sintiendo Desde que Gustavo Petro llegó al poder y lo hizo con una claridad, con una fuerza, con un amor por esta tierra que hace que uno sienta en el pecho esa esperanza que parecía perdida entre tanta destrucción y tanta mentira. Imagínense la escena, porque la escena es la que primero toca el corazón antes que la cabeza.
Imagínense a María Fernanda Cabal, esa mujer que ustedes conocen de verla en televisión defendiendo lo que cree, aunque le lluevan los insultos. De pie en su tierra natal en Cali, la sultana del Valle del Cauca. rodeada de su gente, de Freddy Castro, que la organizó todo con ese fuego que tiene el hombre, del Dr. Rodríguez Jaraba, que la elogió como se merece, y de cientos de caleños que la aplaudían, no porque es famosa, sino porque sienten que ella habla por ellos, que ella dice lo que ellos piensan cuando se sientan en la mesa a hablar de
cómo el país se les está yendo de las manos, de cómo la seguridad se deterioró, de cómo la salud falló, de cómo la economía los asfixia con precios que suben mientras los sueldos se quedan quietos y de cómo todo eso tiene un nombre que Cabal pronunció sin miedo, socialismo, inversión revolucionaria. El plan maquiabélico de Gustavo Petro y sus aliados para quedarse con el poder para siempre.
Y todo empezó con un homenaje, con esa emoción que solo siente uno cuando está en su tierra, cuando huele el aire que lo vio nacer, cuando escucha el himno del Valle del Cauca y siente que esa semilla que Dios plantó en uno sigue viva, aunque la vida lo haya llevado lejos, porque Cabal dijo algo que todos ustedes entienden perfectamente, que el sentido de nación es espiritual, es emocional, es ese lazo que no se rompe aunque uno migre.
Aunque uno sufra, aunque uno vea como otros quieren romper, ese lazo con mentiras y con destrucción. Y en ese momento, en ese homenaje tan sentido, ella recibió no solo aplausos, sino el cariño de un pueblo que la ve como la voz que faltaba, como la dama de hierro que Margaret Zache representaba, esa que libra la batalla una y otra vez hasta ganarla.
Porque como dijo la dama inglesa, puede que tengas que pelear una batalla más de una vez para ganarla. Y Caballa está peleando por nosotros, por ustedes que han visto gobiernos buenos y malos pasar. Pero el homenaje no fue solo para agradecer, no fue un momento de vanidad como los que algunos políticos buscan para inflaro. Fue el escenario perfecto para que Cabal dijera lo que el petrismo menos quiere oír, para que pusiera sobre la mesa con lujo de detalles esa estrategia socialista que llaman inversión revolucionaria, que no es un invento de ella, sino una
fábrica de mentiras que la izquierda usa desde hace décadas para torcer la realidad, para hacer que lo bueno parezca malo y lo malo parezca bueno. para convertir al victimario en víctima y a la víctima en victimario, para reescribir la historia con mitos y leyendas que las siguientes generaciones compren como verdad absoluta y que en Colombia se ha aplicado con maestría para destruir valores, para legitimar bandidos y para preparar el terreno para robarse las elecciones del 31 de mayo.
Ustedes recuerdan bien el estallido social del 2021. Porque como no recordarlo, si en Cali fue donde más dolió, donde la primera línea con su vandalismo, sus bloqueos, sus incendios, sus amenazas paralizó la ciudad que todos amamos, esa cali de la salsa, de las familias alegres, de la gente trabajadora que se levanta a las 5 de la mañana para ganarse el pan honrado.
Y Cabal fue la única en el Congreso que levantó la voz contra eso. La única que dijo que no era un estallido romántico, sino barbarie financiada por el ELN y las FARC, que había sentencias judiciales probándolo todo, que los bloqueos no eran espontáneos de vagos y degenerados, sino pagados por el bandidaje.
Y mientras otros callaban o negociaban, ella peleó porque conocía la guerra por dentro, porque no les creía nada a los que romantizaban la violencia, porque entendía que negociar con bandidos es abrirles la puerta de la casa. Y esa valentía, esa coherencia que Cabal eligió sobre la comodidad es lo que la hace diferente de tantos políticos tibios que prefieren callar para no incomodar, que cedenían pelear, que construyen cuando otros destruyen.
Y en Cali ella lo recordó con palabras que duelen, pero que liberan. que la derecha perdió no porque hiciera las cosas mal, sino porque no supo contarlas bien, porque pensó que portarse bien era normal y no entendió que frente a la basura socialista hay que pelear con la verdad, con la fuerza de los hechos que permanecen vivos en el tiempo, mientras las mentiras de la izquierda se desinflan como globos pinchados cuando la realidad las confronta.
Piensen en su propia vida, en cómo han visto eso pasar en Colombia tantas veces, en como la propaganda de la izquierda ganó batallas culturales no con hechos, sino con emociones torcidas. con dibujos y muñequitos en televisión engañando sobre la inflación que bajó del 13 al 5%. Cuando ustedes saben que en el mercado todo cuesta más, que la plata no alcanza, que los medicamentos que nunca faltaron ahora escasean porque el bárbaro Gustavo Petro y sus secuaces destruyeron un sistema de salud que funcionaba aunque imperfecto y que Cabal
le contó a su papá de 91 años, operado en esa medicina que Colombia había desarrollado con orgullo y que ahora agoniza bajo el socialismo. Y ustedes sienten ese dolor porque tienen padres, tíos, amigos en esa edad que dependen de un sistema que falla cuando más lo necesitan. Esa es la inversión revolucionaria en acción.
Esa es la estrategia que Cabal destapó en Cali con una contundencia que deja sin palabras al petrismo, porque no es teoría ni opinión, sino hechos que ustedes han vivido en carne propia. La destrucción moral que empieza por degradar la familia, por promover el aborto como derecho cuando es tragedia para una madre, por llenar las ciudades de feísmo, de graffitis inmundos, de muerte en las paredes, porque lo horrible es parte de la cultura de la izquierda que quiere que vivamos en la sociedad para que aceptemos cualquier cosa. Y Cabal lo
dijo claro como el agua, que esa degradación es satánica, que torcer los valores es el primer paso para torcer la realidad política y quedarse con el poder. Y cuando habló de los jóvenes de cómo la izquierda los llena de espejismos con propaganda mentirosa prometiendo paraíso mientras deja muertos.
Por todo lado, ustedes que han criado hijos y nietos sintieron ese pellizco en el corazón porque saben que los muchachos son el blanco perfecto para esas mentiras que venden marihuana como libertad, cambio de sexo como normalidad, aborto como empoderamiento, cuando lo que dejan es una generación perdida, sin valores, sin rumbo, sin esa semilla de nación.
que Cabal defendió con pasión en su tierra, pero Cabal no se quedó en la denuncia local, ¿no? Ella miró al mundo y trajo ejemplos que iluminan lo que pasa en Colombia, porque apoyó a Donald Trump desde 2016, cuando todos aquí lo veían como loco, cuando la mandaban a regañar el embajador de Estados Unidos y hasta Duque por ponerse la gorra y el tapabocas con su cara, pero el tiempo le dio la razón. Trump ganó.
El mundo cambió. Las fichas del ajedrez geopolítico se movieron para bendición de la libertad y Cabal vio venirlo porque entiende que un estadista tiene valor, tiene berraquera para llamar las cosas por su nombre, como Javier Miley en Argentina, que sacudió la mente de los jóvenes diciéndoles que votaban por quedarse pobres o exiliarse, como José Antonio Casten Chile, que creó su partido porque la derecha cobarde le abrió la puerta a la izquierda.
Esos ejemplos no son casuales, son la lección que Cabal trajo a Cali para que ustedes la entiendan, que la coherencia paga, que pelear aunque duelan los golpes vale la pena, que el liderazgo verdadero es servir no vasallar, no robar como tantos políticos que llegan con dos pares de zapatos y salen multimillonarios predando los recursos del pueblo.
