas tenía 3 años buscando mejores oportunidades. Pese a esa ausencia, Litzi tuvo una infancia feliz.
De niña era tímida y callada, pero con el tiempo comenzó a integrarse en actividades escolares y a organizar talleres para los niños de la aldea. Con su sonrisa sincera y cálida, logró ganarse el cariño de quienes la rodeaban. Mientras crecía también crecían sus aspiraciones. Quería estudiar, ayudar a los demás y, sobre todo, reencontrarse algún día con su madre.
Después de graduarse de secundaria, decidió estudiar trabajo social en la universidad. Además de sus estudios, ayudaba a su abuela paterna en una tienda. La joven mantenía una rutina estricta. De lunes a viernes salía de casa a las 6 de la mañana para trabajar en la tienda y regresaba cerca de las 3 de la tarde. Los fines de semana asistía a la universidad.
Para 2020, su vida parecía avanzar con ilusión. Su padre le había cedido una casa en el sector Vega del Cobán, todavía en construcción. La vivienda debía estar lista para diciembre de ese año, pero esa rutina, esos sueños y esa casa que apenas comenzaba a tomar forma quedaron atravesados por una mañana que cambió todo para siempre.
El 5 de octubre de ese mismo año, Lit salió de su casa como cualquier otra mañana. Subió a su motocicleta para iniciar su rutina diaria sin que nadie imaginara que esa sería la última vez que sus seres queridos la verían con vida. La primera señal de alarma apareció cuando la joven no llegó a la tienda de su abuela.
Eso no era normal en ella, porque acostumbraba a cumplir siempre con sus horarios. Luego vino otro detalle que aumentó la preocupación. Dejó de contestar su teléfono celular. Sus familiares intentaron comunicarse con ella varias veces, pero no obtuvieron respuesta. Al poder localizarla, decidieron presentar la denuncia de su desaparición.
A partir de ese momento, las autoridades activaron la alerta a Isabel Claudina, el mecanismo utilizado en Guatemala para casos de mujeres desaparecidas. Mientras la familia intentaba entender qué había ocurrido en ese trayecto que Litzi recorría con normalidad, los investigadores empezaron a reconstruir sus últimas horas y a seguir las primeras pistas que dejaba el caso a partir del hallazgo del cuerpo y de su motocicleta.
Las autoridades continuaban con las diligencias para esclarecer lo ocurrido y familiares, amigos y vecinos se preparaban para despedir a Itzi. El dolor se hizo evidente durante las honras fúnebres de la joven estudiante. La noticia de su muerte había conmocionado profundamente a la población de Zacapa, que seguía con atención cada avance relacionado con el caso.
A través de las redes sociales comenzaron a circular imágenes del funeral. En ellas podía verse a varias jóvenes llorando desconsoladamente mientras colocaban flores sobre el féretro antes de la sepultura. La despedida estuvo marcada por la tristeza y la impotencia. Para quienes la conocieron, resultaba difícil comprender cómo una joven llena de proyectos y aspiraciones había terminado perdiendo la vida de aquella manera.
Con el paso de los días, el nombre de Lits comenzó a escucharse en todos los rincones de la comunidad. Para muchos, Litzi dejó de ser un simple nombre en los titulares de prensa. Era una hija, una estudiante, una amiga y una joven que tenía sueños por cumplir. Esa cercanía hizo que el reclamo colectivo de justicia creciera cada vez más.
La presión social terminó convirtiéndose en un factor importante para que las autoridades intensificaran sus esfuerzos en la búsqueda de los responsables. Impulsados por la exigencia pública y por la necesidad de obtener respuestas, los investigadores comenzaron a revisar cada detalle relacionado con la vida de litzi.
Uno de los primeros pasos consistió en entrevistar a sus familiares y amistades más cercanas. Como suele ocurrir en este tipo de investigaciones, los detectives consideraban posible que alguien del entorno de la joven pudiera aportar información relevante o señalar a alguna persona sospechosa. Sin embargo, quienes la conocían aseguraban no saber de nadie que quisiera hacerle daño.
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Litzi era apreciada por su familia, por sus compañeros y por gran parte de la comunidad. Ante la falta de sospechosos claros, los investigadores dirigieron su atención hacia otro tipo de evidencias. Las cámaras de seguridad instaladas en distintos puntos de la zona permitieron reconstruir parte de los movimientos realizados por la joven durante la mañana de su desaparición.
