Me gusta Galicia y por eso les canto como un homenaje pequeño pero sentido [música] y empieza a cantar. Eu queroche tanto e ainda non o sabesukero tanto terra domeupai. Yo te quiero tanto [música] y tú aún no lo sabes. Yo te quiero tanto, tierra de mi padre. El público se queda en silencio. No es el silencio del aburrimiento, es el silencio de la emoción.

Ese silencio que se hace cuando algo te toca el alma. [música] Quiero astúas ribeiras que me fan lembrare. Osteus hoyos tristes que fan me choraré. Quiero tus riberas que me hacen recordar, tus ojillos tristes que me hacen llorar. [música] Y entonces llega el estribillo, el estribillo que millones de personas cantarían después.
Un canto a Galicia, hey, Terra Domeupai. Un canto a Galicia, hey, Miña Terranay. Un canto a Galicia, hey, tierra de mi padre. Un canto a Galicia, hey, mi tierra madre. Teño morriña. Hey, teño saudade, porque estoy leyos de esos teuslares. Tengo morriña. Hey, tengo saudade porque estoy lejos de esos tus hogares. ¿Conoces esas palabras? Morriña, saudade, son palabras que no tienen traducción exacta.
Nostalgia, sí, melancolía, quizás, pero es más que eso. Es el dolor de estar lejos de casa, el dolor de echar de menos algo que sabes que nunca volverá a ser igual. ¿Has sentido eso alguna vez? Cuando Julio termina la canción, el público explota. Aplauso cerrado, ovación de pie. Julio sonríe, saluda, baja del escenario.
No sabe aún que ese tropezón en el escalón ha sido premonitorio, que esa canción que acaba de estrenar lo va a llevar en Volandas al éxito mundial. No sabe que esa noche, en ese escenario, acaba de dar el primer paso hacia la conquista de Latinoamérica. Quédate para descubrir cómo una canción sobre Galicia terminó siendo número uno en Alemania y cómo los alemanes pidieron una foto de esa chica tan guapa llamada Galicia. Pasa un año.
Julio ya ha grabado la canción en estudio. No fue fácil. [música] Se metió en el estudio de grabación en Madrid con su equipo y se bloqueó. Estaba nervioso, sudando, escribiendo palabras en una tril delante del micrófono, intentando que sonara bien. Se trabó en una parte. Eu queroche tanto, terra domeupai. Yo te quiero tanto, tierra de mi padre.
Le faltaba algo, algo que cerrara el verso, algo que le diera fuerza. llamó a un amigo. Pepe Domingo Castaño, periodista gallego, locutor de radio. Pepe llegó al estudio, vio a Julio bloqueado y le propuso algo. Y si añades Euqueroche tanto miña Terranai, [música] yo te quiero tanto, mi tierra madre. Julio lo miró, lo probó.
Euquero chetanto, terra domeupai. Eu quero chetanto, miña terranai. Funcionaba perfecto. Trabajaron durante horas quitando palabras, añadiendo otras, moviendo estrofas. Al final, Miña Terranay se incorporó al estribillo. El corazón de la canción. Un canto a Galicia. Hey Terra Domeupai. Un canto a Galicia. Hey miña Terra naay.
Pepe Domingo también le señaló un error. En gallego lejos se dice Longe, no le alguna gente se va a enfadar contigo. Pero Julio se negó a cambiarlo. Ya la había cantado así en Coruña. No iba a modificarla ahora y tenía razón. Ese error paradójicamente le daba autenticidad, humanidad. La canción se incluyó en el álbum Por una [música] mujer. Se lanzó como single y explotó.
No en España. En España tuvo reconocimiento popular, pero no destacó en ventas. Pero en el resto del mundo, número uno en Bélgica, número uno en Holanda, número uno en Alemania, número uno en Francia, número uno en Italia, número uno en Angola, número uno en Turquía y número uno en Latinoamérica, en Argentina, en Chile, en México, en Venezuela.
Columbia Records, su discográfica, no podía creer los números y entonces pasó algo que nadie esperaba. La distribuidora alemana contactó con la oficina de julio en España. Necesitamos urgentemente fotografías de esa muchacha llamada Galicia. Debe ser muy guapa por cómo Julio le canta. En la oficina se quedaron perplejos. ¿Qué muchacha? ¿De qué están hablando? [música] Llamaron a Nonito Pereira en A Coruña se partió de risa y con un sentido del humor gallego impecable envió Ipso Facto a Madrid una fotografía, una bucólica panorámica gallega con dos vacas
pastando en hermosos prados. Imagina la cara de los alemanes cuando abrieron el sobre y vieron que Galicia no era una mujer, era una región y la foto era de dos vacas. La anécdota corrió como la pólvora, pero lejos de hundir la canción la hizo aún más famosa. Y mientras Alemania se reía con las vacas, en Latinoamérica pasaba algo mucho más profundo.