Y que Colombia merece gente que transforme vidas con dignidad, que defienda la familia, la libertad, los soldados y policías que nos protegen. mientras otros negocian con terroristas. En ese momento del discurso, cuando Cabal recordó a los soldados con esa frase que todos conocemos, “Primero el ejército que el país, los aplausos retumbaron porque ustedes saben que sin ellos no hay nada, que han dado la vida por esta patría mientras políticos tibios les fallan.
” Y Cabal lo honró porque ella misma ha sido objetivo militar de los terroristas por decir la verdad, por no transar, por ser cabal en el sentido más puro de la palabra, que es poner orden en la casa, defender lo que es nuestro, aunque cueste caro. Y todo eso, todo ese fuego, toda esa verdad dicha sin anestesia es lo que tiene al petrismo en pánico total.
Porque saben que Cabal no solo habló, Cabal ganó la batalla de las ideas. enterró el relato socialista que nos vendieron como cambio y abrió el camino para la libertad que Colombia merece. Esa libertad que empieza por reconocer que el socialismo es el demonio, como Bon Mises lo llamó alternativa al capitalismo como el cianuro al agua, y que pelear contra él es pelear por nuestros hijos, por nuestros nietos, por esa Colombia que ustedes construyeron con sacrificio y que no merecemos ver destruida por una izquierda que promete
paraíso y deja miseria. Ustedes que han vivido suficiente para saber que las sociedades avanzan con ciudadanos valientes, que el carácter no se negocia, que la pasión por la nación se siente como en un partido de fútbol, pero debe sentirse todos los días. entienden que el momento de Cabal en Cali fue histórico.
Fue el grito del pueblo que por fin encontró su voz y que desde ahí, desde esa semilla de la tierra caleña, empieza el camino para recuperar lo nuestro antes del 31 de mayo. Porque si cabal puede decirlo en Cali, ustedes pueden creerlo en sus casas, pueden contárselo a sus familias, pueden llevarlo al tarjetón cuando llegue el día de votar por la libertad que merecemos.
Esa es la primera parte de esta historia, la parte que toca el corazón antes que la cabeza, la parte que explica por qué el petrismo tiembla y por qué Colombia empieza a despertar. Porque cuando una mujer como Cabal habla con esa fuerza, con ese amor por la tierra, con esa coherencia que duele pero libera, el cambio ya empezó.
Y ustedes que han visto tanto son los primeros en sentirlo en el alma. ¿Usted cree que Colombia necesita más voces como la de Cabal? que digan la verdad aunque duela o cree que necesitamos más silencio para no incomodar al poder entender por qué el discurso de María Fernanda Cabal en Cali sacudió los cimientos del petrismo con una fuerza que ningún debate parlamentario, ninguna rueda de prensa ni ningún comunicado de oposición había logrado en los últimos 4 años.
Hay que entender primero qué es la batalla de las ideas, por qué la izquierda la ganó durante décadas sin que la derecha se diera cuenta de que estaba perdiendo y por qué ese homenaje en Cali no fue simplemente un acto político, sino el momento en que una mujer con Tempel de acero le dijo a Colombia entera que la guerra cultural que el socialismo creía haber ganado para siempre no estaba terminada, que nunca estuvo terminada y que hay millones de colombianos dispuestos a pelearla hasta el final.
Ustedes que nos ven desde su casa, que han vivido suficiente para acumular memorias, experiencias y cicatrices que ningún discurso político puede borrar, saben perfectamente que en Colombia las cosas no siempre fueron así, que hubo una época en que hablar de seguridad no era hablar de lujo, sino de lo básico que cualquier familia merecía.
que hubo una época en que uno podía sacar a los hijos a la calle sin ese nudo en el estómago que hoy acompaña a tantas madres y tantos padres, que hubo una época en que los medicamentos estaban, que el médico existía, que el empleo era posible con trabajo honrado y sin tener que pagar vacuna a ningún bandido para poder abrir un negocio en la cuadra donde uno vivía y que entre esa época y lo que Colombia vive hoy hay un camino de destrucción, que la izquierda construyó ladrillo por ladrillo usando exactamente de la estrategia que Cabal destapó en Cali, la
inversión revolucionaria. Pero antes de hablar de esa estrategia en detalle, antes de explicar cómo funciona, cómo se aplica y cómo ha operado en Colombia con una eficiencia que debería aterrar a cualquier colombiano que ame a este país, hay que hablar de Cabal, hay que hablar de quién es esta mujer, de dónde viene, que ha vivido, por qué sus palabras tienen el peso que tienen y por qué en Cali, rodeada de su gente, recibiendo el cariño de su tierra natal, ella pudo decir lo que dijo con la fuerza que lo dijo. ¿Por qué?
La fuerza de un discurso no viene solo de las palabras, sino de la vida que hay detrás de ellas. María Fernanda Cabal nació en Cali, en el Valle del Cauca, en esa tierra que ella misma describe como grata, como semilla, como ese lugar del que uno nunca puede irse del todo porque lleva su espíritu adentro, aunque el cuerpo esté en otro lugar.
Y esa conexión con su tierra no es retórica de político que visita una ciudad para pedir votos, sino algo que se siente auténtico cuando ella habla, algo que los caleños que estaban en ese homenaje reconocieron de inmediato, porque ellos también sienten ese lazo, ese orgullo de ser del valle, de ser de la ciudad de la salsa, del deporte, de la gente trabajadora que construye su vida con las manos y el corazón, aunque el sistema político muchas veces les haya fallado y aunque los últimos años les hayan dejado heridas. que tardarán tiempo en cerrar.
Cabal llegó a la política no por herencia familiar ni por el azar de conocer a la persona correcta en el momento correcto, sino por convicción, por esa forma de vida que ella misma describió en Cali cuando dijo que tuvo dos opciones, el camino de la comodidad o el camino de la coherencia y eligió la coherencia, aunque el precio de esa coherencia haya sido incomodar a personas poderosas, hablar cuando era más fácil callarse, mantenerse firme cuando era más cómodo ceder y construir cuando otros destruir Y esa elección tuvo consecuencias
reales, costosas, porque en Colombia ser coherente cuando la verdad incomoda al poder tiene un precio que muchas veces se paga con amenazas, con señalamientos, con el desprecio de los medios que el gobierno controla o influencia. y ella lo pagó y lo sigue pagando sin pedir disculpas ni cambiar el rumbo. Llegó al Congreso de la República como senadora y desde allí construyó una reputación que no descansa en el populismo ni en las promesas fáciles, sino en algo mucho más escaso y mucho más valioso en la política colombiana.
¿Qué es decir exactamente lo que piensa, aunque eso le cueste aplausos de los sectores que mandan, aunque eso la haga blanco de burlas de los medios del establecimiento, aunque eso la convierta en objetivo de quienes creen que la política es el arte de no decir nada comprometedor mientras uno se acomoda en el poder.
