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Su ASESlNATO quedó GRABADO | Todo lo que no te han contado de Carolina Flores

mandaron algo por aquí. Acabas de ver los últimos segundos con vida de una joven dentro de su propio departamento. Las imágenes muestran un momento cotidiano sin señales claras de una discusión o un riesgo inmediato. Pero segundos después de salir del encuadre se escuchan varias detonaciones. Lo que ocurrió dentro de esa vivienda no solo quedó registrado en video, sino que dio inicio a una investigación marcada por retrasos en la denuncia, versiones contradictorias y una persona señalada que logró salir del lugar, su propia

suegra. Esta es la recopilación de lo que pasó dentro de ese departamento en la Ciudad de México. El caso de Carolina Flores. Las huellas, los rastros, los indicios y las evidencias ayudan a los investigadores a resolver los crímenes. El pasado de la víctima y del victimario nos ayudan a comprender su comportamiento.

Todo esto forma parte del expediente del caso y aquí te lo presento. Soy Ángel y te doy la bienvenida a este canal. Antes de empezar con el video, quisiera que me contaras desde dónde me estás viendo. Me encanta saber hasta dónde llegan estos casos tan impactantes. Tampoco olvides suscribirte y activar la campanita para que recibas una notificación cada vez que suba algo nuevo.

Y recuerda al terminar dejarnos tu me gusta. Sin nada más que agregar, acompáñame a conocer todos los detalles de este expediente criminal. El jueves 16 de abril de 2026, un hombre se presentó ante la Fiscalía de la Ciudad de México para reportar un hecho ocurrido dentro del departamento que compartía con su pareja. Se trataba de Alejandro Sánchez Herrera, quien declaró que su pareja, Carolina Flores Gómez, había sido víctima de un ataque con arma de fuego en el interior del domicilio.

Sin embargo, desde ese primer momento hubo un elemento que llamó la atención de las autoridades. Según su propio testimonio, los hechos no habían ocurrido ese mismo día, sino aproximadamente 24 horas antes. Es decir, durante ese tiempo no se había solicitado ayuda ni se había dado aviso a ninguna autoridad. Aún más desconcertante fue la versión que ofreció sobre la persona responsable.

De acuerdo con su declaración, no se trataba de un intruso ni de un tercero desconocido, sino de alguien de su entorno más cercano, su propia madre. Ante las preguntas de los investigadores sobre la demora en acudir a la fiscalía, Alejandro explicó que había permanecido en el departamento debido a su hijo, un bebé de apenas 8 meses.

Según mencionó, su prioridad había sido evitar que el menor quedara bajo resguardo institucional durante una posible intervención de las autoridades. Por esa razón aseguró haber permanecido en el lugar antes de decidir presentarse finalmente a denunciar lo ocurrido. Tras recibir la denuncia, elementos de la fiscalía se trasladaron hasta el departamento señalado para verificar la información.

Al ingresar al inmueble confirmaron que Carolina ya no presentaba signos vitales. A partir de ese momento, el lugar fue asegurado y se activaron los protocolos correspondientes para el procesamiento de la escena. Durante las primeras diligencias, los peritos localizaron un arma de fuego dentro del domicilio, junto con siete casquillos percutidos y cuatro proyectiles deformados.

Estos indicios permitían establecer que se habían realizado múltiples detonaciones en el interior del departamento. Sin embargo, había un elemento que destacaba por su ausencia. La mujer señalada como presunta responsable Erika María Herrera no se encontraba en el lugar. No había rastro inmediato de su paradero ni indicios claros sobre hacia dónde podría haberse dirigido tras lo ocurrido.

Mientras tanto, en paralelo al levantamiento de evidencias, comenzaron a surgir las primeras inconsistencias. De acuerdo con los testimonios recabados entre el personal de seguridad y algunos vecinos del edificio, ninguno reportó haber escuchado detonaciones ni ruidos inusuales en el momento en que, según la versión inicial, habrían ocurrido los hechos.

Este punto resultaba particularmente llamativo. El edificio contaba con vigilancia privada, cámaras en accesos y se encontraba en una zona donde este tipo de situaciones no eran habituales. Aún así, nadie parecía haber percibido lo que por la cantidad de disparos habría sido un evento difícil de ignorar.

Ese mismo día, mientras las autoridades iniciaban las diligencias en el departamento, Alejandro se comunicó con Reina Gómez Molina, madre de Carolina. La llamada se realizó desde la propia fiscalía poco después de haber presentado la denuncia. Del otro lado de la línea, Reina recibió la noticia de forma abrupta. Alejandro le repitió lo mismo que había declarado ante las autoridades, que Carolina había perdido la vida dentro del domicilio a manos de su suegra.

A partir de ese momento, las preguntas comenzaron a acumularse. Reina quiso saber cómo habían ocurrido los hechos, de dónde había salido el arma y, sobre todo, dónde se encontraba Erika. Sin embargo, Alejandro aseguró no tener respuestas claras. Incluso afirmó desconocer tanto el origen del arma como el paradero de su madre.

En medio de la conversación surgió otra inquietud. Reina le preguntó si había permanecido en el departamento durante todo ese tiempo junto al cuerpo de su hija. La respuesta fue afirmativa. Alejandro sostuvo que había tomado esa decisión pensando en la seguridad de su bebé. Con el avance de las diligencias, el cuerpo de Carolina fue trasladado para la realización de la necropsia correspondiente.

Este procedimiento permitiría establecer con mayor precisión las circunstancias físicas en las que ocurrió el ataque. Los resultados confirmaron la gravedad de lo sucedido. Carolina presentaba un total de 12 impactos de bala, seis de ellos localizados en la cabeza y otros seis en el tórax.

La distribución de las heridas evidenciaba la intensidad del ataque y reforzaba la hipótesis de un acto directo y reiterado dentro del mismo espacio. Mientras tanto, el análisis pericial continuaba enfocado en reconstruir la mecánica de los hechos, incluyendo trayectorias balísticas y posibles posiciones dentro del departamento. Sin embargo, el tiempo transcurrido entre el momento del ataque y su reporte comenzaba a ser un factor crítico, ya que podía haber afectado la conservación de algunos indicios clave.

Al día siguiente, el cuerpo fue entregado a la familia. La noticia se extendió rápidamente entre su entorno cercano. Amigos, conocidos y personas que habían compartido distintas etapas de su vida comenzaron a despedirla en redes sociales destacando aspectos que coincidían en una misma línea, su cercanía, su forma de ser y los proyectos que aún tenía por delante.

Carolina Flores Gómez nació el 4 de abril de 1999 en el estado de Baja California, al norte de México. Fue hija de Reina Gómez Molina, con quien mantuvo a lo largo de su vida una relación especialmente cercana. Desde joven, mientras avanzaba en sus estudios, comenzó a mostrar interés por el modelaje y los concursos de belleza, lo que en un inicio pareció una afición.

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