Posted in

Niña de 8 Años Salvó a Su Madre, Milei Intervino

 Durante dos años había manejado con ella un pequeño taller de costura, costura María, la costura de María. Pero ya había terminado. Todo había terminado. Miro los papeles en la mesa. Factura de electricidad 45,000 pes. Deuda de alquiler, 60,000es. Deuda del proveedor de telas 38,000es. Total 143,000es. En su bolsillo solo tenía 2,500 pesos.

Su hija Sofía, de 8 años todavía dormía. María sabía que tenía que tomar una decisión. antes de que despertara. Vendería la máquina de coser, pagaría parte de sus deudas, buscaría otro trabajo para el resto. Tal vez trabajo de limpieza, pensó, o de mesera. Pero una voz dentro de ella gritaba. Soy emprendedora.

 No puedo abandonar mis sueños. En ese momento escuchó un sonido extraño. Alguien tocaba su puerta. Eran apenas las 7:15. ¿Quién podría venir a esta hora? Pero María no sabía que la persona que tocaba esa puerta cambiaría completamente su historia. Y esta visita se realizaba por una razón que nunca habría imaginado. Cuando abrió la puerta, vio frente a ella a un hombre de mediana edad en traje.

 Le resultaba familiar, pero buenos días, señora. Disculpe la molestia. Soy Javier Miley. El corazón de María se detuvo. ¿Era realmente el presidente? Pre presidente. Tartamudeo. Sí, puedo pasar. Necesito hablar con usted. María abrió la puerta en estado de shock. El presidente venía a su pequeño taller. Mi ley entró. Espacio pequeño de 2 por 3 m, máquina de coser, trozos de tela, vestidos a medio terminar.

 Señora María, he escuchado cosas muy impresionantes sobre usted. Sobre mí, pero usted está criando sola a su hija tratando de crear un pequeño negocio, ¿verdad? María asintió. Sí, pero ya se está terminando. Es triste escuchar eso, porque lo que me trajo aquí tenía que ver con su lucha y determinación. Pero presidente, ¿cómo me Es una historia larga? Primero quiero escuchar su historia. Mi ley miró alrededor.

 En las paredes había dibujos de Sofía, bocetos de vestidos diseñados por María, notas de pedidos de clientes. Bueno, cuénteme su historia desde el principio. Pero, presidente, ¿por qué? Porque su historia es la historia de millones de mujeres y yo necesito escuchar estas historias. Y en ese momento María entendió que esto no era casualidad, esto era destino, pero aún no sabía que esa conversación no solo cambiaría su vida, sino el destino de todas las emprendedoras de Argentina.

 Empecé hace dos años”, dijo María sentándose junto a la máquina de coser. Después de que el padre de Sofía nos abandonó, necesitaba encontrar trabajo, pero Sofía era pequeña. El jardín de infantes era muy caro. Mi ley escuchaba atentamente. Recordé esta máquina de mi madre. De pequeña había aprendido a cocer con ella.

 Pensé, “Tal vez pueda trabajar desde casa.” ¿Cómo encontró su primer cliente? Mi vecina, doña Carmen, necesitaba cortar los pantalones de su hijo. Me pagó 1000 pesos, esos primeros 1000 pesos. Los ojos de María se llenaron. Esa plata era una fortuna para mí. Y después, doña Carmen les contó a otros vecinos. Lentamente empezaron a venir clientes a cortar faldas, coser botones, hacer remiendos.

El negocio comenzó a crecer. Sí. Después de 6 meses empecé a nacer vestidos. También tenía mis propios diseños. A la gente le gustaban. María se levantó, mostró los bocetos en la pared. Estos son mis diseños. Cada uno cuenta una historia. Meley miró los bocetos. Eran hermosos. Diseños originales. Muy hermosos.

 ¿Dónde comenzó el problema? La cara de María se entristeció cuando quise crecer. ¿Cómo? Quería comprar más tela, pero los proveedores pedían dinero por adelantado. Fui al banco a pedir un préstamo y dijeron, “Mujer, madre soltera, ingresos inseguros. No me dieron el préstamo.” Esta respuesta sorprendió a mi ley.

 ¿Qué hizo después? Traté de ahorrar mi propio dinero, pero cada mes los precios subían. Electricidad, alquiler, nunca podía ahorrar. ¿Cómo continuó? Empecé a comprar tela a crédito, pero los clientes también me pagan a crédito. Le debo al proveedor. Los clientes me deben a mí. Un círculo vicioso. Sí, y ya no puedo aguantar más.

 María mostró las facturas en la mesa. Debo 143,000 pesos. Hoy decidí vender la máquina de coser. Y después buscaré trabajo de limpieza. ¿Qué pasará con sus sueños? María se quedó callada. Tenía miedo de hacerse esta pregunta. Los sueños son un lujo. Estoy tratando de sobrevivir. Y esa oración partió el corazón de mi ley.

 Pero María aún no sabía que la razón por la que mi ley había venido allí la sorprendería aún más. María, dijo mi ley, déjeme preguntarle algo. ¿Le gusta este trabajo? Me encanta. Es mi pasión. Sus clientes están contentos, muy contentos. Incluso los que no tienen pedidos vienen solo a charlar. Entonces está demostrando que es una emprendedora exitosa. Pero no puedo ganar dinero.

 ¿No puede ganar dinero o el sistema le impide ganar? Esta pregunta hizo pensar a María. ¿Qué quiere decir? María busca el problema en usted misma o en el sistema. No sé. Bueno, yo le digo, el problema no está en usted. El problema está en las barreras que se ponen frente a emprendedoras como usted. María se sorprendió.

¿Qué barreras? No puede obtener crédito porque es riesgosa. Tiene que pagar impuestos, pero no recibe ningún apoyo. La burocracia la ahoga. Como pequeña empresa está sujeta a las mismas reglas que las grandes corporaciones. María nunca había pensado así. ¿Qué podemos hacer nosotros? No, María, no.

 ¿Qué podemos hacer? ¿Qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a hacer? Primero vamos a salvar su negocio. Después vamos a cambiar el sistema. Pero, ¿cómo? Primero dígame esto. Si se eliminan todas sus barreras, ¿a dónde puede llegar en un año? María pensó, nunca le habían hecho una pregunta así. No sé, tal vez en lugar de 10 clientes podría tener 50 más.

 Tal vez podría tener mi propia tienda más. Tal vez, tal vez podría dar trabajo a otras mujeres. También podría enseñarles a coser. Exacto. Esa es su visión. Ahora la vamos a hacer realidad. Pero, ¿cómo? Tenga paciencia. Primero voy a hacer algunas llamadas. Y mi ley sacó su teléfono. María no sabía que esas llamadas telefónicas no solo cambiarían su vida, sino que iluminarían el futuro de todas las emprendedoras de Argentina.

 La primera llamada fue al Banco Central. Aló, presidente del banco. Soy Miley. Necesito un crédito especial para una emprendedora. No, no es para mí. Es para una señora que está luchando por su negocio. Sí, ahora mismo. María escuchaba con asombro. La segunda llamada fue al Ministerio de Economía. Ministro, necesito que me prepare un programa de apoyo a microemprendedoras.

Read More