Y esa disposición a decir la verdad, aunque duela, es lo que la ha convertido en una figura que genera amores, apasionados y odios profundos en Colombia, sin términos medios, sin tibieza, sin esa zona gris donde vive la mayoría de la clase política. Pero la historia política de Cabal no se entiende sin entender también el contexto en que se forjó, sin entender qué estaba pasando en Colombia cuando ella fue tomando posiciones que en ese momento parecían radicales o exageradas y que el tiempo fue demostrando que eran exactas. Y uno de esos contextos, quizás
el más revelador de todos, es el de Cali en el 2021. Porque Cali en el 2021 fue el laboratorio más doloroso donde la inversión revolucionaria que ella denuncia se aplicó de manera visible. brutal y documentada. ¿Ustedes recuerdan lo que pasó en Cali durante el estallido social? Y si lo recuerdan, lo recuerdan con dolor, porque fue el dolor de ver una ciudad paralizada durante semanas por los bloqueos de la llamada primera línea, de ver barrios quemados, negocios destruidos, gente sin poder ir al médico porque las vías estaban cortadas,
policías atacados con violencia feroz, mientras algunos medios los presentaban como los agresores, mientras algunos políticos pedían disculpas a los vándalos en lugar de proteger a los ciudadanos. Y mientras el discurso dominante en redes sociales y en ciertos canales de televisión romantizaba todo eso como un estallido social, como la explosión natural de un pueblo oprimido, como si quemar y destruir fuera una forma legítima de pedir justicia, cuando en realidad era algo muy diferente, algo mucho más calculado y mucho más
siniestro de lo que el relato oficial quería mostrar. Cabal lo dijo en el Congreso cuando todos los demás callaban o pedían diálogo. Lo dijo con los nombres, con los detalles, con las pruebas que tenía. Que eso no era un estallido espontáneo de la miseria popular, sino una operación financiada por el bandidaje, por el ELN, por las estructuras criminales que tienen interés en desestabilizar el Estado y que vieron en ese momento una oportunidad de hacer avanzar su agenda de destrucción del orden institucional que les permite
operar. y lo dijo sabiendo que esa denuncia le iba a costar, que la iban a atacar, que la iban a llamar fascista y paramilitar y enemiga del pueblo, como siempre hacen con quien dice verdades que incomodan. Pero lo dijo de todas formas porque eso es ser cabal, eso es ser coherente aunque el precio sea alto.
Y el tiempo le dio la razón porque las sentencias judiciales llegaron, porque la fiscalía confirmó que LLN se financió a la primera línea en Cali, porque las evidencias mostraron pagos de 70 millones de pesos a los vándalos para que bloquearan, quemaran y destruyeran. Y esas sentencias son el certificado de que Cabal vio lo que otros no quisieron ver o lo que otros vieron, pero prefirieron callar porque decirlo les cerraba puertas en el nuevo mundo político que se venía con la llegada de Petro al poder en 2022.
Ahora, para entender por qué Cabal dice que la izquierda ganó la batalla cultural en Colombia, hay que entender que es exactamente la inversión revolucionaria. ese concepto que ella ha explicado en múltiples ocasiones y que en el discurso de Cali volvió a poner sobre la mesa como la clave para entender todo lo que ha pasado en este país en los últimos años y que ustedes que han vivido suficiente para reconocer los patrones que se repiten en la historia van a identificar de inmediato por qué lo han visto ocurrir frente a
sus ojos sin que nadie les pusiera el nombre exacto. La inversión revolucionaria no es una invención de la derecha colombiana ni de cabal. Es una estrategia documentada, estudiada, que la izquierda radical ha aplicado en diferentes países con resultados que en algunos casos llevaron al socialismo y en otros fracasaron, pero siempre dejaron heridas profundas en la sociedad.
Y su principio básico es sorprendentemente simple, aunque devastadoramente efectivo. Que es invertir el sentido moral de la realidad, darle la vuelta a la tortilla. Acérquelo. Que era malo parezca bueno. Lo que era bueno parezca malo. Lo que era normal parezca normal. Y lo que era normal parezca normal. Con el objetivo final de que la gente ya no sepa distinguir qué es que ya no tenga valores claros desde los cuales juzgar la realidad.
y en esa confusión acepte el proyecto político que el socialismo quiere imponer. En Colombia esa estrategia operó en varios frentes al mismo tiempo y Cabal los destapó uno por uno en Cali con una claridad que hace que uno se pregunte como no lo vimos antes, como dejamos que pasara frente a nuestros ojos sin que la indignación fuera suficiente para detenerlo.
Y la respuesta que ella misma da es también la más honesta y la más incómoda para la derecha colombiana, que no lo vimos porque no supimos mirar, porque pensamos que portarse bien era suficiente, que construir con trabajo honrado hablaba por sí solo, que no había que contar las cosas buenas que se habían hecho porque era obvio que eran buenas.
Y en ese descuido de no contar, de no comunicar, de no pelear la narrativa, la izquierda entró y reescribió la historia. El primer frente donde operó la inversión revolucionaria en Colombia fue el de la memoria histórica, el de los relatos sobre el pasado del país, sobre el conflicto armado, sobre quiénes fueron los buenos y quiénes los malos en décadas de violencia que dejaron cicatrices en cada rincón de este territorio.
Y en ese frente la izquierda ganó de manera aplastante porque construyó instituciones, comisiones, museos, libros de texto, relatos cinematográficos y todo tipo de instrumentos culturales que contaban una versión de la historia que ponía al Estado colombiano, a sus soldados, a sus policías y a sus instituciones como los principales perpetradores del sufrimiento del pueblo.
Mientras el paramilitarismo y las guerrillas aparecían como producto natural de la violencia estructural del sistema capitalista, como síntomas de una sociedad enferma por la desigualdad y no como organizaciones criminales con agendas de poder propias que usaron el sufrimiento de los pobres como combustible para sus proyectos violentos.
Eso es la inversión revolucionaria en la práctica. convertir a los soldados que dieron la vida por proteger a los colombianos en victimarios y a los guerrilleros que sembraron minas antipersonal y secuestraron y extorsionaron y asesinaron en víctimas del sistema. Y esa inversión no ocurrió de un día para otro, sino lentamente, año tras año, en las universidades, en los colegios, en los noticieros, en las redes sociales, hasta que generaciones enteras de colombianos jóvenes crecieron con una versión de la historia que sus
abuelos, que vivieron la realidad de ese conflicto, no reconocerían como propia, porque no es la historia real, sino la historia reescrita que convenía al proyecto político de la izquierda. Cabal lo sintió en carne propia cuando vio a Sandra Ramírez. es guerrillera de las FAR, que estuvo décadas en la selva como parte de una organización que secuestró, asesinó y sembró terror dando cátedra en la Universidad de Afit como si fuera una académica respetable, como si su pasado no existiera, como si los colombianos que sufrieron sus acciones y
las de su organización no tuvieran derecho a que eso se nombrara. Y ese momento, ese escándalo de la inversión revolucionaria en acción, fue el que Cabal usó en Cali para mostrar hasta dónde ha llegado la perversión del relato, hasta dónde se normalizó lo que nunca debió normalizarse. El segundo frente donde operó la inversión revolucionaria fue el de los valores familiares y sociales, el de las bases morales sobre las que se construye cualquier sociedad que quiera ser libre.
Y en este frente la estrategia fue exactamente la que Cabal describió en Cali con una franqueza que a algunos les puede parecer dura, pero que los colombianos maduros que nos ven reconocen como verdad, que es degradar la familia, degradar la mujer, degradar la maternidad, degradar todo aquello que da sentido y estructura a la vida de las personas de bien para que en ese vacío de sentido entren las ideas del socialismo como el único proyecto que da identidad y pertenencia.
Y ustedes que han criado hijos con valores, que enseñaron que el trabajo honrado es dignidad, que la familia es la base de todo, que la madre que da la vida merece respeto y no ser reducida a un útero que se puede descartar. Entienden exactamente de lo que Cabal habla cuando dice que la propaganda de la izquierda convirtió el aborto en derecho, el cambio de sexo en normalidad, la marihuana en libertad.
No porque esas sean conquistas genuinas del bienestar humano, sino porque son herramientas de destrucción del tejido moral que hace que una sociedad resista la imposición de un proyecto totalitario. Porque cuando la familia se rompe, cuando los valores se confunden, cuando los jóvenes no saben qué es que, el proyecto socialista puede entrar y decir, “Yo soy el nuevo orden.
Yo soy el nuevo sentido. Síganme a mí, que yo los salvo del caos que nosotros mismos creamos.” Cabal lo dijo de manera directa. que el ceísmo, llenar las ciudades de graffitis con imágenes de muerte y destrucción es parte de esa estrategia que no es el arte espontáneo de jóvenes rebeldes, sino una táctica deliberada de degradación del espacio público para que la gente se acostumbre a la suciedad, a la fealdad, a la violencia visual como parte del paisaje normal.
