También respondió a una oferta de trabajo en redes sociales. También se dirigía a Xochiapan. Las autoridades de Puebla activaron el protocolo ALBA y pidieron colaboración a la Fiscalía de Morelos. Dos mujeres, dos ofertas falsas, el mismo destino. Y en la Ciudad de México, apenas semanas antes, el caso de Edit Guadalupe había conmocionado al país.
Ella también acudió a una entrevista de trabajo, también desapareció, también fue encontrada sin vida. El patrón era inconfundible. Ofertas laborales en redes sociales, mujeres jóvenes buscando mejorar su situación económica y un desenlace trágico. ¿Quién estaba detrás de estas desapariciones? Las autoridades seguían la pista de un hombre identificado solamente como Alexander.

Los mensajes que Brenda recibió provenían de él. Cuando fue interrogado inicialmente, negó conocerla, pero la familia tenía las conversaciones de WhatsApp. Tenían evidencia del contacto y sabían que algo no cuadraba. Pero lo que sucedió esa mañana del 16 de abril superaría cualquier pronóstico. Cuando Eugenia Santanero Ortiz vio que el teléfono de su hija ya no daba señal, supo que algo andaba mal.
Brenda era responsable, siempre avisaba donde estaba. El instinto de madre no falla. La familia se movilizó de inmediato. Fueron al parque El Corazón del Niño, el lugar donde supuestamente se realizaría la entrevista. No había nadie, no existía ninguna actividad relacionada con ofertas de trabajo. Los vecinos de la zona confirmaron que esa mañana no se había instalado ningún puesto de reclutamiento, ni se vio movimiento inusual.
La oferta laboral era una farsa. La motocicleta de Brenda fue localizada horas después en la calle Allende, no muy lejos del punto de reunión acordado, abandonada sin rastro de su dueña. El último registro de su celular coincidía con esa ubicación. Después el teléfono se apagó o fue destruido. A partir de ese momento, Brenda Kelly entró en un vacío de información que angustiaría a su familia durante 4 días interminables.
Eugenia acudió a la policía municipal de Axochapan ese mismo jueves 16 de abril. Necesitaba ayuda urgente, pero los agentes municipales le informaron que no estaban facultados para recibir denuncias de desaparición. Debía ir a la Fiscalía Estatal. Perdió horas valiosas. Al día siguiente, viernes 17 de abril a las 11 de la mañana, la familia logró presentar la denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado de Morelos en Cuauta.
Habían pasado casi 24 horas desde la desaparición, tiempo crítico que se esfumó en trámites burocráticos. El abogado de la familia, Jonathan Galicia, intentó formalizarse como representante legal y solicitar acceso a la carpeta de investigación. Ahí comenzaron las irregularidades que más tarde denunciaría públicamente. Personal de la fiscalía se negó a atenderlo.
Le informaron que durante el fin de semana no había agentes del Ministerio Público disponibles. Tendrían que esperar hasta el lunes. Una desaparición reciente, una mujer en peligro inminente. Y la respuesta fue, “Esperen al lunes.” Mientras tanto, la familia no se quedó de brazos cruzados. Eugenia, Jorge Analco, padre de Brenda y vecinos solidarios.
comenzaron su propia investigación. Revisaron cámaras de seguridad en comercios cercanos, hablaron con testigos, reconstruyeron el último trayecto de Brenda y descubrieron algo crucial. Identificaron un domicilio sospechoso en la colonia Juan Morales, sobre la calle Benito Juárez. Entregaron esta información a las autoridades ministeriales.
Les dijeron dónde buscar, les dieron la ubicación exacta, pero según la familia, la fiscalía no actuó con la rapidez necesaria. Cada hora que pasaba reducía las posibilidades de encontrarla con vida. El sábado 18 de abril, la fiscalía finalmente activó el protocolo ALBA, el mecanismo de búsqueda inmediata para mujeres desaparecidas.
Se desplegó un operativo interinstitucional. Participaron la Agencia de Investigación Criminal, la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional, elementos de la Marina y Policías Estatales. Realizaron sobrevuelos con drones. Peinaron distintos puntos del municipio. Familiares y vecinos desesperados por la lentitud bloquearon vías en Axochapan, exigiendo que las autoridades aceleraran la búsqueda.
