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Fawzia de Egipto: La Mujer Más Bella del Mundo… y la Devolvieron

 En París por primera vez ve mujeres que trabajan, mujeres que opinan en público, mujeres que caminan solas por la calle sin que nadie las mire como si estuvieran cometiendo un delito. Es un mundo que no se parece en nada al palacio Abdén, donde las mujeres de la familia real existen para ser bellas, obedientes y silenciosas.

 Fautia no dice nada, nunca dice nada, pero observa y lo que observa se queda dentro de ella como una semilla que tardará décadas en germinar. Tiene amistades otras jóvenes de familias aristocráticas europeas en su mayoría, que la tratan con la mezcla de fascinación y respeto que se reserva para quien es claramente diferente.

 Es la princesa egipcia de los ojos azules. Un misterio presentable. alguien con quien se puede hablar de libros y de moda. Mientras todos saben que esa amistad tiene fecha de caducidad, que en algún momento la princesa volverá a su palacio y las cartas se reducirán y el verano quedará como un recuerdo agradable.

 Fausia lo sabe también y eso le enseña algo sobre lo temporal de las cosas que la mayoría de las personas de su edad todavía no han necesitado aprender. Y entonces, cuando tiene 15 años, su padre muere. Fuad iero fallece en abril de 1936. Su hermano Faruk, de 16 años, se convierte en rey de Egipto y el mundo de Fauzia cambia de formas que no son visibles desde fuera, pero que ella siente de inmediato.

 Las expectativas matrimoniales se aceleran y enterán alguien ya la está buscando. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Reza Shaw Palavy, el fundador de la dinastía Palavi, es un hombre que llegó al poder desde la nada, hijo de un soldado, analfabeto en su juventud.

 Había construido un imperio con su voluntad antes de cumplir 50 años. modernizó Irán a la fuerza ferrocarriles, universidades, prohibición del velo, ejército moderno. Era el tipo de hombre que construye un país con la misma brutalidad con que se construye un edificio, sin preguntar a nadie si quiere vivir en él. y entendía perfectamente el valor político de los matrimonios reales.

 Una alianza con la familia real egipcia, la más prestigiosa del mundo árabe, era exactamente lo que necesitaba para su hijo y heredero. Los Pahlavi eran una dinastía nueva, sin la legitimidad de siglos que tenían los Fuad de Egipto. Cazar a Mohamad rea con una princesa egipcia era comprar credibilidad con sangre azul. Las negociaciones empiezan en 1938.

Meses de cartas entre el Cairo y Teerán. Intermediarios que viajan de un palacio a otro con propuestas, contrapropuestas, discusiones sobre la dote, sobre los títulos que Fausia recibirá, sobre el protocolo de la ceremonia, sobre quién paga qué y quién cede dónde. Es una transacción comercial disfrazada de romance.

 Dos familias reales negocian un intercambio de activos. Egipto entrega una princesa. Irán entrega una alianza. En ningún momento de ese proceso, nadie le pregunta a Fausia qué piensa. Tiene 15 años cuando empiezan, 16 cuando terminan. Eso es suficiente. Eso es todo lo que se necesita. Su madre, Nasle, intenta hablar con ella, intenta prepararla para lo que viene, para la vida en un país extranjero, para la soledad que la espera.

 Pero, ¿cómo se prepara a una niña de 16 años para ser la esposa de un futuro rey en un país donde no conoce a nadie? No se puede. Se la envía y se espera lo mejor. Y Fauzia, que ha aprendido a callar, calla. El viaje a Irán es como cruzar un espejo hacia otro mundo. Egipto es el suyo, el Nilo, los minaretes, el francés en los salones, el café turco por las mañanas, el Mediterráneo siempre ahí azul y familiar. Irán es otro universo.

 Teerán en 1939 es una ciudad en transformación violenta. Resasha está modernizando el país a la fuerza, construyendo avenidas donde antes había callejones, derribando mezquitas para construir ministerios, un país que duele mientras se transforma. La segunda ceremonia de bodas se celebra en Teerán, el palacio de Golestán, con sus mosaicos de espejos y sus salones de mármol acoge a los invitados iraníes.

Pero esta boda no es como la del Cairo, no es su boda, es la boda del shaus la pieza importada que completa el escenario. Los rituales son en fars y un idioma que no entiende, las caras son desconocidas. Los protocolos son diferentes y por primera vez Fauusia siente algo que va a acompañarla durante 9 años.

 La sensación de ser una extranjera permanente en el único lugar donde se supone que debe pertenecer. Fausia llega a un palacio enorme, geométrico, frío en todos los sentidos. El palacio de mármol de Teerán no tiene nada que ver con los palacios egipcios donde creció. En Egipto los palacios respiran, tienen patios abiertos, fuentes, jardines que se mezclan con los salones.

 En Teerán los palacios son fortalezas, muros altos, ventanas pequeñas, pasillos largos donde el eco de los pasos es el único sonido. El idioma es un muro. El farsi no tiene ninguna semejanza con el árabe, ni las palabras, ni la gramática, ni el ritmo. Fausia podría comunicarse en francés con la élite de la corte, pero el francés crea distancia, no es la lengua de la intimidad.

 Y en un matrimonio nuevo, en una corte extranjera, la intimidad es lo que más necesita y lo que menos tiene. La semanas pasan, luego los meses y la soledad se instala como un invitado que nadie ha invitado, pero que no se va. Fauzia no tiene amigos en Teerán, no tiene confidentes. Las damas de compañía que le asignan son iraníes que la tratan con una deferencia que es otra forma de distancia.

 No puede salir del palacio sin escolta. No puede ir a un café, a una tienda, a un jardín público como cualquier persona. Su mundo se reduce a los muros del palacio, a los salones de protocolo, a las cenas oficiales donde sonríe sin entender la mitad de lo que se dice. Las costumbres son diferentes, la comida es diferente.

Fawzia de Egipto (1921–2013) fue una princesa egipcia de la dinastía Mehmet Alí y reina consorte de Irán. Hija del rey Fuad I y la reina De origen egipcio-turco Nazlı Sabri, Fawzia

 Los rituales de la corte iraní tienen siglos de historia que ella desconoce. Y reza Sha, el suegro es una presencia que ocupa todo el espacio de cualquier habitación. Un hombre que mira a su nueva nuera con los ojos fríos, de quien examina una inversión. Pero ocurre algo que nadie tiene calculado. Mohammed Riza se enamora.

 No es un hombre que exprese sus emociones con facilidad. Creció con un padre que consideraba el afecto una debilidad. Había aprendido a mantener la compostura, a controlar el rostro, a no dar nunca demasiado de sí mismo. Era un príncipe entrenado para ser rey, no para ser humano. Pero con Fauusia, algo diferente ocurre desde el principio.

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