Y cuando uno se acostumbra a la fealdad en las paredes, es más fácil acostumbrarse a la fealdad en la política, a la corrupción, a la destrucción de instituciones, a la negociación con criminales como algo inevitable y hasta deseable. El tercer frente y quizás el más efectivo de todos en Colombia fue el de la comunicación, el de los medios, el de la narrativa que se construye todos los días en los noticieros, en las redes sociales, en los podcast, en los vídeos de YouTube, en los grupos de WhatsApp.
donde los colombianos hablan de política. Y aquí es donde Cabal dice algo que duele especialmente para la derecha colombiana, pero que es completamente verdad, que la izquierda no ganó la batalla de las ideas porque sus ideas fueran mejores, sino porque fue más efectiva en comunicarlas, más creativa en venderlas, más disciplinada en repetirlas hasta que se convirtieron en el sentido común de un sector importante de la sociedad.
La derecha colombiana, la que construyó con trabajo, la que generó empleo, la que abrió empresas, la que pavimentó carreteras, la que expandió la cobertura de salud con la ley 100, la que con la seguridad democrática del presidente Uribe le devolvió a Colombia la posibilidad de transitar por sus carreteras sin miedo a ser secuestrado.
derecha que hizo cosas reales y concretas que mejorarán la vida de millones de colombianos, cometió el error fatal de creer que los hechos hablan por sí solos, que no es necesario contar lo bueno, porque es obvio que comunicar los logros es vanidad y no necesidad democrática. Y mientras pensaba así, la izquierda estaba construyendo un relato alternativo que no necesitaba hechos porque era pura emoción, pura indignación, pura promesa de cambio, sin especificar hacia dónde.
La propaganda que el gobierno de Petro hace hoy en los canales de televisión con plata de todos los colombianos, esos comerciales de dibujos y muñequitos diciendo que la inflación bajó del 13 al 5%, que el cambio llegó, que la vida de los pobres mejoró, cuando ustedes saben que en el mercado todo cuesta más.
Cuando los colombianos sienten en su bolsillo que el dinero alcanza menos, esa propaganda no es una anomalía de este gobierno, sino la continuación lógica de décadas de inversión en la batalla comunicacional que la izquierda priorizó mientras la derecha dormía. Y Cabal lo dijo sin eufemismos, que nos ganaron con la comunicación diciendo mentiras y que la verdad tiene la fuerza de permanecer viva en el tiempo.
Pero solo si alguien la dice, solo si alguien tiene el valor de pronunciarla aunque cueste. en Cali, frente a su gente con el calor del Valle del Cauca en el ambiente. Cabal habló también del momento internacional para explicar que Colombia no es un experimento aislado, sino parte de una tendencia global y que los mismos vientos que trajeron cambios en Argentina con Miley, que reeligieron a Trump en Estados Unidos, que llevaron a José Antonio C hasta la presidencia de Chile con posesión el 11 de marzo, son los vientos que pueden llegar a Colombia
si los colombianos como ustedes entienden lo que está pasando y deciden que este es el momento de pelear. Cabal conoció a Javier Miley antes de que fuera diputado, cuando era profesor de economía con una capacidad comunicacional que a ella le pareció extraordinaria desde el principio y lo que vio en MY fue exactamente lo mismo que ha intentado hacer en Colombia.
Llamar las cosas por su nombre sin el filtro de la corrección política que la izquierda impone. Decirle a los jóvenes la verdad que nadie más se atreve a decirles. Que las ideas socialistas no son el camino a la justicia, sino el camino a la pobreza, que votar por el socialismo es votar para quedarse sin futuro.
Y que hay alternativas si uno tiene el valor de salirse del relato que los medios comprados construyen para mantener al pueblo desinformado y dependiente. y con Trump, cuyo apoyo le costó en Colombia críticas feroces desde 2016. Regaños del embajador de Estados Unidos, regaños del presidente duque, señalamientos de todo tipo. Cabal aprendió una lección que repite siempre, que la certeza de tener razón vale más que el aplauso momentáneo de los que mandan, porque el aplauso de los poderosos es efímero y la verdad es permanente. Y el tiempo demostró que
ella tenía razón sobre Trump antes de que la mayoría de los analistas políticos colombianos se atrevieran admitirlo, así como tuvo razón sobre la primera línea de Cali antes de que las sentencias judiciales lo confirmaran. Y así como tiene razón hoy sobre lo que el petrismo viene haciendo con Colombia, aunque los grandes medios lo nieguen o lo minimicen.
esa consistencia, esa capacidad de ver lo que viene antes de que llegue y de decirlo antes de que sea políticamente cómodo decirlo. Es una de las razones por las que los colombianos de más edad que han vivido suficiente para valorar la coherencia, por encima de la conveniencia sienten que Cabal lo representa de una manera que muchos otros políticos no pueden representarlos.
Porque ella no cambia de posición según el viento, no mide las palabras para no ofender a quien tiene el poder. No espera que la mayoría se forme para sumarse a ella. sino que forma la mayoría desde la convicción de que es lo correcto, aunque al principio esté sola. Pero hay algo que Cabal dijo en Cali que quizás sea el punto más importante de todo su discurso, el que más duele y el que más necesita escucharse en Colombia en este momento.
Y es lo que tiene que ver con la derecha cobarde, con esos sectores del centro y la centroderecha colombiana, que durante años abrieron la puerta a la izquierda, no por convicción, sino por comodidad, que prefirieron ceder terreno ideológico antes que pelear. que negociaron con actores que no merecían negociación, que cedieron espacio cultural para no ser señalados, que callaron cuando debían hablar y hablaron cuando debían actuar y que en esa cobardía construyeron las condiciones para que Gustavo Petro llegara al poder en 2022 como el primer
presidente de izquierda de la historia de Colombia. Caball lo dijo con la amargura de quien ha visto ese proceso desde adentro, que la derecha cobarde es la que le abrió la puerta a una izquierda que hoy nos roba el país. Y en esas palabras no hay triunfalismo ni satisfacción de decir se los dije, sino la tristeza genuina de alguien que pelea por un proyecto que otros de su mismo bando le han complicado por no tener el valor de pelear también por preferir los cargos a los principios, la comodidad a la coherencia y esa autocrítica feroz de la
derecha hacia sí misma es quizás la señal más importante de que algo está cambiando en ese espacio político, de que hay voces que no están dispuestas a seguir cometiendo los mismos errores del pasado. Y en ese contexto de autocrítica y de pelea recuperada, la decisión de Cabal de construir un nuevo camino, de no conformarse con los límites de lo que existía, de salir a buscar un proyecto político más amplio que convoque a los colombianos que creen en la libertad.
La familia y la seguridad sin las ataduras de estructuras que prefieren el cargo a la coherencia tiene una lógica que los colombianos maduros pueden entender perfectamente, porque ustedes también han tomado decisiones en la vida en las que lo correcto era más difícil que lo conveniente, pero lo hicieron de todas formas porque tenían principios más fuertes que el miedo.
La batalla de las ideas que cabal ganó en Cali no es una batalla de campaña electoral, no es el lanzamiento de un candidato para una elección, es algo más profundo y más importante. Es la recuperación de un lenguaje de una manera de nombrar la realidad que la inversión revolucionaria había torcido. Es la posibilidad de volver a decir que la seguridad es un derecho y no un privilegio de clase, que la familia es la base de la sociedad y no una estructura de construir, que los soldados son héroes y no criminales, que
el trabajo honrado es dignidad y no explotación, que el socialismo destruye donde llega y que la historia de Venezuela, Cuba y Nicaragua no es un accidente ni producto de presiones externas, sino el resultado lógico de aplicar ideas que no funcionan cuando se confrontan con la realidad humana y que decir esas verdades, recuperar ese lenguaje, es el primer paso para recuperar el país.
Porque las batallas políticas no empiezan en las urnas, empiezan en las mentes y los corazones de los ciudadanos. empiezan cuando la gente empieza a tener palabras para nombrar lo que siente, cuando deja de creer que el relato oficial es la única versión posible, cuando se da cuenta de que hay otra manera de ver las cosas que corresponde mejor a lo que ha vivido, a lo que ha sufrido, a lo que ha perdido.
