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Reina Paola: La Verdad Prohibida Que Bélgica Ocultó Durante 50 Años

¿Qué hace una mujer cuando descubre después de 50 años de matrimonio que su marido tuvo una hija secreta con otra mujer mientras ella estaba criando a sus propios tres hijos en un palacio real? ¿Qué hace cuando esa hija secreta, después de décadas de silencio exige públicamente frente al mundo entero ser reconocida oficialmente como princesa de Bélgica? Esa fue la pregunta imposible que la reina Paola de Bélgica, princesa italiana de origen, esposa del rey Alberto Segundo, madre del rey Felipe de Bélgica, tuvo que contestar durante los

7 años más dolorosos de toda su vida adulta, entre el 2013 y el 2020. Y la respuesta que ella eligió contra todos los consejos de la corte belga, contra todas las presiones de la familia real, contra todo lo que su orgullo personal le exigía, fue una respuesta que iba a sorprender al mundo entero.

27 de enero de 2020, Bruselas, Bélgica. Son las 11:40 de la mañana. En una sala privada del Tribunal de Apelación de la capital belga, una mujer de 52 años está leyendo en silencio un documento oficial que acaba de cambiar para siempre la historia de la realeza europea. El documento es un informe pericial de análisis genético.

Sus resultados confirman con una probabilidad del 99,99% lo que la mujer ya sabía emocionalmente desde hacía toda su vida, que ella es la hija biológica del rey Alberto II de Bélgica. Su nombre es Delfín Boel, es escultora de profesión, vive en Londres y durante los siguientes dos años, gracias a ese informe pericial, ella iba a ser reconocida oficialmente como princesa Delfín de Bélgica, con todos los derechos, los privilegios y los honores que ese título conlleva.

Esa mañana de enero de 2020, mientras Delfín Boel leía silenciosamente el documento que confirmaba su filiación real a apenas 20 km de distancia en el palacio de Belveder de Laeken. Otra mujer estaba mirando por la ventana de su despacho privado. Esa mujer tenía 82 años. Estaba acompañada únicamente por una de sus damas de honor.

Llevaba 30 años casada con un hombre del que sabía desde 1999, que tenía una hija con otra mujer. Y durante todos esos años ella había mantenido en público una dignidad absoluta. Había sonreído en las fotografías oficiales. había acompañado a su esposo en cada acto protocolar. Había representado a Bélgica frente al mundo entero como una reina elegante, devota, intachable.

Esa otra mujer era la reina Paola de Bélgica. Y esa mañana del 27 de enero de 2020, mientras los abogados de Delfín Boel celebraban su victoria judicial, Paola, según los testimonios cercanos, no lloró, no protestó, no hizo ninguna declaración pública, solo se quedó mirando por la ventana durante varias horas. Y en un momento de la mañana, según la dama de honor, habría murmurado para sí misma una sola frase en italiano, la lengua materna que casi nunca usaba en público.

Habría dicho adeso es finita. Davero finita que significa en español, ahora se acabó. Verdaderamente se acabó. Esta es la historia de la reina Paola de Bélgica. una princesa italiana del sur de Italia, nacida en una de las familias aristocráticas más antiguas de Europa, que se casó en 1959 con un príncipe belga del que se enamoró perdidamente.

Una mujer que durante 65 años ha sido considerada por la prensa europea como un símbolo absoluto de elegancia italiana y de dignidad real. Una mujer que ha aguantado en silencio, según las biografías serias publicadas en las últimas décadas, una de las traiciones matrimoniales más largas y más públicas de la realeza europea contemporánea.

Pero antes de Bélgica, antes del trono, antes incluso del escándalo del fin Boel, hay que volver a Forte de Marmi, en la costa italiana de Toscana en septiembre de 1937, donde nació una niña en el seno de una de las familias nobles más prestigiosas del sur de Italia. Para entender qué pasó esa mañana de enero de 2020 en el tribunal de Bruselas, tenemos que volver al principio, a una mansión italiana frente al Mar Mediterráneo en 1937.

11 de septiembre de 1937. Forte Day Marmy, Toscana, Italia. En una mansión señorial frente al mar Mediterráneo, una mujer aristocrática italiana de 29 años llamada Luisa Gazeli de Rosana está dando a luz a su tercera hija. Su marido, un héroe militar italiano de 42 años llamado Fulco Rufo de Calabria está esperando en el salón de la planta baja, fumando nerviosamente un puro.

A las 5:20 de la tarde nace una niña. Le ponen siete nombres oficiales según la tradición aristocrática italiana: Paola Marguerita, María Antonia Coniglia, Tona Rufo, Di Calabria. Pero desde el primer día, su familia y la prensa italiana la llaman simplemente Paola. La pequeña Paola nace en una de las familias nobles más antiguas y más prestigiosas de toda Italia.

Su padre, Fulco Rufo de Calabria es un héroe nacional italiano. Durante la Primera Guerra Mundial había sido uno de los principales ases aviadores italianos con 20 aviones enemigos derribados en combate aéreo. Después de la guerra había sido nombrado senador del reino de Italia y en el momento del nacimiento de Paola era considerado uno de los hombres más influyentes del establishment aristocrático italiano.

Su madre Luisa Gazelli di Rosana también pertenece a una familia aristocrática del Piamonte italiano. es una mujer culta, religiosa, considerada por sus contemporáneos como una de las mujeres más elegantes de Roma. Y la pequeña Paola, según las memorias de su hermana mayor Fabricia, publicadas en 1998, había heredado desde el primer día de su nacimiento la combinación física exacta de sus dos padres, los ojos azules del aviador del Piamonte y la sonrisa luminosa de la dama elegante de Roma.

Pero la pequeña Paola también nació en uno de los peores momentos posibles de la historia europea moderna. 11 de septiembre de 1937. En esa misma fecha en Berlín, Adolf Hitler estaba consolidando su régimen nazi alemán. En Roma, Benito Mussolini llevaba 15 años gobernando como dictador fascista italiano.

Y 2 años después, en septiembre de 1939, iba a estallar la Segunda Guerra Mundial. La pequeña Paola tenía apenas 2 años. Hay un detalle de los primeros años de Paola que pocas biografías cuentan completamente. Durante los 6 años de la Segunda Guerra Mundial. Entre 1939 y 1945, la familia Rufo de Calabria vivió escondida en una pequeña casa rural en la provincia italiana de Verona.

Su padre Fulco, a pesar de ser un héroe nacional, había rechazado oficialmente desde 1938 la política racista de Mussolini contra los judíos italianos. Y por esa razón, durante los últimos años del régimen fascista italiano, la familia Rufo de Calabria había sido considerada políticamente sospechosa por los servicios secretos italianos.

Hay una escena particular del año 1944 que la propia Paola contaría décadas después en una entrevista al diario italiano Corriere de Yasera, publicada en 1995. Paola tenía 7 años en ese momento. La familia Rufo de Calabria estaba escondida en su pequeña casa rural de Verona. Y una mañana de marzo, según el testimonio de la propia Paola, dos camiones militares del régimen fascista llegaron al portón de la propiedad familiar.

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