Las redes sociales se llenaron de la ficha de Brenda. Los hashtags justicia para Brenda y Brenda Kelly se volvieron virales. Colectivos feministas denunciaron un patrón. Falsas ofertas de empleo que ponían en riesgo a mujeres vulnerables. Pero fue hasta el lunes 20 de abril, 4 días después de su desaparición.
Cuando el operativo llegó al domicilio que la familia había señalado desde el principio, el cateo se realizó en una vivienda de la colonia Juan Morales y ahí, en el interior de un pozo, los agentes hicieron el hallazgo que todos temían. Lo que los investigadores encontrarían después revelaría la verdadera magnitud de este caso.
El cuerpo hallado dentro del pozo fue trasladado de inmediato a servicios periciales de la Fiscalía de Morelos. Durante horas, la familia Analco Santanero esperó con angustia la confirmación oficial. El fiscal estatal Fernando Blumencron Escobar declaró ante medios que por respeto a los deudos no podía confirmar la identidad hasta tener los dictámenes periciales completos.
Necesitaban análisis forenses, genéticos y criminalísticos. El martes 21 de abril por la tarde llegó la noticia devastadora. La Fiscalía General del Estado de Morelos emitió un comunicado. Tras los estudios periciales practicados, se estableció que el cuerpo correspondía a Brenda Kelly Analco Santanero.
La joven de 29 años que salió de su casa buscando una oportunidad laboral, nunca regresaría. Jorge Analco, padre de Brenda, confirmó ante periodistas que la familia logró identificar el cuerpo. Su dolor era evidente, pero su determinación era férrea. Exigió que se detuviera al responsable. señaló directamente a Alexander como el principal sospechoso y lo calificó como prófugo.
“Que le caiga todo el peso de la ley”, declaró con voz quebrada pero firme, porque ahí está el culpable. Las conversaciones de WhatsApp entre Alexander y Brenda quedaron como evidencia clave. En esos mensajes estaba la oferta fraudulenta, los detalles del supuesto trabajo, el punto de encuentro, todo documentado.
Cuando las autoridades interrogaron a Alexander inicialmente, negó conocer a Brenda. Mentía, los mensajes lo contradecían. Existía un vínculo directo entre él y la víctima. Pero surgieron preguntas inquietantes. Alexander actuó solo o formaba parte de una red más amplia. ¿Cuántas mujeres más habían sido contactadas con ofertas similares? ¿Existía una operación de trata de personas disfrazada de reclutamiento laboral? El caso de Zairaponce García seguía abierto.
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La mujer de 34 años originaria de Puebla continuaba desaparecida. También respondió a una oferta en redes sociales. También se dirigió a Axochiapan. Las fiscalías de Puebla y Morelos coordinaban esfuerzos, pero el tiempo corría en su contra. La carpeta de investigación llevaba el número EGP, PSDI, FI, TSPAI, CARNATA 14822026.
Un número más en las estadísticas de mujeres desaparecidas. Los investigadores analizaban un patrón perturbador. Las ofertas laborales tenían características comunes. Prometían empleos en agricultura, especialmente en producción de berris o invernaderos. Ofrecían salarios atractivos, prestaciones completas, vivienda.
Se difundían principalmente por Facebook, Instagram y WhatsApp. No pedían experiencia previa y siempre, siempre solicitaban reuniones presenciales en lugares públicos, pero poco transitados. Expertos en trata de personas advirtieron que este modus operandi era clásico, atraer víctimas con promesas de trabajo legítimo, aislarlas y luego someterlas.
En algunos casos para explotación sexual, en otros para trabajo forzado. Y en los peores escenarios como el de Brenda, las víctimas perdían la vida. La fiscalía se comprometió públicamente a agotar todas las líneas de investigación. Fernando Bloomencron declaró que mantendrían comunicación constante con los familiares y ofrecerían acompañamiento institucional.