En estos 4 años de gobierno de Gustavo Petro, esa es la batalla que Cabal ganó en Cali, la batalla de devolver a los colombianos las palabras con que pueden nombrar su propia realidad. Y ese es el motivo por el que el petrismo está en pánico, no porque Cabal haya ganado unas elecciones que todavía no han ocurrido, sino porque cuando un pueblo recupera el lenguaje para nombrar la verdad, las mentiras del poder empiezan a volverse insostenibles.
Y un gobierno que vive del relato, que depende de que la gente crea la versión oficial de la realidad, tiene mucho que temer de una mujer que en Cali, frente a su gente dijo la verdad con voz firme y sin pedir permiso. ustedes que nos ven desde su casa, que llevan años sintiendo que algo no está bien, aunque no siempre encontraban las palabras exactas para decir que era.
Ahora tienen esas palabras: inversión revolucionaria, destrucción de valores, robo de la narrativa, cobardía de la derecha, propaganda mentirosa con plata del pueblo. Y con esas palabras pueden nombrarlo, pueden contárselo a sus hijos, a sus vecinos, a las personas que todavía creen el relato oficial, porque nadie les ha contado la otra versión.
La versión que Cabal gritó en Cali con el amor de quien defiende su tierra y con la fuerza de quien sabe que tiene razón, aunque el costo de tenerla sea alto. Esa es la segunda parte de esta historia, la historia de como la izquierda construyó su hegemonía cultural paso a paso mientras la derecha dormía, de cómo Cabal identificó ese proceso desde adentro y lo denunció cuando era más fácil callarse.
y de como en Cali, en ese homenaje que se convirtió en mucho más que un homenaje, recuperó para Colombia la claridad de ver las cosas como son y no como el socialismo quiere que las veamos. Porque ver las cosas como son es el primer acto de libertad que ningún decreto del Ministerio de Salud, ninguna encuesta comprada y ningún relato del establecimiento puede quitarnos si nosotros decidimos que no.
¿Usted cree que Colombia hubiera llegado hasta aquí si la derecha hubiera peleado la batalla de las ideas desde el principio? o cree que era inevitable que la izquierda ganara ese terreno cultural. Hay momentos en la historia de los pueblos en que el tiempo se detiene, en que todo lo que se venía acumulando durante años de silencio, de resignación, de creer que nada podía cambiar porque los que mandaban eran siempre los mismos con diferentes nombres.
De repente encuentra una voz, una persona, un instante que lo cristaliza todo, que le da forma y nombre a lo que millones sentían, pero no sabían cómo decir. Y ese momento ocurrió en Cali 26 de febrero de 2026, cuando María Fernanda Cabal se paró frente a su gente en su tierra natal y dijo lo que el petrismo más teme que los colombianos escuchen, que la batalla de las ideas no está perdida, que la verdad tiene más fuerza que la mentira, aunque la mentira grite más fuerte, y que Colombia todavía puede recuperar el camino de la libertad si sus ciudadanos, como ustedes que nos
ven desde sus casas, deciden que este es el momento de dejar el miedo y abrazar el coraje. Para llegar a ese momento, hay que entender lo que Cabal dejó en claro en Cali sobre el estado actual del petrismo, porque el petrismo que el gobierno de Gustavo Petro presenta todos los días en sus canales de comunicación oficial con sus dibujos y muñequitos hablando de inflación que bajó y de cambio que llegó, es un petrismo de apariencia, de propaganda, de relato construido para ocultar una realidad que los colombianos sienten en su vida
cotidiana con una contundencia que ninguna campaña publicitaria pagada con plata de todos los contribuyentes puede borrar la realidad de que en 4 años de gobierno los problemas que Petro prometió resolver no solo no se resolvieron, sino que se agravaron hasta niveles que Colombia no había visto en mucho tiempo.
La seguridad es el primer dolor que Cabal nombró en Cali, que resuena en el corazón de cada colombiano que ha visto como la estrategia de paz total del gobierno de Petro le entregó territorios, legitimidad y tiempo a los grupos armados que hoy operan con una impunidad que hace años parecía imposible, que hoy cobran vacuna en barrios que antes eran tranquilos, que hoy reclutan jóvenes en municipios que antes habían recuperado la normalidad con el sacrificio de soldados y policías que cabal.
mencionó en Cali con un respeto y una gratitud que debería ser universal en Colombia, pero que bajo el gobierno de Petro se convirtió en un acto casi de resistencia política. Porque reconocer que el ejército y la policía son héroes cuando el gobierno los ha debilitado con políticas que los atan de manos frente a los criminales es una declaración de principios que no todos los políticos están dispuestos a hacer.
Ustedes que han vivido suficiente para comparar, que recuerdan lo que era Colombia antes y lo que es Colombia ahora. que tienen en la memoria esa sensación de cuando podían viajar por las carreteras sin miedo, cuando podían abrir un negocio sin que al mes apareciera alguien a cobrarles extorsión, cuando la guerrilla era un problema que el Estado estaba derrotando y no un actor al que el Estado invitaba a negociar desde una posición de fortaleza que esos grupos no tenían, pero que el gobierno de Petro les devolvió con años de cese al fuego
unilateral que ellos usaron para armarse, reclutar y expandirse. Esta comparación que ustedes hacen todos los días en sus casas es exactamente la comparación que la inversión revolucionaria intenta borrar de la memoria colectiva de Colombia. Porque si los colombianos comparan el antes y el después con claridad, el relato del gobierno se cae solo.
Caball lo documentó con la contundencia que solo puede tener quien lo vivió desde adentro, quien estuvo en el Congreso durante todos esos años viendo cómo pasaba, quien levantó la voz cuando era políticamente inconveniente hacerlo, quien tiene en su archivo personal las sentencias judiciales que confirman que la primera línea de Cali fue financiada por el ELN, que los bloqueos no fueron espontáneos sino pagados, que la romantización del estallido social fue exactamente esa, una romantización deliberada de la barbaria. para
convertir a los vándalos en héroes y a los ciudadanos que pedían volver a la normalidad en cómplices del sistema opresor. Esas sentencias existen, esos documentos están, esas pruebas fueron presentadas ante los jueces y los jueces las aceptaron. Y ese hecho es importantísimo para los colombianos de más edad, que a veces dudan de las afirmaciones políticas, porque saben que en Colombia todos los partidos dicen tener la verdad y pocos la tienen.
Porque las sentencias judiciales no son opiniones, ni relatos ni versiones, sino decisiones de los jueces tomadas con base en evidencia real. Y la evidencia demostró que Cabal tenía razón en 2021 cuando decía lo que nadie más quería decir, que eso no era un estallido de justicia social, sino una operación criminal financiada por organizaciones que quieren destruir el Estado colombiano para sustituirlo por sus propios proyectos de poder.
Ahora bien, para entender la dimensión completa de lo que Cabal reveló en Cali, hay que hablar de algo que ella misma describió, como la crisis más profunda que Colombia ha vivido en décadas, que es la crisis del sistema de salud. Porque la salud no es un tema político abstracto, sino el asunto más concreto y más íntimo que existe, el que toca a cada familia colombiana en el momento más vulnerable de su vida.
cuando uno de los suyos está enfermo, cuando el medicamento que necesita no llega, cuando la cita con el especialista que le ordenaron está para dentro de un año, cuando el padre de 91 años que acaban de operar necesita sus medicamentos y el sistema que debería dárselos falla porque el gobierno que lo administra lo destruyó con reformas que nadie pidió y decretos que nadie votó.
Cabal lo dijo con un dolor que no es retórico, sino personal, que se aterró cuando le puso a su papá de 91 años la medicina que Colombia había desarrollado durante décadas y que el gobierno de Petro destruyó. Porque ese dolor que Cabal sintió al ver a su padre mayor enfrentarse a un sistema de salud deteriorado es exactamente el mismo dolor que sienten miles de colombianos todos los días en sus hogares.