En las grabaciones se observaba a Litzi desplazándose en su motocicleta mientras seguía la ruta habitual que recorría con frecuencia. Fue durante el análisis minucioso de esas imágenes cuando apareció una pista que llamó poderosamente la atención de los investigadores. En una de las grabaciones se observaba un automóvil blanco cuyo conductor parecía seguir con atención los movimientos de la joven.
Aquella observación habría pasado desapercibida, de no ser porque el mismo vehículo volvió a aparecer en otros registros obtenidos por las autoridades. Las imágenes mostraban que ese automóvil se había desplazado el 5 de octubre desde la aldea Vega del Cobán hacia Barranca, precisamente desde el lugar donde estaba la casa en construcción hasta la casa donde actualmente residía litzi.
Ese detalle llevó a los investigadores a profundizar en la identificación del vehículo y de la persona que se encontraba detrás del volante. Tras revisar los registros correspondientes al automóvil blanco, las autoridades lograron establecer quién figuraba como propietario. La información obtenida condujo a Kevin Manolo Rivas Cordón, un primo de litzi con quien, según trascendió no mantenía una relación particularmente cercana.
Los investigadores determinaron que Kevin era hijo de una tía paterna de la joven y que residía precisamente en la aldea Vega del Cobán. Mientras verificaban esa información, otra línea de investigación comenzó a arrojar resultados importantes. Por medio de análisis telefónicos, los especialistas rastrearon las comunicaciones realizadas después de la desaparición de Litsi.
Fue entonces cuando descubrieron que el chip perteneciente al teléfono celular de la joven había sido colocado en otro aparato. De acuerdo con las pesquisas, ese dispositivo estaba siendo utilizado por Kevin, quien presuntamente empleó la línea de su prima para realizar las llamadas en las que se exigía dinero a cambio de su liberación.
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Como parte de esas acciones, los investigadores llevaron a cabo 13 allanamientos en distintos inmuebles ubicados en el municipio de Teculután. Durante los operativos fueron localizados diversos indicios relacionados con la investigación. Aunque las autoridades mantuvieron reserva sobre buena parte del material incautado, algunos medios informaron que entre los hallazgos figuraban armas de fuego y aproximadamente 300,000 quetzales en efectivo.
Paralelamente, los peritos examinaron el automóvil blanco que había aparecido repetidamente en las grabaciones de las cámaras de seguridad. Durante esa inspección se recolectaron elementos que, según los investigadores, podían vincular al propietario del vehículo con los hechos. Sin embargo, los detalles específicos de dichas evidencias nunca fueron divulgados públicamente.
Conforme avanzaba la investigación, el conjunto de indicios comenzó a fortalecer la teoría de los fiscales. Finalmente, el 10 de diciembre de 2020, Kevin Rivas fue detenido por su presunta participación en el rapto y posterior muerte de Litzi. La captura representó un momento importante para la familia de la joven que llevaba más de dos meses esperando respuestas sobre lo ocurrido.
Mientras el Ministerio Público continuaba reuniendo evidencias, comenzaron a surgir distintas versiones sobre los posibles motivos detrás del crimen. Entre las hipótesis que circularon con mayor fuerza se encontraba una relacionada con la vivienda que Edgar había cedido a su hija. Algunas personas especulaban que el conflicto podría haber estado vinculado a disputas familiares por esa propiedad.

Aunque esa versión fue ampliamente comentada, las autoridades mantuvieron la investigación bajo reserva y evitaron confirmar públicamente cuál consideraban que había sido el verdadero móvil. Menos de un mes después de la captura, el proceso judicial dio un nuevo paso. El 4 de enero de 2021, Kevin Manolo Rivas Cordón fue formalmente imputado por los delitos de plagio y asesinato en perjuicio de su prima Litzi Amelia Cordón Guardado.
Durante las diligencias iniciales, la Fiscalía contra el Delito de femicidio presentó diversos indicios que buscaban sustentar la acusación. Entre esos elementos figuraban registros telefónicos, información obtenida durante los allanamientos y otros datos que, según los investigadores, relacionaban al acusado con la desaparición y posterior muerte de la joven.