Palabras que sonaban huecas para una familia que desde el primer día señaló dónde buscar y sintió que no les hicieron caso. Colectivos feministas documentaron cada irregularidad, la negativa inicial, a atender al abogado, la ausencia de ministerios públicos en fin de semana, el error en la ficha de búsqueda oficial que indicaba el 17 de abril como última fecha de avistamiento, cuando en realidad fue el 16.
El retraso en realizar el cateo del domicilio señalado por la familia. Pero la pregunta seguía sin respuesta. ¿Actuarían las autoridades esta vez para evitar más tragedias? La Fiscalía de Morelos tardó 5co días en encontrar a Brenda Kelly, cinco días en los que cada hora contaba. Y cuando finalmente localizaron su cuerpo, fue en el exacto lugar que la familia había señalado desde el inicio.
Jonathan Galicia, el abogado que representaba a los Analcos Santanero, no se quedó callado. El 19 de abril transmitió en vivo por redes sociales una denuncia explosiva. Acusó directamente a personal de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Morelos de irregularidades graves. Exhibió como se negaron a recibirle documentos formales.

mostró la indiferencia con la que trataron una desaparición urgente. La fiscalía se ha negado en este momento en Cuautla a atendernos, a recibirnos un escrito”, declaró Galicia frente a la Cámara. Sus palabras resonaron en miles de reproducciones. Nos dijeron que hoy, sábado y domingo, no hay un agente del Ministerio Público que pueda atendernos.
Una mujer desaparecida, potencialmente en peligro de muerte. Y la respuesta institucional fue, “Regresen el lunes.” Solamente después de que el video se viralizó, después de que la presión pública se volvió insostenible, la fiscalía modificó su postura. Emitieron un comunicado informando que realizaban un intenso trabajo para su localización.
Coordinaron con la familia las labores de búsqueda, pero el daño estaba hecho, la confianza rota, incluso la ficha oficial de búsqueda contenía errores. El documento inicial señalaba el 17 de abril como la fecha en que Brenda fue vista por última vez. Falso. Había sido el 16.
Un error aparentemente menor que reflejaba la falta de atención al detalle en un caso donde cada dato importaba. Jorge Analco fue contundente en sus declaraciones. Actuaron tarde, afirmó. Relató como la familia, por cuenta propia revisó cámaras de vigilancia, habló con vecinos, rastreó el último trayecto de su hija, aseguró que entregaron información precisa sobre el inmueble, donde finalmente apareció Brenda, pero que la autoridad ministerial no actuó con inmediatez.
El fiscal Fernando Blumencron Escobar intentó defenderse. Declaró que desde el viernes 17 a las 11 de la mañana se iniciaron protocolos de búsqueda. Enfatizó el acompañamiento permanente a la familia. hizo un llamado a no politizar el caso por respeto a la víctima, pero sus palabras chocaban con la realidad documentada por el abogado Galicia y los familiares.
Mientras esto ocurría en Morelos, el país seguía conmocionado por el caso de Edit Guadalupe en la Ciudad de México. Allá, tras presión pública similar, detuvieron a Juan José, un guardia de seguridad. La Fiscalía capitalina lo acusó formalmente de feminicidio. Presentaron evidencia sólida, manchas hemáticas en su ropa, identificación de la víctima en su oficina, rastros de sangre en escaleras y pasillos, rasguños en su pecho.
Pero además tres funcionarios fueron investigados por corrupción y omisión. Una Ministerio Público que no proporcionó información del domicilio ni dio instrucciones de registrarlo y dos policías de investigación que no cumplieron su deber. El patrón se repetía. Autoridades que reaccionaban tarde, familias que tenían que presionar, gritar, exhibir para ser escuchadas, funcionarios incompetentes o corruptos que obstaculizaban investigaciones y víctimas que pagaban con su vida la ineficiencia del sistema.
Eugenia Santanero Ortiz dirigió un mensaje directo a la gobernadora de Morelos, Margarita González Sarabia, y al fiscal Blumencron. que muevan sus influencias como si hija fuera de ellos, de los ricos”, dijo con la voz entrecortada por el dolor. “No porque somos pobres nos tengan de un lado a otro sin hacernos caso.
