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5 FRASES que SACUDIERON a COLOMBIA — María Fernanda Cabal DESAFÍA a Gustavo Petro en CALI

sintiendo Desde que Gustavo Petro llegó al poder y lo hizo con una claridad, con una fuerza, con un amor por esta tierra que hace que uno sienta en el pecho esa esperanza que parecía perdida entre tanta destrucción y tanta mentira. Imagínense la escena, porque la escena es la que primero toca el corazón antes que la cabeza.

 Imagínense a María Fernanda Cabal, esa mujer que ustedes conocen de verla en televisión defendiendo lo que cree, aunque le lluevan los insultos. De pie en su tierra natal en Cali, la sultana del Valle del Cauca. rodeada de su gente, de Freddy Castro, que la organizó todo con ese fuego que tiene el hombre, del Dr. Rodríguez Jaraba, que la elogió como se merece, y de cientos de caleños que la aplaudían, no porque es famosa, sino porque sienten que ella habla por ellos, que ella dice lo que ellos piensan cuando se sientan en la mesa a hablar de

cómo el país se les está yendo de las manos, de cómo la seguridad se deterioró, de cómo la salud falló, de cómo la economía los asfixia con precios que suben mientras los sueldos se quedan quietos y de cómo todo eso tiene un nombre que Cabal pronunció sin miedo, socialismo, inversión revolucionaria. El plan maquiabélico de Gustavo Petro y sus aliados para quedarse con el poder para siempre.

 Y todo empezó con un homenaje, con esa emoción que solo siente uno cuando está en su tierra, cuando huele el aire que lo vio nacer, cuando escucha el himno del Valle del Cauca y siente que esa semilla que Dios plantó en uno sigue viva, aunque la vida lo haya llevado lejos, porque Cabal dijo algo que todos ustedes entienden perfectamente, que el sentido de nación es espiritual, es emocional, es ese lazo que no se rompe aunque uno migre.

 Aunque uno sufra, aunque uno vea como otros quieren romper, ese lazo con mentiras y con destrucción. Y en ese momento, en ese homenaje tan sentido, ella recibió no solo aplausos, sino el cariño de un pueblo que la ve como la voz que faltaba, como la dama de hierro que Margaret Zache representaba, esa que libra la batalla una y otra vez hasta ganarla.

 Porque como dijo la dama inglesa, puede que tengas que pelear una batalla más de una vez para ganarla. Y Caballa está peleando por nosotros, por ustedes que han visto gobiernos buenos y malos pasar. Pero el homenaje no fue solo para agradecer, no fue un momento de vanidad como los que algunos políticos buscan para inflaro. Fue el escenario perfecto para que Cabal dijera lo que el petrismo menos quiere oír, para que pusiera sobre la mesa con lujo de detalles esa estrategia socialista que llaman inversión revolucionaria, que no es un invento de ella, sino una

fábrica de mentiras que la izquierda usa desde hace décadas para torcer la realidad, para hacer que lo bueno parezca malo y lo malo parezca bueno. para convertir al victimario en víctima y a la víctima en victimario, para reescribir la historia con mitos y leyendas que las siguientes generaciones compren como verdad absoluta y que en Colombia se ha aplicado con maestría para destruir valores, para legitimar bandidos y para preparar el terreno para robarse las elecciones del 31 de mayo.

Ustedes recuerdan bien el estallido social del 2021. Porque como no recordarlo, si en Cali fue donde más dolió, donde la primera línea con su vandalismo, sus bloqueos, sus incendios, sus amenazas paralizó la ciudad que todos amamos, esa cali de la salsa, de las familias alegres, de la gente trabajadora que se levanta a las 5 de la mañana para ganarse el pan honrado.

 Y Cabal fue la única en el Congreso que levantó la voz contra eso. La única que dijo que no era un estallido romántico, sino barbarie financiada por el ELN y las FARC, que había sentencias judiciales probándolo todo, que los bloqueos no eran espontáneos de vagos y degenerados, sino pagados por el bandidaje.

