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Chalino Sánchez: Su Esposa Vio Morir a los Dos Hombres de Su Vida. Lo Que Calló 30 Años

Uno de esos artistas era Rosalino Sánchez Félix, recuerda ese nombre, Pedro Rivera, Cintas Acuario, Swap Meat de Paramount, porque esos tres elementos van a aparecer muchas veces en esta historia y la segunda revelación que te prometí depende de que los tengas presentes. Para entender quién era Rosalino, tienes que regresar más atrás todavía hasta un rancho perdido entre cerros que se llama Las Flechas.

 Está en el municipio de Badirahuato, Sinaloa, el mismo municipio donde nacieron muchos de los hombres que después serían leyenda del narcotráfico mexicano. El mismo paisaje, la misma pobreza, la misma sierra que enseña a callarte la boca desde que tienes uso de razón. Rosalino nació ahí el 30 de agosto de 1960. Fue el cuarto de ocho hijos de doña Senorina Félix y don Santos Sánchez.

Cuando él tenía 6 años, su papá murió y la familia quedó en la miseria absoluta. Doña Senorina sacó a sus ocho hijos adelante como pudo, con maíz, con frijol, con lo que daba la tierra y con lo que ayudaban los hermanos mayores. Tú que estás escuchando esta historia, quizás conozcas a una mujer así, una madre que quedó viuda joven con un montón de hijos y tuvo que sacarlos adelante sola, sin ayuda de nadie.

trabajando desde el amanecer hasta que el cuerpo ya no le respondía. Quizás esa mujer fue tu mamá, quizás fue tu abuela, quizás fuiste tú, porque las historias de las mujeres pobres del norte de México se parecen todas un poco. En esa casa de adobe, en las flechas, había una hermana de Rosalino que se llamaba Juana.

 Era una de las más chicas. Y cuando Rosalino tenía 17 años, en 1977, a Juana le pasó algo que cambió para siempre la vida de todos los Sánchez Félix. Un hombre del rancho, un hombre con poder y con conexiones turbias, abusó de Juana. la violó en la sierra de Sinaloa. En esos años, una violación contra una muchacha de un rancho pobre no llegaba a las autoridades.

No había a quien acudir. La policía no entraba, los jueces no escuchaban y el hombre que abusó de Juana lo sabía. Pensó que se iba a salir con la suya. No contaba con Rosalino. Rosalino tenía 17 años. era flaco, callado, de mirada dura y agarró un arma, buscó al hombre y lo mató. Eso es lo que la historia oficial dice y lo que la familia Sánchez Félix ha repetido en múltiples entrevistas durante casi cinco décadas.

No es un rumor, es parte del expediente informal de la historia de Chalino y la razón por la que a los 17 años tuvo que huir de México. Esa misma noche o muy poco después, Rosalino cruzó la frontera con un coyote, pasó por Baja California, caminó, se escondió y terminó en Tijuana primero, después en Los Ángeles.

Tenía 17 años. ningún papel, ningún inglés, ningún oficio. Lo único que llevaba era el recuerdo de su hermana y la certeza de que en su pueblo natal lo estaban esperando para matarlo. Trabajó en lo que pudo, lavó platos en restaurantes, vendió tomates en la calle, cuidó carros en estacionamientos, coyote él mismo después, ayudando a cruzar a otros paisanos por la frontera.

Y en algún momento, alrededor de 1984, conoció a una mujer joven que era también de Sinaloa, también de Los Sánchez Félix por el lado de su mamá y prima lejana de él. Se llamaba Maricela Vallejos Félix y aunque eran primos se enamoraron, se casaron. Maricela tenía apenas unos 19 años. Rosalino tenía 24. Ella es la mujer de la que te hablé al principio, la que enterró dos veces el mismo nombre, la que todavía hoy vive en Los Ángeles, la que le tuvieron que pedir pruebas de ingresos el día que fue a hacerse ciudadana americana en 2018,

porque la oficina de inmigración no entendía cómo había sobrevivido tantos años en ese país sin trabajo formal. Maricela y Rosalino se instalaron en Paramount, California, un barrio mexicano lleno de migrantes, lleno de raíces de Sinaloa, lleno de gente que se reconocía en el otro porque venía del mismo pedazo de sierra.

 En esa casa nació Adán el 14 de abril de 1984 en Torrs, California y después nació Cynthia. Rosalino, que ya empezaba a hacerse llamar Chalino, porque decía que Rosalino sonaba afeminado, trabajaba como podía, pero por las noches escribía escribía corridos corridos sobre los muchachos que él había conocido en Sinaloa y que terminaron metidos en el negocio.

 Corridos sobre balaceras, sobre traiciones, sobre escapadas a caballo de la ley, corridos que sonaban más a la vida real que cualquier cosa que ponía la radio. Un día un amigo le habló de cintas Acuario. Le dijo, “Hay un señor en Long Beach que está grabando a paisanos. Cobra poquito. Lleva tus letras.” Y Chalino se presentó en el garaje de Pedro Rivera con una libreta llena de canciones.

Pedro Rivera lo escuchó y vio negocio. Aquí empieza el sistema que te prometí explicar, el sistema que hizo a Chalino y el sistema que lo destruyó. Porque Pedro Rivera no era un productor en el sentido tradicional. Pedro Rivera era un hombre que había inventado una fórmula de negocio para explotar a los migrantes mexicanos que querían ser cantantes y que nadie le estaba ayudando a ser cantantes.

La fórmula funcionaba así. Pedro Rivera tenía una grabadora pequeña en su garaje. Si tú llegabas con canciones, él te grababa el cassete por un precio relativamente bajo. Después él se quedaba con los masters y duplicaba ese cassete cientos, miles, decenas de miles de veces. Y lo vendía en los swap meats de toda California, en los puestos de la frontera, en las tiendas pequeñas de las ciudades de Texas.

Tú, el artista, cobrabas una sola vez la grabación. Pedro Rivera cobraba la venta para siempre y para los compradores había otra fórmula, un servicio personalizado. Si tú, comprador, querías que Chalino, te grabara un corrido a ti con tu nombre, con tu historia, con tus hazañas reales o inventadas, podías hacerlo.

Costaba entre 200 y $00. Pagabas, llegabas con tu libreta o con tu historia oral. Chalino la escuchaba. Y al día siguiente o a la semana tenías un corrido tuyo en tu cassete con la voz del rey del corrido cantándote a ti como si tú fueras el héroe de la película. Hazte una pregunta. ¿Quién era la gente que pagaba $500 en 1989 para que le compusieran un corrido personal? ¿Quién tenía ese dinero líquido en un barrio migrante de Los Ángeles en aquellos años? ¿Y sobre qué tipo de hazañas quería que le cantaran? Eran muchachos del negocio, muchachos

que cruzaban mercancía, muchachos que tenían que regresar a Culiacán o a Mazatlán cada cierto tiempo a entregar cuentas. Muchachos que querían un corrido propio para presumirlo en su pueblo y para que su gente supiera que en California ya tenían canción. Y Chalino se los compuso. Por cientos, tal vez por miles.

Rosalino “Chalino” Sánchez (1960-1992) - Find a Grave Memorial

Todo esto está documentado en investigación periodística seria. El periodista Sam Quinones en su libro True Tales from Another Mexico, publicado en 1999 por la editorial de la Universidad de Nuevo México, fue el primero en investigar a fondo este sistema y en entrevistar a la gente cercana a Chalino.

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