” Sus palabras resumían la indignación de miles de familias mexicanas que enfrentan la misma pesadilla, la doble tragedia de perder a un ser querido y luego batallar contra autoridades indolentes. Y mientras las autoridades guardaban silencio sobre el paradero de Alexander, la gente comenzaba a exigir justicia. Las redes sociales ardieron.
Brenda Kelly y Justicia para Brenda se convirtieron en tendencia nacional. Miles compartieron su ficha de búsqueda incluso después de confirmarse su muerte. Era una forma de mantener viva su memoria, de exigir que su caso no quedara impune. Colectivos feministas organizaron protestas en Cuernavaca y Axochiapan.
Colectiva Resistencia Feminista Yautepec fue de las primeras en alzar la voz. denunciaron que el feminicio de Brenda no era un caso aislado, sino síntoma de un problema sistémico. Las falsas ofertas de trabajo se estaban usando como trampa mortal para mujeres vulnerables económicamente. En Puebla, familiares de Zaira Ponce García seguían buscándola con desesperación.
Su desaparición ocurrió el 13 de abril, 3 días antes que Brenda. Las autoridades poblanas activaron el protocolo Alba y pidieron colaboración a Morelos, pero hasta ahora no hay rastro de ella. Zaira mide 1,45 cm, complexión robusta, tes morena clara, cabello castaño oscuro ondulado. El día de su desaparición vestía playera blanca, mayones negros y tenis azul con gris.
Llevaba una bolsa de nylon con documentos personales. Alguien en algún lugar debe haberla visto. El caso refleja una realidad brutal que México enfrenta todos los días. Según cifras oficiales, en el país desaparecen diariamente decenas de mujeres. Muchas son jóvenes, muchas buscaban trabajo, muchas confiaron en ofertas que parecían legítimas y muchas nunca regresaron a casa.
Las autoridades prometieron investigar a fondo. La Fiscalía de Morelo se comprometió a esclarecer los hechos delictivos, pero las promesas suenan vacías cuando Alexander sigue prófugo, cuando no hay detenidos, cuando la familia tuvo que hacer el trabajo de investigación que correspondía a las instituciones. Expertos en seguridad advierten que las redes sociales se convirtieron en territorio de casa para criminales.
Las plataformas digitales facilitan el contacto directo con víctimas potenciales. Los delincuentes estudian perfiles, identifican necesidades económicas, elaboran ofertas convincentes y las víctimas, muchas veces mujeres jóvenes con responsabilidades familiares y pocas oportunidades laborales, caen en la trampa por pura necesidad.
¿Qué hace falta para que las autoridades protejan a las mujeres? Cuantos casos más como el de Edit Guadalupe, Brenda Kelly y potencialmente Zira Ponce tienen que ocurrir antes de que existan protocolos efectivos. ¿Por qué las familias deben convertirse en investigadoras, presionar en redes sociales, exhibir funcionarios para que les hagan caso? Brenda Kelly tenía 29 años, medía 1,55 cm, tenía tatuajes de un payaso en la pierna derecha y una estrella en el tobillo.
Tenía madre, padre, familia que la amaba. tenía sueños, planes, futuro. Todo eso le fue arrebatado por alguien que usó su necesidad de trabajo como ceñuelo. Su cuerpo fue encontrado en un pozo, pero su caso sigue abierto. Alexander permanece libre. La justicia sigue pendiente. Mientras tanto, en Morelos y en todo México, otras mujeres siguen recibiendo ofertas de trabajo por redes sociales.
Otras familias están a punto de vivir la misma pesadilla y las autoridades siguen llegando tarde. El caso de Brenda Kellianalco Santanero es una herida abierta en la conciencia nacional. Un recordatorio brutal de que en México ser mujer y ser pobre puede costarte la vida y que el sistema diseñado para protegerte muchas veces es el primer obstáculo que enfrentas.
Su nombre no debe olvidarse, su caso no debe archivarse, porque cada vez que dejamos que la impunidad triunfe, condenamos a muerte a la próxima Brenda Kelly. M.