Cuando la abuelita que necesita diálisis no consigue turno, cuando el nieto asmático no tiene el inhalador porque la farmacia de la EPS no tiene existencias. Cuando la mamá con cáncer tiene que esperar meses para que le autoricen la quimioterapia, que el oncólogo dijo que no podía esperar. Y ese dolor que Cabal personalizó en su padre es el espejo del dolor de ustedes que nos ven y que han vivido.
Situación así o que conocen a alguien que las ha vivido. Y ese dolor tiene una causa que el gobierno no quiere nombrar, pero que Cabal nombró sin anestesia. que el sistema de salud colombiano, con todos sus defectos, había logrado en 30 años de ley 100 construir una cobertura que le permitía a un colombiano en cualquier ciudad del país acceder a atención médica de un nivel que habría sido impensable en la época del seguro social y que destruir ese sistema en 4 años de reforma ideológica que ignora la complejidad técnica en favor de la pureza política de un modelo estatista
que el mundo ya demostró que no funciona, es el crimen más grande que el gobierno de Petro le ha cometido a la gente de bien de Colombia, especialmente a los más viejos, a los más enfermos, a los que más dependen del sistema para seguir vivos y para mantener una calidad de vida digna en sus años finales.
Pero la historia que Cabal contó en Cali no termina en el diagnóstico. No es solo la descripción de lo que el petrismo destruyó, porque cualquier político puede destruir y luego llorar sobre las ruinas, sino que es la afirmación de que hay un camino de reconstrucción, que hay valores que permanecen vivos aunque la propaganda los haya atacado, que hay una Colombia que trabaja, que cree en Dios, que quiere a su familia, que respeta la ley, que admira a sus soldados y policías, que sueña con una empresa propia o con una casa propia o
con que sus hijos tengan un futuro mejor que el suyo. y que esa Colombia es la mayoría, aunque la izquierda haya logrado por un tiempo que pareciera minoría. Los cinco compromisos que Cabal ha articulado en su proyecto político son exactamente los que esa Colombia necesita escuchar no como promesas abstractas, sino como compromisos concretos con consecuencias reales.
Primero, restablecer la seguridad nacional de manera que los colombianos puedan vivir sin miedo en sus barrios, viajar por sus carreteras y hacer empresas sin pagar vacuna. Segundo, recuperar la libertad económica eliminando las trabas, los impuestos excesivos y las regulaciones absurdas, que el gobierno de Petro multiplicó hasta asfixiar a los empresarios pequeños y medianos, que son los que realmente generan empleo en Colombia.
Tercero, construir un sistema de salud mixto que combine lo mejor del aseguramiento privado con la responsabilidad social del Estado, que pague las deudas acumuladas por el gobierno con los médicos y hospitales y que devuelva la confianza de los pacientes en un sistema que hoy los falla cuando más los necesita.
Cuarto, recuperar la educación para que forme ciudadanos libres y no militantes de causas ideológicas impuestas desde el gobierno. Y quinto, defender la familia como base de la sociedad, sin importar cuanto le moleste a la izquierda que alguien diga esa verdad en voz alta. Y aquí es donde la historia de Cabal en Cali se conecta con algo más grande, con algo que los colombianos maduros que nos ven reconocen de inmediato porque lo han visto en Argentina, en Chile, en Estados Unidos, en todos los países donde el péndulo de la política ha llegado al
extremo izquierdo y luego ha vuelto hacia él, centro con una fuerza proporcional al daño que el extremo causó. Y es la idea de que los pueblos no son tontos para siempre, que la gente tolera la propaganda hasta que la realidad de su vida cotidiana la contradice de manera tan obvia que ningún relato oficial puede ya taparla y que cuando ese momento llega los movimientos que parecían imposibles hace apenas unos años se convierten de repente en mayorías electorales que cambian el mapa político de un país.
Miley en Argentina es el ejemplo más reciente y más dramático de ese fenómeno, porque Argentina era el país donde el peronismo había gobernado durante décadas construyendo una cultura de dependencia estatal, de subsidios, de clientelismo, de inflación como política económica permanente y donde los analistas del establecimiento decían que nunca podría ganar un candidato que propusiera lo que mi ley proponía porque era demasiado radical, demasiado disruptivo, demasiado fuera del consenso político.
Construido durante generaciones, Y Miley ganó de todas formas, con una mayoría que sorprendió a los mismos que dijeron que era imposible, precisamente porque llegó a esos argentinos que ya no podían más, que sentían en su bolsillo todos los días el peso de décadas de socialismo disfrazado de justicia social y que cuando alguien les habló la verdad sin eufemismos, decidieron apostar por esa verdad aunque asustara.
Cabal conoció a Miley cuando no era nadie políticamente, cuando era un profesor de economía con un discurso rompedor que pocos tomaban en serio, y vio en él exactamente lo que Colombia necesita. No el modelo de Argentina ni las circunstancias argentinas, sino el principio. Que hay un momento en que la gente está tan cansada de la mentira que está dispuesta a escuchar la verdad, aunque sea incómoda, aunque requiera sacrificio, aunque no venga en el paquete suavizado y políticamente correcto que los políticos tradicionales
usan para no comprometerse con nada. Y ese momento en Colombia, Cabal siente, lo ve, lo escuchó en los aplausos de Cali, está llegando. Pero hay algo más en la historia de Cabal que los colombianos necesitan entender, algo que ella misma vivió en carne propia y que es parte esencial de por qué su voz tiene el peso que tiene en este momento.
Y es la decisión que tomó en enero de 2026 de salir del Centro Democrático. El partido que ella misma ayudó a fundar en 2013 bajo el liderazgo del expresidente Álvaro Uribe Vélez. La decisión que los medios del establecimiento presentaron como una derrota, como una crisis, como la señal de que Cabal estaba políticamente acabada después de que Paloma Valencia ganara la candidatura interna del partido.
Esa lectura de los medios del establecimiento es otra vez la inversión revolucionaria aplicada a la política, tomar lo que es una señal de coherencia y presentarla como una señal de fracaso. Porque Cabal no salió del centro democrático por despecho ni por incapacidad de aceptar una derrota, sino por exactamente el mismo principio que describe cuando habla de la derecha cobarde que prefiere el cargo a los principios, que ella no estaba dispuesta a seguir en una estructura que en su percepción no le daba el espacio que necesitaba
para pelear la batalla de las ideas con la radicalidad y la claridad que Colombia requiere en este momento. Y en eso su decisión es perfectamente coherente con todo lo que ha dicho y hecho durante su carrera política. que la coherencia vale más que la comodidad, aunque el precio sea alto. Los ejemplos que ella misma usa para explicar esa decisión son los de mi ley, que tuvo que salir de juntos por el cambio cuando ese partido prefería el cargo a la convicción y el de José Antonio Casten Chile, que salió de la
derecha tradicional chilena para crear el partido republicano cuando sintió que la derecha de siempre era demasiado cobarde para llamar las cosas por su nombre. Y en ambos casos, el tiempo demostró que la decisión de salir fue la correcta, que construir desde afuera fue más productivo que quedarse adentro negociando principios a cambio de espacio.
Y Cabal cree que en Colombia está ocurriendo el mismo proceso. El petrismo que tiembla ante el discurso de Cabal en Cali no tiembla solo por las palabras, tiembla porque sabe que hay una Colombia que esas palabras representan y que esa Colombia está despertando. El empate técnico que muestran las encuestas entre los candidatos de oposición y el candidato del pacto histórico no es solo un número, sino la cristalización de 4 años de promesas incumplidas, de reformas que fracasaron, de un sistema de salud que quebró, de una economía que se contrajó,
de una seguridad que se deterioró y de una propaganda oficial que ya no puede engañar a la gente que vive la realidad en su propia piel todos los días. Pero el petrismo tiembla también porque sabe que la batalla que más le costó ganar, la batalla de las ideas, la batalla de la narrativa, la que le tomó décadas construir ladrillo por ladrillo con universidades y medios y artistas y activistas, está siendo cuestionada de una manera que no había ocurrido antes, porque Cabal no está solo denunciando lo que el petrismo hace mal, sino
explicando cómo lo hace, nombrando la estrategia, describiendo los mecanismos, dando a los colombianos las herramientas para reconocer la inversión. revolucionaria cuando la ven en acción. Y eso es mucho más peligroso para el poder que cualquier crítica al gobierno, porque la crítica al gobierno se puede responder con otra crítica.
