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Asesinó a dos mujeres y ocultó un crimen durante más de una década | RESUELTO

 Sin nada más que decir, analicemos juntos todos los  detalles de esta historia criminal. Era una madrugada de otoño en Kilgor,  una pequeña ciudad del este de Texas, conocida por sus extensos campos petroleros. Durante décadas, la localidad había prosperado gracias a la extracción de crudo, convirtiéndose en una de las zonas petroleras más importantes de Estados Unidos.

 Sin embargo, el 29 de octubre de 2006, uno de aquellos terrenos quedaría asociado para siempre con un crimen escalofriante. Aquella mañana de domingo, dos cazadores recorrían una vía ubicada dentro de un predio abandonado destinado a la explotación petrolera. Mientras avanzaban por la zona, observaron algo extraño entre la vegetación.

 A la distancia aparecía una figura inmóvil sobre una pila de madera que todavía ardía lentamente. Al acercarse, ambos pensaron que se trataba de una broma de mal gusto. Creyeron estar viendo un maniquí abandonado al que alguien había prendido fuego. Sin embargo, el fuerte olor que emanaba de la escena les hizo comprender la terrible realidad.

 Lo que tenían delante no era un objeto, sino el cuerpo de una persona. De inmediato dieron aviso a las autoridades. Pocos minutos después, agentes y peritos llegaron al lugar para asegurar la escena. El cadáver se encontraba boca abajo entre arbustos y restos de madera quemada. El fuego había causado daños severos y dificultaba cualquier identificación inmediata.

 Desde el primer momento quedó claro que los investigadores estaban frente a un caso particularmente complejo. Las primeras observaciones permitieron establecer que la víctima era una mujer joven. Sin embargo, el nivel de destrucción provocado por las llamas era tan extremo que ni siquiera resultaba sencillo determinar con certeza sus rasgos físicos originales.

Lo único evidente era que alguien había intentado borrar cualquier rastro de su identidad. Mientras los forenses continuaban examinando el cuerpo, comenzaron a aparecer algunos indicios. Entre los restos recuperados se encontraron fragmentos de ropa que habían sobrevivido parcialmente al incendio. Destacaban un suéter color lavanda y unos pantalones vaqueros que permitieron obtener una descripción básica de la víctima.

  Dentro de uno de los bolsillos apareció además un detalle inesperado, $40 en efectivo. Cerca de la escena también se localizó un recipiente utilizado para transportar combustible. Los investigadores sospecharon que había servido para rociar el cuerpo antes de incendiarlo con el propósito de dificultar cualquier identificación.

Los análisis posteriores permitieron calcular que la muerte había ocurrido durante la noche anterior, posiblemente entre las 8:15 y las 11 de la noche. Pero el hallazgo más importante llegó cuando los especialistas descubrieron evidencia biológica que indicaba que la joven había sufrido una agresión sexual antes de morir.

 Con esa información, las autoridades difundieron una descripción preliminar, esperando que algún familiar o conocido se presentara para reconocerla. La víctima fue descrita como una joven caucásica de contextura delgada, estatura media y cabello rubio rojizo. Sin embargo, los días comenzaron a transcurrir sin resultados. Nadie acudió a reclamar el cuerpo.

Tampoco existían reportes de personas desaparecidas que coincidieran plenamente con sus características. La joven permanecía sin nombre, sin historia y sin una familia que aparentemente estuviera buscándola. Lo que parecía una identificación rápida comenzaba a transformarse en un inquietante misterio. Al no existir documentos ni registros que permitieran reconocer a la víctima, los investigadores se encontraron ante un problema inusual.

 Tenían un cuerpo, evidencias físicas y una posible línea de investigación, pero desconocían por completo quién era la persona privada de la existencia. Con el paso de las semanas, el caso comenzó a llamar la atención fuera de los círculos policiales. En uno de los foros de internet dedicados al análisis de crímenes reales, un usuario decidió referirse a la joven como la vender dough.

El apodo combinaba el término utilizado en Estados Unidos para mujeres sin identificar conocido como Jane Dow, con el color la banda del suéter encontrado junto al cuerpo. El nombre terminó popularizándose y acompañaría el caso durante muchos años. Los detectives intentaron identificarla mediante registros odontológicos.

 La joven poseía una dentadura notablemente cuidada y pensaron que aquello podría conducir rápidamente a su identidad. Sin embargo, ninguna comparación produjo resultados positivos. Era como si la víctima hubiera desaparecido por completo de todos los registros conocidos. Mientras tanto, el análisis del semen hallado durante  la necropsia permitió identificar a un hombre llamado Joseph Wayne Burnet.

 Cuando fue interrogado, reconoció haber mantenido relaciones sexuales con una mujer desconocida, pero negó cualquier participación en el homicidio. En ese  momento no existían pruebas suficientes para vincularlo directamente con el crimen. Los meses continuaron pasando sin avances significativos. A pesar de los esfuerzos realizados, la policía  seguía sin conocer el nombre de la joven.

 Lo único que tenían era un apodo creado por desconocidos en internet y la esperanza de que algún día apareciera la pista que permitiera descubrir quién había sido realmente Lavenderdough. A medida que transcurrían los meses, la investigación comenzó a perder impulso y los detectives agotaron prácticamente todas las herramientas disponibles para identificar a la joven.

 Se tomaron muestras genéticas. y se compararon con bases de datos de distintas regiones del país, pero ninguna coincidencia permitió saber quién era la víctima. Cada nueva prueba terminaba en el mismo punto muerto. Nadie denunciaba su desaparición. Ningún familiar aparecía y ningún registro parecía corresponder a la mujer encontrada en aquel terreno petrolero.

 Era como si hubiera llegado a Texas sin dejar huellas de su pasado. Finalmente, el expediente fue archivado. Lavender Dough permaneció oficialmente como una mujer desconocida y su cuerpo fue enterrado en un cementerio de Texas bajo esa identidad provisional. Aunque la investigación nunca se cerró por completo, ya no existían pistas concretas que seguir.

Sin embargo, algunas personas se negaban a olvidar a aquella joven sin nombre. Con el paso de los años, su historia comenzó a despertar interés entre aficionados a la criminología, investigadores independientes y miembros de comunidades en línea que seguían casos sin resolver. 7 años después del hallazgo, las autoridades decidieron recurrir a nuevas tecnologías que no existían cuando se inició la investigación.

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