Tras evaluar la información expuesta por la fiscalía, el órgano jurisdiccional resolvió ligarlo a proceso penal. Además, se ordenó que permaneciera en prisión preventiva mientras continuaban las investigaciones y se definía si existían suficientes pruebas para llevarlo a juicio. La decisión fue recibida con alivio por parte de los familiares de Litzi, quienes veían en aquel paso una posibilidad de acercarse a la verdad sobre lo ocurrido.
Sin embargo, el avance judicial pronto comenzó a enfrentar dificultades. El 12 de mayo estaba prevista la audiencia de etapa intermedia durante la cual el juzgado debía determinar si el acusado sería enviado a juicio, pero la diligencia no pudo realizarse debido a que el sistema penitenciario no trasladó a Kevin hasta los tribunales y además uno de sus abogados defensores tampoco compareció.
Como consecuencia, la audiencia fue suspendida y reprogramada para una fecha posterior. Lo que parecía un simple retraso terminó convirtiéndose en el inicio de una larga serie de aplazamientos que marcarían el desarrollo del caso durante los años siguientes. Después de aquella primera suspensión, las audiencias relacionadas con el caso continuaron acumulando retrasos por distintos motivos.
Entre los acontecimientos que impactaron el proceso se encontraba una tragedia ocurrida dentro del entorno familiar del acusado. El 12 de junio, el padre y uno de los hermanos de Kevin murieron durante un ataque armado registrado en una finca ubicada en la aldea Vega del Cobán. Las autoridades manejaron el caso con total hermetismo y evitaron divulgar mayores detalles sobre las circunstancias del hecho.
No obstante, algunos medios de comunicación señalaron que el ataque podría haber estado relacionado con un presunto ajuste de cuentas, aunque esa versión nunca fue confirmada oficialmente. Finalmente, el 18 de junio de 2021 pudo celebrarse la audiencia que había sido postergada en varias ocasiones. Kevin compareció acompañado únicamente por uno de sus abogados, ya que el segundo defensor había renunciado al caso después de la muerte del hermano que se encargaba de cubrir sus honorarios.
Durante la sesión, la fiscal presentó los principales elementos probatorios reunidos hasta ese momento, incluyendo registros telefónicos y grabaciones obtenidas de las cámaras de seguridad. Tras analizar el material, el juez concluyó que existían suficientes indicios para que Kevin enfrentara un juicio.
Al término de la audiencia fue trasladado bajo estrictas medidas de seguridad al cuartel militar Mariscal Zavala en la zona 17 de la ciudad, donde permanecería a la espera del inicio del debate oral y público. Aunque inicialmente el juicio fue programado para junio de 2022, nuevos retrasos procesales impidieron que se llevara a cabo.
La situación volvió a repetirse posteriormente. Incluso cuando se anunció una nueva fecha para junio de 2023, la diligencia tuvo que ser suspendida debido a problemas relacionados con el traslado del acusado por parte del sistema penitenciario. Con el paso del tiempo, la familia Cordón comenzó a sentir que la búsqueda de justicia se estaba convirtiendo en una lucha cada vez más difícil.
A casi 4 años de la desaparición y muerte de Litzii, sus seres queridos seguían enfrentando numerosos obstáculos dentro del proceso judicial. Entre sus principales preocupaciones estaba la posibilidad de que hubiera más personas involucradas en el crimen y que esas líneas de investigación no estuvieran siendo exploradas adecuadamente.
Por esa razón, los familiares solicitaron el relevo de la fiscal a cargo, argumentando que existían irregularidades en la manera en que se estaba manejando el caso. Edgar, el padre de Litzi, decidió involucrarse directamente en el proceso y se constituyó como querellante. Desde entonces ha asistido a todas las audiencias relacionadas con el expediente, convencido de que la familia debía participar activamente para vigilar el desarrollo de la investigación.
Esa decisión también ha significado importantes sacrificios económicos. Además de afrontar el dolor por la pérdida de su hija, los familiares han tenido que asumir gastos legales para contratar abogados propios que representen sus intereses ante los tribunales. Con el paso de los años, Edgar ha denunciado públicamente diversas situaciones que considera extrañas dentro del proceso.