Pero explicar cómo funciona la máquina de la propaganda y dársela a conocer al pueblo es el primer paso para desactivarla. Y en ese contexto, los colombianos de más edad que nos ven tienen un papel que Cabal reconoció en Cali de manera explícita e implícita a lo largo de todo su discurso.
papel de la memoria, el papel de haber vivido suficiente para saber que las cosas pueden ser diferentes de lo que son ahora, para comparar, para entender que lo que el petrismo presenta como la realidad inevitable de Colombia es en realidad una realidad construida por decisiones políticas que pudieron haberse tomado de otra manera y que pueden corregirse si la gente que conoce la diferencia entre el antes y él ahora decide que es hora de decirlo.
ustedes que criaron hijos con valores, que les enseñaron que el trabajo honrado es la única manera digna de ganarse la vida, que los soldados merecen respeto, que la familia es sagrada, que Dios importa, que la patría no es una abstracción, sino un lugar concreto con sabores y sonidos y recuerdos que valen la pena defender. Ustedes son exactamente las personas que la inversión revolucionaria del socialismo ha intentado silenciar durante décadas, porque su memoria contradice el relato, porque su experiencia desbarata la propaganda, porque su vida vivida es la evidencia
más contundente de que el socialismo miente cuando dice que todo lo que existía antes era opresión y que el único camino al bienestar es el estado controlando todo. Y Cabal les habló directamente en Cali. les dijo que su vida tiene valor para este momento político, que la experiencia acumulada de haber visto como las cosas pueden funcionar mejor es un bien precioso que Colombia.
Necesita que cirule, que se comparta, que llegue a los jóvenes que no vivieron el antes y que por eso son más vulnerables a la propaganda que promete él. Paraíso sin mostrar las víctimas que deja cuando llega el infierno que siempre sigue al paraíso socialista. La salida del Centro Democrático tiene también una dimensión que va más allá de la política interna de un partido y que habla directamente del estado de la derecha colombiana en este momento crucial.
Porque Cabal, cuando habla de la derecha cobarde no está hablando de sus adversarios políticos, sino de sus propios compañeros de bando, de las personas que comparten su mundo ideológico, pero que no comparten su disposición a pagar el precio de ser coherentes. Y esa autocrítica feroz es quizás la señal más importante de un cambio cultural que está ocurriendo en la derecha colombiana, de que hay voces que ya no están dispuestas a seguir perdiendo batallas culturales por no querer pelearlas.
La derecha colombiana llega dividida a estas elecciones de 2026 con múltiples candidatos representando diferentes corrientes de ese espacio político, con Paloma Valencia desde el Centro Democrático, con Abelardo de la Espriella consolidando un amplio espectro de oposición y con Cabal construyendo desde afuera del partido un movimiento que apuesta por una derecha más radical y más dispuesta a llamar las cosas por su nombre que la derecha tradicional.
Y esa división es real y tiene consecuencias electorales que los analistas políticos discuten con preocupación, pero también es la señal de una vitalidad ideológica que la izquierda colombiana no tiene, porque el petrismo llega a estas elecciones con su propio candidato amenazado por el Consejo Nacional Electoral, que dejó a Iván Cepeda por fuera de la consulta interpartidista del 8 de marzo, lo que abrió una crisis en el corazón del progresismo que el gobierno de Petro no esperaba y que demostró que la cohesión La que tanto se jactaba el pacto
histórico era más frágil de lo que parecía. Ese detalle, la exclusión de Cepeda de la consulta del 8 de marzo, es otro capítulo de la historia que Cabal cuenta en Cali, porque ilustra perfectamente como la inversión revolucionaria funciona también hacia dentro del propio bando socialista, como el proyecto del pacto histórico que se presentó como la gran unidad del pueblo colombiano, en realidad está lleno de las mismas grietas, los mismos egos, las mismas disputas de poder que critican el establecimiento, con la diferencia de
que cuando esas grietas aparecen en el bando del petrismo los medios del establecimiento las minimizan o las explican como dinámicas de crecimiento democrático, mientras que cuando aparecen en la derecha las mismos medios las amplifican como señales de crisis terminal. Los colombianos que saben leer la política con ojo crítico, que han vivido suficiente para distinguir el cinismo del análisis, entienden ese doble rasero y cada vez les molesta más, porque la exigencia de coherencia que los medios aplican a la derecha y no aplican al
petrismo es exactamente el tipo de sesgo que Cabal denuncia cuando habla de la narrativa robada, del relato que el establecimiento construyó para favorecer al proyecto político que el establecimiento prefiere. Y ese sesgo es cara vez más visible en un mundo donde la información fluye por canales que el establecimiento no controla, donde los colombianos pueden ver con sus propios ojos lo que pasa y compararlo con lo que los medios les dicen que pasa.
Y esa es precisamente la razón por la que canales como el nuestro, como historia oculta, tienen una responsabilidad que Cabal reconocería si nos escuchara, que es hacer exactamente lo que ella hizo en Cali, pero con el alcance que los medios digitales permiten llegar a los colombianos que los canales del establecimiento no alcanzan o no quieren alcanzar, a los que viven en municipios pequeños donde la única información disponible es la del noticiero de las 7D, la noche que repite el relato oficial. A los mayores que no saben usar
todas las herramientas digitales, pero que si pueden ver un vídeo en YouTube si alguien se los comparte por WhatsApp, a los que sienten que algo no está bien, pero no tienen palabras para decir que y darles esas palabras, darles esa información, darles esa perspectiva que el poder no quiere que tengan, porque el poder sabe que un ciudadano informado es un ciudadano libre.
Ustedes que han llegado hasta aquí, que llevan con nosotros desde el principio de esta historia, son exactamente esas personas, los que quieren la información completa, los que no se conforman con el relato oficial, los que saben que Colombia merece más que lo que tiene y que el camino para tener más empieza por entender exactamente en qué punto está parada y cómo llegó ahí.
Y eso es lo que Cabal hizo en Cali y lo que nosotros hacemos aquí, contar la historia completa, sin recortes, sin manipulaciones, con el respeto que ustedes se merecen como ciudadanos que tienen derecho a tomar sus propias decisiones con información veraz. La batalla de las ideas que Cabal ganó en Cali tiene también una dimensión generacional que es importante reconocer, porque el discurso de Cali no fue solo para los adultos mayores que llevan años siguiéndola y apoyándola, sino que habló explícitamente de los jóvenes, de recuperarlos del espejismo
de la propaganda socialista, de darles herramientas para reconocer cuando les están vendiendo el paraíso que va a terminar en miseria. Y eso es significativo porque la batalla del futuro de Colombia no la van a ganar los colombianos de más edad, sino los jóvenes que hoy están formando su visión del mundo y que en unos años van a votar y a tomar las decisiones que determinen el destino del país.
Cabal lo dijo con una franqueza que a los jóvenes de hoy puede resultarles incómoda, pero que los jóvenes de ayer, que hoy son los mayores que nos ven, entienden perfectamente que las ideas que la izquierda les vende son eficientes porque apelan a la emoción, al deseo de justicia, a la indignación legítima frente a las desigualdades reales que existen en Colombia, pero que son destructivas porque las soluciones que proponen no resuelven esas desigualdades, sino que las profundizan al destruir la economía, al ahuyentar la inversión. Al aumentar el desempleo y al
crear una dependencia del Estado que quita a la gente la dignidad de construir su propio futuro con su propio esfuerzo. Y la evidencia de esa destrucción no es difícil de encontrar. Está en Venezuela, donde décadas de socialismo bolivariano convirtieron al país más rico en petróleo de América Latina en un estado donde la gente se va en masa porque no hay comida, no hay medicamentos, no hay futuro.
