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Xiomara Castro atacó a Bukele en vivo; su respuesta sorprendió a toda la sala

 Sus asesores, sentados en la segunda fila, intercambiaban miradas de satisfacción. Las cámaras cambiaron rápidamente a Bukele. Toda la sala enmudeció. [música] Bukele ajustó lentamente su micrófono, no gritó, no golpeó [música] la mesa, no hizo ningún gesto grandeocuente. En su lugar se inclinó hacia adelante, su voz tranquila y afilada como una cuchilla de acero frío.

 Presidenta Castro, usted habla de democracia y de derechos humanos desde su despacho climatizado en Tegucigalpa. Se llama a sí misma [música] una defensora del pueblo, la continuadora de un legado transformador, la voz de los que no tienen voz. Pero bajo su mandato, Honduras se le [música] está escapando de las manos.

 Usted es la verdadera farsa. Las palabras cayeron [música] como un trueno. La sonrisa de Castro se desvaneció al instante. Algo en su rostro cambió, [música] como si por primera vez en años alguien le estuviera hablando sin el filtro [música] de la deferencia diplomática. Bukele continuó firme y controlado, sin subir el tono, sin necesitarlo.

 [música] Usted me llama autoritario. Usted me critica desde su pedestal [música] de izquierda histórica, como si el apellido político fuera suficiente garantía [música] de virtud. Pero abróchese el cinturón, presidenta, porque estoy [música] a punto de exponer la realidad de su progresismo. Usted predica [música] sobre la libertad, pero su pueblo vive hoy con más miedo que nunca.

Honduras tiene una de las tasas de homicidio [música] más altas del continente y su gestión no ha logrado revertirlo. Usted habla de garantías para los criminales mientras las familias hondureñas hacen fila para pedir seguridad que usted no les puede dar. Usted no vive como las familias que sufren el narcotráfico y las maras en [música] San Pedro Sula o en Tegucigalpa.

Usted vive en la burbuja de los discursos que nunca ha tenido que aplicar a la cruda realidad. El rostro de Castro enrojeció por primera vez. Su confianza se resquebrajó visiblemente. Los periodistas en la sala comenzaron a escribir con [música] frenético apuro. Bukele no se detuvo. Usted está aquí hoy, [música] hablando de estándares internacionales y de institucionalidad.

Pero seamos [música] realistas, usted es la que está fallando. Ha construido toda una carrera dentro de la izquierda criticando el [música] orden establecido, pero no sabe cómo construir uno nuevo. Llegó al poder prometiendo una [música] refundación del país y lo que ha entregado es más de lo mismo, con una etiqueta [música] diferente.

 Usted dice que yo silencio periodistas, pero es en Honduras donde los [música] comunicadores siguen siendo asesinados, donde el crimen organizado dicta zonas de silencio, donde la gente tiene miedo de hablar porque el Estado no puede protegerlos. Eso es [música] hipocresía en su máxima expresión. La sala estalló.

Los reporteros escribían [música] frenéticamente. Bukele había volteado la mesa por completo. El shock [música] real provino de las redes sociales donde los clips se difundían como pólvora. Bukele destruye [música] la superioridad moral de Castro, titulaban los usuarios. Los videos se multiplicaban por miles cada minuto.

 Bukele hizo una pausa calculada, levantó levemente la mano y la sala se calmó como por instinto. Su voz se hizo [música] más baja, pero más penetrante, más personal. Siomara, usted ha construido [música] su carrera sobre el legado de Manuel Celaya, sobre teorías ideológicas [música] heredadas, sobre la narrativa de la víctima política.

 Y sí, lo que le ocurrió a su esposo [música] en 2009 fue un golpe inaceptable, nadie lo niega. Pero usted ha convertido ese dolor histórico en un cheque en blanco permanente que [música] le exime de rendir cuentas. Usted habla de transformación, pero hoy esas promesas terminan porque la estoy exponiendo [música] por lo que realmente es.

 una administradora del mismo sistema que dice combatir, que no ha hecho más que hablar mientras yo entrego lo que el pueblo centroamericano [música] le suplica a gritos. Paz. Usted habla de sueños. Yo entrego resultados. Castro abrió la boca para replicar, pero no salió ningún sonido. El silencio en la sala fue ensordecedor. Por primera vez, la presidenta [música] hondureña parecía impotente ante la cruda realidad de los números de El Salvador.

 Sus partidarios, [música] acostumbrados a su elocuencia en los foros internacionales, miraban en estado de shock, [música] dándose cuenta de que su líder no tenía respuesta inmediata. Castro se sentó [música] rígida, con el rostro encendido, ojeando sus papeles y buscando desesperadamente una réplica [música] técnica, alguna cita sobre el estado de derecho, algún informe de la CIDH que pudiera [música] esgrimir como escudo. Pero ya era demasiado tarde.

Bukele [música] se había robado el momento. El presidente Nayib Bukele miró alrededor de la sala [música] escudriñando los rostros de sus críticos con una media sonrisa. tranquila, sabiendo que este fragmento [música] se reproduciría millones de veces en las pantallas de todo el continente. Tras una pausa que mantuvo a todos en suspenso, alizó sus documentos, fijó sus ojos en Castro y retomó la palabra con una voz cortante, [música] pero serena.

 Usted dice, presidenta Castro, que nuestro régimen de excepción [música] es ilegal e inconstitucional. Falso. Está salvando vidas. No estamos atacando a minorías desamparadas ni a la oposición [música] política. Estamos persiguiendo a criminales, a terroristas que mutilaban a nuestras familias, que cobraban renta a los pequeños vendedores, que reclutaban a niños de 12 años para sus filas. La sala se agitó.

Mientras usted se sienta en su silla de mandataria [música] en Tegucigalpa, dictando discursos sobre la proporcionalidad del uso de la fuerza, yo estoy protegiendo a las madres en San Salvador [música] y a los niños que antes no podían caminar hacia la escuela sin cruzarse con un pandillero. [música] Eso no es autoritarismo, Xomara, eso es [música] liderazgo.

 Los labios de Castro se apretaron. Intentó [música] interponerse invocando los tratados internacionales de derechos humanos. Pero el salvadoreño [música] siguió adelante sin titubear. Usted me llama una amenaza a la democracia, pero ¿qué hay de las familias hondureñas [música] que hoy tienen miedo de salir a sus propias calles por el aumento sostenido [música] de los homicidios y por el narcotráfico que su gestión no sabe frenar? ¿Le importan más los procedimientos [música] legales de los delincuentes que la vida de los ciudadanos honrados? ¿Le importa más la

opinión de los organismos internacionales con [música] sede en Ginebra? que el llanto de una madre en Choloma que enterró a su hijo. Esa es la cruda verdad que usted no quiere mirar de frente. Los jadeos resonaron en el recinto. La multitud [música] comprendió que Bukele había convertido el ataque de Castro sobre los derechos humanos en un arma de doble filo que ahora apuntaba directamente hacia ella.

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