 Y mientras otros callaban o negociaban, ella peleó porque conocía la guerra por dentro, porque no les creía nada a los que romantizaban la violencia, porque entendía que negociar con bandidos es abrirles la puerta de la casa. Y esa valentía, esa coherencia que Cabal eligió sobre la comodidad es lo que la hace diferente de tantos políticos tibios que prefieren callar para no incomodar, que cedenían pelear, que construyen cuando otros destruyen.

 Y en Cali ella lo recordó con palabras que duelen, pero que liberan. que la derecha perdió no porque hiciera las cosas mal, sino porque no supo contarlas bien, porque pensó que portarse bien era normal y no entendió que frente a la basura socialista hay que pelear con la verdad, con la fuerza de los hechos que permanecen vivos en el tiempo, mientras las mentiras de la izquierda se desinflan como globos pinchados cuando la realidad las confronta.

 Piensen en su propia vida, en cómo han visto eso pasar en Colombia tantas veces, en como la propaganda de la izquierda ganó batallas culturales no con hechos, sino con emociones torcidas. con dibujos y muñequitos en televisión engañando sobre la inflación que bajó del 13 al 5%. Cuando ustedes saben que en el mercado todo cuesta más, que la plata no alcanza, que los medicamentos que nunca faltaron ahora escasean porque el bárbaro Gustavo Petro y sus secuaces destruyeron un sistema de salud que funcionaba aunque imperfecto y que Cabal

le contó a su papá de 91 años, operado en esa medicina que Colombia había desarrollado con orgullo y que ahora agoniza bajo el socialismo. Y ustedes sienten ese dolor porque tienen padres, tíos, amigos en esa edad que dependen de un sistema que falla cuando más lo necesitan. Esa es la inversión revolucionaria en acción.

 Esa es la estrategia que Cabal destapó en Cali con una contundencia que deja sin palabras al petrismo, porque no es teoría ni opinión, sino hechos que ustedes han vivido en carne propia. La destrucción moral que empieza por degradar la familia, por promover el aborto como derecho cuando es tragedia para una madre, por llenar las ciudades de feísmo, de graffitis inmundos, de muerte en las paredes, porque lo horrible es parte de la cultura de la izquierda que quiere que vivamos en la sociedad para que aceptemos cualquier cosa. Y Cabal lo

dijo claro como el agua, que esa degradación es satánica, que torcer los valores es el primer paso para torcer la realidad política y quedarse con el poder. Y cuando habló de los jóvenes de cómo la izquierda los llena de espejismos con propaganda mentirosa prometiendo paraíso mientras deja muertos.

 Por todo lado, ustedes que han criado hijos y nietos sintieron ese pellizco en el corazón porque saben que los muchachos son el blanco perfecto para esas mentiras que venden marihuana como libertad, cambio de sexo como normalidad, aborto como empoderamiento, cuando lo que dejan es una generación perdida, sin valores, sin rumbo, sin esa semilla de nación.

que Cabal defendió con pasión en su tierra, pero Cabal no se quedó en la denuncia local, ¿no? Ella miró al mundo y trajo ejemplos que iluminan lo que pasa en Colombia, porque apoyó a Donald Trump desde 2016, cuando todos aquí lo veían como loco, cuando la mandaban a regañar el embajador de Estados Unidos y hasta Duque por ponerse la gorra y el tapabocas con su cara, pero el tiempo le dio la razón. Trump ganó.

 El mundo cambió. Las fichas del ajedrez geopolítico se movieron para bendición de la libertad y Cabal vio venirlo porque entiende que un estadista tiene valor, tiene berraquera para llamar las cosas por su nombre, como Javier Miley en Argentina, que sacudió la mente de los jóvenes diciéndoles que votaban por quedarse pobres o exiliarse, como José Antonio Casten Chile, que creó su partido porque la derecha cobarde le abrió la puerta a la izquierda.

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