Está en Cuba, donde 70 años de revolución produjeron el pueblo más pobre del Caribe mientras sus líderes viven como reyes. está en Nicaragua, donde el sandinismo que prometió justicia produjo una dictadura que persigue a los opositores y está en la Colombia de hoy, donde 4 años de reformas petristas produjeron un sistema de salud en crisis, una economía estancada, una seguridad deteriorada y una propaganda costosísima pagada con impuestos de todos para convencer a la gente de que todo va bien.
Pero la historia no es solo de destrucción, porque Cabal no dejó a los colombianos en la desesperanza. ¿Qué es el otro nombre de la resignación que el petrismo también promueve cuando le conviene? Esa idea de que las cosas son así y no pueden cambiar y que mejor uno acepta lo que hay que pelearlo, sino que el discurso de Cali terminó con una afirmación de esperanza que no es ingenua ni fácil, sino fundada en algo concreto, en la convicción de que las sociedades avanzan cuando hay ciudadanos valientes. ¿Qué Colombia tiene esos
ciudadanos? que en cada municipio de este país hay gente buena que trabaja honrado, que cría sus hijos con valores, que sueña con una Colombia mejor y que está dispuesta a luchar por ella si alguien le da la señal de que no está sola, de que hay más gente como ella, de que el cambio es posible si suficientes colombianos deciden que lo quieren.
Esta señal fue lo que Cabal le dio a Colombia en Cali, no en forma de promesa electoral ni de lista de propuestas de gobierno, sino en forma de ejemplo personal, de vida coherente, de mujer que eligió el camino difícil y que 20 años después puede mirar hacia atrás y decir que no se arrepiente, que valió la pena cada crítica, cada amenaza, cada regaño, cada señalamiento, porque era lo correcto, porque Colombia valía ese precio y esa señal, ese ejemplo de coherencia sostenida en el tiempo contra viento y marea. Es quizás el
mensaje más poderoso que un político colombiano puede dar en este momento de agotamiento y desconfianza en que la gente ya no cree en las promesas, pero todavía puede creer en las trayectorias, en las vidas que demuestran con hechos lo que dicen con palabras. Y ahora llegamos al momento en que esta historia le habla directamente a ustedes, a los que han llegado hasta aquí, a los que llevan escuchando desde el principio, porque sienten que esto les habla, porque reconocen en lo que Cabal dijo en Cali, algo que también
viven en su propia experiencia, algo que también sienten, aunque no siempre sepan cómo nombrarlo. Y la pregunta que esta historia les hace no es abstracta ni política en el sentido frío del término, sino absolutamente personal y absolutamente concreta. ¿Qué pueden hacer ustedes con lo que saben? La respuesta más fácil es nada, porque es la respuesta que el poder prefiere.
Que la gente escuche la verdad y luego vuelva a su vida cotidiana y no haga nada con esa información, porque total el sistema está muy podrido y nada va a cambiar y mejor uno se ocupa de sus cosas. Y esa respuesta es exactamente la derrota que el socialismo quiere producir, el desánimo, la resignación, la sensación de que el individuo no tiene poder, que las cosas las deciden otros y que uno solo puede recibir lo que venga.
Pero Cabal dijo en Cali algo que contradice esa resignación con una claridad que ustedes que han criado familias contra todas las dificultades, que han construido sus vidas con trabajo honrado en un país que muchas veces no se lo puso fácil, deberían reconocer como verdad propia que las sociedades avanzan cuando hay ciudadanos valientes, no cuando los ciudadanos esperan que alguien más sea valiente por ellos.
y que ser valiente no requiere pararse en una tarima frente a un micrófono ni dar discursos en el Congreso, sino hacer la cosa más simple y más poderosa que existe en una democracia, que es estar informado y hacer que la información circule, compartirla con la familia, con los vecinos, con los amigos, con los jóvenes que no conocen la historia y que necesitan la perspectiva de quienes la vivieron.
Compartir este vídeo, mandárselo al grupo del colegio, al grupo de la familia, a ese hijo o nieto que dice que todos los políticos son iguales y que no vale la pena votar, a ese vecino que sigue creyendo el relato oficial porque nadie le ha contado la otra versión. Es un acto pequeño en apariencia, pero enorme en sus consecuencias, porque la batalla que Cabal está peleando, la batalla de las ideas, la batalla de recuperar el lenguaje para nombrar la realidad, se gana o se pierde exactamente en esos momentos cotidianos
en que la información llega o no llega a las personas que necesitan escucharla antes del 31 de mayo. Y ustedes que llevan con nosotros desde el principio, que son exactamente el tipo de colombiano que Cabal describió en Cali cuando habló de los que creen en la familia, en la libertad, en Dios, en el trabajo honrado, en los soldados, en la patría, en la posibilidad de un país mejor.
Ustedes son la audiencia que importa no solo para este canal, sino para el destino de Colombia en los próximos meses. Porque si esta información llega a suficientes colombianos antes del 31 de mayo, sí, suficientes personas entienden lo que la inversión revolucionaria le ha hecho a este país y deciden que no quieren. 4 años más de lo mismo.
El resultado de esas elecciones puede ser diferente de lo que el gobierno de Petro quiere que sea. Cabal terminó su discurso en Cali citando a Bon Mises, que el socialismo es al capitalismo lo que el cianuro al agua, una alternativa que mata en lugar de dar vida. Y esa imagen brutal y exacta resume perfectamente lo que 4 años de gobierno de Petro le han hecho al sistema de salud que funcionaba, a la economía que crecía, a la seguridad que se había recuperado con sacrificio y lo que 4 años más del mismo proyecto político le harían a una Colombia que
todavía tiene la posibilidad de recuperarse si los colombianos que la quieren deciden que este es el momento. La Colombia que Cabal defendió en Cali, la Colombia de la gente buena que trabaja honrado, que cría sus hijos con valores, que respeta la ley, que sueña con una casa y una familia y un negocio propio, sin tener que pagarle a nadie por el derecho a existir.
Esa Colombia sigue y sigue siendo la mayoría, aunque la propaganda la haya convencido durante un tiempo de que era minoría. Y el homenaje en Cali fue el momento en que esa Colombia se vio en el espejo de las palabras de Cabali. Reconoció su propio rostro y ese reconocimiento. Esa claridad de ver quiénes somos y qué queremos y qué estamos dispuestos a defender.
Es el primer paso de toda batalla ganada. La historia de Colombia no está escrita todavía. El 31 de mayo no ha llegado y entre hoy y ese día hay millones de colombianos como ustedes que tienen la posibilidad de decidir que este es el momento de la coherencia y no de la comodidad, de la valentía y no del miedo, de la verdad y no del relato.
y que el socialismo que Cabal llamó demonio en Cali puede ser derrotado si suficientes personas con memoria, con valores y con amor por este país deciden que Colombia merece más, que sus hijos merecen más, que sus nietos merecen más y que el momento de pelear por ese más es ahora, antes de que sea demasiado tarde.
Esa es la historia que Cabal contó en Cali. Esa es la historia que nosotros les contamos hoy y esa es la historia que Colombia necesita que cada uno de ustedes lleve a su familia antes del 31 de mayo. La historia completa está en nuestro canal. No olvides suscribirte y dejar tu like para seguir recibiendo historias como esta, porque en historia oculta siempre encontrarás la verdad que los grandes medios no quieren que escuches.
¿Usted cree que Colombia tiene todavía suficientes ciudadanos valientes para ganar la batalla de las ideas que Cabal empezó en Cali? ¿O cree que el daño que el petrismo le hizo a la cultura y los valores de este país ya es demasiado profundo para recuperarse en una sola elección? Si llegaste hasta aquí, hasta el final de esta historia, ya sabes algo que la mayoría de colombianos todavía no sabe y eso tiene un valor que ningún medio del establecimiento te va a dar.
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