Posted in

Le dijo a Juan Gabriel: “No Puedes Pagar este Disco Autografiado” —Pero la Firma era del Propio Juan

Los lentes oscuros eran tanto por el sol como para no ser reconocido en cada semáforo. La lluvia lo sorprendió en la condesa y entró corriendo a la primera tienda que vio para no empaparse más. Solo cuando estuvo adentro sacudiéndose el agua de la ropa, se dio cuenta de que era una tienda de discos.

Ya que estaba ahí, decidió aprovechar para mirar un poco. Hacía años que no entraba a un lugar así, a una tienda antigua donde la música todavía existía, como objeto físico que se podía tocar y sostener. Vio portadas de artistas con los que había compartido escenarios, canciones que había escuchado mil veces, épocas de la música mexicana que había ayudado a definir.

La nostalgia lo invadió y empezó a caminar entre los pasillos con curiosidad genuina, olvidándose completamente de la lluvia afuera. Don Esteban finalmente dejó su caja de discos y caminó hacia el cliente que estaba dejando gotas de agua en su piso. Se acercó entornando los ojos tratando de enfocar, pero solo veía una mancha borrosa de ropa mojada y lentes oscuros.

Disculpe, está mojando el piso. Dijo con tono molesto. Si solo entró por la lluvia, hay una cafetería en la esquina. Juan Gabriel volteó sorprendido por la brusquedad. No, señor. Vine a ver discos. Me gustan las tiendas como esta. Sharing. Su voz salió amable y sin pretensiones. Don Esteban frunció el ceño.

La voz sonaba extrañamente familiar, pero no lograba ubicarla. Su audición deteriorada distorsionaba los sonidos haciendo que todo sonara igual. “¿Busca algo específico?”, preguntó don Esteban sin mucho interés. “O solo está mirando.” El tono dejaba claro que esperaba lo segundo. Juan Gabriel sonrió detrás de sus lentes oscuros.

Estaba acostumbrado a todo tipo de trato, pero esto era nuevo. Ser tratado como un cliente molesto en lugar de una celebridad. “Estoy buscando discos de Juan Gabriel”, dijo con voz tranquila. Los primeros álbumes, sí los tiene. Don Esteban resopló. Juan Gabriel, claro que tengo, pero son piezas de colección muy costosas, no son para cualquiera.

Caminó hacia una vitrina especial en la esquina de la tienda, donde guardaba sus tesoros más valiosos. Abrió el candado y sacó un álbum con cuidado, casi religioso. El alma joven de 1971, primera edición firmada por el mismo Juan Gabriel. vale 8,000 pes. Puso el disco sobre el mostrador y se cruzó de brazos esperando que el hombre se asustara con el precio.

Juan Gabriel se acercó y miró el álbum. Era realmente de 1971. Recordaba ese día en Guadalajara cuando lo firmó después de un show pequeño en un teatro que ya ni existía. ¿Puedo verlo más de cerca?, preguntó don Esteban. Dudó. Puede verlo, pero no lo toque mucho. Es extremadamente valioso. Juan Gabriel tomó el álbum con cuidado y lo acercó a sus ojos tratando de ver a través de los lentes oscuros mojados.

Ahí estaba su firma de hace 27 años. Escrita con tinta azul en la esquina inferior derecha de la portada. recordaba perfectamente ese momento. Un chico de unos 15 años había esperado 3 horas después del show para pedirle un autógrafo. Algún día esto va a valer mucho dinero le había dicho Juan Gabriel bromeando.

El chico se había reído sin creerle. Ahora ese disco estaba valuado en 8000 pesos. Juan Gabriel pasó sus dedos suavemente sobre la firma, sintiendo una mezcla extraña de orgullo y melancolía.  Don Esteban observaba nervioso cada movimiento. “Tenga cuidado, por favor”, dijo con voz tensa. “Esa pieza es única. Es una de las pocas primeras ediciones firmadas que existen en buen estado.

Juan Gabriel asintió sin dejar de mirar el disco. Es hermoso dijo simplemente. Don Esteban interpretó el silencio de Juan Gabriel como una señal de que el precio lo había asustado. “Mire, señor”, dijo con tono condescendiente. “Entiendo que quizás esperaba algo más económico. Tengo otros discos de Juan Gabriel sin firma que cuestan 150 o 200 pes.

están en aquella sección. Señaló hacia los discos comunes apilados en cajas al fondo de la tienda. Juan Gabriel levantó la vista. No, yo quiero este. ¿Puedo comprarlo? Don Esteban se rió incómodo. Señor, este disco cuesta 8,000 pes. No es barato. Tal vez debería pensarlo mejor o ver otras opciones primero. Juan Gabriel sintió algo entre diversión e irritación.

Había vendido millones de discos, llenado estadios en todo el mundo y este hombre estaba sugiriendo que no podía pagar por su propia firma. “Entiendo el precio”, dijo con paciencia. “Quiero comprarlo.” Don Esteban estudió al hombre frente a él, entornando los ojos otra vez. Ropa mojada y simple, sin joyas visibles, sin reloj caro, los lentes oscuros baratos que podías comprar en cualquier mercado.

No parecía alguien que tuviera 8000 pesos para gastar en un disco. ¿Tiene el dinero consigo?, preguntó don Esteban directamente. Juan Gabriel metió la mano a su bolsillo y sacó su cartera. Dentro había varios billetes y tarjetas de crédito. “¿Puedo pagar?”, dijo mostrando la cartera brevemente antes de guardarla. Don Esteban vaciló.

No quería perder una venta de 8,000 pesos, pero tampoco quería lidiar con cheques sin fondos o tarjetas rechazadas. Es que verás, señor, con piezas de este valor solo acepto efectivo o tarjetas verificadas. He tenido problemas antes con la campanilla de la puerta interrumpió a don Esteban. Otro cliente acababa de entrar sacudiéndose la lluvia.

El hombre que entró tenía unos 45 años. Vestía traje de negocios y llevaba un maletín. se quitó el agua del cabello y miró alrededor de la tienda. Sus ojos pasaron por don Esteban, después por el cliente de lentes oscuros en el mostrador y se detuvieron. El hombre parpadeó varias veces como si no pudiera creer lo que veía. Se acercó lentamente con expresión de incredulidad total.

“Disculpe”, dijo con voz temblorosa. “¿No es usted, Juan Gabriel?” El silencio que siguió fue absoluto. Juan Gabriel volteó hacia el recién llegado y sonrió levemente. Sí, soy yo. Don Esteban sintió que el piso se movía bajo sus pies. Su cerebro trataba de procesar lo que acababa de escuchar. Miró al cliente de lentes oscuros con los ojos muy abiertos.

No podía ser. Era imposible. Había estado tratando a Juan Gabriel como si fuera un cualquiera sin dinero. El hombre del traje se acercó emocionado. No puedo creerlo. Soy un fan enorme desde que era niño. Mi madre ponía sus canciones todos los días en casa. Conocerlo es es increíble.

Read More