La canción estaba tocando una fibra emocional que nadie había anticipado. Porque un canto a Galicia no hablaba solo de Galicia, hablaba de cualquier tierra, de cualquier hogar. Morriña, saudade, nostalgia, melancolía. hablaba del dolor de estar lejos, del dolor del emigrante. [música] Y en los años 70 había millones de emigrantes españoles en Latinoamérica, gallegos especialmente en Argentina, [música] en Venezuela, en Chile, en México.
Gente que había dejado atrás su tierra, su familia, su vida, buscando un futuro mejor al otro lado del océano. Y cuando escuchaban a Julio cantar, “Teño morriña, hey teño saudade, [música] porque estou leyos de esos teuslares lloraban porque esa canción era su historia. ¿Conoces a alguien que haya tenido que dejar su tierra para buscar una vida mejor? ¿Sabes lo que se siente al estar lejos de casa, sabiendo que quizás nunca vuelvas? Escríbelo en los comentarios porque esa es la historia de millones de personas.
La canción se convirtió en el himno no oficial de los emigrantes, de todos los emigrantes, no solo los gallegos, no solo los españoles, de cualquiera que hubiera tenido que decir adiós. Y Julio Iglesias, sin pretenderlo, se convirtió en la voz de esa gente. Gracias en gran parte al éxito de un canto a Galicia, Columbia Records le entregó a Julio Iglesias el premio al mayor vendedor de discos en el mundo durante 1972.
Ese año, Julio se convirtió oficialmente en el artista español más internacional. Tenía 29 años. Pero la historia de esta canción aún no había terminado, porque 5 años después, en un estadio en Chile iba a pasar algo que nadie olvidaría jamás. 11 de febrero de 1977, Estadio Nacional de Santiago de Chile. Julio Iglesias tiene 33 años, ya es una superestrella en Latinoamérica.
Llena estadios, vende millones de discos. Las mujeres lo adoran, los hombres lo respetan, pero nadie, absolutamente nadie lo ha visto llorar. Julio es el galán, el seductor, el hombre impecable, el que siempre tiene el control. Esa noche va a mostrar algo que había mantenido escondido durante años, su vulnerabilidad.
El concierto es benéfico a favor de la Fundación Pequeño Cotolengo de Cerrillos. Un hogar para niños con discapacidades. Las entradas tienen precios populares. 5 pesos la galería, 60 pesos, las localidades preferenciales. Julio quiere que el estadio se llene, quiere demostrar su poder de convocatoria, quiere un récord y lo consigue.
Más de 100.000 1 personas llenan el estadio nacional. Es el primer mega evento musical en Chile, mucho antes que Rod Stewart en 1989, mucho antes que nadie. El concierto empieza a las 7:30 de la tarde. Julio canta durante 2 horas, hit tras hit. La vida sigue igual. Wendolin. Me olvidé de vivir. El público canta con él.
Llora con él, vive con él. Si te está gustando esta historia, déjanos un like y si quieres más historias como esta, suscríbete al canal porque lo mejor aún está por llegar. Y entonces Julio [música] anuncia, “Esta canción se la quiero dedicar a alguien muy especial, alguien que está aquí conmigo esta noche.
La música empieza Euquero Chetanto e ainda non sabes, un canto a Galicia. El público reconoce la canción al instante, aplaude, [música] grita, canta con él. Eu queroche tanto terra meupai, yo te quiero tanto, tierra de mi padre. [música] Y entonces, desde un lateral del escenario aparece un hombre, un hombre mayor de unos 60 años, pelo canoso, [música] elegante, con la dignidad de quien ha vivido mucho y ha visto mucho. Es el Dr.
Julio Iglesias Puga, su padre. Julio lo ve y se detiene en seco. Las 100,000 personas se quedan en silencio esperando, sin entender qué está pasando. Julio deja de cantar, camina hacia su padre y lo abraza. Un abrazo largo, fuerte, de esos abrazos que dicen todo sin decir nada. Y entonces las cámaras de televisión captan algo que nadie había visto antes.

Julio Iglesias está llorando, lágrimas reales corriendo por su cara delante de 100,000 personas, delante de todo Chile, delante de las cámaras de televisión. El público estalla. Aplauso cerrado, gritos, lágrimas también en las gradas. Julio se separa de su padre. Se limpia las lágrimas, intenta recomponerse, pero cuando vuelve a cantar su voz se quiebra.
