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10:22 AM — Tres Bombarderos Contra El Portaaviones Invencible De Japón | La Muerte De Akagi

10:22 AM — Tres Bombarderos Contra El Portaaviones Invencible De Japón | La Muerte De Akagi

4 de junio de 1942, 10 hor:22 minut de la mañana en medio del océano Pacífico, el portaaviones más temido del mundo está a punto de descubrir que la invencibilidad no existe. su cubierta repleta de aviones armándose con torpedos, combustible derramado por todas partes, bombas apiladas junto a líneas de gasolina, un caos organizado que en segundos se convertiría en el infierno más absoluto y todo porque tres pilotos americanos hicieron algo que parecía matemáticamente imposible.

Esta es la historia de Liagi, el dragón rojo, 260 m de acero japonés que había aplastado a Pearl Harbor, que había barrido el Pacífico durante 6 meses sin conocer la derrota. Un monstruo naval con 66 cazas en su cubierta, capaz de proyectar poder de fuego a 400 km de distancia. Pero en esta mañana de junio, tres bombarderos americanos iban a demostrar algo brutal.

No importa qué tan poderoso seas, un solo error en el momento equivocado puede destruirte por completo. Y antes de continuar, si te gustan las historias de batallas navales que cambiaron el curso de la guerra, aprieta ese botón de suscripción. Cada semana traemos combates que ni siquiera los libros de historia cuentan con este nivel de detalle.

Déjame llevarte atrás en el tiempo. 6 meses antes de esta mañana fatal. 7 de diciembre de 1941. El mundo despierta con una noticia que nadie esperaba. Pearl Harbor está en llamas. Acorazados estadounidenses hundiéndose como juguetes en una bañera. Más de 2400 americanos muertos en cuestión de horas. ¿Y quién encabezó ese ataque devastador? Los aviones de la KI.

Desde la cubierta de ese portaaviones, 27 cazas despegaron aquella madrugada rumbo a Hawaii. Y cuando regresaron lo hicieron victorioso. El dragón rojo había mordido y el mundo entero sintió sus colmillos. Durante los siguientes 6 meses, el Akagis se paseó por el Pacífico como un depredador sin rival. Darwin, Australia, las islas, Salomón, el océano indico.

Cada vez que aparecía en el horizonte, la destrucción lo seguía como una sombra inevitable. Los japoneses creían que era invencible y hasta ese momento no había razón para pensar lo contrario. Pero el almirante Yamamoto, el cerebro detrás de Pearl Harbor, sabía algo que pocos entendían. Esa victoria había sido solo el primer golpe.

Estados Unidos no se iba a quedar de brazos cruzados. Necesitaba atraer a la flota americana y destruirla por completo antes de que se recuperara. Su plan era simple, pero brutal. Capturar la isla de Midway, un punto estratégico en medio del Pacífico, una base americana que si caía dejaría Hawai expuesto como una herida abierta. La trampa estaba lista.

Yamamoto reunió una fuerza de ataque aterradora, cuatro portaaviones pesados Akagi, Kaga, Hiryu y Soru. Los mismos barcos que habían quemado Pearl Harbor, los mismos que nunca habían conocido la derrota. Era junio de 1942. La máquina de guerra japonesa estaba en su apogeo y Midway sería el golpe definitivo, o eso pensaban, porque mientras los japoneses preparaban su emboscada, los americanos estaban haciendo algo que cambiaría todo.

Habían descifrado el código naval japonés JN25. El almirante Chester Nimit, comandante de la flota del Pacífico, sabía exactamente cuándo y dónde atacaría Japón. Conocía cada detalle del plan de Ylamamoto como si lo hubiera escrito él mismo. Tres portaaviones americanos esperaban en silencio. Enterprise, Hornet y Yorktown.

No eran tantos como los japoneses, pero tenían algo mejor que números. Tenían información. Y en la guerra eso vale más que 100 barcos. La emboscada estaba preparada. Solo faltaba que el dragón rojo entrara en la trampa. 4 de junio, 4:45 minutos de la madrugada. Desde las cubiertas de los cuatro portaaviones japoneses, la primera oleada de ataque despega hacia la isla de Midway.

108 aviones cargados con bombas y torpedos se elevan en el cielo todavía oscuro. Desde el Akagi, solo 27 casas despegan rumbo al objetivo. Todo va según lo planeado. Los pilotos japoneses están confiados. Han hecho esto decenas de veces. Midway será una masacre más en su lista de victoria. Pero a las 7:28 de la mañana, un hidroavión de reconocimiento japonés envía un mensaje que cae como un rayo sobre el puente de la Kagui, barcos enemigos avistados.

El almirante Nagumo, comandante de la fuerza de portaaviones, siente un nudo en el estómago. Barcos enemigos. Se suponía que los americanos no sabían nada, pero lo peor aún no ha llegado. A las 8 horas con9 minutos, el mensaje crítico llena de tensión el puente de mando. La fuerza enemiga incluye lo que parece ser un portaaviones.

Nagumo cae en un dilema terrible. Los aviones de reserva encubierta están siendo armados con bombas terrestres para un segundo ataque a Midway, pero ahora necesitan torpedos para combatir barcos de guerra. La orden se da de inmediato. Cambien el armamento ahora. En la cubierta del hangar de la Kagui, cientos de marineros comienzan una tarea frenética.

quitar bombas, instalar torpedos, bombas por todos lados, torpedos rodando por el piso, líneas de combustible serpenteando entre el caos y entonces surge un problema peor. Los aviones que regresaban de Midway están sin combustible, necesitan aterrizar urgentemente o caerán al mar. La cubierta de vuelo debe limpiarse para recibirlo.

El proceso de rearmamento se detiene otra vez, 10 horas con20 minutos de la mañana. El Akagi está en su momento más vulnerable. Combustible derramado, municiones apiladas, aviones sin asegurar, todo amontonado en cubierta esperando ser organizado. Un solo impacto de bomba sería catastrófico. Y justo en ese momento, los americanos atacan.

Desde las 7 de la mañana, oleadas de ataques estadounidenses comienzan a llover sobre la flota japonesa, pero no todos son exitosos. De hecho, los primeros ataques son masacres. Primero llegan los torpederos del USS Hornet. El escuadrón VT8 con 15 aviones TBD de Bastider vuela bajo sobre el agua intentando acercarse para lanzar torpedos.

Pero el TBD Devastitor es un avión viejo y lento. Solo alcanza 200 km/h cuando lleva torpedo. Es como enviar una tortuga a competir contra leopardo. Los cazas cero de la Kagui se lanzan en picada como halcones de caza. La formación delete E8 es destrozada en minuto. Un avión explota en el aire, después dos, luego tres.

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