Entre ellas, menciona las constantes suspensiones de audiencias y los prolongados retrasos que han impedido que el caso llegue finalmente a juicio. También ha cuestionado que Kevin permanezca recluido en el cuartel militar Mariscal Zavala, un centro de detención donde suelen permanecer empresarios, políticos y otras personas consideradas de alto perfil.
Para la familia resulta difícil aceptar que alguien acusado de participar en el crimen de Litzi se encuentre en un lugar con características tan distintas a las de otros centros penitenciarios del país. Ante esos señalamientos, el Ministerio Público respondió que las decisiones relacionadas con la ubicación y custodia de los privados de libertad corresponden exclusivamente al sistema penitenciario.
A las preocupaciones judiciales se sumó otro problema. Los allegados de Litzi denunciaron haber recibido amenazas dirigidas a frenar sus reclamos y su exigencia de justicia. Mientras tanto, comprender los procedimientos legales se convirtió en un desafío constante para la familia.
La complejidad del sistema judicial unida a la mora procesal ha prolongado el sufrimiento de quienes todavía esperan respuestas definitivas sobre lo ocurrido. Finalmente, en enero de 2026, comenzó el juicio contra Kevin Rivas. Más de 5 años después del crimen que conmocionó a Guatemala. Durante el debate oral, el Ministerio Público presentó testimonios, registros telefónicos, videos de cámaras de seguridad y otros elementos que, según la acusación, vinculan al acusado con el secuestro y posterior muerte de su prima.
A medida que avanzó el proceso, las audiencias continuaron enfrentando algunas interrupciones y aplazamientos. Incluso en mayo una de las diligencias fue reprogramada nuevamente debido a situaciones procesales relacionadas con recursos judiciales pendientes. No obstante, el juicio logró continuar y entró en su fase de conclusiones.
El 27 de mayo de 2026, la Fiscalía contra el femicidio solicitó una condena de 112 años de prisión contra Kevin. Según la petición del Ministerio Público, 50 años corresponderían al delito de plagio o secuestro, otros 50 años por asesinato y 12 años más por violación. Por su parte, la defensa insistió en que no existen pruebas suficientes para demostrar su responsabilidad y pidió la absolución.
El tribunal fijó para el 10 de junio de 2026 la fecha en que se dará a conocer la sentencia que determinará si Kevin es declarado culpable o inocente. La historia de Lits y Cordón es una de esas tragedias que golpean con más fuerza porque detrás de la víctima había una vida llena de proyectos que apenas comenzaban a tomar forma.
Era una joven universitaria que soñaba con ayudar a los demás, construir su propio hogar y seguir avanzando hacia el futuro que había imaginado. Sin embargo, todos esos planes quedaron detenidos de forma abrupta. Una casa que esperaba habitar, una carrera que deseaba terminar y un reencuentro familiar que anhelaba durante años quedaron convertidos en sueños inconclusos que jamás podrán realizarse.
Pero además del dolor por su ausencia, permanece la incertidumbre sobre todo lo que ocurrió en aquellas horas finales. Aunque existe un acusado y el proceso judicial finalmente avanzó después de años de retrasos, para muchos aún quedan preguntas sin responder. Su familia sigue convencida de que todavía hay aspectos del caso que no han sido esclarecidos por completo.
Y mientras la justicia intenta determinar responsabilidades, el recuerdo de LSI continúa siendo el de una joven cuya vida fue arrebatada demasiado pronto y cuya historia sigue exigiendo respuestas. ¿Qué opinas de los años de retrasos que tuvo que soportar la familia antes de que finalmente iniciara el juicio? ¿Crees que toda la verdad sobre lo ocurrido con Litzi ya salió a la luz? ¿O aún podrían existir más personas involucradas? Te leo en los comentarios.
Comparte tu opinión con respeto y cuéntame qué piensas sobre este terrible caso sucedido en Guatemala. Y bueno, querido espectador, aquí termina la historia criminal del día de hoy. Me interesaría mucho saber tu opinión, así que te pido que la dejes en los comentarios del video.
Siempre con respeto a la víctima y su familia podemos debatir, pero siempre con el respeto que todos merecemos. De nuevo, te recuerdo que te suscribas y dejes un like si mi trabajo es de tu agrado. Buenas noches, hasta la próxima historia criminal.