Eu queroche tanto, Terra meupai. Yo te quiero tanto, tierra de mi padre. Ya no está cantando sobre Galicia, está cantando para su padre, el hombre que lo salvó, el hombre que cerró su clínica durante dos años para cuidarlo después del accidente. El hombre que le repetía todos los días, “No te he traído a la vida para que te quedes en una silla de ruedas.
” Y su padre está ahí en el escenario escuchándolo con lágrimas en los ojos también. ¿Has tenido alguna vez ese momento con tu padre o tu madre? ¿Ese momento en el que te das cuenta de todo lo que han hecho por ti y no encuentras las palabras para decirlo? Cuéntanos en los comentarios. Julio termina la canción. Apenas puede, pero la termina.
El aplauso dura varios minutos. El público no quiere que termine. Quieren que ese momento se quede para siempre. Julio saluda, su padre baja del escenario. El concierto continúa, pero ese momento, ese momento quedó grabado para la eternidad. Son las únicas imágenes conocidas de Julio Iglesias llorando en público. Y todo por una canción, una canción que escribió para su padre, una canción con errores gramaticales, una canción que casi no llega a grabar.
Años después, en entrevistas, le preguntarían a Julio por ese momento y siempre respondía lo mismo. No podía evitarlo. Cada vez que cantaba esa canción y pensaba en mi padre, me rompía. Un canto a Galicia se convirtió en Inseparable de Julio. La cantaba en todas sus giras, en todos sus idiomas. En 2014 en Londres la cantó acompañado por Carlos Núñez, el gaitero gallego más famoso del mundo, una fusión de tradición y estrella internacional, pero nunca, nunca volvió a tener la emoción de esa noche en Chile, porque
esa noche no era solo un concierto, era un hijo diciéndole a su padre delante de 100,000 personas, gracias por salvarme, por creer en mí. por no dejarme renunciar. El Dr. Julio Iglesias Puga murió en 2005. Tenía 90 años. Murió en Madrid después de ir a ver un partido del Real Madrid, el equipo donde su hijo había jugado como portero antes del accidente.
Julio estaba de gira cuando recibió la noticia. canceló todo, voló a Madrid y en el funeral, según cuentan los que estuvieron ahí, Julio no pudo contener las lágrimas, igual que aquella noche en Chile, igual que cada vez que cantaba un canto a Galicia, porque esa canción no era solo una canción, era la historia de un padre y [música] un hijo, de un médico que salvó la vida de su hijo dos veces. Primero, trayéndolo al mundo.
Segundo, sacándolo de una silla de ruedas y de un hijo que nunca, nunca olvidó lo que su padre hizo por él. ¿Sabías que un canto a Galicia se grabó en seis idiomas diferentes? Gallego, español, portugués, francés, alemán y japonés y que se incluyó en más de 80 álbumes recopilatorios de Julio Iglesias. fue su primer gran éxito internacional.
La canción que le abrió las puertas de Latinoamérica, [música] la canción que lo convirtió en leyenda. Pero más allá de los números, más allá de las listas, más allá de los premios, un canto a Galicia [música] es la prueba de que las mejores canciones no se escriben para vender, se escriben para las personas que amamos.
Y cuando esas canciones nacen del amor verdadero, del agradecimiento sincero, de la emoción real, [música] tocan el corazón de millones. Porque todos, absolutamente todos, tenemos un canto a Galicia, una canción que nos recuerda de dónde venimos, una canción que nos habla de las personas que nos criaron, una canción que cuando la escuchamos nos hace sentir que estamos en casa.
Aunque estemos a miles de kilómetros. Julio Iglesias nos enseñó eso, que la música no conoce fronteras, que una canción en gallego puede emocionar a un japonés, que una carta de amor a un padre puede convertirse en el himno de millones y que está bien llorar, incluso delante de 100,000 personas, incluso si eres Julio Iglesias, porque al final todos somos humanos.
Y todos necesitamos decirles a las personas que amamos, Euqueroche tanto, [música] yo te quiero tanto. Julio Iglesias nos enseñó que las mejores canciones no se escriben para conquistar listas, se escriben para las personas que amamos. Un canto a Galicia fue un homenaje a su padre, pero se convirtió en el himno de todos los que han tenido que decir adiós a su tierra.
Y este no fue el único homenaje que Julio le dedicó, porque años antes, cuando todo parecía perdido, su padre hizo algo que lo cambió todo, algo que permitió que Julio pudiera estar en ese escenario en Chile cantando, llorando, abrazándolo. Esa historia también la tienes en nuestro canal, porque la música siempre tiene una historia y las mejores historias son las que nadie te ha contado. Don’t.